De nacionalismos varios

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Por Iñaki Urdanibia

Habitualmente y desde distintos extremos del arco político e ideológico se emplea el término “nacionalista” para descalificar a quienes como tal se reivindican, como sinónimo de egoísta, parroquiano, excluyente, cuando no se recurre a comparaciones de mayor calado: que si racistas, que si así comenzaron los nazis, que si…lo llamativo, por decirlo así, en este asunto es que el dardo siempre va dirigido hacia los nacionalismo periféricos ( ¡ qué palabra!), quienes defienden el estado actual de cosas, con todos sus símbolos, leyes, etc. esos no son nacionalistas, aun defendiendo un marco nacional sino que son el colmo del universalismo ( debe ser por aquello de la unidad de destino en lo universal)…el otro día leía todavía a un cultivado majadero – que predica lo sábados en el diario global- que hablando de las figuras representativas de todos los santos, navidades, etc. se refería al Olentzero como figura racial ( ¡ glup! ¿dónde? ¿ cuándo? ¿ qué?). El sentir una identidad, el hablar una lengua ( en el caso vasco, de caseros, suelen decir los ilustrados que piensan que quienes hablan castellano son Unamuno y quienes hablan el euskara son poco menos, o más, que Peio Kirten) que es la materna, el defender unos derechos dichos nacionales es retrógrado, el sentirse de la identidad dominante e impuesta y el ser monolingüe ( castellano) es lo guay, lo abierto, lo progresista, lo universal [ todavía recuerdo-sé que son tiempos pasados- como en mis años escolares había un hermano marianista-de los del padre Chaminade- que ejercía de profesor, mejor sería decir de adoctrinador- que ridiculizaba a quienes tenían acento euskaldun diciéndoles concordancia vizcaína: vaca gordo, para añadir a continuación que el español era la lengua más madura, más acabada, apoyando su tesis en un peregrino periplo lingüístico que iba desde los orígenes greco-romanos hasta la adultez peninsular, tras haber pasado la infancia por tierras galas, como demostraba el gegeo de los franceses, patente en su incapacidad de pronunciar comme il faut las erres…como los niños…Sé que es un caso y que es de tiempos pasados, pero sirva el ejemplo para reforzar lo que mantengo y para poner un poquillo de soleado humor a la seriedad del asunto]. En fin, como decía el poeta sevillano se desprecia lo que se desconoce, y más vale sumar que restar como argumentaba Bernardo Atxaga frente a Fernando Múgica Herzog que decía que entre Orixe y Cervantes, se había inclinado por leer al segundo a lo que el de Obaba, que diga Asteasu, le respondía que él leía a los dos.

En fin, vienen estas pinceladas a incidir en una asunto que siempre permanece de actualidad, que es objeto de debate e insultos permanentes y que da mucho que hablar y escribir, en este país llamado España, país con serios problemas de identidad, o de asunción de tal por parte de los ciudadanos; dos libros han caído en mis manos, que no de mis manos, que con diferentes enfoques y pretensiones abarcadoras tratan sobre la peliaguda cuestión.

Nacionalismo hispanos

El catedrático de Historia contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela, Xosé M. Núñez Seixa, nos entrega en su « Suspiros de España. El nacionalismo español 1808-2018» ( Crítica, 2018)una historia del nacionalismo español contemporáneo, tomando impulso desde el siglo XIX hasta la actualidad como reza el título de la obra, si bien el mayor espacio es dedicado a los intentos de solidificación de la identidad hispana con sus signos ( bandera monárquica, Marcha Real…).

