Cynthia Fleury, pensar la Ciudad

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Por Iñaki Urdanibia

       La pensadora nacida en 1974 es una mujer que realmente no para, una “máquina”que diría más de uno, y es que además de sus libros, sus clases y sus conferencias, participa en numerosas instituciones: así, enseña filosofía política en la American University of Paris3, es investigadora asociada en el Muséum national d’histoire naturelle, maître de conferencias en el Institut d’études politiques de Paris III, además de psicoanalista y profesora, también, en la École polytechnique; miembro del Comité consultatif national d´éthique (CCNE), madrina, como psicoanalista de ICCARRE ( protocolo de intermitencia del tratamiento del sida) y miembro de la célula de urgencias médico-psicológicas del SAMU. y no sigo ya que ha de sumarse a esto su compromiso con algunas organizaciones ecologistas, éticas y políticas, ¿ No sé de dónde sacará tiempo esta mujer que, por otra parte, es madre, de un hijo? Sea como sea, lo que no se puede aplicársele, en lo que yo alcanzo, .es aquello de que quien mucho abarca, poco aprieta…reitero, que en lo que   alcanzo, la señora aprieta y fuerte, y como muestra tomo su última obra que de ella he leído: « Les irremplaçables » ( Gallimard, 2015), que según señala es la continuación de obras anteriores en las que ya centraba su aguda mirada en las relaciones entre individuo y sociedad..

No me duelen prendas, ni tampoco me siento obligado de ninguna manera, a la hora de comenzar subrayando que estamos ante un texto perfectamente estructurado, ante un discurso que adolece de extructuración, coherencia y completud en lo referido al tema tratado. El texto dividido en tres partes ( individulazación e irrremplazabilidad, el dogma del poder y la irremplazabilidad y la educación). El centro de gravedad de ensayo gira en torno a las relaciones del individuo y el Estado ( de derecho), y su inclinación indisimulada deriva hacia la necesidad de la creación de sujetos autónomos ( no obedientes a forma alguna de heteronomía) en la senda del sapere aude ilustrado / kantiano. Si el de Köninsberg mantenía que se debía perseguir la mayoría de edad ( o el abanono de la monoría ) de los ciudadanos para alcanzar la época ilustrada, Fleury apuesta por conseguir individuos -no inclinados ante el individualismo egocéntrico- individualizados que no sigan a pastor o comisario alguno sino que sean capaces de pensar por sí mismos, mas no en un enclaustramiento personal, sino en una relación abierta con los demás y en una complementariedad con los intereses colectivos.

Señala, en este orden de cosas, una serie de características que ha de respetar ese proceso de individualización: que complementa el conócente a ti mismo con el conoce tus límites, que ha de tener en cuenta la imaginatio vera ( « modo de veridicción que tiene como piedra de toque la apertura al otro, al mundo, a la visión intuitiva…[ como ] facultad de los umbrales, que atraviese las fronteras de lo sensible y de lo inteligible y que conduzca la progresión ética de un individuo»), el pretium doloris, el precio que el ser humano está dispuesto a pagar en el empeño por conocerse a sí mismo y acceder a lo Real ( los procesos de Sócrates y Jesucristo como procesos emblemáticos) rompiendo con el Nom-des-Pairs ( con la opinión de la manada) y la vis comica ,   la ironía y el humor como nexo relacional con el conocimiento y con la relación con los demás, no en una postura de dominación ( de imposición discursiva) sino de apertura a la risa, a la comunicación, lo que hace que la risa propia sea compartida por otros en una relación lúdica y alejada de cualquier forma de tremendismo paranoíco. Usando otro lenguaje, podría decirse que su obra es una embestida contra la alienación, contra la reificación a que son –somos – sometidos los ciudadanos en un inagotable y persistente proceso de deshumanización.

En dicha onda pueden ubicarse su visita a los mecanismos que sirven para alejar a los humanos del pensar propio, al ofrecérsele -vía televisión, por ejemplo – una serie de imágenes que sirven como castrada representación de la relalidad; asunto que es visitado con la inestimable ayuda de los postulados de Hannah Arendt, refiriéndose a la llamada “cultura de masas”, y con la de su primer marido, Günther Anders, con sus dardos a los “raptores del sentido” ( toda la cohorte de terapeutas y otras yerbas); en lo que hace a la televisión – y conste que, en lo referente a la cajatonta, y no es por señalar falta alguna: no estaría de más traer a colación los análisis de Pierre Bourdieu o de Armand Mattelart, por ejemplo). Obviamente tampoco ignora la devaluación de la scholé griega ( como placer) y la schola latina (como escuela) que no hace sino reproducir los valores dominantes, en vez de promover la constitución de sujetos autónomos y críticos.

