Cuba: ¿por qué la mayoría aguanta en silencio su estado de esclavitud?

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¿Cómo es posible que se haya luchado tanto por un socialismo convertido en espantapájaro por la burocracia política parida por los revolucionarios de ayer? Un socialismo que ha espantado a cientos de miles de cubanos en emigración externa y muchos millones en su inmigración interna.

Un socialismo tan despótico y tan ineficiente que, peleado con la democracia, no llega a producir las papas y las casas para la sostenible alimentación y la imprescindible cobija de la población. Pura ineptitud de un poder corroido en su ego hasta el tuétano. Un poder que a empujones y palos de ciego ha conducido a todo un pueblo a la improductividad y a un estado de existencia que nada envidia a una sociedad de zombis.

Cuánto hemos analizado, escrito y debatido sobre la patología sistémica política y económica que atrapó definitivamente el estado y la sociedad cubana en la telaraña de lo imposible. La guerra del Partido anticomunista ha sido contra ese debate. Que a un pueblo no se le puede suprimir el pan y al mismo tiempo pedirle sumisión política. Que dejara de pensar con cabeza propia y actuar con plena libertad y conciencia revolucionaria de que los caminos de la redención nunca han sido los que el Partido anti comunista gobernante ha venido señalando como únicos hasta hoy.

Hasta hoy. Cuando le dice al pueblo en el metalenguaje contrarevolucionario político más espurio que el único camino en lo adelante para salir del abismo al que lo han conducido es el capitalismo con cara de “yo no he sido”.

Y pretende el Partido anti comunista hacerle creer al pueblo y al mundo que se ha iniciado la gran marcha hacia el socialismo. Que todo será florecer, como el Ave éenix, cuando a la vuelta de la esquina los Yanquis acaben de suprimir el “bloqueo” contra Cuba, ya ahora que las Embajadas han legalizado el pacto con el diablo.

Sobre Cuba caerá, ya está cayendo, el Gigante de las Siete Leguas, con su poder demoledor económico y financiero al que ya ese Partido anticomunista y su Gobierno de la Gran Burocracia, esa sobre la que advertía Lenin que se les echaba encima, como realmente sucedió, no puede más que rendir pleitesía, como una fruta pasada de madura, en el discurso cursi de una revolución alicaída.

Y como buenos contrarevolucionarios los anti comunistas del Partido-Estado ya ni hablan de sus Lineamientos económicos capitalistas. Cocinan ahora los Lineamientos políticos donde definirán esta vez el capitalismo de estado al que llamarán “socialismo verdadero”, por venirnos a mojar con el goteo de la riqueza. De sa forma en que Marx, aunque nada les guste a los “montreal” cubanos de esta hora, caracterizó como Socialismo Vulgar en su trascendente crítica el programa político de la socialdemocracia pseudo obrera alemana. La propiedad privada hará lo suyo, ya lo hace. La clase de la burocracia apoderada económicamente y la ansiada clase media, esa clase lacaya de la burguesía de toda laya, borrarán del mapa político insular, ya la borran, a la clase trabajadora. Una clase sin poder alguno, desmantelada, desmoralizada, alienada en su condición de clase asalariada.

Y como Goethe nos sacude la conciencia, el pueblo creerá en su emancipación, sumido, como hasta ahora, en la peor de la esclavitud, aquella que siendo esclavos nos crea la ilusión de ser libres. Para sumerginos en una sociedad de desiguales y contratistas, por excelencia capitalista. En ello la esperanza tras las desilusiones del socialismo reaccionario que se ha venido viviendo.

El socialismo no se mendiga, se conquista con el filo de la batalla ideológica y el accionar democrático de la sociedad, del pueblo en el espíritu verdaderamente revolucionario del pensamiento comunitario enraizado en el ideario marxiano. El pueblo cubano, si ha de ser libre y próspero, libertad y prosperidad para todos aunque no sea con todos, no tiene otra opción ante la barbarie cantada que la del socialismo de la mano de Marx!.

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