Publicado en: 18 octubre, 2015

Cuentos de orgasmos y pasiones: Para leer con música de blues

Por Shillani Gusano Caveza de Vaca

Esa mañana como todas lo encontró, le vio en medio de la gente que caminaba sin zapatos por la calle de los sueños sin rumbos fijo, aquellas almas en pena enfiladas a la factoría no eran más que la cruda prueba de que sin duda existía y que como todos los tiempos le extasiaba el […]

Esa mañana como todas lo encontró, le vio en medio de la gente que caminaba sin zapatos por la calle de los sueños sin rumbos fijo, aquellas almas en pena enfiladas a la factoría no eran más que la cruda prueba de que sin duda existía y que como todos los tiempos le extasiaba el sueño  nocturno y húmedo que dormía despotricado su sexo desnudo a altas horas de la madrugada, yo sabía que no estaba quedando loca, que era real tan real como el aire que respiro, como la mañana que todos los días venía en búsqueda de comenzarse y recomenzarse,  tan real como el cuarto de todos los días y de todas las noches en el que se reduce la realidad estrechándose como  vagina constreñida por la excitación, sé que eres real como  las baldosas humectas del baño, como la tarja, como el espejo donde día tras día se refleja el paso de los segundos longfinitos que me dejan vieja sin tu estancia, que me dejas acusada por la espera tan irracional de quien seguro no vendrá, de quien seguro se está riendo en este momento por no existir con aquí a mi lado y que su allá muy probablemente se acueste con quien sea menos yo que calza los zapatos con la esperanza de  invocación positiva  y devota de la virgen de los remedios o de la virgen dolorosa que es la única que conoce el dolor de encontrarse a la frotación de la búsqueda infructuosa a  la orilla de  este clítoris  desaforadamente estimulado por la nada.

Las  hojas caen, los árboles amarillentos se yerguen en la avenida  y estos besos no dados arden descarnado en mis labios, de euforia tentación y de escarnio infernal, otoñal,  y siempre te recuerdo, y siempre imagino,  busco para ti la mejor cara, el mejor dorso, las mejores piernas, las mejores trazas, la camisa italiana, las botas, los bigotes de zapata, y claro la actitud de cabrón que solo tú y Zapata pueden tener,  no quiero para ti ni ternura suave, no, y no, ¿qué valor tiene ser  penetrada por un suavón impotente? No, para ti no quiero un condición de marica… y mis pezones se erectan esperando la salvia liviana de tu boca, y se mojan los muslos, la piel se me crispa en lejanías anidadas concupiscentes, afuera las alcaravanes picotean arroz donde el quiosco pierde la sombra que sin duda besaremos,   andantes inherentes de perseverancia abrasiva de caminos de goma y comandos apóstatas impermeables. No tienes que servirme, no tienes poseerme ni dejarte poseer, vibrante imagen de miradas y descubrirte en mis ojos mirándote que son tus ojos, camina calles rectilíneas uniformes imperiosas, salitres corroen alma mía,  deseo  mal nacido  condicionado a pervertirme todas la noches esperándote. Esa mañana buscándote entre tanta gente inverosímil  por resquicios inolvidables de cañas bravas en ritual equilibrista,  en ansioso  ritual moderno; de vestidos, de medias, de zapatos, de feminidad, acobardada. Ándate  tomado de mi mano, ándate entre los muertos de la distancia  morena la morena, que sueño impávido en realidad verduzca adosada capa sobre capa, adosada  en cuerpos desnudos, corro la mano por mi pecho, tocante en consuelo el dorso desnudo de mi seno,  un dedo en el costillar mientras la piel de las manos siente la respiración agitada que ningún recuerdo dispara, y es que, ¿Cómo tener recuerdo de quien no se conoce, de quien no se conocerá?, no importa la mínima  situación, respiro  hondo como el paso de los vientos peninsulares, como el caminar del tiempo en el Caribe,  como el Caribe ante el paso del tiempo, respiro imaginado tu miembro nunca imaginable, la  brazada  descansa aterrorizada en la hamaca monárquica, apabullante desesperación empírica de ciudad moderna, de palos subterráneos,  sin  gendarmes generales no fragmentados,  expulsas imágenes de maestros viejos en consejo vitalicio, que hablan con voces de otros tiempos,  quien te dijo qué he de olvidarte se equivoca, diciendo amado rastrojo, la vibración terrible  carnal se despierta como bestia comiendo cocodrilos, facciosa la idea excitante metafísica incorpórea de tu aliento, de aroma a hombre, sonriente intento comprenderme como mujer impúdica que busca saciar apetitos pecaminosos en intención fugaz, en la carente integridad heliotropos anidan  defenestrados  al panteón memorial  contaminado de indecencia, indecente los que no se corroen en amores sulfurosos, indecente la táctica del parque, del beso, del canasto y de la tortillera.

