Darwin, las ideas dominantes y los que dominan

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“De esta suerte, los miembros débiles de las naciones civilizadas van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida o se las cuida mal; y a excepción hecha por el hombre, ninguno es tan ignorante que permita sacar crías a sus peores animales”. Charles Darwin. El origen del hombre.

La capacidad de manipular, controlar y dirigir la información por parte del poder económico (y, por tanto, mediático) ha conducido a sociedades “hipnopedizadas”, insensibles a situaciones monstruosas en la mayor parte del mundo y, al mismo tiempo, intoxicadas con mentiras que no resisten el menor análisis racional. Las mentiras más evidentes y los más burdos montajes se convierten, convenientemente tratadas por los mass media, en verdades indiscutibles. Sólo la búsqueda en la (por el momento) libertad de “la red” hace posible el acceso a la verdadera información (¿Qué está pasando en África?). Pero también para esto tienen recursos. Han acuñado un término para las personas que desvelan sus mentiras mediante la contundencia de los datos, de los hechos: son los “conspiranoicos”. Al mismo tiempo, han surgido “espontáneamente” movimientos organizados autodenominados “escépticos” cuya actitud real es la de defensores fanáticos de las ideas “oficiales” ante las que no muestran el menor escepticismo.

Un aspecto de este fenómeno que brilla con luz propia es el que se está produciendo durante el año de Darwin. El ceremonial de las instituciones oficiales, la machaconería de las principales revistas científicas y el despliegue de propaganda que los grandes medios de comunicación han puesto al servicio de su consagración sólo son comparables a la eficacia que muestran en generar la sospecha de que cualquier actitud crítica está movida por oscuros intereses. Y así, ante cualquier intento de análisis crítico de la entidad científica del darwinismo la respuesta es una descalificación basada en las tópicas “frases hipnopédicas” que se repiten con la suficiencia del que conoce “la verdad” sin tener la menor idea de qué personaje y de qué “teoría” están hablando.

Hagamos, pues, un pequeño ejercicio “conspiranoico” basado, como debe ser, en datos, y dejemos “la verdad” para los que ya la conocen.

En el caso de que el lector disponga de Internet, y si se toma la molestia de rastrear el término Eugenesia (o eugenics), encontrará abundante documentación que nos informa de que desde Hocker y Huxley, los veradaderos artífices del triunfo del darwinismo, pasando por la familia Galton-Darwin hasta los inventores y promotores de la “genética de poblaciones”, pretendida base teórica actual del darwinismo, eran eugenistas: Fisher, Wright, Haldane, Penrose, Dobzhansky, Mayr… En los listados de las sociedades eugenésicas británicas y norteamericanas encontrarán estos nombres junto con otros prestigiosos biólogos de la primera mitad del Siglo XX profusamente citados en los libros de texto. Las sociedades eugenésicas norteamericanas han cambiado de nombre en la actualidad&nbsp (The Society for the Study of Social Biology, por ejemplo) aunque en Gran Bretaña mantienen denominaciones más elocuentes, como el Galton Institute, y se mantienen en prestigiosas universidades. Pero la conexión más reveladora es la que surge a partir de la entrada de los grandes magnates mundiales en el campo de la genética, la “biotecnología” y los “estudios sociales”, con nombres como Rockefeller, Rostchild, Carnegie…&nbsp y su apoyo a actividades claramente encaminadas a prácticas eugenésicas en las que han contado con el apoyo de prestigiosas instituciones oficiales, el respaldo “científico” de famosos comunicadores sobre “la naturaleza” y la complicidad de los grandes magnates de la información.

Teniendo en cuenta el nivel tan elaborado y sofisticado (y tan efectivo) con que cuentan los verdaderos amos del mundo para controlar y dirigir la información, creo que es preferible que el lector indague por su cuenta (busque Tavistock Institute, por ejemplo) y obtenga sus propias conclusiones. Pero quisiera finalizar este (inconveniente) escrito con una reflexión, posiblemente arriesgada, que me siento obligado a exponer: Cuando alguno de los candorosos científicos “mediáticos” afirma que podremos dirigir la evolución humana, es posible que no sepa de qué está hablando, porque es evidente que dada la enorme complejidad de los descubrimientos sobre el control de la información genética se hacen inviables los intentos de “cambiar los genes” a voluntad. Pero sí existe una forma de “dirigir la evolución”, desde la sórdida perspectiva darvinista, en una situación como la que se da en el Mundo en la actualidad: Una disminución drástica de la población. De los desfavorecidos de la Tierra.

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