De la revuelta comunera al confinamiento: retos del proyecto castellanista

Tras más de 44 años de celebración ininterrumpida, la conmemoración de Villalar tiene que festejarse, debido a la Covid-19, en casa. La pregunta es: ¿tiene vigencia el proyecto comunero que comenzó hace casi medio siglo?

499 años. Son los que han pasado desde la batalla de Villalar, en la que las tropas del emperador Carlos V hirieron de muerte a la revuelta comunera en la Guerra de las Comunidades de Castillas. 44, sin embargo, han transcurrido desde que este acontecimiento comenzó a conmemorarse en la campa de Villalar de los Comuneros (Valladolid), en una fiesta de reivindicación y orgullo. Este año, a las puertas del quinto centenario, una pandemia ha impedido, por primera vez, que se pueda hacer en la calle.

Virginia Hernández, alcaldesa de San Pelayo, cree que este confinamiento, no obstante, ha tenido un efecto paradójico: “Un montón de gente se ha organizado para celebrarlo en sus casas”. Considera que este movimiento supone, además, una reacción ante la Junta de Castilla y León, para quien, considera, el coronavirus ha sido “la excusa perfecta para no celebrar nada”. “En cierto modo está siendo muy emocionante, porque aunque sea de manera virtual, la fiesta está reviviendo mucho su carácter popular”, explica la regidora.

En la revuelta también existieron esas diferencias. La Alta Nobleza, al principio, se mantuvo neutral. Sin embargo, la adhesión de los campesinos hizo que tomara un cariz tan antiseñorial que acabaron por apoyar al bando real. “Desde entonces ya Castilla / no se ha vuelto a levantar”, se puede leer en el poema de Luis López Álvarez que, musicado por grupos como El Nuevo Mester de Juglaría, se ha convertido en el himno comunero contemporáneo. Los miembros de esta numerosa banda, por cierto, se han reunido a través de Youtube para entonar una versión online de Canto de Esperanza desde casa.

“Me gustaría que toda la gente de Castilla y León se pudiera sentir identificada. Somos de las 9 provincias, y defendemos a las 9 provincias como la nuestra”, explica Juanjo, de la plataforma de Jóvenes Castilla y León en Madrid. “Creo sinceramente que este hecho, si se hubiera dado en EEUU  –incluso la constitución de los Estados Unidos está basada en la Santa Junta de Ávila de 1520–, tendríamos películas de él”, compara el joven.

No todas las provincias, sin embargo, tienen tantas ganas de festejar. Desde el partido Unión del Pueblo Leonés (UPL), que cuenta con un diputado en las cortes autonómicas de Castilla y León, animan a los habitantes de Salamanca, Zamora y León a no ser partícipes de una fiesta que no consideran suya y a reivindicar la autonomía de la llamada “Región Leonesa” (que integraría a las tres provincias mencionadas).

Viriginia Hernández sí lo hace. “En nuestro país, en el reino de Castilla, tuvo lugar la primera revolución moderna de la historia” relata. “Muchos lo consideran el germen del constitucionalismo europeo. Es un hecho histórico que en cualquier otra parte del mundo, que no fuese en esta Castilla, se reivindicaría. Ese es el último hito en el que los castellanos nos reivindicamos como pueblo. A partir de ahí, es lo que decía Claudio Sánchez Albornoz: que Castilla hizo a España y España deshizo Castilla. Se nos han ido quitando todos los rasgos propios de nuestra cultura, de nuestro folclore, de nuestro dialecto… en pos de una cultura hegemónica española. Y ya siempre Castilla estuvo al lado de España”.

Quizá, por eso, la fiesta de Villalar o la Semana Comunera no tienen el predicamento que un acontecimiento histórico de esta enjundia podría merecer. Aunque hay muchas más razones.

Un pueblo “que no se reconoce a sí mismo”

Alberto, militante de Izca (Izquierda Castellana), cree que el castellano es un pueblo “que no se reconoce a sí mismo”. En eso coincide con Juanjo, que considera a su tierra ha sido, históricamente, un poco “abnegada”. En el vídeo oficial que la Junta de Castilla y León ha preparado para este día se presume de ser “la resiliencia hecha pueblo”.