Siente mi cuerpo acuerpado acuerpante que devora el espacio kilométrico que nos dista de extremo a extremo, siente que te siento en sentimiento trascendental, camino nebulosos despojos en rubro conecto atendiendo a la voz cantante de la regadera, el vaho alienado recorriendo el lóbulo de búho chichirante nocturno, con rubores mandarinos sonriendo en un acto íntimo de intimación  de lo otro,  me sientes al otro lado de la ventana mirándote en la hamaca tendida  en posición lunar magra zarzarosa, me buscas,  me incitas, me injurias en el parque y en la plaza,   sienteme aquí a tu lado robándote el aliento y el aire que respiras, deja en paz la moral costumbre de las víctimas y la acetilación  impía que invade la cautelar nostalgia, siente en tu pies el roce de los hilos, anda, no seas tímida, siente poco a poco tu cuerpo, la piel de las manos y de los labios, corre el riesgo circular de encontrar el gránulo extasiado gira en redondos pasmadizos  acelerantes  una y otra vez una y otra vez, el secreto del loto encontrarás si corres la garzas garzonas  disimulantes; observa mientras la maniobra se conjura  en la hamaca, observa el cuarto, has encontrado tu fantasía nebulosa de pie, mira bien la luna, mira bien las estrellas, mira bien el perfecto multiverso  dibujado en sus hombros, mueve la mano en corrida hacia abajo amparada entre tus piernas,  mueve el mundo como si fuese la última consigna consignada consignante, muévela como si en ello mi vida tuvieras, porque ahora no encontramos sombras mariposas revoloteando por ventana, el  recuerdo tosco incontenible añoranza añorante del que añora, del deseo concupiscente no cumplido, las hormigas caminan por debajo de la puerta, entran, descarnan la visión de mundo, la mesa y la comida, ¿Dónde teme el amor para que no sulfurosos se impregne de ti? ¿Dónde termina la realidad?