La tesis fuerte que defiende la pensadora es la afirmación de que somos irremplazables, frente al discurso habitual y dominante que hace de todos nosotros seres remplazables como piezas intercambiables, lo cual responde a una lógica gregaria o despersonalizada que hace que los individuos sean considerados como meros engranajes que pueden ser sustituidos sin problema, que puedan servir para que el mecanismo social pueda seguir funcionando sin averías; remplazabilidad que se mete en las mentes ciudadanas desde la infancia y por todos los medios de domesticación social. Esto conlleva una desvalorización de los individuos/ ciudadanos, acrecentada por el neo-lieralismo, deteriorado status que Fleury pretende valorar situándolo en el lugar importante que realmente debe corresponderle . Medea y Cronos como negación de lo irremplazable al usar la fuerza y la negación de los otros; la primera más emblemática si cabe, ya que es la figura de la mentira y no como Cronos que no oculta sus proyectos asesinos.

Pasos fundamentales en lo que hace a tomar conciencia de ser irremplazazable lo ofrece el ser padre ( “ formar familia”) , ya que ello conlleva una responsabilidad que hace que la toma de cociencia se acelere y cobre hondura. En ese sentido tanto el niño del evangelista Mateo como el niño nietzscheano le sirven de ejemplos de cómo los hijos sirven de impulso para la aprehensión de la irremplazabilidad.

Complementariedad, en la vía de profundizar la democracia ( que ella con sus limitaciones identifica con el “Estado de derecho”) que se ha de dar entre los individuos realmente individualizados como condición sine qua non para un Estado de derecho comme il faut…lo que impulsa a una relación bicondicional ( que se diría en lógica: si y sólo si) que hace que el uno necesita al otro y el otro al uno. para que se cree una armonía necesaria . Su apuesta por el Estado de derecho es decidida y firme, sin mostrar la más mínima sospecha con respecto a los aspectos formales que de hecho, tras las grandes proclamas, no hacen sino ocultar una realidad bien distinta.

El coraje juega un papel dinamizador esencial en la propuesta de Fleury ya que la constitución de los sujetos no es algo espontáneo sino que sigue un proceso de formación ( de formateo podría decirse) que se da en todo proceso de subjetivización. La pérdida de la realidad de la experiencia propia por medio de diferentes pantallas y tutelas supone un golpe a la individuación ( tanto Agamben como Benjamín sirven de avezados guías en el análisis de tal aspecto de empobrecimiento de la realidad y la experiencia propia) y conlleva claras marcas de des-subjetiviación…el poder de la palabra propia, y como reflejo de la propia experiencia, es, podría decirse -como en el caso del psicoanálisis- curativa, supone una toma de la palabra que nos abre al fortalecimiento propio y, en consecuencia, al del lazo social, pues los individuos no responden al modelo de Robinson sino que son seres sociales que viven y se desarrollan en el seno de la colectividad.

La tarea que se marca la ensayista es animar a los ciudadanos a tomar sus propias vidas en sus manos lo cual revertiría en el fortalecimiento y autentificación del sistema democrático. « La preocupación de sí es un objeto político. La democracia no tiene sentido más que si es revitalizada, refundada, repensada precisamente por las inteligencias que el Estado de derecho ha empujado a su existencia Hoy, es ese pasaje el que es preciso reinventar», en estos tiempos en los que, según ella afirma, el contrato social hace agua por todas las esquinas ( la adopción de la hipótesis del contrato resulta ilusoria en la medida que el supuesto contrato no se ha dado entre iguales, sino entre iguales y otros más iguales que otros, por su posición social, etc.); la apuesta habermasiana o la del mismo Rawls y sus exigencias de igualdad y justicia adolecen de ser meras buenas intenciones que pueden quedar en simples jaculatorias en la medida en que no se tengan en cuenta las relaciones de desigualdad, de distribución, de propiedad, etc., etc., etc.

