David Harney, geografía con conciencia

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Por Iñaki Urdanibia

« La Geografía es demasiado importante para dejarla a los geógrafos. Pero con mayor razón es demasiado importante para dejarla a los generales, los políticos y los ejecutivos de las grandes compañías »

« El modo dialéctico de pensamiento, al menos tal como yo lo interpreto, impide cerrar el razonamiento en un momento determinado »

« Por nuestras teorías nos conoceréis»

Hay especialistas y/o científicos cuya proyección rebasa con creces los ámbitos académicos e institucionales. Es el caso del geógrafo al que se refieren estas líneas, que se refieren a su vez en un libro que le presenta, por medio de algunos estudiosos, presentando alguna entrevista y una certera selección de textos, entre los que se incluye un inédito, amén de los propios ensayos de los responsables de la edición. El libro del que hablo es : « La lógica geográfica del capitalismo», cuya edición corre a cargo de Nuria Benach y Abel Albert, y que ha sido publicado por Icaria en su colección Espacios críticos.

David Harney nació en Gillingham ( Reino Unido) en 1935 , y – según cuenta – fueron cierta contemplación de mapas , algunas lecturas juveniles, la práctica del excursionismo, y afines, las que pudieran considerarse en su orientación vocacional. Tras cursar sus estudios en Cambridge y en bristol y adoptar una postura concordante con lo que allá florecía: geografía teorética-cuantitativa, lo cual no supuso obstáculo alguno para que diera un paso que rompiese con los estrechos marcos del positivismo ambiente, para introducir la necesidad de los criterios éticos, de justicia, etc. Un paso sustancial en esa deriva se dio con la lectura de algunos textos de Marx, lecturas que sometidas a ser compartidas con sus alumnos, tardaron en calar en lo que hace a su comprensión, mas sabido es – al menos así lo considera el profesor Harney que se aprende enseñando. Es claro que la introducción de Marx en el estudio del espacio, del urbanismo y la geografía, no era lo común, ya que los custodios del templo marxista ( historiadores y economistas, muy en especial) despreciaban la geografía como una disciplina sin mayor consistencia. Así pues, David Harney se hubo de enfrentar con diferentes enemigos: por una parte, en los terrenos académicos en EEUU, al igual que en otros terrenos, el marxismo era mal visto y considerado; a esto ha de añadirse que desde las propias filas del marxismo, oficial, se considerasen las pesquisas del profesor como banales, como puertas abiertas para las interpretaciones falaces, etc.

No está de más añadir que la aproximación a los textos de Marx se hacían desde una óptica singular, que ponía el acento en la funcionalidad, en la utilidad, de las enseñanzas del teórico alemán, en su aplicación a distintas áreas; en el caso que nos ocupa, al campo de la ciudad, su extensión y la expresión de ella como símbolo de la modernidad, si en cuenta se tiene – ¿ cómo no tenerlo?- que en ella se cruzan, confluyendo, diferentes niveles del quehacer de los humanos ( París, capital de la modernidad…título y orientación benjaminianos donde los haya). Este recurso a Marx iba acompañado por una clara tendencia a que las herramientas políticas y sociales que éste ofrecía, sirviesen en la práctica , además de que dejasen de ser mero espacio de discusión / disquisición de los académicos ( valor de uso / valor de cambio; acumulación de desposesión…).

Toda la carrera de David Harney se ha desarrollado bajo esta óptica y su obras así lo dejan ver , lo que supuesto – como ya queda señalado- que su influencia se haya extendido más allá de los campus universitarios, para hacer masa con movimientos sociales, alternativos y con algunos círculos gubernamentales de países latinoamericanos, entre otros. Súmese a esto, que el afán de abarcar las redes que se conforman en el cruce de diferentes acercamientos a lo social y a lo político, hace que sus análisis y sus obras sean encuadradas dentro de los cauces de la antropología, geografía, economía, Arquitectura, planificación, urbanismo, etc.

