Cuba y la Emigración

Los Cubanos no pensamos igual

CUBA está fuera del consumo capitalista. No es debido a que el modelo de consumo cubano responda a una cultura socialista del desarrollo eco-económico sustentable. No es aún, por lo tanto, la negación del patrón cultural de crecimiento consumista en que se soporta el insostenible por depredador modo de producción e intercambio capitalista.

En Cuba el subdesarrollo de la economía, de sus fuerzas productivas, y la contaminación política del sistema de relaciones sociales de producción recrean el subconsumo material, muy por debajo de las necesidades básicas de la gente. Alcanzar niveles de consumo suficiente y sostenible implica para Cuba el cambio del modelo socioeconómico, cuya premisa revolucionaria está, no en la «liberación de las fuerzas productivas» según la falacia ideológica vendida por la economía política burguesa, sino en la emancipación democrática del trabajo.

El factor exógeno que constituye El sostenido bloqueo económico, comercial, financiero y tecnológico de los EEUU y su impacto sobre la economía cubana posee un efecto destructor en la capacidad de desarrollo y el nivel de vida material de la sociedad cubana.   A la agresión se sumó tempranamente la UE. La emigración cubana está marcada por esa agresión económica contra Cuba, aunque el emigrado necesite negar que el país al cual apela sea uno de los causantes de su migración. Será frecuente oirles dar las «gracias a este maravilloso país por haberme acogido», sea EEUU o alguno europeo.

El factor exógeno que constituye la agresión económica contra Cuba tiene un efecto doblemente dañino dada la disfuncionalidad propia del modelo socioeconómico. Así lo llega a evaluar el Líder de la Revolución cuando expresaba que el modelo «ya no le sirve ni a los propios cubanos» (declaración a la revista The Atlantic, 2010). Ello no era más que el reconocimiento de la dialéctica del cambio necesario.

Desde la perspectiva del materialismo dialéctico el cambio del modelo socioeconómico plantea el desencadenamiento de la revolución socialista como alternativa política. La alternativa política que supere la situación de subdesarrollo material está en la antinomia democracia o capitalismo. Hablamos del cambio revolucionario que implica la democracia de la propiedad sobre el capital y las relaciones socioeconómicas[1]. 

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La alternativa en cambio para los que salen de Cuba buscando los niveles de vida material que les puedan ofrecer las economías capitalistas, pero también en la perspectiva de muchos que no salen y subsisten en el subconsumo material en Cuba, es el consumo a todo costo humano. El emigrado cubano llega a realidades ya hechas, no ha participado en su «construcción», emigra por lo general  a realidades de mayor nivel de desarrollo material, a diferencia de la masa de emigrados latinoamericanos, llega saludable, con habilidades y calificaciones profesionales que adquiere en Cuba en los sistemas de salud y educación universales de calidad y que le darán posibilidades en el mercado de trabajo capitalista. Llega para participar del consumo. Precisemos: el consumo soportado en el modo de producción capitalista, en sus relaciones sociales de producción e intercambio, regidas por el dominio de la propiedad privada sobre el capital, propiedad excluyente que lo confinará a ser mano de obra excluida.  

La lógica del común de los mortales cubanos migrantes es de naturaleza económica. La fachada de emigración política de quienes intentan el beneficio del heroismo anticomunista tasado por USA no resiste el criterio de la verdad. Es Cuba la que aún no le quita el piso, a pesar de los pasos positivos con las «reformas migratorias», a ese oportunismo político contra ella, pues todavía no asume el pleno derecho democrático de los cubanos a salir, entrar y asentarse en su país libremente, fuera del concepto y estatus político de «emigrado» establecido por el el orden geopolítico capitalista, más allá de ser el movimiento espacial de los humanos en la tierra parte inalienable del desarrollo civilizacional. A ello sin duda se irá en Cuba.

