Daniel Gamper, la toma de la palabra

Por Iñaki Urdanibia

Hay ensayos cuyo discurso avanza a saltos, a trompicones, lo que hace que resulte harto difícil seguir el hilo de la exposición; hay otros, por el contrario, que mantienen una estructura firme y cuyos argumentos están bien trabados, enlazando los unos con los otros. A este último conjunto pertenece « Las mejores palabras. De la libre expresión» de Daniel Gamper ( Barcelona, 1969), obra a la que se concedió el 47 Premio Anagrama de Ensayo; dicho esto también es verdad que girando en torno a un férreo centro de gravedad, el libro se abre por diferentes esferas en un despliegue controlado..

En este tiempo de la dicha post-verdad,de fake news y demás yerbas falaces como la costumbre de afirmar una cosa y su contraria, aumentado todo ello por los dardos que invaden las redes sociales, el profesor barcelonés apuesta por reivindicar «el valor ético, político y civil de las palabras»; no resulta mal empeño en estos momentos de indistinción entre lo verdadero y lo falso, en que las medias verdades florecen como setas en primavera y en los que la mentira, mil veces repetidas por tierra, mar y aire, se convierte en la verdad oficial, en la que interesa que se crea y en la que, de hecho, se cree.

Gamper reivindica la libertad de expresión -expresión que no es de su agrado, prefiriendo lo que expresa la fórmula inglesa spech free o la libertad de manifestar el pensamiento, – con fuerza y decisión a lo largo de toda su obra, que se desliza de lo particular, cotidiano y doméstico, al ámbito de lo colectivo, incidiendo en la importancia de hallar las mejores palabras y mostrando las maneras que adopta la represión de éstas; subrayando los síntomas de devaluación.

Hablaba de lo bien estructurado del ensayo, lo que reitero en precisar, que no puesto en duda, por la composición de éste en una veintena de flashes ( veintitrés si se incluyen Las palabras preliminares ), auto-suficientes en lo que hace a su comprensión y tema, que, no obstante, se encadenan haciendo que la lectura resulte como el ascenso de una escalera, que obviamente necesita de todos los peldaños que la componen. Esto quiere decir que el libro se puede leer de manera aleatoria, saltando de una entrada a otra, mas juzgo que se obtendrá mayor provecho y comprensión leyéndolo en el orden en que vienen presentadas, pues unas completan a las otras , entrelazándose.

No siendo tarea fácil resumir el texto por la variedad de sendas que adopta, me conformaré con salpicar algunas pistas por el que éste avanza, a modo de denominador común, y destacar algunas argumentaciones que me parecen realmente dignas de ello. Por una parte, se reivindica la libertad de palabra para todos, en contra de los privilegios que hacen que unos hablen y otros hayan de callar, mecanismo que funciona tanto en el seno de las familias como en el proceso escolar , y educativo en general, en los que se considera que uno han de escuchar y repetir lo que se les dice ya que ellos no son capaces todavía; así se da una clara reivindicación de la horizontalidad frente a la verticalidad dominante, dispositivo que amplía su dominio a ámbitos más generales y colectivos como los referentes a la política, en donde los gobiernos cuentan con los medios para imponer sus verdades, ayudados por una legón de intelectuales orgánicos y periodistas que no hacen sino expandir la voz que se trata de imponer como si de la verdad, pura amén, se tratara. Ligado a lo anterior se extiende Gamper por cuestiones adosadas como las de la corrección política,con explícitas referencias a algunos populistas de derecha, las diferentes formas de democracia, los discursos que se solapan para esquivar la censura ( el ketman, como modo de adaptarse por parte de los intelectuales a los ambientes represivos) o para plegarse a las instancias dominantes ( por ejemplo en los pagos académicos; cfr.: pp. 122 et ss.), o el debido uso de la práctica del periodismo como información y no como deliberada deformación, del mismo modo que se atreve a proponer salidas a los impasses educativos señalando cómo en tal función se debería otorgar un papel esencial al uso de la palabra y al arte de la conversación, el diálogo, el debate, la deliberación .

