Daniel Bensaïd. Primacía melancólica de la política sobre la historia

La necesidad de construir una izquierda melancólica, sin megalomanía pero sin escepticismo, cargada de empatía para con los vencidos, consciente de las correlaciones de fuerzas y capaz de no repetir errores del pasado

Este libro póstumo compendia una serie de entrevistas realizadas entre 2007 y 2008 por compañeros de célula (en la LCR) y amigos de Bensaïd con la finalidad de ser emitidas en la radio libre Fréquence Paris Plurielle. Tiene la forma de una especie de diccionario histórico, en el que fechas muy simbólicas son el tema de breves locuciones radiofónicas en las que Bensa desgrana en tan sólo veinte minutos contados una serie de reflexiones acerca de acontecimientos que han marcado la lucha de clases del corto siglo XX.

Como nos recuerda Michael Löwy en el prólogo, en esta didáctica iniciativa de Pierre Barron, Marion Druart, Guillaume Garel y Gwenn Sánchez, el entrevistado aborda las razones que explican el curso de acontecimientos que marcan el presente y el porvenir, pero que nunca se inscribieron en una lógica predeterminada e ineluctable. Esta capacidad de interrogar estratégicamente los hechos históricos tan propia de Bensaïd, virtud que destaca el artículo introductorio de Isabelle Garo, no es muy común entre la historiografía profesional, a menudo alejada de las asperezas de la lucha política de su propio tiempo. Lógicamente, esta perspicacia analítica nunca puede ser resultado exclusivo del estudio teórico, sino que nace de la intersección entre teoría y práctica, de las intuiciones sutiles que acaba desarrollando la intervención militante, algo reservado a los clásicos del marxismo revolucionario, que son a la vez protagonistas y narradores de la historia, categoría aplicable a mi juicio al caso que nos ocupa.

Otra ventaja del libro es que resulta ameno, ya que va al grano. En pocas pinceladas describe el contexto, define con precisión lo que estaba en juego en cada coyuntura, identifica errores o aciertos cargados de consecuencias, enumera las repercusiones duraderas de acontecimientos y procesos con sencillez y precisión, pero huyendo a la vez de la simplificación. Una característica de Bensa que nos recuerda también este libro es que su oratoria era de una calidad comparable a la de su escritura: precisa, clara, elegante y poética.

Como no podía ser de otro modo, el libro empieza abordando lo que sin asomo de duda es el acontecimiento fundador del siglo XX y probablemente el destello de esperanza más importante de la historia: Octubre de 1917. Acontecimiento fundador donde los haya, pero también mito manipulado por muchas corrientes políticas e historiográficas, la Revolución rusa inauguró el “siglo soviético” (Moshe Lewin). Bensaïd entra a fondo en las potencialidades de la primera revolución obrera y campesina, expone la dimensión mundial del acontecimiento y su fuerza gravitatoria. Pero también describe la fuerza de la reacción capitalista ante dicho acontecimiento, que se valdrá de los viejos aparatos reformistas primero y de los nuevos movimientos ultranacionalistas de inspiración fascista después para contener el contagio. La fecha simbólica del 15 de enero de 1919, con el asesinato de Rosa Luxemburg y Liebknecht y el consiguiente descabezamiento del comunismo alemán, dará un nuevo botón de muestra de la brutalidad de unas clases dominantes severamente amenazadas. A propósito de la orientación de los espartaquistas, hay una polémica amistosa entre la intervención de Bensaïd y el prólogo de Löwy que demuestra que no hay nada definitivamente zanjado a la hora de juzgar decisiones cargadas de consecuencias y no pocos debates abiertos. Acto seguido se hace una incursión en la revolución y la guerra de España en la que se constata que la derrota contra los franquistas se debió a factores políticos como mínimo tanto o incluso más que a motivos militares y se vuelve sobre las contradicciones del campo revolucionario para centralizar un poder capaz de alcanzar el doble objetivo de ganar la guerra y llevar a cabo la revolución social.

Luego, se detiene en el significado de la derrota del nazi-fascismo en 1945 y sobre los pactos de Yalta a nivel internacional, así como en las implicaciones de los compromisos sociales y geopolíticos que embridaron al movimiento comunista oficial en esos tiempos, dando origen a la llamada crisis del movimiento comunistaBensa se detiene en las potencialidades no explotadas de la situación en Italia o Francia y en traiciones flagrantes de Stalin ante procesos revolucionarios como en Grecia, China o Vietnam.