Lo emigrados cubanos están muy lejos del sentido y el contenido  político de la democracia, no la buscan, porque la democracia es incompatible con las relaciones sociales de producción e intercambio capitalistas a las que se enyuntan en esas realidades. El grito de libertad con el que salen de Cuba choca con un un muro de contención. La entendida libertad es dominio de los capitalistas, la clase propietaria dominante. El resto estará subordinado. Esto el emigrado lo verá y sentirá a cada paso, lo asumirán ante el espejo y callarán en el medio donde se recrean individualistamente. Esa lógica es sencilla: prefiero ser esclavo del capital privado y tener, que ser «siervo del capital estatal», se dicen, y no tener. El emigrado cubano común «se toma en serio lo de izar las velas que a su juicio le harán bien, a su bolsillo, a su escalera» –  cantará Tony Ávila[2]. Un pasito atrás en el devenir humano, pero eso no importa mucho en la búsqueda del «bienestar materialista».

Resumamos. Tener acceso, comprar y ponerse un par de zapatos NIKE. No, lo del zapato NIKE no es un reduccionismo, es la diferencia que va de consumo a consumismo. Es el fetiche que ofrece la economía de mercado y no ofrece la economía cubana y que no debiera ofrecer una economía socialista.

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La economía capitalista no se mueve por el consumo, aunque este sea una necesidad vital de los mortales simples, sino por el efecto sicológico del consumismo. El valor de uso de los bienes ha sido subsumido por el valor de cambio de los mismos. Para los capitalistas, menores y mayores, no hay vida más allá de la ganancia, la acumulación excluyente y la concentración de capital. El  trabajador, entiéndase, ese que sólo posee su mano de obra (capacidad física e intelectual) de alquiler es, como aún sigue denunciando Charlot en Tiempos Modernos, un eslabón en la cadena de valor de la producción capitalista.  No lo identificaremos como lo que es, proletario, para no herir la sensibilidad pequeño burguesa de todo emigrante aspirante a clase media en el destino capitalista al que arriba. Ello no cambiará que el valor del trabajo no vaya a parar a sus bolsillos, sino a multiplicar el capital de los dueños, puesto que el producto de ese trabajo es propiedad del dueño de los medios con que él produce. La relación del trabajo asalariado está ahí para que así sea. 

El  emigrado cubano común, esa inmensa mayoría que emigra, recibirá en su nueva relación de trabajo un sueldo que lo hará feliz en la aritmética comparativa con el poder adquisitivo del que devengaba en Cuba. Estará siempre o casi siempre, que no es lo mismo pero es casi igual, empatando el final con el principio del otro mes, bajo la tensión de los costos inmisericordes del alquiler, la salud y educación y el estrés de quedar en cualquier momento sin ese trabajo, sin capacidad de ahorro, víctima del endeudamiento que le permitirá empujar su nivel material de vida o hipotecar la vida por una casa que por 30 años será propiedad del banco al acecho de su solvencia económica, todo hasta que otra cosa sea. Desde su puerto más popular, los EEUU, el emigrado cubano desembarcará cada cierto tiempo en la Isla con aire de hombre/mujer realizado/a y presumirá del poder adquisitivo que le dará el consumo en Cuba la divisa más descreída del mundo. Detrás de la fachada. 

Todo lo que el capitalista hace -ese que se apropia unilateralmente del «plus-valor» que produce el trabajador y el obrero- en materia social tiene un único fin: mantener el régimen de explotación del hombre por el capital en beneficio propio. No, no es aún Marx, son Smith, al comienzo de la euforia, y Bismarck, al principio del miedo. Los cubanos que afuera se someten a esta esclavitud moderna no asumirán esa verdad que les da en la cara, una vez haber volado en busca de la «libertad y el tener», no darán nunca su brazo a torcer.

El último informe (2019) de la ONU sobre la sostenibilidad del desarrollo denuncia que: „el capitalismo ha de morir si es que el planeta ha de sobrevivir”[3]. Ya no hay paños tibios ante lo evidente. El Planeta significa ante todo la especie humana.