Resalta en todo momento el valor de la palabra, como signo de humanidad, tomando base para ellos en los filósofos clásicos griegos, lo que le hace, y nos hace, visitar las ideas expuestas por el fundador de la Academia y por las del fundador de el Liceo: Platón y Aristóteles. La palabra como medio de comunicación y no de imposición, de intercambio y contacto con los otros, y no al servicio de diferentes poderes económicos, políticos o sociales, lo que hace que el lenguaje adopte el carácter de arma lo que hace que deje de ser la mejor palabra. No faltan las incursiones por la actualidad que ejemplifican algunos de los aspectos en los que se detiene, muy en especial en lo que hace a la domesticación de los medios dichos de comunicación y el nefasto papel que juegan los programas de tertulianos que no hacen sino propagar basura. George Orwell, entre otros le sirven , le sirven como antídoto ante las palabras domesticadas, o disimuladas en la medida en que éste apostaba sin ambages por la verdad, y sus correspondientes palabras, a pesar de que ello les pudiese suponer algunos costes y problemas, acorde con la parresía de los griegos; « el gran enemigo de la lengua clara es la falta de sinceridad»…« si la libertad significa algo, es el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír». Algunos ejemplos sobre el mantenimiento de la dignidad frente al peso de la censura ( Pussy Riot), y algunos dictámenes de algunos tribunales internacionales que defendieron la libertad de expresarse que tenían las cantantes, y no seguiré.

Concluiré, cumpliendo lo afirmado líneas más arriba, algunos temas que me parecen realmente bien abordados: si el otro decía hacer cosas con palabras , en el capítulo que lleva por título El respiro de la lengua, se analiza el libro de Victor Klemperer sobre el lenguaje del Tercer Reich, en el que el filólogo sometía a riguroso análisis los cambios que se habían dado en el léxico de la lengua alemana en los momentos del ascenso de las fuerzas hitlerianas; cambios en la semántica que ocultaban ciertos aspectos impresentables, dorando la píldora…En la apropiación de la palabra se examina, a mi modo de ver, de manera ejemplar el pensamiento de la autenticidad en la obra de Heidegger, concluyendo con lo inacabado del examen del filósofo germano, lo que podía desembocar en un camino meramente individual…proponiendo una salida colectiva como la propuesta por Vattimo y Zabala. No me detendré en el amplio examen que realiza Gamper sobre la concepción de la libertad por parte de John Stuart Mill que constituye el eje de varias entradas de la obra, que van acompañadas, por momentos, por ciertos tonos habermasianos y rawlsianos…destacando la polifonía que frente a la unidad, abre caminos a la diversidad ( si bien en este terreno me da por pensar que la postura del alemán se desliza hacia la unidad lograda a través de la comunicación, el diálogo, y…el consenso, huyendo del disenso como motor, y estableciendo sus amalgamadoras distinciones, con aires luckasianos, entre jóvenes, viejos y nuevos conservadores…como en cierta medida le recriminase su sucesor Axel Honnett . Mas esto lo dejo para otro día). Precisamente hay algunas puntualizaciones acerca de las simplificaciones caricaturescas a que se ha sometido lo postmoderno y/o el pensamiento débil ( cfr.: pp. 115 y 116)…lo que le sirve, por otra parte, para afear el insulto como supuesto modo de argumentación…que responde a una concepción y que, no pocas veces triunfa, debido a la correlación de fuerzas en lo referente al poder ( destacada queda, en ese terreno, la labor genealógica nietzscheana).

Obra digna de lectura y aplauso, en la medida en que se hace una defensa cerrada y argumentada de la libertad de expresión como forma de resistencia y coraje ante el imperio de la estupidez y la mentira….posicionándose con firmeza en el campo de batalla que es la libertad de expresión .

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