Acto seguido se refiere al estallido de la Guerra de Argelia, un auténtico trauma en la vida política francesa, que tiene mucho que ver con el estallido posterior del 68 y que conecta con las miserias no sanadas del siniestro alineamiento tácito del grueso de la burguesía francesa con Hitler tras la capitulación de 1940. La tradición colonial francesa ha sido siempre una reserva de reaccionarismo fascistizante del mismo modo que la guerra civil española es incomprensible sin el africanismo en el que se formaron la inmensa mayoría de los oficiales franquistas. A su vez, la victoria del FLN hacía imaginable una sinergia anticapitalista con la Revolución cubana. Las dinámicas de ambas revoluciones, así como la experiencia autogestionaria yugoslava, fueron experiencias que nutrieron el nacimiento de las nuevas vanguardias revolucionarias que eclosionaron en el Mayo francés y el 68 internacional.

Pero antes de abordar el joli mois de mai, Bensa se detiene en figuras clave como Patrice Lumumba, Malcolm X o Frantz Fanon, personalidades que representaron una dinámica inversa a la que padecemos en la actualidad: la capacidad de partir de pueblos humillados por el colonialismo y el racismo, operar un constructo identitario reactivo de autoafirmación comunitaria y autodeterminación política e ir transitando hacia un universalismo fraterno que encuentra en figuras como el Che un impulso humanista y anticapitalista de emancipación universal y, progresivamente pero en grados diversos, en el marxismo un banco de categorías que facilita la comprensión de las relaciones sociales y las luchas políticas. Será sin duda dicho acercamiento al marxismo lo que conducirá al asesinato de Malcolm X.

A continuación, se detiene en el mayo del 68 y el gran contraste entre el potencial de la movilización y lo limitado de las experiencias de autogestión durante la crisis, el debate sobre el vacío de poder con la huida de De Gaulle a Baden Baden y la desproporción entre la fuerza de la huelga y las conquistas sociales limitadas que legó a los años 70. Unos años marcados por la irrupción feminista, cuyas características repasa concisamente a continuación, poniendo el acento en la importancia de la componente feminista de muchas luchas obreras de la época y destacando que muchas reivindicaciones específicas de las mujeres se encaminaban hacia su inclusión en pie de igualdad con los hombres en el movimiento obrero organizado de la época y hacia la crítica del monopolio masculino de los roles dirigentes en la izquierda organizada (incluida buena parte de la nueva izquierda) y el movimiento sindical. También se refiere a la ya larga batalla de las mujeres por decidir sobre su propio cuerpo y la lucha contra la represión del aborto, combate de gran actualidad hoy en día en muchos países todavía (desde Argentina hasta Polonia, por sólo referirnos a grandes acontecimientos en curso).

Las locuciones concluyen con tres fechas amargas para la memoria de la izquierda: 1973 y el golpe en Chile, verdadero punto de inflexión internacional y gran frenazo a la dinámica abierta por la toma del poder de los barbudos en Cuba catorce años antes; 1981 con la llegada del transformismo miterrandista (con sus enormes paralelismos con el felipismo a este lado de los Pirineos) y el impacto del neoliberalismo de Thatcher y Reagan y su aplastamiento de los sindicatos (de controladores y mineros respectivamente) y, para concluir, el despedazamiento de la Unión Soviética tras el largo estancamiento brezneviano que siguió al aplastamiento de la Primavera de Praga en agosto del 68.

Sin duda, una idea que atraviesa el conjunto de las locuciones es el efecto acumulativo de las derrotas… pero también de las victorias. Y la necesidad de construir una izquierda melancólica, sin megalomanía pero sin escepticismo, cargada de empatía para con los vencidos, consciente de las correlaciones de fuerzas y capaz de no repetir errores del pasado…; en suma, de aprender de las derrotas de ayer para transformarlas en las victorias de mañana.

El libro se cierra con una aportación de Christine Poupin acerca de las tareas ecosocialistas en el Antropoceno y de Hegoa Garay y Arya Meroni sobre nuevos feminismos y su contribución al relanzamiento de la lucha de clases.

Sin duda un libro útil, ameno y didáctico… pero inevitablemente melancólico.

  • Andreu Coll es miembro del Consejo Asesor de viento sur y editor de Sylone

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