La especie humana es un despojo para la economía a la que apelan los cubanos que emigran en busca de la esclavitud a cambio del tener. Para ello habrá que venderle el alma al diablo. A buen resguardo en la esterilidad de las academias si ejercen en ellas, mirando perturbados a académicos como un Einstein en su lucha intelectual por el socialismo o un Chomsky en su lucha política anticapitalista, o trabajando en una corporación como yunque (aguantando la opresión) o en la «cima» como martillo (dándole a los subordinados por la productividad del capital ajeno), o en la precariedad multiempleo o la mala paga de cualquier trabajo asalariado.

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Siempre pidiendo permiso para vivir al dueño de los medios de vida, al detentor del capital. Por favor, puede subirme un poquito la paga. El contrato social del cual nos hablan los ideólogos del liberalismo burgués siempre ha sido un contrato de trabajo forzado, entre partes totalmente desiguales, el que tiene el capital y el que solo tiene su mano de obra. 

Esas fábricas capitalistas, como las de la foto de portada, abusando preferentemente de mujeres y niños, fabrican zapatos NIKE a chorro pagándole a sus esclavos 90 centavos la hora de trabajo en jornadas de 80 y 90 horas a la semana. En los propios EEUU, la meca para el emigrado cubano, los salarios de miseria que hacen de los trabajadores, las mayorías, esclavos post modernos, esos salarios son los que garantizan el profit que hace engordar sin cesar las arcas de los dueños de empresas. La concentración de capital crece en vuelo exponencial. Para que así sea tienen que caer los salarios. No hay otra. Mientras más productividad del trabajo más explotación del trabajador, menor paga, absoluta o relativa. 

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Es toda la esencia de la explotación humana que sostiene la cultura del consumo capitalista soportada sobre la apropiación privada excluyente del capital. Ponga Ud. la marca: Amazon, McDonald, iPad, Zara, H&M, etcétera, y la realidad le quemará los ojos. No os asombréis de nada.

Pero los cubanos emigrantes económicos, en bulto y en particular, prefieren no saber más de esos “anatemas comunistas”, cueste lo que cueste. La opción a defender seguirá siendo: pasar de «siervo de la gleba estatal» a esclavo de los dueños privados del capital. Y a toda una pléyade de negacionistas no les quedará más remedio que despotricar contra el “régimen comunista cubano”, aunque sepamos que no sería tal régimen, sino plena democracia y abundancia accesible para todos, si es que fuera comunista, y que el socialismo en la Isla se quedó impávido allá en la Declaración de 1961. La etiqueta de «real socialismo» la inventaron los capitalistas para denostar de la insuficiencia consumista que a ellos los catalizaba en la competencia por la maksimización de sus ganancias, ocultando el temor ante el desarrollo social que esos sistemas sí alcanzaban. En realidad denostaban del «neocapitalismo de estado», distinguido por Marx como socialismo vulgar. 

El socialismo próspero y sostenible está por desarrollarse, sin dudas es la perspectiva cierta para Cuba una vez alcanzado tres pilares esenciales, sine qua non, del salto civilizatorio integral: el alto nivel de calidad y la universalidad de la educación y el sistema de salud en un contexto de igualdad social y desarrollo cultural como bienes humanos inapelables.

Pero para los que la condición de emigrado ha sido «salvarse del socialismo» da igual, porque una vez subido al potro del trabajo capitalista lo que queda es darle palos a ver si galopa. O en su defecto, asumir las poses de “burgués gentil hombre” para decirle a los cubanos que, por los motivos que fueren, no salen, que afuera sí que se acabó el subconsumo. Aunque todos sepamos que el subconsumo es, como lo experimentan también ellos,  la piedra en el zapato de las mayorías trabajadoras asalariadas en el capitalismo de Norte a Sur y Este a Oeste. Porque el afán de consumir anda estratificado entre el montón de los que consumen de a poquito y aquellos con ese poquito más de salario para «tener» o endeudarse en ese otro nivel de explotación que es el consumo a crédito, obnubilados por el fetiche sicosocial de la mercancía.  

