De Máster, y sus lindezas

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Por Herminio

Está bien, amigo, atiendo tu petición y aquí te va la opinión que me reclamas sobre la oferta de trabajo, que me dices que te hacen para cubrir esa plaza de orientador “on-line”, cuya función, según te informa el ofertante, será la de orientar y ayudar a los alumnos de “Fin de Grado” y de “Fin de Máster”, en la práctica diaria encaminada a la exitosa consecución final de los títulos correspondientes a cada una de las disciplinas universitarias.

Perdona, pero esa oferta que me dices y cuyo contenido me detallas, ya me huele mal de entrada, porque yo sigo opinando que la tarea que te ofrecen debe ser exclusivamente propia de las responsabilidades de doctores o catedráticos universitarios que se ocupen de ello. Otra cuestión es que estos no lo hagan o rehuyan sus tareas por comodidad, y que además las autoridades del Gobierno lo permitan. Aunque, para resultar realmente efectivos, el control deberá llegar a las manos de los alumnos, no sólo de catedráticos. Porque, eso es la democracia, o si no, todo acabara podrido, pues pasará lo que pasa: Que si alguien necesita un “Máster”, para un futuro, tendrá que ir al mercado, como le paso a la ex presidenta Cifuentes, a Casado, presidente del PP o al mismo Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en su día con su flamante doctorado, según nos han relatado, en los medios comunicantes, las lenguas de doble filo.

En cuanto a lo que me dices sobre el requisito de conocer tu capacidad de síntesis, por parte de los empleadores, para poder valorarla, paso a opinar más abajo, en unión a lo que sigue:

Según entiendo, eso es lo que buscaban esencialmente; que como mínimo tú mismo le remitieses tu trabajo de “Fin de Grado” o el de “Fin de Máster”, porque esa es, precisamente, la materia prima básica de su negocio. Ellos mismos lo confiesan en detalle, como se desprende de las explicaciones que dan sobre proceso de fabricación de los productos o servicios que ofrecen a los clientes. El hecho de que te oferten la posibilidad de que puedas tomar parte del negocio es solamente el señuelo para moverte a entrar voluntariamente en él, a cambio de lo que te piden.

Lógicamente, se declaran como una empresa legal totalmente acreditada «en Hacienda y la Seguridad Social» y que, bajo el nombre comercial de una academia, «damos clases virtuales de la asignatura reglada en el plan de estudios reconocido por el Ministerio de Educación «Trabajo Fin de Grado» o «Trabajo Fin de Máster». Para dar estos servicios contamos con profesionales expertos, que además de decirle (al alumno) cómo debe ser el proceso para hacer un buen TFG o TFM, se lo van ilustrando con el ejemplo práctico que nos solicite (nº de páginas, título, etc.). Dejamos que el cliente elija el tema y las características técnicas…» Porque también hay que saber ganarse al cliente para que éste estime de su parte, como propia, la labor de la academia, y así: “Al igual que hay academias que resuelven ejercicios de matemáticas en clase para enseñar matemáticas, nosotros resolvemos un borrador TFG o TFM para enseñar dichas asignaturas.» Que lo que el cliente les pide –como siguen razonando– es que «le elaboremos un  documento acerca de un tema específico, con un determinado número de páginas y para una fecha. El uso que el cliente haga de ese documento queda fuera de nuestras manos. El documento se entrega 100% anónimo […] y totalmente libre de los derechos de autor patrimoniales. Y, redundando en la bondad de su mercadería, aún añaden: «No solo le proporcionamos un documento redactado y libre de derechos de autor, sino que además le vamos indicando por la plataforma cómo lo hemos hecho (estructura, de dónde hemos sacado la bibliografía, pasos, etc.), y se lo vamos ilustrando paso por paso

E igualmente, pretenden convencer al cliente de que incluso se verá libre de los riesgos de que pueda ser acusado en un futuro de la eventualidad de que hubiese plagiado el trabajo vertido en la mercancía que se le ofrece, puesto que –según afirman y aseguran–lo que hacen es escribir para él un borrador desde cero, un trabajo ‘a medida’, del cual le ceden los Derechos de Autor y que con posteridad el borrador no volverá a ser empleado, ni como base para hacer otros trabajos, en tanto que aseveran que una vez utilizados para los clientes, se borran.

Y, ya con la aseveración anterior, se cierran los argumentos, con respecto al contenido de la misma, certificándola de la siguiente manera: «El cliente puede estar seguro de la validez de nuestra cesión de Derechos de Autor, puesto que somos una empresa registrada en Hacienda y la Seguridad Social, y por tanto tenemos la autoridad legal (somos una persona jurídica) para obligar a los profesores de nuestro equipo a que firmen un documento de confidencialidad y cesión de Derechos de Autor.»

De lo que sigue, en referencia a las cuestiones sobre la conveniencia de preservar el anonimato del cliente durante la ejecución del proyecto, de la garantía de calidad y servicio a tiempo, del modo de pago, del cómo y, finalmente, del precio, ya me abstengo de opinar, aunque no porque considere que no son éstas cuestiones fundamentales, sino para no llevarlas más allá de la valoración social, en el sentido de una actividad que no merece ni la estimación de ser estrictamente pedagógica.

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