Cuba: ¿qué entender por su Socialismo hoy día?

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Leí con detenimiento Visiones sobre el socialismo que guían los cambios actuales en Cuba, título sobre el que considero que su autora exhibe su formación en ciencias económicas y —tal vez por ello— devela una tendencia al reduccionismo. Intentaré explicarme, grosso modo.

Para Camila, el futuro en la Mayor de las Antillas está sujeto a la influencia relativa de maneras diferentes de entender la dinámica/actualización del modelo económico cubano que son posiciones o corrientes de pensamiento que, por lo general, coinciden en que el principal objetivo a largo plazo debe ser una sociedad más justa y liberada de las dificultades económicas que hoy enfrentamos, aunque difieren notablemente en el modo de entender la justicia y la libertad, y, por lo tanto, el socialismo.

Ella precisa igualmente que esas formas de mirar comparten en gran medida el diagnóstico sintomático de la situación actual en Cuba, pero identifican distintas causas de fondo y soluciones para esos problemas; al tiempo que tienden a establecer disímiles metas a corto y mediano plazo, y, más importante aún, a proponer diversos medios para alcanzar esos objetivos, por lo que —aunque no siempre se reconoce— nos conducen hacia diferentes estadios.

Además, deja en claro que en su trabajo identifica las tres principales posiciones o visiones del socialismo en Cuba que están influyendo en los cambios actuales: la estatista, la economicista y la autogestionaria, acotando seguidamente:

“Estas no son más que herramientas de análisis para caracterizar a grandes rasgos los enfoques existentes en la Isla sobre lo que es necesario para salvar el proyecto socialista cubano. […] El único propósito de su uso es señalar las ideas que más los identifican, pues en realidad aun las personas que pueden caracterizarse más claramente por una de las posiciones, comparten algunos puntos con las otras […]”.

Según Piñeiro Harnecker, la visión de “Estatistas” está dirigida a perfeccionar “el socialismo de Estado” con el objetivo principal de establecer un Estado representativo bien administrado, que controle la sociedad y logre ser fuerte, no uno más grande, sino uno que funcione correctamente y asegure que los subordinados cumplan con las tareas asignadas —sin despreciar que es “socialista” porque responde a los intereses de los trabajadores y no a los de los capitalistas. Abunda al respecto.

Asimismo, aprecia que “Economicistas” asumen que “el socialismo de mercado es el único camino factible”, y para ellos el objetivo principal del sistema debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, entendidas como la capacidad tecnológica para crear más riqueza material, es decir, crecimiento económico, “redistribución de la riqueza”, asunto que “no es posible hasta que las fuerzas de producción se hayan desarrollado lo suficiente: si no hay riqueza no hay nada que distribuir”. De aquí, se excede.

Finalmente, centra su atención en “Autogestionarios” para quienes “solo un socialismo democrático es verdadero y sustentable”; amén de la necesidad de defender un “orden social más justo y sustentable […] que el capitalismo”, si bien prevén un camino diferente del “’socialismo estatista que ha marcado fuertemente la versión cubana y que los estatistas intentan renovar, y del ‘socialismo de mercado’ que los economicistas presentan como el único factible”; mientras proclaman la solidaridad, la “igualdad —no igualitarismo—” la y participación sustantiva de las personas en la toma de decisiones en todos los ámbitos de organización social —política, económica, cultural, etc. También argumenta en este punto.

Al interpretar la percepción sucintamente resumida de Camila Piñeiro Harnecker, encuentro reduccionismo —el término escapa al menor sentido peyorativo—, porque en mi ángulo de mira lo que ella denomina “Estatistas” presenta un contenido muy disminuido respecto a lo que en rigor corresponde hacer a un Estado Socialista, y de facto hacen las autoridades de La Habana.

Otro tanto le sucede al referirse a “Economicistas” y “Autogestionarios”: en el primero, fuera de su análisis quedan los riesgos de asumir absolutamente en el acontecer económico la garantía del desarrollo de  nuestra sociedad; y en el segundo, no contempla que la percepción del autor principal que ella menciona incluye una suerte de reconciliación de clases antagónicas, el irreconocimiento de la obra bienhechora de la Revolución Cubana —al margen de sus indiscutibles lunares— y el peso extraordinario que tiene el Bloqueo multilateral Made in USA contra el pueblo cubano.

