Daño no-letal, 30 años de ataques al pueblo de Chile

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Durante las últimas dos semanas Chile ha transitado estrepitosamente del oasis a el estallido social más perturbador de su Historia, siendo también un fenómeno inédito en la historia del capitalismo. Si bien a la mayoría de las autoridades del establishment y de la institucionalidad neoliberal las masivas protestas y movilizaciones sociales fueron algo que realmente no se esperaban, no por eso podríamos afirmar que fueron una “sorpresa para todos”. No por el hecho de que alguno de los políticos de la izquierda patriótica y popular o de los intelectuales serios haya realmente anticipado este cambio de coyuntura, sino más bien porque todos los elementos que provocaron y que explican el estallido social han estado presentes y visibles entre nosotros al menos los últimos 40 años.

De alguna manera, la configuración de la sociedad chilena construida a partir de los quiebres e imposiciones realizadas bajo la dictadura militar y sus secuaces convirtieron a nuestro país en un Estado Institucional, económico y cultural del desarrollo del neoliberalismo en su versión más extrema. Desde los primeros año de la década de 1990 la introducción definitiva y voraz del neoliberalismo en el conjunto de la vida de los chilenos, no hizo más que consolidarse, gracias al consciente y sistemático apoyo que la derecha política y económica (nacional y transnacional) recibió de los remedos de la centro izquierda nacional, trasmutada en concertacionista ávida de las figuras “estadistas” y de la “moderación”, lo cual la llevaría a convertirse en un monstruo populista con complacencia hacia la derecha.

En estos más de 44 años de aplicación extrema de los principios neoliberales y en casi 30 años de bálsamos socialdemócratas (de los concertacionistas, nueva pillaría + secuaces) la situación del 90% de la población ha transitado de la precariedad relativa a la precariedad absoluta. En realidad, no morimos directamente “hambre” pero nos alientamos a punta de fideos. Nuestros mayores reciben pensiones, pero deben seguir trabajando hasta los noventa. Existe atención sanitaria pública, pero la lista interminable de operaciones en espera, la que llama al usuario el día del velorio. Existe acceso universal a la educación, pero la escolar es una guardería y la superior una caja de crédito. Hay un gran etcétera que no es necesario detallar, que la mayor parte de nuestro pueblo vive y siente -día a día, hora a hora- aunque sea frente a su televisor de 60 pulgadas.

Debe ser por eso que nos acostumbramos tan rápido a que nos disparen – la mayor parte de las veces a mansalva y sin provocación- en las justas protestas callejeras, aquellas surgidas de las entrañas del pueblo postergado y humillado. Es cierto, son municiones No-Letales (disparadas por armas de fuego) las cuales solo en algunos casos pueden quitar la vida. LOS PERDIGONES NO-LETALES, son la mejor y más brutal metáfora de lo que ha sido Chile los últimos 30 años. No nos matan de hambre directamente, pero usan Salud No-Letal, Educación No-Letal, Pensiones No-Letales, Derechos Laborales No-Letales, Sindicalización No-Letal, Saqueo Medioambiental No- Letal, etc. Todo lo cual, por las características del ataque neoliberal, nos ha permitido no morir, sobrevivir, pero con los ojos del alma mutilados.

Cuando los agujeros de mi torso aún no terminan de cicatrizar y el morado salvaje de su alrededor sigue intacto, pienso que por alguna razón los adolescentes y los jóvenes rebeldes antisistema nos han lanzado el chaleco salvavidas, quizás porque ellos no se pudieron acostumbrar a vivir con el ojo de dignidad reventado.

Como aquel anarquista que, al verme superado por el gas en la Alameda con Portugal, con mis manos en las rodillas tratando de no darme por vencido, mientras sentía el trote obsceno de las fuerzas especiales a metros de nuestra resistencia, se acercó a mi me tomó del brazo y con voz pausada dijo: “Tranquilo compañero”. Inmediatamente sentí un aire suave en mi cara y ojos, en unos segundos pude volver a ver con dificultad, ¡soplaba como cuando una madre enfría la comida de su bebe! El encapuchado corría con dos grandes piedras en sus manos, cuando se aseguró de que yo ya no corría peligro.

Al grito de ¡Chile Despertó! apretamos los dientes y empujamos la organización política, para que el gigante popular no vuelva a dormirse o al menos lo haga cuando sea mejor opción compartir en la escuela que machetear en la esquina. Para que la metáfora de los PERDIGONES NO-LETALES deje de ser la mejor forma de expresar el dolor infringido por el Estado y los empresarios corruptos a nuestro pueblo trabajador.

#AREFUNDARCHILE

#PIÑERADICTADOR

#ASAMBLEACONSTITUYENTEYA

#ESTONOHATERMINADO

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