De las lecciones acerca del capitalismo, los deslices posmodernos ( con respecto a los que , a mi modo de ver, se muestra simplificador en exceso, desmarcándose de los análisis más condescendientes de su valedor – es una manera de hablar- Francis Jameson, críticas amalgamadoras que no es extraño que hayan generado cierto enfado en círculos feministas, y en otros sectores de luchas minoritarias – lo señala en la página 285- ; esto no quita para poder afirmar que las páginas que en este volumen se dedican al tema, página 101 a la 147, resulten de innegable interés, incluido el precario cara a cara entre Marx y Heidegger que propone Harney)[ no ignora, ciertamente, las luchas que se han posicionado bajo el estandarte del postmodernismo: «antirracismo, feminismo, identidad étnica, tolerancia religiosa, descolonización cultural y otros similares», si bien -no se corta a la hora de señalar que los centros de gravedad del posmo no son cosa que preocupen a sindicalistas, trabajadores sociales, y que esta centralidad de las alteridades y diferencias no conducen más que a la desunión y a obviar lo esencial de las luchas…en fin]; o de los males del neoliberalismo, y del marxismo por entregas para legos, se da cumplida cuenta en esta obra, que presenta a un marxista heterodoxo ( Marx también lo era consigo mismo al subrayar que él no era marxista; heterodoxia la de Harvey que a veces, todo hay que decirlo, parece levantar cierta ortodoxia calificadora o descalificadora: con Manuel Castell, con los post-estructuralistas a quienes , en un excesivo juicio de intenciones, atribuye la única finalidad de atacar al marxismo – etiqueta que usa sin mayores distingos, sea dicho de paso, más todavía si en cuenta se tiene que hay otros marxistas que no dudan en codearse con los post- , etc.) , marxista heterodoxo -decía- que se mueve al ras de la práctica, huyendo de la nebulosa de las abstracciones propias de algunos marxistas alcanforados, dándosenos pistas acerca de sus más y sus menos con Henri Lefebvre-más de lo primero- o con Manuel Castell-más de lo segundo- ; preferible resulta, de todas todas, sumar que restar, aunque también es verdad que para realizar tal operación se ha de contar con sumando, cosa que en la visión de Harvey no cabe. .

En este libro se nos brinda la ocasión de conocer al plural geógrafo radical y sus teorías, que nos son brindadas a modo de caja de herramientas, con las que se nos aproxima a nuestro hoy, con sus crisis financieras, con sus virajes derechosos, y algunas de las organizaciones e instituciones internacionales que mangonean este mundo, mangoneo al que David Harney se enfrenta ofreciendo sus análisis, ya que « el capitalismo nunca caerá por sí mismo. Habrá que empujarlo. La acumulación del capital nunca se detendrá. Habrá que pararla. La clase capitalista nunca querrá ceder su poder. Habrá que desposeerla»…Los análisis sobre la Zona Cero y el simbolismo de algunos espacios como el Sacré-Coeur parisino, así como los acercamientos a distintos conflictos que se desarrollan hoy a lo largo y ancho del planeta resultan de una lucidez brillante…así como resultan, a mi modo de ver, dignas de aplauso su apuesta por el anticapitalismo: « prefiero el término “anticapitalista! Más que el de socialista, comunista, anarquista, populista o ningún otro porque invita a todo el mundo que ha sido afectado negativamente de algún modo por la circulación de capital a unirse alrededor de la cusa de encontrar un modo alternativo de producción, circulación, distribución y consumo, diferente del que tenemos ahora mismo…» ( pp. 292-293), en sus sabrosas Reflexiones sobre una vida académica.

Basta con ver la amplia lista de distinciones , homenajes y concesiones de distinciones honoris causa ( que los editores detallan en la página 52) para convencerse, por si alguien no lo estuviera, de la importante presencia de David Harney en el panorama académico y científico; a lo que se ha de sumar – reitero- sus asesoramientos a los que han recurrido algunos gobernantes latinoamericanos ( Ecuador, Bolivia, Uruguay, …eso sí , sin decir a nadie lo que ha de hacer ), sin obviar la huella profunda que planea en los ambientes altermundialistas y similares.

David Harney el deseo de transformar el mundo, conociéndolo y alzando el estandarte del utopismo dialéctico…ya que otro comunismo es posible.

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