Un jadeo invade la habitación, mi jadeo, se hace cada vez, más profundo, el aire  que entra por mi nariz se hace cada vez más grueso, más plomizo, exaltando todo lo que toca, el aire sabe a berenjena,  lo siento aquí en mi paladar, lo siento aquí en mi adentros, en las tripas, respiro, mientras mi mano sigue con el dedo el contorno de mi vulva, mientras la otra acaricia el contorno de mi pezones, respiro  respirante lo respirable, y suelto el jadeo sumario que más ya no puedo contener, resuena en reverberaciones metálicas por el tiempo atemporal intemporal,  el ritual de la masturbación continua, con peces colgando de las peceras, con leones colgando de las leoneras,    mientras la luz tenue, luz de albúmina, se cuela por la ventana bañando todo a su paso de un tono de película vieja,  el calor que se genera en mis entrañas palmo a palmo gana terreno por mi piel carcome todo a su paso, no deja espacio, no deja milímetro sin tocar,  el placer camina despacio pero seguro, se siente llegar, lo huelo llegar,  ha entrado,  ha subido por las escaleras, ha brincado la ventana, ha salido por el espacio de la junturas del librero, el placer toca a las puertas de mis labios,  se mete por los huesitos de la pelvis, el placer se mete en mi tomando por asalto las carnes blancas de mi pechos, de mis brazos, de mis manos, de mis ojos, de mis cuerpas,  se aloja en el bajo vientre,  ¿lo sientes? ¿Lo tocas? Aquí  mira, aquí está, ven muérdelo, sientes como palpita progresivamente, las ondas van elevando su intensidad  con paso de reloj nocturno se dejan expandir  intrincadamente por la pieza, la hamaca adquiere un brillo casi divino, casi religioso, metafísico espacio donde el cuerpo se eleva dejando a su paso el tropel de escarnio sentimental de los que no se tocan de los que  se reconocen en la mismisidad  de sí mismos, en la otredad de los otros o para los otros, un heliotropo ha nacido esta mañana, ¿lo ves?   Gira en redondo el tiempo como los dedos sobre el clítoris clitoriano clitorante,  de arriba abajo, de a arriba abajo, que suba la intensidad, que suba la temperatura, ya no soy tuya soy de mí, que suba la pasión de sí misma, que suba, ya no más la respiración, ha, ha, paranoia mortal de risas que  se asumen en mi vagina, un poco más, dos segundos, dos eternidades, el impacto se ha dado, contracciones incontrolables surgen, se contraen los músculos de las piernas, se contraen los músculos del abdomen, de la cadera, del costillar, en un instante que dura lo que un guiño mi cuerpo es una danza frenética, los temblores hacen de mi con la hamaca un ojo enorme que flota en medio de la habitación, humecto, convulsionante giro la mano para tocar tierra,  para saberte, para tener un referente que me traiga de nuevo al mundo de lo real, y es que el miedo de morir de placer se apodera a esa hora de mis pensamiento un miedo atroz, reducto de las buenas costumbres de la familia, sin embargo el trance continúa, se mantiene, párpado parpadeante parparoso,  la fechoría se ha cometido después, entonces  eclosiona en de una vez y por todas y los pollitos piadosos salen de en medio de mis piernas, y un  el éxtasis líquido moja mis bragas y me siento viva, y siento acompañada por tu ausencia, y diciendo.

Te miro desde mi mirar, te veo, te observo, te deseo, a lo lejos recobro la sensación de no tener cuerpo, no lo tengo, mi pequeña, ¿qué haces con tu cuerpa?, intentas dejarte de lado, levantarte y tocar mi mano, ¿qué buscas?, tranquila, espera, que aquí no hay tiempo ni distancia, vibrantes estamos suspendido en el mar de los anhelos, en algún lugar del longfinito, mírate sentada en el filo de la ventana con sombrero, mírame sentado frente a ti en la nada,  hace frio, encuentra lugar quedo palpitante para concedernos la dicha del calor es tarea ahora de mi espectro, que llueva por doce años si hace falta, que lluevan sapos si es necesario que el universo se valla al carajo, pero que esto no termine, que cada sacudida tu cuerpa sienta la mía, que en cada soplo de aliento se te escuche nombrarme  gatos y cuñadas. Te estoy invocando para que vengas aquí y  te arriesgues a perderte, sueña mil años, sueña que te despojas de lastre corpóreo, mírate a contra espejo de burdel, mírate con ojos limpios y con brillo,   mira que no tienes cuerpo ahora,  mira que ya no estas.

Y de mi útera salen raíces que se unen en  abrazo ferviente con la tierra, haciendo de mi cuerpa un nido de abundancia con sombrero, el moho mohoso mohesante, centímetro a centímetro va cubriendo las baldosas, las paredes, los quicios de las puertas, las ventanas, los techos, donde irán mis despojos después del paso de los siglos, tertulias crepusculares ahora que el temblor ha cesado, en el punto sin retorno no encontraremos perros cantantes;  las vacas arremeten la conducta impropia de bobinas incestuosas que brincan por detrás de la luna, ahora que miras con ella la niña de tus ojos no puedes dejar de contar cada edad en la tierra, la fuerza forzante fortuoza de roja tarde tiñe la lluvia a la distancia peninsular, épica la postura, contra cuerdas amarrando los cardos que atan nuestros pies.  

Locura sexual que cantan las ranas…

Por fin termina la razón  y frente a nosotros el libre camino de la sinrazón.      

     

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