Cynthia Fleury adopta el papel de « médico de la cultura» que es el modo en que Nietzsche calificaba a los filósofos y en ese sentido señala las patologías de la sociedad y las zancadillas del poder, sustituto de la religión, hacia los ciudadanos como sujetos autónomos y críticos, al tiempo que se atreve a proponer supuestos remedios ( regulación / desaprendizaje…), muy en concreto en lo que hace al terreno de la educación tanto reglada como familiar… en estos tiempos en que la entropía se adueña del sistema democrático.

Carta a una amiga      

       Querida amiga, antes de nada vaya mi agradecimiento por la recomendación del libro de Cynthia Fleury; como ya te dije me sonaba su nombre por haber leído algunas columnas suyas en el diario L´Humanité, y posteriormente , revolviendo por ahí, en la revista Philosophie magazine . En fin, reitero, mi agradecimiento y es que la verdad es que si no llega a ser por ti no hubiese reparado en tal filósofa…sabido es que a todo no se puede llegar , y además como diría el otro : por decirlo en dos palabras es im posible.

Como puedes ver por la reseña del libro que adjunto éste me parece un excelente paseo tanto por el paisaje transitado, como por la guía , sin obviar los acompañantes que bien merecen mis simpatías ( Michel Foucault, Walter Benjamin, Günther Anders, Hannah Arendt, Vladimir Jankélévitch, y muchos más).

No obstante, a fuer de sincero, y sin quitar ni una pizca de interés a los temas tratados por la ensayista y a su enfoque, hay dos cuestiones que me inquietan o al menos me provocan ciertos crujidos: por un lado, no transita ( si se exceptúan algunas alusiones en las últimas páginas al FMI, a la deuda, etc.), a mi modo de ver, asuntos esenciales en las deficiencias de la llamada democracia, cuya representación máxima es el conocido como “Estado de derecho” ; con ello se quiera o no, puede darse un cierto embellecimiento del statu quo, como el “mejor de los mundos posibles” ( lo cual dicho sea de paso y tal como están las cosas podría darse por válido, lo cual no quiere decir que no pueda haber otros mundos sino posibles al menos deseables). Por otro lado, estaría su compromiso político e institucional que, en principio, nada tiene que ver con el libro que he leído, del que ella es autora y, en consecuencia, es la que promulga ciertas ideas que juzgo que entran en cierta contradicción con su “ militancia” ( a la vera del ecologismo flou del mediático Hulot, enrolada en algunas organizaciones críticas en el seno de la “ izquierda” de la timorata socialdemocracia francesa- el Club Roosevelt,( de la mano de los venerables Hessel o Morin) el grupo Nouvelle Donne…); al tiempo que mostrando posturas contrarias a la unión de la izquierda con el Front de Gauche, etc – , hasta el punto de que algunos lectores del periódico en el que habitualmente colabora. L´Huma, llegasen a decir que la señora se había confundido de diario ( ya que podría hacerlo -según ellos- en Le Figaro). Se da en este terreno aquello que a veces sucede con algunos escritores o artistas, que su obra se ve entorpecida por su actuación pública ( no pasaré lista, mas cada cual tiene sus casos), más significativo , si cabe, es lo que digo si hablamos de una pensadora, una filósofa cuya rama de pensamiento avanza por los pagos de la ética y la filosofía política…vamos, dicho en román paladino, que podría detectarse cierta falta de coherencia entre lo que predica y lo que hace ( o en el seno de qué grupos lo pretende hacer). Nada diré de algunos de sus pomposos puestos como consejera de cuestiones empresariales, interviniendo durante siete años en el polo Léonard-de-Vinci del barrio de negocios de la Défénse, subrayando los lazos entre el marketing, la comunicación y el desarrollo sostenible. ( Ça me sonne comme le chinois. C´est trop pour moi!) .

Vamos por partes: Alain Badiou habla, a mi modo de ver con acierto ( al menos en este asunto) de capitalo-parlamentarismo para dar cuenta del sistema actual de los estados considerados democráticos, con respecto a los que parece haber una absoluta unanimidad tanto por parte de los neoliberales de derechas como de los de supuesta izquierda. Es claro ,que a estas alturas de la película, pretender la « toma del palacio de invierno» no es más que repetir una inútil mantra, que vendría a seguir defendiendo, contra viento y marea, la necesidad de la “revolución” , ante la que parece absolutamente aceptable aquello que respondiese Michel Foucault acerca de la posiblidad de la revolución…al decior que la pregunta no era si era posible sino si era deseable, tras las experiencias vivida .

