De la teoría a la praxis obrera

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Por Erre

Mi nombre es irrelevante, autodenominarme resulta en vano, pues meramente soy ‘uno’. No obstante, no es menester destacar que de modo vocacional me dedico a la cocina (sector hostelero). También, debo confesar que los inicios anduvieron cercados por la necesidad, pero de forma paulatina se convirtió, para mí, a modo de aullido sabroso, en un modo de expresión y de reflexión epistémica, metafísica pero sobretodo social y política entorno a esta sociedad. Como un arte que, por desgracia, actualmente simplemente se reserva por y para las élites y clases bienestantes.  Durante mi “carrera”  me ha resultado curioso, incluso me atrevería a decir que paradójico, el servir platos y diseñar menús por y para estas gentes de alto copete, y sin embargo (a épocas) tener que hacer malabares con la lista de la compra de comida para consumo propio. El sistema de esta forma tan metafórica y sutil te recuerda que tu lugar en el mundo es similar a la de un bufón en la corte monárquica. Pero esto no es un lamento victimista y derrotista, mi caso no es un caso aislado, ni especial, somos mayoría, somos una clase obrera demonizada. Para muchos de nosotros las condiciones laborales, a menudo, se tornan insostenibles, contratos que promueven una economía sumergida que meramente nos deja totalmente desprotegidos frente amenazas, insalubridad y horarios esclavistas. Todas estas situaciones no son exclusivas en hostelería, (pero, por suerte o desgracia, en este país somos mayoría sobre todo el sector más joven nos dedicamos al sector terciario).

Dentro de este marco contextual se encuentra el movimiento reivindicativo, siempre a pie cambiado, despojado de toda actuación y reacción ágil. Salió de la caverna y al sol platónico se olvidó la segunda parte. Se olvidó volver a rescatar a aquellos plebeyos atados de pies y manos, sometidos. Con esto quiero poner en relieve a modo de crítica la mera teorización del estrato académico, de una duda metódica irrelevante, estéril y alejada de las trincheras. ¿De qué sirve la persecución infantil del genio maligno desde el más absoluto nihilismo e inactividad? Pocos recursos pragmáticos cargados de pedantería plasmados en doctos ensayos y conferencias expuestos y presentados para vuestros iguales. Nunca sabréis a que sabe el barro, como se secan las lágrimas o curan heridas abiertas de quien batalla a diario contracorriente en una vorágine desbocada y subvencionada por una clase política corrupta que no deja de pisarnos el cuello. Por ello, con mi voz atronadora silenciada “emito mis alaridos por los techos de este mundo” para decir:

¡BASTA!

Insto a un proceso reflexivo y de cambio, de unión alejada de todo amarillismo individualista neoliberal, de expertos y ‘coaches’ vendemotos, de todo egoísmo heterosocial latente. Nosotros no somos, ‘yo’ o ‘tu’, no somos un número, una firma en un papel, no somos de derechas o izquierdas, no somos una bandera, no somos una frontera por mucho empeño en el uso de gafas propuestas por endiosados políticos, quienes parecen ser los únicos capaces de amar. Somos la mayoría, pero ahora sí, lista para la reyerta.

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