No está de mas, para hablar del tema, comenzar por definir qué se entiende por nación: « desde un enfoque constructivista matizado, definimos la razón como una comunidad imaginada, inherentemente soberana y delimitada territorialmente, integrada por un colectivo de individuos que se sienten vinculados entre sí, con base en factores muy variables y dependientes de la coyuntura concreta, desde la voluntad a la territorialidad o la historia común y el conjunto de características étnico-cultuales relativamente objetivables que podemos denominar “etnicidad”, es decir, que definen una conciencia social y prepolítica de la diferencia; y que, sobre todo, consideran que ese conjunto de individuos es el sujeto soberano de derechos políticos colectivos». Tras algunas matizaciones con respecto al término y a otras concepciones organicistas que representan mayores peligros de cara a caer en posturas comunitarias alejadas del concepto de ciudadanía, el autor se inclina por una concepción que entrevera lo cívico y lo étnico, ya que todo nacionalismo busca fundamentaciones que le legitimen hurgando en la Historia. Precisamente donde se dan las tendencias de exaltación nacional es allá en donde los derechos nacionales no son reconocidos, siendo caso aparte aquellas naciones que cuentan con un Estado, que reaccionan con furia ante los peligros externos ( guerras, migraciones…).

En el caso hispano el surgimiento del nacionalismo vino muy ligado a la guerra de independencia contra el ejército napoleónico, que suponía una división entre españoles patriotas y afrancesados, en tal tesitura los símbolos de resistencia revistieron cierta pluralidad. En las Cortes de Cádiz ( 1810-1812) se elabora una concepción de España como nación, buscando en la historia diferentes hechos que refuercen tal unidad ( comuneros castellanos o la Justicia de Aragón). La pérdida de algunas colonias americanas-antes de la conmoción de 1898- no supuso mayor problema para la conciencia de la población , otra cosa es para algunos bolsillos; tal pérdida se tradujo en el propio vocabulario del que desaparición el término imperio para dejar paso a los territorios del ultramar.

1833, que abre el periodo isabelino, supone la construcción de un nuevo Estado liberal y nacional, cuya pretensión de unidad no resultaba sólida en exceso. Las guerras y tensiones externas fueron un indudable acicate para reforzar la pretendida unidad, trayendo consigo la renovación de distintos mitos nacionales. Tras las batallas africanas y los escarceos de los rebeldes cubanos, la segunda guerra de independencia cubana ( 1895-1898) vino a suponer el principio del fin del imperios español. Los intentos que se dieron con el fin de frenar el desgajamiento del territorio cubano con la concesión de cierto grado de autonomía, traía consigo cierta inquietud en los territorios peninsulares no castellanos. Los episodios guerreros en el Caribe son seguidos con detalle en el libro, hasta la derrota ante los Estados Unidos lo que conllevó un sentimiento de profundo desánimo, lo que provocó el espíritu regeneracionista de la Generación del 98, que tomaba Castilla como esencia de los hispano; al tiempo se comenzaron a revolver las aguas del eneigo interno que adoptaba fuerza en los nacionalismos periféricos ( En especial Cataluña y Euskadi). El centro de gravedad se trasladó al dominio interno, y ahí comenzaron a abundar el recurso a la lengua castellana como sinónimo de lengua propia de España, la lengua como espíritu del pueblo; con sus más y sus menos tres variantes coincidían en el nacionalismo hispano: la tradicionalista-conservadora, la liberal y la perteneciente a la izquierda obrera, que pasaba a considerar todo nacionalismo ( excepción hecha del español que por los visto tenía bula y quedaba exento de las maldades nacionalistas) como burgués, proponiendo frente a él el internacionalismo. A las anteriores variantes habría de unirse la de inspiración autoritaria, que supuso el surgimiento de diferentes grupos cuya admiración al fascismo italiano no se disimulaba ( Unión Patriótica) o al nazismo como era el aso de los Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo o José Antonio Primo de Rivera…FET y JONS que se unificarían en 1934.

Un verdadero ensayo general se abrió con el golpe de Miguel Primo de Rivera, que tomaba como eje la fuerza del Ejército; el golpe de 1923 había venido precedido del pacto de Galeuzka, que coincidía con las movilizaciones obreras en Cataluña lo cual abría paso a las salidas autoritarias, si bien el dictador parecía hacer ciertas concesiones regionales, etc. Los intentos españolizadores de Primo de Rivera no alcanzaron mayor éxito y sus formas dictatoriales y, más en concreto la persecución de la lengua catalana, hicieron que lo español acabase identificándose con una visión militarista, católica, autoritaria y monárquica.