Alberto Martínez, estudiante de Ciencias Políticas, cuenta que, aunque ha ido con su familia a la campa de Villalar desde pequeño, su sentido de pertenencia se han ido generando con el tiempo y a la contra, como una reacción contra el abandono. “Hay una especie de sentimiento al pensar que yo soy de una tierra que no le importa a nadie, que casi no le importa a la gente que es de allí». Su tocayo Alberto, militante de Izquierda Castellana, también se ve reflejado en ese trayecto. “Cada vez que salgo más fuera acabo reconociendo más el valor de lo mío. No desde un punto de vista de superioridad, sino de igualdad: igual que voy a otro sitio y tiene sus tradiciones, su lengua, su cultura… pues yo también tengo la mía. Y como tal hay que reconocerla y vivirla con normalidad”, defiende.

“Pero eso no es una identidad política para mí. Y cuando se trata de construir esa identidad se hace de una forma muy forzada. Y como siguiendo otros patrones, Euskal Herria sobre todo”, opina  Martínez. Alberto, de Izca, apunta a un responsable: “Es un vacío que ha dejado la izquierda española: que el castellanismo se asocie únicamente al nacionalismo castellano es porque toda la izquierda, que se supone que es federalista y de carácter estatal, ha renegado de Castilla y aceptado el marco de las Comunidades Autónomas.  De alguna manera nos dejan solos en ese aspecto. Posiblemente en Castilla cuesta entender esto, pero porque no se ha hecho una pedagogía desde la izquierda para trabajar la conciencia nacional castellana y entender la plurinacionalidad del Estado. Este tema siempre se trata por encima. De hecho, creemos que tiene totalmente cabida en un modelo federal. No nos reivindicamos como independentistas: simplemente somos castellanistas y queremos el autogobierno de nuestro pueblo”, reclama.

Naces, creces, estudias y te vas

Si en algo coinciden todas las personas consultadas es en torno a que ese espíritu, vivido de maneras diversas, se debe poner al servicio de la lucha por la erradicación de los problemas urgentes que se sufren en el territorio. Estos son, en buena medida, los sufridos por la llamada España vaciada: envejecimiento, éxodo juvenil, abandono, carencias en los servicios más básicos… “Ni Internet, por tenerlo claro”, resume Virginia Hernández. “Castilla es jóvenes que se van, mayores que se quedan, trabajo solo en el campo”, sintetiza Martínez. “La concepción que hay es que es una tierra en la que tú naces, creces, estudias y te vas”, comparte Juanjo, que aporta algunos datos para corroborarlo. “Castilla y León es la segunda comunidad autónoma más envejecida de toda España, y la más despoblada con diferencia de toda España. Lo cual se suma a estas cuatro últimas décadas en las que la población de Castilla y León es un tobogán hacia abajo”, indica.

Las peleas y las alternativas, considera Martínez, deben ser “más materiales que culturales” y pasar, en primer lugar, por el derecho a quedarse, a no tener la obligación de irse. En esta idea, reivindica por su parte Hernández, “hay una oportunidad para el municipalismo” ya que “hablar de Castilla es hablar de pueblos y de pequeños municipios”. Una demanda que, a su juicio,  entronca “de alguna manera con las reivindicaciones primigenias de los comuneros”.

Distribuición de los pueblos de menos de 101 habitantes por provincias en España. Fuente: INI. 
Distribuición de los pueblos de menos de 101 habitantes por provincias en España. Fuente: INI. 

Madrid, ¿problema y solución?

Lo cierto es que la realidad sociodemográfica es uno de los obstáculos más grandes. En Izquierda Castellana lo llaman “la madrileñización de Castilla”, es decir, la concentración de población y recursos en la capital. Esto supone un quebradero de cabeza, ya que, como explica Martínez, los problemas que viven los jóvenes (tanto los nativos madrileños como los emigrados a la ciudad) tienen poco que ver con los que padecen las provincias y los pueblos.

Sin embargo, es a ellos, también, a los que hay que apelar para que renazca el orgullo y el arraigo. Él, por tanto, es pesimista al respecto del éxito de esa contienda. “Desde Madrid no se puede crear el castellanismo. Un proyecto que quiera ser castellanista tiene que implantarse en el territorio y las cosas claves de ese territorio. Uno es la despoblación. Y no se puede atacar la despoblación desde el territorio más poblado”.

Alberto es consciente de esta problemática. La propuesta de Izquierda Castellana pasa, en ese sentido, por “una recastellanización de Madrid”. Su idea no es que la identidad nacional “se folclorice”, sino que se naturalice progresivamente. “A nadie en Londres le ocurriría decir que no es inglés, a ningún barcelonés que no es catalán, a ningún parisino que no es francés… ¿Cómo alguien de Madrid puede decir que no es castellano?”, pregunta Alberto.

Fuente: La Marea

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