Publicado en: 6 diciembre, 2018

Cumbres borrascosas y alianzas peligrosas

Por Patrocinio Navarro Valero

EEUU, Rusia y China, los mayores contaminadores, están ausentes en Polonia. Cuando los representantes de los gobiernos del mundo se reúnen, cabría esperar que de ahí saliera alguna clase de solución para los problemas de la humanidad. Sin embargo, las noticias que nos llegan son de desunión, recelos.

Por Patrocinio Navarro

AUSENCIA DE LOS MAYORES CONTAMINADORES

EEUU, Rusia y China, los mayores contaminadores, están ausentes en Polonia.
Cuando los representantes de los gobiernos del mundo se reúnen, cabría esperar que de ahí saliera alguna clase de solución para los problemas de la humanidad. Sin embargo, las noticias que nos llegan de sus reuniones sean las del G-20, sean las de las Naciones Unidas, lo único que muestran es desunión, recelos, zancadillas, comadreos, secretismos, y falta de compromisos y eficacia para tomar acuerdos que obliguen a todos. Siempre hay algún Estado que pone obstáculos al bien general. En la Cumbre de jefes de estado y de gobierno en Polonia, vuelve a suceder, como siempre, que EEUU, Rusia y China, los mayores contaminadores, están ausentes. Y entonces caemos en la cuenta de que la solución nunca la pueden tener ellos, porque precisamente porque tienen más poder crean los mayores problemas, y se convierten luego en parte interesada de que no se resuelvan.
A pesar de haber sido un país europeo el elegido para dirimir el problema del clima, hace mucho que Europa ha dejado de ser el orgulloso ombligo del mundo y hoy le muestra sus debilidades: desunión, hipocresía moral, fariseísmo religioso, pérdida de relieve económico, político y militar a nivel mundial, y sumisión a los EEUU y a su aventurismo militar.

Con el “ amigo americano”

En el terreno militar, Europa es corresponsable de las guerras de Oriente y de la migración hacia sus fronteras de los que huyen de la muerte para encontrarse indefensos ante su vallas. Un espectacular silencio rodea este drama cotidiano en las fronteras del Este, mientras en el Sur, no cesan de aparecer muertos en el Mediterráneo. Y es que el cinismo religioso y humanista y la guerra son indisociables de Europa. Por eso mantiene sus negocios de fábricas y ventas de armas donde se las pidan, aunque ahora tiene una posición mucho más humilde, según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz. Todas las cifras de venta de armas son aborrecibles para quien esto escribe, porque vienen a revelar el carácter violento de este mundo partido en naciones hostiles al menor descuido y recelosas cada una del poder de las otras, lo que lleva a esa locura de invertir en muerte en lugar de invertir en salud, educación y bienestar colectivo. Esto, al igual que nuestra corresponsabilidad en el cambio climático, dice poco a favor de nuestra inteligencia como especie. Y de la inteligencia de los jefes de estado y gobierno, para qué hablar.

Abrir la muralla

El gasto armamentista, hijo del miedo y de la codicia, combinadas con estrechez mental y ausencia ética, solo conduce a la ruina de las gentes o a su exterminio en guerras. Hay aquí una muralla contra el progreso de la humanidad que si no somos capaces de derribarla con los instrumentos del respeto, la confianza, la tolerancia y en definitiva con las herramientas de los mandamientos divinos, está claro que vamos a un abismo cuya boca se abre un poco más cada día que pasa. Por tanto no solo hablamos del abismo climático sino de un Apocalipsis general que muchos desean centrar exclusivamente en el clima, pero que abarca todos los órdenes de la vida.

El derrumbe

Europa, es un continente viejo con una población que envejece mientras rechaza con hostilidad creciente a los migrantes que inexorablemente intervendrán en su futuro. Entre tanto, la Unión Europea y sus compañeros de viaje se hallan bajo el poder del nuevo feudalismo neoliberal del que forman parte cómplice sus gobiernos, cualquiera que sea su color. No es que se trate de un caso aislado, claro está. Por obra y gracia de la especulación, la corrupción, los recortes en todo y el empobrecimiento de las poblaciones, los grandes consorcios industriales y financieros arrasan literalmente el mundo bajo el paraguas globalizador, que sus gobernantes llaman pomposamente multilateralismo para conjurar lo de “globalización”, por su mala prensa. En algunos países de África y Oriente Medio, este arrasar es sangriento y devastador. Más violento y devastador cuanto más pobres.
Volviendo a Europa, se halla debilitada por su división interna a favor y en contra del proyecto europeo de unidad debido a las respuestas populares ante las lesivas e intolerables políticas neoliberales , los altos precios de la energía, la restricción de derechos y libertades, y la llegada de migrantes con los que no se sabe qué hacer. Con un gobierno en Bruselas bombardeado por sus lobys, los nuevos señores feudales pugnan por el control de los recursos y del poder en cada país europeo donde abundan gobernantes corruptos, jueces divididos y pocos mecanismos reales de control popular debido a la pérdida de poder de los parlamentos nacionales sometidos a otros poderes foráneos y a tratados internacionales de libre comercio de los que no se habla. Todo eso limita la autonomía de cada nación europea y obliga a adoptar reformas que algunos países se resisten a aceptar, porque es un hecho que los pueblos pierden su autonomía, su bienestar y sus señas de identidad económica, cultural, y social bajo la soberanía invisible de gentes que nunca son conocidas ni votadas, pero que gozan del respeto y de la sumisión de los gobernantes.