La República supuso la apertura a una visión liberal-democrática, que `ponía especial énfasis en el terreno educacional, este republicanismo basado en un patriotismo cívico no tuvo tiempo para cuajar debido fundamentalmente a las resistencias de los monárquicos y las derechas que alcanzaron el gobierno; siendo cierto también que los impulsos de los nacionalismos opuestos al español no eran visto con buenos ojos por los republicanos como quedó demostrado en las discusiones parlamentarias sobre el Estatuto de Cataluña en 1932.

Los cambios que se dieron en los tiempos republicanos, muy en concreto los referentes la bandera ( se impuso la tricolor frente a la rojigualda monárquica) y al himno ( del de Riego) no satisfacían, por supuesto, ni a las derechas ni a los monárquicos más concretamente. Estas decisiones sirvieron para tensar las posiciones y provocar la conversión por parte de las fuerzas conservadoras en armas para la lucha política, que ganando en las elecciones del 33, el octubre asturiano y el tirón del gobierno autónomo catalán reforzaron el nacionalismo español. En paralelo al repliegue del bloque nacionalista, por el lado republicano, progresista, se dio una relación más fluida con las fuerzas nacionalistas, asumiendo, dentro de la unidad hispana, cierta descentralización que reflejase la pluralidad nacional del país.

Posteriormente viene el análisis de la guerra civil y su cruce de combates ( fascismo/antifascismo/ revolución social / contrarrevolución católica, democracia / totalitarismo, derecha/izquierda…y los incendiarios discursos sobre la anti-España ( el peligro bolchevique, judío y masón) y su posterior implantación tras la victoria franquista que se tradujo en la represión y la persecución de quienes no tragasen las ruedas de molino cruzadas, que se traducía en la imposición lingüística, la educación nacionalcatólica, y las expresiones culturales ( por llamarlas de algún modo) que van desde las películas chungas a la fiesta de los toros, elevada a fiesta nacional.

La llamada Transición es recorrida en sus tensiones, sin hacer a mi modo de ver el suficiente énfasis en el café para todos con el que se trataba de frenar los impulsos nacionales que se vivían históricamente en Cataluña y Euskadi, en especial ( aspecto que no es destacado por el autor y en el que por cierto parece caer al señalar más adelante cómo se puede solucionar el problema catalán o vasco….para ampliar, en igualdad de condiciones, a otras autonomías creadas artificialmente , reitero , con el fin de descafeinar las históricas). Incide en las tendencias recentralizadoras favorecidas por la derecha ( a la que-según señala- se ha unido intelectuales provenientes de la izquierda debido a algunas pasadas del nacionalismo periférico, por ejemplo, en el plano educacional de las lenguas, ayudadas, las conversiones, por el terrorismo de ETA,…)[ con respecto a esta última organización que hable de terrorismo o actividad criminal, resulta plenamente pasable, ahora que hable de actividad etnomafiosa…debe responder al manual de la brunete mediática o a algún plumífero del ministerio del palo, ya que en la realidad real…cruje la calificación hasta los límites de la dentera].

El PP, el surgimiento de Ciudadanos…de la Constitución como texto cuasi-sagrado y otras yerbas habla el autor que, sin embargo, pinta con cierta benevolencia la tibieza cierta y las proclamas inciertas ( federalistas de boquilla) del PSOE, del mismo modo que aun señalando la escasa y endeble adhesión sentimental de la ciudadanía con respecto a los símbolos patrios( bandera e himno), Núñez Seixas se muestra -a mi modo e ver- excesivamente positivo al dar a entender que con diferentes ropajes ( musicales y deportivos) el nacionalismo español se ha desplazado a estos niveles espectaculares que suponen cierto orgullo patrio de no pocos españoles…retrato que, no obstante, evita incidir en el creciente descrédito de una de las institucionales claves del Estado español: la monarquía, y los puntos débiles del régimen del 78 que cada vez aflorar con más fuerza ( las concesiones a los restos del franquismo en los aparatos del Estado, la memoria histórica -los cadáveres en las cunetas, los crímenes del franquismo…-que no es asumida como se solicita desde instancias internacionales por los sucesivos gobiernos hispanos…

Dicho estos último, la obra resulta francamente clarificadora y de interés para comprender los ramalazos nacionalistas españoles y sus raíces, que se quiera o no, dejan ver en su mayor parte las raíces ancladas en la visión heredada del régimen nacionalcatólico.