Esto no creo que deba suponer , de ninguna de las maneras, la aceptación, sin más, de la inevitabilidad de defender el conocido como Estado de derecho como si se tratase el non plus ultra de lo alcanzable. En caso de que se acepte tal estado como el mejor ( tal vez no como lo menos malo frente a los estados totalitarios , sin tener en cuenta que entre guatepeor y guatemala puede pretenderse un deseable guatemejor). Si se acepta tal cual el estado actual de cosas, se puede derivar en una postura de que lo que se trate es de mejorar, pegar retoques, al sistema actual. En este sentido, Cynthia Fleury, al partir del Estado de derecho como base para su modificación , como estado que hay que retocar, y no yendo de ninguna de las maneras, más allá , cuando de hecho lo deseable es pretender conseguir un estado que realmente sea regido por el voto de los ciudadanos y no por el poder de los mercados y las finanzas que de hecho es lo que funciona; hablando de estos temas es un asunto que no puede ignorarse y al que se ha de prestar una atención importante.

Deteniéndome en un pequeño repaso en la historia de los últimos años al menos en lo que hace a las tendencias del pensamiento filosófico hexagonal , y sin pretender entrar a fondo en el complejo asunto, podría datarse el cambio ( casi diría, el cambiazo) en los tiempos de resaca de los nouveaux philosophes ( que empleaban « palabras gruesas como dientes huecos» que dijese Gilles Deleuze) que criticaban los análisis críticos y deconstructores de los « maîtres penseurs» de los que hablase André Glucksmann; años después vino la señal de salida al rétour à l´ordre de la mano de Alain Renaut y Luc Ferry ( que sería más tarde ministro del presidente Chirac) al amalgamar bajo el rótulo de « pensée 68» a todos los culpables del camino hacia la barbarie ( Louis Althusser, Pierre Bourdieu, Jacques Derrida, Michel Foucault , Gilles Deleuze., Jean-François Lyotard et compagnie), ataque completado por la peña de quienes se declaraban anti-niezscheanos ( Descombes, Comte-Sponville, Bruckner…)… a patrtir de entonces, en el campo de la filosofía, vino un viraje hacia la derecha, hacia el (neo)liberalismo que vino a suponer que el sistema actual- dejando veleidades izquierdistas- era el mejor, el único predentable de cara a gestionar la sociedad.. Se llegó de este modo al dominio actual de los néo-réacs ( Finkielkrault…) y otros ( B..H-Lévy…) que de hecho defienden como único marco posible y defendible el estado actual de cosas, el llamado “ Estado de derecho” ( forma jurídico-política del domnio del capital). Se ignoran en esta visión satisfecha las carencias sustanciales del llamado «sistema democrático», en la medida en que este, de facto, no se rige por la soberanía popular ( urnas mediante), sino por instancias económico-financieras, suprapolíticas, ajenas a las urnas que supuestamente dan cuenta de la voluntad popular …Plantease así la política como algo ajeno a cualquier interferencia de los omnipresentes y omnidominantes poderes económicios, postura que defendida por los citados no hacen más que continuar la línea ya marcada por Aron, Gauchet, Rosvaillon, Lefort, Attali…), como si la política fuese un mundo aparte y situada más allá del bien y del mal..En esto, a mi modo de ver, no cabe sino mostrarse de acuerdo con Alain Badiou cuando afirma que « hoy se puede hallar por doquier, en la literatura política, una crítica radical del orden económico y una adhesión no menos radical al orden político. Muchas personas decididamente anticapitalistas dicen que el capitalismo es horrible, que es la pesadilla económica, etc. , pero esas mismas personas son grandes defensoras de la democracia tal como existe en nuestras sociedades.» ( haciendo eco a su amigo Slavoj Zizek: «Se traza un cuadro catastrófico y sombrío de la sociedad y, al mismo tiempo, toda alternativa parece mucho peor »). En este terreno al menos, no cabe, reitero, más que dar la razón a ambos dos.