Una herida que sangra

Lo mismo que sucede en Argentina o en Honduras, por poner dos ejemplos, sucede en los países del Sur y Este de Europa. Estamos ante un mismo programa mundial del nuevo capitalismo. En todas partes campan a sus anchas diversas versiones de ese nuevo feudalismo neoliberal con sus hombres de paja en los centros de poder, decididamente posicionados al lado de las grandes firmas industriales y grupos financieros, como el FMI, el Banco Mundial, los fondos de inversión especulativos, la OCDE, la OMC, y la presión de los EEUU y Canadá, a través de Tratados de Libre Comercio . De estos Tratados de los que se habla poco, porque son secretos, sabemos algo de gran importancia: que las multinacionales feudales podrán juzgar con tribunales propios el proceder de los gobiernos si consideran lesionados sus intereses. Y si se habla poco de esto es porque es humillante para un gobierno de cara a sus votantes tener que admitir que exista un poder externo que controla decisiones que afectan negativamente su bienestar, su nivel salarial, o sus derechos laborales.
Una avalancha de reformas con restricciones de derechos, pérdida del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, aumento de la edad de jubilación, privatizaciones de empresas públicas y otras plagas contra la población europea se repiten igualmente en todos los países de mundo donde alcanza el poder del FMI y del resto de usurpadores y usureros con siglas honorables. Naturalmente, esto origina conflictos sociales , porque esos nuevos señores son cada vez más exigentes en todos los campos, y las gentes se sienten amenazadas y enfadadas con toda razón cuando sus derechos y libertades cotizan a la baja y los gobiernos son sordos ante las protestas en todas partes, porque en todas partes se aplica el mismo tipo de política. Es lógico: dentro del feudalismo multinacional, existe un mismo propósito: explotar, dominar, controlar, dividir, enriquecerse unos pocos contra los muchos. Este es su programa y tiene trágicas consecuencias sociales en todo el mundo, como el aumento del número de desempleados, trabajadores pobres, familias desahuciadas y niños pobres o en el umbral de la pobreza, marginados sociales, pensionistas empobrecidos, enfermos y dependientes sociales desatendidos y suicidios que igualan al número de accidentes de tráfico, como sucede en España.
Estamos ante una herida que sangra con diferente virulencia en todas partes y causada por esos auténticos depredadores de la humanidad que aparecen en la pantalla de nuestros televisores como personajes honorables y con buenos modales, que hasta orquestan campañas electorales donde con total descaro prometen lo que nunca cumplirán, pues son gentes organizadas al servicio del Mal con mayúsculas. Si a este Mal le quieren poner nombres, el de Anticristo no sería desacertado.

El verdadero anticristo

Cuando se habla del anticristo, algunos se piensan que se trata de algún sujeto tenebroso con un poder sobrehumano que amenaza a la humanidad, porque seguramente han visto alguna película y tienen ideas preconcebidas. Pero el anticristo no sería una persona, sino una energía negativa presente en toda clase de individuos y organizaciones – incluidas la Iglesia- contrarias a Cristo, o sea, contrarias al amor, a la paz, a la fraternidad, a la igualdad, a la libertad y a la justicia en la unidad, que son los valores del Cristo, aunque los practiquen tan pocos de los llamados cristianos de Iglesias, que son los causantes del desprestigio del verdadero cristianismo.
Ante los ojos de la verdad, los siervos del anticristo da lo mismo que aparenten ser veraces, aunque se vistan de clérigos; da lo mismo que aparenten ser justos aunque vistan togas; da lo mismo que reciban premios Nobel de la paz, porque son belicistas; da lo mismo que vociferen poniéndose como ejemplo de ciudadanos honorables que piden el voto para gobernar, porque es como si las ovejas votaran al lobo para para presidir el redil o la gallinas al zorro para salvar el gallinero. Y en esto han tenido éxito casi siempre, porque existe toda una programación de pedagogía popular que desarrollan las iglesias, los medios y las aulas para el control de la mente colectiva, y así se explica que pueden ver como necesarios y veraces al lobo y al zorro, hasta el punto de sentirse protegidos por quien los devorará con toda seguridad. De otro modo no podría explicarse el auge del pensamiento conservador, ultra-conservador y fascista, no solo en Europa -y esta es otra de sus heridas- sino ,ay, en el mundo. Personajes como Trump, Bolsononaro, Macri, o Salvini, lo atestiguan tan triste como sobradamente, pero no son los únicos. Los gobiernos de Rusia, China, Israel o Arabia Saudí, cada uno a su modo, no son primos lejanos.
Que más de ochenta años después nos hallemos ante nuevas ediciones de la pesadilla de nuestros abuelos resulta tan sorprendente como que en el mismo espacio de tiempo no hallamos sido capaces de inventar un antídoto de semejante veneno ni elevar nuestro nivel de conciencia colectiva para impedir que ocurra lo que está ocurriendo en todas partes.
Es evidente que Europa y el resto del mundo precisa un salto cualitativo de orden espiritual que atempere el cambio climático y el retroceso a todos los niveles al que somos empujados en la escala de la evolución personal y social. Y esa tarea de regeneración , o comienza en cada uno o no tendrá éxito. Nadie nos va a salvar en este mundo de los problemas de este mundo, porque si los hemos creado nosotros, cada uno a su escala, dando lugar a que otros tomen el mando de nuestras vidas, es preciso que seamos cada uno de nosotros los factores de la renovación para que sean otras las reglas y otra la calidad de nuestras existencias y las de todas las formas de vida de este Planeta en trance de regenerarse a través del cambio climático.
COLABORA CON KAOS