En aras de la brevedad, remito al lector/a interesado/a en saber mi apreciación más detenida acerca del tema de marras a mi ensayo Notas para el estudio del Socialismo en el Siglo XXI, así como a mis artículos ¿Qué es la actualización del modelo económico cubano?, Cuba: construcción del consenso y ¿reconciliación?, Complementando Cuba: construcción del consenso y ¿reconciliación?” y Cuba: un momento de la actualización de su modelo.

No obstante, deseo significar lo que continua:

1ro.- Resulta dañino en extremo pasar por alto un magisterio de Marx e Engels contenido en la Ideología Alemana, a saber: “Para nosotros, el comunismo [y, por supuesto, el socialismo] no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de ajustarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente” —las cursivas son de ellos, y mías las negritas.

A la vez, este magisterio debe asumirse desde la dialéctica marxista, de acuerdo con la percepción expuesta por Engels en carta a Conrado Schmidt del 5 de noviembre de 1890: “Nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo []”.

2do.- Una operacionalidad conceptual de Socialismo debe contener al menos variables como las que siguen:

  1. proyecto que, a partir de los mejores valores del pensamiento universal, en lo interno se aleja del predominio de la propiedad privada, básicamente desde una planificación que privilegie el bienestar de-con-para las masas populares, en una perspectiva de racionalidad, cuyo eje es la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la persona
  2. simultáneamente, en lo externo se esfuerza por concretar la fraternidad, la dignidad, la equidad y la felicidad de todos los pueblos del Universo, en contracorriente con el egoísmo, el mercantilismo y el dogmatismo
  3. su viabilidad está sujeta —en medida considerable— a la calidad de su vanguardia ideo-política, a la capacidad de asimilación-creación del sujeto rector —incluido saber combinar dialécticamente lo autóctono con lo foráneo— y a la magnitud en la que la dirección sea carne-sangre-sudor-lágrimas-corazón del pueblo.

3ro.- La práctica demuestra con crece que en los escenarios que se ha iniciado la construcción del socialismo y ha tenido lugar un proceso de alejamiento del contenido de la anterior definición operacional, el final ha sido la vuelta al capitalismo. Por ello, se puede concordar en que hay aspectos de la creación de este proyecto que son inviolables, que adquieren carácter del ley y que, por tanto, deviene una regularidad a ajustar de acuerdo con cada situación histórico-concreta. El Socialismo es uno en su contenido y esencia, aunque disímil por su forma, como fenómeno en cada nación específica.

4to.- La construcción de la sociedad superior al predomino de la propiedad privada, del consumismo, del embrutecimiento de la persona, del engaño del poder mediático…, está obligada a portar lo mejor de “las tres principales posiciones o visiones del socialismo en Cuba que están influyendo en los cambios actuales” sazonado con todas aquellas ideas del patio y extranjeras que contribuyen a la prosperidad de infantes, adolescentes, jóvenes y adultos —amén de la armonía Persona-Sociedad-Naturaleza.

5to.- Resulta imperdonable que el “Bloqueo interno” —así identificamos muchos a la chapucería, burocratismo, corrupción y otros males que amenazan en extremo la existencia de la Revolución— continúe perturbando el sueño de cubanas y cubanos. ¡Es vital, pues, tener en cuenta sus críticas, opiniones y sugerencias, y continuar consultándole cada decisión trascendente! Sin embargo, está demostrado que ni ello garantiza por sí mismo la superación de los problemas que NO deben extasiarse en el tiempo.

6to.- Por tanto, como nunca, día a día, cada revolucionario/a cubano/a debemos exhibir una actitud que atraiga los mejores comportamientos en aras del bienestar popular; hacernos acompañar por la máxima según la cual el peor servicio que le podemos hacer al proyecto socialista cubano es un error: NO hablo de las pifias propias de la inexperiencias sino de dejar de hacer lo que el sentido común y la vida aconsejan materializar, incluyendo la adaptación dialéctica —con los riegos inevitables en todo lance humano— al contexto internacional imperante en la actualidad. ¡No hay mejor manera de concretar la tesis del compañero Fidel acerca de la necesidad de cambiar todo lo que debe ser cambiado!, es mi convicción.

Así entiendo —por lo menos— el quehacer en torno al Socialismo en Cuba hoy día.

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