 

       Sin profundizar más las cosas, sí que llama la atención – huyendo de cualquier forma de amalgama – y volviendo a la autora que provoca ettas líneas, Cynthia Fleury, sí que ella parte del Estado de derecho como la base que parece casi única en la marcha hacia una situación más justa y puede llamar más la atención si se tiene en cuenta que la mirada de Fleury se mueve en el terreno de la vida cotidiana de los ciudadanos ( y los futuros ciudadanos: niños, estudiantes…) y no en el terreno de las monografías académicas o eruditas , se mueve en el terreno de dar por bueno, si no como la única base sobre la que funcionar, el Estado de derecho, pretendiendo dotarle de consistencia, profundizando en los aspectos señalados…tal vez más convincentes, a mi modo de ver, resultan las posturas de un Cornelius Castoriadios y sus proyectos de radicalización por el camino de la autonomía.

El olorcillo que surge en todo este panorama es el típco que desprenden las posiciones de quienes tras haber vivido situacioes totalitarias dan como bueno, como el mismismo paraíso, el sistema democrático occidental ( pienso en Todorov, Kadaré y cantidad de escritores, intelectuales y artistas que han padecido la asfixia autoritaria) ; no parece de recibo incluir a Fleury en tal postura o en el conjunto de los epígonos del comunicacional dialógico Habermas, obnubilados por el consenso, ya que ella se empeña en subrayar la posibilidad del disenso en unas relaciones sociales y políticas saneadas y hasta llega a plantearse como uno de los problemas esenciales: desde dónde establecer las resistencias a los poderes en presencia, así, su postura sería la toma de casamatas, siguiendo la propuesta gramsciana.. Tal vez, aunque no me atrevo a decirlo con excesiva firmeza, podría incluirse a Fleury en el grupo de pensadores tocapelotas, pensadores-ladillas y resistentes que pretenden cortocircuitar las redes del poder que atraviesan nuestros cuerpos, esos pensadores que preferirían no como el personaje de Melville ( piénsese en Foucault, Deleuze &Guattari, Agamben… y hasta-si me lo permites- en el primer Michel Onfray, el de Política del rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión ). Y si no lo mantengo convencido es debido al , y reitero, énfasis que la ensayista pone en el Estado de derecho como estado encomiable que se ha de perfeccionar…lo cual hace que asome una cierta tibieza ( ¿socialdemócrata?). No entraré en las ilusiones y esperanzas de cada cual, allá cada uno con ellas, terreno en el que Fleuruy parece sobrada, animada con un espíritu optimista de construir, de rectificar los aspectos que hacen que el lazo social y político se debilita en detrimento de la ciudadanía y de rebote del propio Estado; resulta , a mi modo de ver, realmente plausible la apuesta de la pensadora en pro de lograr ciudadanos individualizados que hagan bandera de su carácter irremplazable, huyendo de la muchedumbre voluntaria ( Riesmann) sin tener miedo a la libertad ( Fromm), huyendo de la servidumbre voluntaria ( Etienne de la Boétie) y atrevéndose a pensar ( y a actuar) en la senda kantiana, para lo cual se requieren amplias dosis de coraje y atrevimiento a pringarse del lado de la justicia y la verdad. A mí , por mi parte, me resulta imposible dar por bueno aquello que prescribiese Antonio Gramsci, de pesimismo de la razón, optimsmo de la voluntad , pues no poseo ningún tipo de optimsmo, ni esperanza en futuros lumnosos , balanceándome entre el ateísmo ( también en política) y la incapacidad de comprender ( idiocia) -y no lo digo como pose guay, sino como reflejo de un estado existencial cercano al non future punk de la primera hornada- lo que me lleva a acogerme a la provisionalidad de la prescripción lyotardiana de seamos paganos, seamos justos. Apostando por la razón trágica frente a la Razón normalizadora y qué le vamos a hacer si tal y como mantienen tanto Rancière como Anders: peor para la gente fatigada.

En fin, paciente amiga, siento haber sido tan extenso, pero es que hay cosas que no se dicen con dos palabras en especial si lo que se pretende es exponer ideas matizadas ( no diré claras y distintas como pretendiese el Cartesio); con respecto a los aspectos oscuros que puedan quedar, ya hablaremos, en caso de apetecerte, en vivo y en directo…evitando darte la brasa; más todavía.

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