Cuba: Mi hora de discrepar. Algunas vivencias personales sobre la educación cubana

Ante todo, no pretendo hacer una telenovela acerca de mis vivencias personales de la realidad cubana. Tampoco es mi intención negar las vivencias, diferentes a las mías, que otros cubanos puedan tener: se bien que hay quien la ha pasado mejor y otros la han pasado peor. No quiero ni puedo negar el derecho a opinar, a no cubanos desconocedores de nuestra realidad, aunque por un problema de civismo, debían ser respetuosos en sus comentarios. Solo pretendo exponer algunos puntos sobre el sistema educación, que para no extenderme demasiado antes, solo toque someramente o ni siquiera aludí.

Uno de los temas más sensibles en la población cubana es el referido a la educación. En mis comentarios anteriores mencioné la campaña de alfabetización, como una de las grandes hazañas del proceso iniciado en 1959. A lo largo de mi vida tuve la oportunidad de tener maestros que participaron de esta y que quedaron marcados para siempre por la emoción, de escuchar a una persona mayor pronunciar, por primera vez, las palabras volcadas en un libro. Pero del 1961 a la fecha ha llovido mucho y cosas buenas y malas pasaron con la educación cubana. El haber trabajado durante 15 años de mi vida vinculado a la Educación Superior me da, como a muchos, una perspectiva personal de estos ministerios.

Siendo estudiante en la Universidad de Las Villas, en la primera parte de los 90, el rector era el mismísimo Luis I. Gómez (a quien a raíz de su defenestración, apodamos entre amigos, como “El Ministro Viajero” y que nos disculpe Juan Pablo II). Cuentan viejos profesores, que luego fueron mis compañeros, que entre el legado de Luis I en las Villas se cuentan hechos como reducir la plantilla de trabajadores a expensas del personal de servicio de la universidad.

Quienes estudiaron en las Villas saben que esta universidad, tiene uno de los campus más hermosos de las universidades cubanas, arboles maderables y amplias extensiones de áreas verdes rodean a los edificios del proyecto original, dándole lo que hoy podríamos llamar como un toque de armonía con el ambiente natural. Pues bien al reducirse la plantilla de trabajadores de servicio y pretender que los estudiantes mantuvieran limpias estas áreas, la yerba y la suciedad no se hicieron esperar (a pesar de la lucha que asiduamente estudiantes y trabajadores mantienen contra ellos, hasta el día de hoy).

Igual sufrió el mantenimiento de la beca (electricidad, carpintería, plomería, etc.) lo que llevo a una situación de deterioro en la que las heces fecales y el agua jabonosa se ligaban en los pisos de los baños, acrecentado el desastre al desaparecer parte de las llamadas “tías”. Hoy esas instalaciones de beca han requerido de presupuestos casi millonarios para malamente ser remendadas. Se vino abajo el transporte, tras la venta de parte considerable del parque de ómnibus (mayormente Girón VI) pertenecientes a la UCLV, lo que dañó hasta nuestros días la transportación universitaria.

Otro detalle que hizo famoso a Luis I, según cuentan los más viejos, fue su autoritarismo y arbitrariedad, al punto de tener el record de más profesores intentados botar (digo intentados porque, al ser tan arbitrario, muchos “le ganaron la pelea” en los tribunales y regresaron a la alta casa de estudios).

Así las cosas, fue elevado a la “dignidad” de ministro (casi ser elevado a los altares en Cuba), sustituyendo a Fernández y empezó la fiesta….

Lo primero que me consta, siendo profesor del Pedagógico “Félix Varela” de Villa Clara, fue el llamado curso de recalificación. Parecía que sobraban los maestros de la enseñanza básica (los mismos que faltaron a partir de los años del nuevo siglo) y eran enviados a un curso de recalificación, bajo la condición de que si no tenían buenos resultados,…. terminaban su carrera de magisterio. Ahí fue a parar mi profesor de Física de la secundaria, tal vez no un gran físico, pero si un excelente maestro que dominaba, al menos, el contenido que impartía y vencido “colgó los guantes”. Ahí terminaron miles de maestros que mucha falta hicieron después. Lo triste, desde mi perspectiva muy personal, es que la suerte de estos maestros ya estaba decidida cuando la recalificación comenzó.

De esa época tengo una interesante anécdota y es que este Sr Ministro dirigió un claustro, en el Varela, junto a la entonces Directora Provincial Tomasa Romero. Se empezó a analizar una encuesta, en la que al preguntarle a los estudiantes cuáles eran sus principales inquietudes, respondieron que las condiciones de la beca, la calidad de la comida, el transporte y otras necesidades terrenales. Pues Luis I monto en cólera y cuestionó que como era posible que esos estudiantes se preocupaban por las vulgares inmediateces de la vida y no por el agujero en la capa de ozono o las guerras en el medio oriente….. Un profesor de filosofía pidió la palabra y trato de explicar que “el hombre piensa acorde a cómo vive” y que los chicos no se podían preocupar por la capa de ozono ante la baja calidad de los alimentos del comedor…. No cuento todas las ofensas lanzadas contra el docente, que vivía como los estudiantes y trataba desde su propia perspectiva explicar lo que sentían. Si recuerdo haber escuchado que con profesores tan flojos, que podía esperarse de los alumnos… A este excelente profesor lo volvía ver trabajando en la universidad de Las Villas años después.