Todos nacionalistas

No le falta razón a Suso de Toro en el prólogo del libro que he leído al señalar que el libro es necesario en la medid en que « nos obliga a cuestionar lo que nos metieron dentro a presión como una consigna, que no obliga a repensar», el libro de Jorge Cagiao y Conde, editado por Catarata: « Micronacionalismos ¿ no seremos todos nacionalistas?» reúne una serie de sencillas lecciones o al menos alguno rastreos por algunas cuestiones dignas de tener en cuenta cuando se habla de nacionalismos, muy en especial cuando en el Reino de España se emplea el término con claro sentido despectivo y descalificador, siempre con respecto a quienes discrepan de la obligatoria identidad española. Son varias las distinciones que establece el autor: entre naciones dominantes y dominadas, entre nacionalismo cívico y banal y patriotismo. Toma como patrón analítico el modelo del feminismo que de ser una ideología denostada ( son cuatro locas, y además feas…) ha pasado a imponerse hasta en los sectores más retrógrados como una ideología respetable y respetada, capacidad de convencer , de hacer que lo rechazado pase a ser aceptado, cosa que le falta a los nacionalismos minoritarios o dominados, que se han convertido en objeto de todos los ataques habidos y por haber, sin aceptarse las situaciones que hacen que una identidad supuestamente única, y superior, anula la capacidad de administrase a las nacionalidades oprimidas que pasan a ser tratadas como disgregadoras, xenófobas y demás lindezas. Se subraya en el libro la necesidad de situarse en la posición del otro, para avanzar con respeto en ese terreno que, por otra parte, es una muestra, y no menor, de la calidad de una democracia real.

Indica Cagiao y Conde que sucede con el nacionalismo como con el vino, que tomado con cierta medida es saludable, al contrario que si lo que domina es el exceso…sería como el clave de Bach: bien temperado; y se ha de tener en cuenta que nadie nace por generación espontánea sino que asoma al mundo en un lugar determinado con unas señas de identidad equis, con unas costumbres , una lengua y hasta ciertas tradiciones y leyendas que conforman al sujeto, vellis nolis, desde sus primeros pasitos por el mundo. Esto deja una huella impresa hondamente en cada cual, lo que hace que en no pocas ocasiones algunos que critican el nacionalismo ( Habitualmente el periférico) dejan ver su patita nacionalista, de gran nación. No es necesario recurrir al psicoanálisis – de Freud a Lacan – que sometía al cogito cartesiano ( pienso luego soy) a cierta puntualización al subrayar que me pienso donde no soy; así, uno no es siempre lo que cree ser, ni lo que dice ser, sino lo que en sus hechos deja ver…por seguir a Mateo, como queda aclarado en muchos de los más conspicuos y beligerantes militantes anti-nacionalistas ( vascos o catalanes, por ejemplo) que en su comportamiento dejan ver, reitero, su patita, por no decir sus patazas, nacionalista hispana.

Y si el de Bilbao decía que le dolía España, a servidor le duele – además de la rdoilla derecha – las simplezas que se oyen y se leen un día sí y otro también acerca de lo suyos que son los catalanes que beben en porrón para ahorrar, y que hablan en catalán solo por joder a los demás ( parecido, en eso, a los franceses que siempre te corrigen cuando hablas, o intentas hacerlo, su lengua…simplemente con el fin de tocarte las bolas o lo que se tercie).

[ Eso sí, el elefante que en la página quince (15) entra en chatarrería, parece que más propio sería que lo hiciesen a cacharrería o hasta si se quiere, en cristalería].

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