De cómo la izquierda se miente a sí misma

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Por Nacho Ezquerro

Cuando hay cuatro millones de parados en el país, y aún continúan los desahucios, cuando los trabajadores están en un permanente estado de alarma por los miedos de contratos basura, cuando se está negociando en Europa la invasión del TTIP, cuando aquí, en la esquina de tu casa descubres a los mendigos inspeccionando la basura para intentar sobrevivir, cuando millones de inmigrantes intentan esquivar la muerte escapándose de sus países, para volver a esquivarla pisando las costas europeas y luego los dejemos en manos de la nueva aduana turca.

Cuando la Ley Mordaza amenaza a cualquiera que quiera emitir una queja con una multa que te deja tiritando, cuando los nacionalismos y sus propulsores dejan entrever intereses no muy nacionalistas y si económicos para forrarse cuatro listos a costa de cuestiones identitarias, cuando la corrupción campa a sus anchas en la ejecutiva del partido gobernante, cuando los votos ya no saben leer lo que está bien ni lo que  está mal, cuando se vota con ignorancia y egoísmo que es mayoría en este país, cuando se vota con cobardía, cuando miramos a otro lado si vemos una mano pidiendo ayuda, cuando se enfadan si nos les dan la razón, cuando priorizamos ministerios a intenciones democráticas, cuando decimos lo que no sentimos o cuando hablamos desde el egoísmo y la desmedida ambición, cuando no aceptamos una parte porque lo queremos todo, cuando actuamos sin escuchar al otro, porque nos mueve la venganza, la iracundia, cuando caemos en el maniqueísmo, cuando hacemos y actuamos como aquello a lo que criticamos, cuando creemos que somos los únicos capaces de representar a los desvalidos, cuando creemos que el mundo empezó el día que lo tuve claro, cuando menoscabamos al otro, arrogándonos autoridad suprema, cuando nos gana el egotismo.

Cuando cambiamos el lenguaje de izquierdas por un lenguaje ambiguo, cuando abandonamos a los nuestros, porque lo queremos todo para hacernos con el poder y renunciamos a los que día a día están en la calle manifestándose, quejándose, doliéndose, por las injusticias, cuando abandonamos la lucha callejera por las moquetas, suele pasar que te falte un millón y medio de votos. Para saber eso,  no se necesita un análisis reposado.

Cuando abandonas la lucha callejera, cuando tus propios votantes descubren que eres capaz de moldear las palabras, afinarlas, limarlas, redondear las aristas de su significado, envolviendo el discurso rebelde en papel de regalo, para encajar un alegato  generalista para acceder al poder, cuando se te cae el velo del amor primero y descubres que si antes estabáis  en las manifestaciones republicanas ahora ya no se os encuentra,  cuando antes criticabas la monarquía, ahora regalas videos, cuando ayer querías tomar los cielos hoy mendigas un ministerio, cuando descubre cierto punto de falsedad en las palabras, cuando y repito cuando tienes que ir a un comedor social porque la poca pasta que tienes es para pagar al banco, y observas  que os gusta chupar cámara, si, como los tertulianos, como los “casta”,  cuando participas del show mediático que alimenta de forma desmesurada las arcas de los medios generalistas, cuando ayer eras alternativo y hoy, si, hoy ya estáis “ integrados”. Mientras tanto nos entretenemos con el espectáculo que dais. 

Analizar pausadamente la causas de porqué  faltan un millón y medio de votos, os lo podéis permitir vosotros, porque la urgencia del españolito de a pie es comer hoy y  salvaguardar el trabajo los que lo tienen, mientras otros tantos lo buscan sin cuartel, porque parece que como ya  pisáis moqueta y el poder es muy goloso, os habéis olvidado de los vaqueros rotos con el culo en la plaza de Puerta del Sol. Os falta un poco de trinchera, ya estáis comportadoos como cuatro niños pijos de la “Divine Gauche”. Porque si viviríais la lucha día a día de observar con estupefacción como se siente un currante cuando observa que los ladrones y corruptos siguen en la calle, siguen en el poder, los Gurtel, los Puyol, los Rato, los Bárcenas, los y sigue la lista… seguro que no hubieseis tenido tantos pruritos para colaborar  de un gobierno diferente, del que podríais haber participado e intentar modificar y adecentar el propio PS desde la coparticipación gubernativa, aunque duela compartir sillones con Ciudadanos. -Pero tranquilos,” tatodo bien por aquí abajo, lo que no mata alimenta”.

Profecía auto-cumplida, si se lee cobardía e indecisión en los que comandan las riendas de una organización, partidista en este caso, es normal que exista la dispersión, el abandono, y se opte por caminos ya conocidos, aunque sepamos que el burro ya viene con problemas antes de comprarlo.  Ya sea porque decirlo es tarde, o porque ahora ya no tiene sentido, la verdad es que tenemos que cambiar muchas cosas.

Poner tantos peros, condicionales, y palabras para no hacer,  remite a la meta política, remite al estar hablando de la importancia del agua en la navegación, y en un mientras tanto, los de siempre siguen hundidos en la desazón y el desconcierto, viendo más de lo mismo.

La izquierda, ya sea por cubrirnos las espaldas, ya sea por el miedo al qué nos dirán, también tiene miedo de criticarse a sí misma, y cuando los problemas arrecian,  buscamos los problemas afuera, cuando en realidad están dentro. Es hora de sacarse la caspa del victimismo permanente, Gandhi hizo más con menos. Si continuamos con el baile de victimismo, el último,  que apague la luz.

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