LOS CUBANOS que, adentro o afuera, sabemos que Cuba a pesar de los pesares sigue llena de la humanidad que escasea en todos y cada uno de los capitalismos de América Latina,  su referente geopolítico, pero igual en ese puerto a 90 millas codiciado por las aves migrantes cubanas, y que desde su subdesarrollo económico Cuba asalta el cielo en progreso humano gracias a su revolución social sui generis, NO PENSAMOS IGUAL que los que saliendo en busca del consumo que no se alcanza en la Isla se suman gloriosamente al régimen de explotación del hombre por el hombre, en su mayoría como explotados, denostando de la «pobreza material» en Cuba, que por ignorancia, amor propio mancillado donde están o por la posición de subsirviente del capitalista, asocian con el socialismo. 

En esas latitudes capitalistas los cubanos se suben al tren del desenvolvimiento que lleva la marca de la exclusión de millones. Que la meca estadounidense o la española, ese otro destino ultramar, sean un oprobio en ese sentido no importa.  No hablemos de los destinos latinoamericanos para los cubanos, en esas realidades sociales y económicas cegadas tratarán de ser los susodichos tuertos. A sola consigo se saben a salvo ante un destino que los pueda llevar al fatalismo en tierra ajena: 

«Yo, como tú, siento que estoy cada vez más cerca de la pobreza. Difícilmente no voy a vivir en la calle porque puedo agarrar un avión e irme para Cuba, a vivir con mi mamá, pero sí cada vez siento que puedo tener menos cosas. Que puedo comprar menos. Que puedo consumir menos. Y lo que tengo se me descompone rápido y no puedo reemplazarlo por algo nuevo. Entonces, está más chido pensar que soy alternativa y desprendida de los objetos materiales, a decir que soy alternativa y desprendida porque no me queda otra opción. Es como convertir la pobreza en algo cool, en ser cool. Esa es la moda ahora«[4].

Raramente los verás en los capitalismos donde viven envueltos activamente en las luchas de los trabajadores, en las luchas sociales de la clase que nutren, de las minorías étnicas y de género,  luchando por los derechos humanos que esos capitalismos niegan y le reprochan a Cuba. Andarán en sus individualismos y serán consumidores sin cargo de conciencia porque ese peso puede ser mal consejero. 

LOS QUE NO PENSAMOS IGUAL, pensamos que el Planeta y con él la especie humana se salva sí y solamente si es socialista. Que Cuba puede demostrarlo, tal como nos comnina Marx señalando que el camino hacia el socialismo es la democracia, y aunque por ello no sea con todos, aquellos que elijan «la fase predatoria del desarrollo humano«, seguro será para el bien de todos, incluido ellos, pues si no, no sería socialismo, la puerta abierta al mejoramiento humano. Que, como nos sigue conminando Villena, solo hace falta una carga de pueblo y solidaridad para acabar la obra de la revolución socialista

«para no hacer inútil, en humillante suerte, el esfuerzo y el hambre, y la herida y la muerte; para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí; para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos, la patria que los padres le ganaron de pie 

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Nota:

[1] El problema constituye el eje analítico del ensayo de próxima publicación de este autor sobre la transformación socialista en Cuba.

[2] Tony Ávila , «Balsero», https://www.youtube.com/watch?v=ivYlPCHmx7Q 

[3] https://mronline.org/2018/09/03/un-scientific-paper-suggests-capitalism-has-to-die-in-order-for-the-planet-to-be-saved/

[4] Amanda Rosa Pérez Morales, «El Fatalismo», https://eltoque.com/el-fatalismo/?fbclid=IwAR13FJs4oVE6fPfJiLUHQyodQkT0ioCQ8GQKkZf_EQDiV4uk2nlvMJNY60c

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