Para no extenderme, recuerdo rápidamente el llamado proceso de integración del MINED y el Pedagógico. Un experimento desarrollado en Villa Clara y creo que Camagüey en el que se disolvieron completamente los equipos metodológicos municipales y provinciales, pues decían que los metodólogos estaban estancados y se habían quedado atrás. Aunque la idea no era mala en su esencia, como todo en Cuba, fue llevada al extremo y experimentados metodólogos fueron enviados de regreso a las escuelas y entonces jóvenes ingenieros como yo (al menos en la educación técnica profesional) técnicamente preparados, pero que nada sabíamos de pedagogía o metodología de la enseñanza, fuimos llevados a visitar clases e inspeccionar a experimentados profesores de los politécnicos. Muchas veces me sentí ridículo en esta condición de metodólogo de mentiritas, pero era lo establecido y a cuanta reunión íbamos, los dirigentes ponderaban lo beneficioso de este nuevo sistema.

En esta época los profesores del pedagógico, los que eran maestros de carrera, se cuestionaban la causa de que el ministerio de educación nunca hubiera estado dirigido por un pedagogo de carrera, con la rica tradición pedagógica de Cuba. También cuestionaban los pres en los campos, preguntándose cómo lograr bachilleres con una cultura universal adecuada, en medio de los campos de Motembo. Una respetada profesora de Literatura y español decía que el Bachiller había que formarlo en un pre situado en el parque de Santa Clara, con la biblioteca Martí a un costado y el Museo de Artes Decorativas al frente, que de otro modo….

Ya mas reciente llegarían las transformaciones en la secundaria y el preuniversitario y ahí llego y paró. No conozco a nadie que haya tenido hijos en la secundaria y que haya tenido buena opinión de ese modelo de enseñanza. Llegaron los PGI, profesores que si se hubieran formado con cuidado, perfectamente habrían dominado un área del conocimiento que incluyera varias ciencias, pero que “madurados concarburo” lo que hicieron fue y perdonen la frase porque no creo que haya sido la intención de estos chicos “sacar guev… y no aprendieron a capar”; sin base alguna metodológica o científica, se convirtieron en operadores de video casetes.

Se olvidó entonces la atención diferenciada a los estudiantes partiendo del diagnostico del grupo. No porque no se pudiera hacer bajo este modelo, sino porque los chicos no estaban preparados para esto. Fueron lanzados al ruedo, como en la heroica campaña de alfabetización, pero no a enseñar a pronunciar las letras de un nombre, sino a tratar de explicar la evolución de las especies, los fundamentos del movimiento de los cuerpos a la luz de la mecánica clásica o la tabla periódica de los elementos químicos.

Igual se quiso que viejos profesores de matemáticas impartieran español o viceversa. Por suerte muchos que conozco se negaron e hicieron acuerdos internos con las direcciones de las escuelas.

Algunos de mis amigos dicen que vamos a tener una generación perdida en la educación cubana, debido a lo nefasto de estos experimentos pedagógicos, conducidos como carreta de bueyes. Yo quiero ser más optimista pues pienso que los jóvenes están tan ávidos de aprender, que con un poco de esfuerzo llenan las lagunas de una deficiente instrucción.

No hablemos del éxodo de los maestros ante la falta de reconocimiento de su labor por parte del estado. No hablemos de la desmotivación y el hastío. No hablemos de haber quitado al maestro como figura central, esencial, imprescindible y protagonista del sistema de enseñanza, pues esos temas han sido muchas veces tocados. Solo quisiera tener a mano sobre esto, las palabras de Graciela Pogolotti en su intervención en el último congreso de la UNEAC, ese día sentí que los maestros eran reivindicados públicamente.

Un día, porque siempre hay un día, nos enteramos que sobre Luis I caía la ira de Zeus. Que el ministro había congestionado a su antojo los cielos y que se había achacado públicamente ¿éxitos? Que no le correspondían.

Siempre me quedó la duda: quien aprueba las salidas de un ministro al extranjero, tal que 70 viajes pasen inadvertidos? Es tan escandaloso 70 viajes en tantos años? Yo conozco profesores de la UCLV que han viajado en este tiempo más que Luis I.Por supuesto y de algún modo rectifico, 70 viajes son escandalosos, en extremo para nosotros, simples mortales que no podemos dar ni uno.

Pero la pregunta más importante es, en mi opinión: ¿Quién, tras bambalinas, movía los hilos de Luis I en cada una de estas, para mí, desacertadas decisiones? Esa respuesta, en Cuba, la sabe hasta el bobo de Abela. Era Fidel, esta vez te titiritero y de algún modo, en la defenestración de Luis I, reclamó para sí la gloria de los ¿éxitos? obtenidos.

En todos estos años nadie escuchó a los verdaderos protagonistas de esta obra, a los maestros, a los alumnos, a los padres. Su opinión nunca fue tenida en cuenta, al menos si era contraria a los designios de los ilustres dirigentes. Todos tuvimos que observar a nuestros hijos dormirse sin remedio, en sus aulas de secundaria básica, ante horas y horas de teleclases.

Por último, ya el MINED cubano tiene ministro del mundo del magisterio, pero en la concreta no acabo de ver verdaderas transformaciones que revolucionen el sistema de educación. Aunque, …le doy 5 puntos a la decisión de que nuevamente haya preunivesitarios en las ciudades y que esa sea una opción para que las personas decidan, acorde a sus condiciones, donde mandar a sus hijos.

Ah, y para los que van a decir ahora que la instrucción en Cuba es mejor que la de Latinoamérica e incluso de algunos países desarrollados. Pues estoy en parte de acuerdo, pero saben algo, hubiera podido ser mucho mejor, más formadora de valores, más universal, si los protagonistas hubieran podido expresar con honestidad sus pareceres y hubieran sido escuchados.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS