Cuba: lineamientos de una renuncia (I)

La sociedad cubana acaba de recibir las pautas sobre cómo deberá en lo adelante amoldarse a la idea de sociedad y estado concebida por la máxima dirigencia del PC, Partido-único de Gobierno: “Lineamientos de la Política Económica y Social” – “LPES”, (2010)[1].

Después de dos decenios de contingencias voluntaristas tras la crisis socioeconómica estructural que entre 1990-93 devalúa ya definitivamente el «modelo cubano de socialismo», el Centro de gobierno del país le dicta a la sociedad las normas de comportamiento y participación sociopolítica en que deberá desempeñarse hasta que la historia dé la vuelta sobre sí misma. “Estamos listos para otros 50 años”, ha advertido el Presidente del Consejo de Estado ante las cámaras “Al sur de la frontera” (O.Stone, 2009).

El síndrome de la resistencia servirá también para explicar los Lineamientos de la renuncia socialista. La “teoría de la convergencia” lanzada por el pensamiento político burgués en plena Guerra Fría y repudiada otrora por las izquierdas revolucionarias, succiona ahora el «socialismo de estado cubano» desde el polo magnético del pos-neoliberalismo capitalista.

La Revolución cubana se ha legitimado en una transformación social sin precedente en el mundo subdesarrollado capitalista. Lo ha hecho a contrapelo de la persistente agresión económica y política del imperialismo estadounidense y de sus aliados sub-imperiales europeos. Sin embargo, sabemos dos cosas: 1) que el cambio revolucionario haría trascendente ese logro histórico en la medida que su trayectoria se montara sobre los rieles de la transformación sistémica socialista; 2) que para ello no bastaba la consolidación del poder revolucionario en sí mismo.

Para que la declaración de «socialismo» hecha por F.Castro ya en 1961 no se redujera a la retórica revolucionaria, había que marchar sin medias tintas ideológicas de la liberación negativa, a través de la raigal transformación de las relaciones sociales de producción capitalistas, hacia la liberación positiva socialista. Sin embargo, estando en una sociedad “que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede” – tal como analiza escrupulosamente Marx la revolución cubana -, el PC cubano empuja el proceso de transformación a un embarazo extra uterino.

¿Qué significa lo anterior? Que toda la resistencia al asedio imperialista y la transformación social no podían menos que devenir en la consecuente construcción de la alternativa socialista. El campo de la transformación, sin embargo, se ha planteado hoy en oposición política abierta contra el pensamiento revolucionario marxiano. El PC no puede salir del mal embarazo al que ha empujado el proceso de transformación sociopolítica más que con la cesárea capitalista.

Es de importancia política determinante para la sociedad cubana conocer que los “Lineamientos de la política económica y social” son la solución del PC cubano a su propio atolladero ideológico y político. No tiene que ver ello nada con la lucha y las aspiraciones del pueblo cubano por una transformación socialista. Es decir, la transformación que supere la economía de la carencia propiciando la emancipación de las fuerzas productivas, que rompa con el dominio totalitario del Partido y el Estado sobre la sociedad y que, de esa manera, plante las premisas sine qua non de la viabilidad de la alternativa al callejón sin salida del modo de producción y reproducción capitalista.

Si en los 20 primeros años de subsistencia y desarrollo social, la alienación del rumbo socialista puede considerarse el costo político de la imprescindible alianza económica con el «“comunismo” soviético»; a partir de 1980 y durante los próximos 30 años la alienación del rumbo es ya una factura propia del PC cubano. La antinomia socialista del “socialismo real” eurosoviético se nacionaliza en Cuba bajo la doctrina de la estado-cracia. El mensaje de la misma elite partidista reciclada en el poder absoluto durante 50 años, se hace claro y contundente: están definitivamente equivocados los revolucionarios marxianos. El poder ni emana ni se subjetiva en el pueblo. La idea de demo-cracia socialista no es más que la enajenación mental del infantilismo de izquierda.

¿Cuál es la contradicción política de fondo en que se ha desgastado el proyecto socialista cubano que hoy aborta bajo la égida del PC?

La marcha revolucionaria hacia el socialismo de un pueblo no es ni real ni posible desde la heteronomia política. El recurrente argumento de que la revolución cubana, a diferencia de las revoluciones políticas del “socialismo eurosoviético”, ha sido genuina por haberse dado desde abajo, pertenece a la mitología de la leyenda revolucionaria.

El pueblo cubano, primero, recibió la revolución liberadora en 1959 promovida por estamentos progresistas de la pequeña-burguesía cubana. La lucha insurreccional no es ni popular ni de carácter obrero. La incorporación campesina a la insurrección armada no responde a un movimiento de clase propio. En cambio, la insurrección armada contra el poder de la oligarquía criollo-estadounidense es la expresión de la política republicana burguesa por otros medios. Ello es lo que determina que la radicalización del pensamiento político de la clase dirigente se limite al ideario de la democracia liberal burguesa: reforma agraria y derechos sociales. La radicalización revolucionaria a partir de 1959 se afinca en el carácter nacionalista del movimiento insurreccional. No han dejado de ser nacionalistas las revoluciones de carácter burgués.

¿Qué es lo que tiene lugar luego? Desde entonces toda la plusvalía extraída del trabajo asalariado, mediante la radical nacionalización y estatización de la propiedad y el capital, se concentra bajo el dominio del nuevo poder y se somete a distribución desde dicha centralidad. De esa forma el pueblo comienza a recibir de “manos” de dicha burguesía – legitimada en el poder por la lucha armada y la victoria de la insurrección – los beneficios que venían a reparar la deuda social sobre la cual había acumulado su riqueza la alta burguesía criolla y sus amos estadounidenses en lo esencial.

Si la práctica revolucionaria en la medida que transforma la realidad habría de transformar al propio sujeto revolucionario, el proceso de transformación sociopolítica no podía menos que apuntar hacia un cambio revolucionario de conciencia social, mediado por el cambio estructural del modo y las relaciones sociales de producción capitalistas.

Sin embargo, medio siglo de dominio político le han servido a la pequeña-burguesía cubana dirigente para afirmarse como elite de poder, y convertir al pueblo en masa agradecida por los beneficios reales e imaginarios de la revolución nacionalista. Cinco generaciones de cubanos han sido consecuentemente “formadas” en la obediencia a un modelo político de poder centralizado, soportado en un sistema económico que no rompe en principio con la naturaleza política del modo de producción capitalista.

Ni la gesta revolucionaria liberadora ni la inclusión social por ella generada han sido procesos de empoderamiento autónomo del pueblo cubano. Sin haber llegado al poder como clase en sí, la mayoría del pueblo cubano no ha podido desarrollar una conciencia política como clase para sí. Esa dilución de la subjetivación política ha sido consecuentemente arraigada en el consciente coletivo por el regimen de dominio sobre la sociedad, establecido por la elite pequeño-burguesa institucionalizada ya en 1975 como Partido-único apoderado (Congreso fundacional del PCC).

La enajenación sociopolítica de la Revolución cubana no constituye, por lo tanto, una simple consecuencia del «modelo del real socialismo soviético» importado al calor de la Guerra Fría. El regimen político de partido-único, monopolio de la propiedad estatal bajo trabajo asalariado, economía centralizada bajo dirección burocrática y el dominio estadocrático sobre el movimiento de la sociedad, vienen a consagrar la filosofía política pequeño-burguesa de la fuerza en el poder, y a proporcionarle un “modelo” de estado y sociedad a imagen y semejanza del estrecho horizonte de su visión revolucionaria. El marxismo que se asume como declaración ideológica no podía ser más que el marxismo vulgar anti revolucionario, el mismo que se recibía como el manual de instrucciones del modelo de relaciones sociales de producción que se implantaría hasta hoy.

Asumir ese ordenamiento socioeconómico y político como la encarnación del «socialismo» le ha permitido al PC negar la necesidad de la transición socialista, en tanto&nbsp &nbsp proceso político emancipador de los cubanos hacia el seno de la sociedad. Es decir, le ha permitido negarle al pueblo cubano el empoderamiento como clase para sí. El modo de producción y reproducción socio-humana ceñido de manera incontestable al fetiche de la propiedad, ahora estatal, y al trabajo asalariado que le es imprescindible, se ha sembrado como el factor alienador estructural de la sociedad.

En consecuencia, mantener fuera de todo análisis crítico la implosión del «real socialismo eurosoviético» le ha permitido al PC negar toda la filiación ideológica y el emparentamiento político y económico del modelo cubano con la experiencia del “socialismo” fallido.

Paralelamente, en una operación propia del marketing político, estamos siendo testigos de la reivindicación que la pequeña-burguesía cubana apoderada en el PC viene haciendo de las transformaciones del “socialismo” chino. Asumido el azimut, se abre paso la batalla de las declaraciones y la política de hechos consumados del PC.

No es casual que el Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, Ricardo Alarcón – el mismo dirigente político que no supiera constestar a una pregunta del estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), alegando que no sabía de economía -, asegure ya sin ambages en una reunión con su homólogo chino, Wu Bangguo, que Cuba quiere aprovechar el proceso chino de reforma y apertura (nov. 2010). “Cuba está preparada para aprovechar la experiencia de desarrollo en reforma y apertura de China” – le informa al mundo la agencia estatal de noticias Xinhua. Del imperativo histórico del «socialismo real eurosoviético» el PC cubano pasa con igual ductibilidad al imperativo histórico del «capitalismo de estado chino».

No hay azares que entren en juego. La única forma de mantener el regimen de poder económico y político establecido está en adelantarse a la implosión del «socialismo de estado ajeno» y pasar sin más tiempo que perder al «capitalismo de estado propio». Las condiciones objetivas están dadas y la transición capitalista china se induce sin escrúpulos ideológicos como el camino prometedor.

Vale la pena estudiar a China – insiste sistemáticamente el Líder de la Revolución cubana. La prensa oficial (Granma y JR) ha venido en los últimos años realizando una campaña mediática sobre la marcha «socialista» china. Las dos máximas figuras del PC y el Estado han graneado al pueblo con opiniones encomiásticas sobre el imponente «desarrollo socialista» chino. La intelectualidad orgánica al PC ha procurado calzar la propaganda de la virtud confusiana sobre la importancia de que el “gato cace ratones, no importa sea su color”[2].

China no es Estados Unidos, está luchando contra el sistema impuesto por Estados Unidos, pero el que rige es el estado, no son las transnacionales” – expone F.Castro. Ejerciendo su magisterio político el Líder de la Revolución le reitera a los estudiantes en la Universidad de la Habana (nov. 2010) que “La gran nación (china) partió&nbsp de una experiencia comunista, socialista, rectificó lo que tenía que rectificar y actualmente es el país que más y más sostenidamente ha crecido, por encima del diez por ciento por año” (subrayados RCA).

Las contraposiciones maniqueas tipo “o estado o transnacionales”, reducen la percepción de la realidad política al marxismo vulgar. «Socialismo» seguirá siendo sinónimo de Estado, y «transnacionales» de Capitalismo. «Crecimiento y Distribución» – generaliza F.Castro, son las palabras de orden de ese socialismo.

El Líder cubano induce incesantemente la idea reduccionista de que en China progresa el socialismo. Pero no utiliza su autoridad para lograr que se abra el debate demócratico abierto en Cuba sobre las alternativas. Se subestima la inteligencia de un pueblo al que no se le permite leer con libertad sobre el fenómeno de la transformación capitalista china. No se debate abiertamente en Cuba el actual proceso de transición china ni siquiera como objeto de cognocimiento. ¿Por qué habría de ser socialista la realidad china y no la finlandesa o la sueca?. La interrogante no es en nada ingenua. ¿Acaso no admiten ser estudiados comparativamente los procesos de desarrollo capitalista, mediante los cuales unos países alcanzan altísimos niveles de desarrollo cultural de sus fuerzas productivas y altos niveles de inclusión y equilibrio socio-humano, mientras que otros, en cambio, se deshacen en procesos de acumulación de capital decididamente anti humanos? No permite el PC cubano que se conozca, estudie y debata democrática y públicamente en Cuba sobre tales realidades.

El PC cubano cuida que toda información “sensible” sea filtrada por su aparato de propaganda ideológica. Ha sido y seguirá siendo el recurso del método. El pueblo no tiene acceso libre a la información, ni a producirla, circularla y debatirla libremente. Sucede así a pesar de la loa retórica a todo lo positivo que genera el uso de internet: “No hay dudas de que ese instrumento es lo más extraordinario que ha existido nunca por el desarrollo y la divulgación de los conocimientos” – le expone Fidel a los estudiantes universitarios (nov. 2010).

La aberración de las contradicciones del pensamiento y la práctica política absolutista del PC sumen en estado de postración a la sociedad cubana.

Casi en pleno el pensamiento sociológico, económico y político permanece en el confort del auto repliegue a esa academia que le garantiza la existencia como elite intelectual con derecho a usufructuar los beneficios de la organicidad al poder. El análisis sobre el fracaso conceptual y práctico del “modelo socialista” regido por el PC será siempre elíptico.

Por otra parte, el pensamiento revolucionario independiente y comprometido con el ideario socialista acepta bajo disímiles condicionantes su suerte de marginado político. Para este pensamiento la acción política revolucionaria propia no es vía de participación legítima. La coacción política del PC que invoca la unión bajo su pensamiento único, vendida como distintivo revolucionario y garantía de subsistencia interna y soberanía nacional, es “comprada” sin determinación militante. El que la transición socialista necesite de la lucha dialéctica revolucionaria no se asume como imperativo de su viabilidad.

Hoy, entre las aguas del rio revuelto político interno, el pensamiento único apoderado revela que el determinismo economista se convierte en doctrina política oficial. “La política económica en la nueva etapa – rezan los Lineamientos de Política Ecocnómica y Social – se corresponderá con el principio de que sólo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución (…)”[3]. La masa partidista desideologizada se convierte de facto en corifeo de la doctrina. Se convoca al pueblo a seminarios-expreso sobre las instrucciones de uso de la “actualización económica” del «socialismo» concebido por el PC. En la apreciación del Segundo Secretario lo que se necesita, por supuesto, es reparar el modelo. La revolución al revés en un mundo capitalista que se hace cada vez más corrosivo en su expansión sistémica.

La inconsecuencia política de un pensamiento apoderado del ideario, la palabra y la ejecutoria sin contrapartida alguna en la sociedad, crea hechos políticos comprometedores de la alternativa de desarrollo socialista.

El Jefe de Estado y Gobierno cubano le entrega en ceremonia política simbólica al Jefe de Estado y Gobierno venezolano los “LPES”. Para el Líder de la Revolución Bolivariana, el socialismo cubano – declara – comienza a parecerse al socialismo del s. xxi venezolano. La relación inversa no es plausible ni realista para la revolución venezolana. El proyecto socialista cubano, en cambio, no seguirá transitando su propio camino hacia el socialismo. No hay nada que aportar al proceso de transformación socialista venezolano.

El PC cubano no está en condiciones de reconocer que el proceso revolucionario de transformación socialista en Cuba se da habiéndose tomado el poder del estado, y que el venezolano se da en lucha por el poder del estado. Que el modo de producción venezolano esta determinado por la propiedad privada sobre los factores de producción- la tierra, el capital y la fuerza de trabajo. Que el modo de producción cubano actual no se rige por la propiedad privada sobre los factores de producción. Que tales circunstancias condicionan caminos de empoderamiento del pueblo esencialmente distintos, si de transición socialista se trata[4].

Pero no es el cognocimiento y la batalla de ideas marxianas lo que media en el entendimiento de dichas realidades. Si la revolución bolivariana está obligada a radicalizarse en el sentido dialéctico marxiano – si es que pretende proyectarse en la ruta socialista -, la revolución cubana es obligada por el PC al conservadurismo liberal burgués, con tal de que se verifique la doctrina sobre el socialismo de la mano del capitalismo de estado. La paradoja es sólo aparente.

No existen azares en el ejercicio del poder por un pensamiento político único. El Partido-único decide que el pueblo cubano no tiene derecho a discutir democráticamente sobre la visión de país y la delineación de sociedad socialista que valdría la pena estructurar durante los próximos cincuenta años. Sin alternativa programática, la sociedad cubana, habiendo sido llevada al atolladero socioeconómico por el Partido-único, es inducida a aceptar el supuesto recurso de salvación que, sin opción, le instan a firmar los responsables de que el modelo ya no funcione ni para los propios cubanos – según ha declarado a los medios de comunicación mundiales el propio Líder de la Revolución, en un metafísico juego de ambigüedades políticas con el pueblo cubano.

En aparente contradicción con la convicción del Jefe en funciones del PC, para quien la marcha socialista está en el reformismo economista, el Líder de la Revolución le reitera sin tapujo a los estudiantes universitarios cubanos que el error de los revolucionarios sigue siendo creer que alguien sabe cómo se hace el socialismo (nov. 2010). Cuando el sentido filosófico de la preocupación se considera el lado prohibido de la política, la nación no puede más que quedar en manos del voluntarismo de los gobernantes.

El PC se abroga el derecho de seguir asumiendo el riesgo de la equivocación de sus políticas sin mediación del pensamiento, el debate propio y la iniciativa política de la sociedad. El sistema político de partido-único le ofrece al partido gobernante el confort de la ausencia de alternativas socialistas programáticas con derecho al ejercicio de la práctica como el criterio de la verdad. El monopolio de la propiedad estatal le ofrece el poder ilimitado sobre el sistema económico. El poder supraestatal fáctico le ofrece la posibilidad de regimentación de todo el movimiento de la sociedad. La impunidad política en el ejercicio del poder crea el círculo vicioso de la incapacidad de reproducción sostenible del sistema socioeconómico.

Los Líderes de la Revolución han tomado partido por una “visión pragmática” de cambios reformistas. No pueden mostrar fundamentos en términos de guía teórica en pos de la transición socialista en Cuba. No ha sido esa la función política determinante del Partido-único. Y ha sido así, no obstante el que la práctica de las “políticas” ejercidas haya demostrado con irrefutable crudeza lo equivocado de las políticas. La experiencia no se intelecciona como crítica a la modelación del sistema político. ¿Puede el poder absoluto auto negarse dialécticamente a sí mismo?

Es así que con el lanzamiento de los “LPES” se induce en el pueblo cubano la actitud del debate reivindicativo sobre aquellas soluciones pragmáticas que por fin se le conceden desde el Partido y el Estado. Al ámbito de las indefiniciones políticas sistémicas – que tampoco dirimirá, según se enfatiza, el VI Congreso del PC – pasa el debate ideológico, teleológico y programático sobre los fundamentos estructurales del proyecto socialista. El hecho de que ante la indefinición política del horizonte, tal como ya conocemos, no todos los caminos conducen por la ruta del socialismo, deja de ser también por fin, un problema político para el PC cubano.

La renuncia envuelta en celofán

Los voceros de la montaña de intereses internos y externos creados alrededor de los cambios en Cuba, abogan con inusitado convencimiento por la reducción del análisis sobre los “LPES” del PC a un debate sobre un manual de instrucción.

Enfrentar el análisis sobre los problemas conceptuales y estructurales que agotan el modelo socioeconómico y político implicaría el debate no sobre el recurso del método, sino sobre la esencia del contenido. La puesta en escena del nuevo ejercicio sobre cómo cumplir las “orientaciones de arriba” se pone en marcha.

El pensamiento crítico revolucionario, sin embargo, no puede permitirse el confort de la auto censura. El único compromiso posible es con la materialización del ideario que alimente y luche por la viabilidad social, económica y política del proyecto socialista.

Lo que con certeza sí queda definitivamente demostrado por la realidad política cubana, es que sin alternativa programática concebida, discutida y consensuada por las fuerzas de la sociedad comprometidas con los cambios revolucionarios, el proyecto socialista no tiene ni tendrá en Cuba posibilidades algunas de abrirse paso con un horizonte de futuro cierto.

Las perspectivas del socialismo en Cuba se evaporan con la actualización reformista del modelo económico armada por el PC. Alzando la bandera del reformismo economista el PC rompe definitivamente con el marxismo revolucionario y declara su adhesión al ideario del social-capitalismo.

Habiendo admitido que el horizonte pequeño-burgués de su pensamiento político había sido superado por la propia Revolución[5], la dirigencia histórica del PC asume de manera declarada el agotamiento de su potencial revolucionario como «vanguardia política». Ante tal hecho, el estamento político cubano dirigente acalla el debate que emplace de manera revolucionaria el pensamiento único del PC, bajo el que se toman las decisiones que comprometen la suerte de la nación cubana.

Vamos a exponerlo reiterando un planteamiento político sobre el que calla la Cuba política e intelectual oficial, sobre el que está impelida a callar también la juventud universitaria cubana, sobre el que no se estimulará el debate con el pueblo.

«No es meridiana la idea del Líder de la Revolución pronunciada en la Escalinata de la Universidad de la Habana (agosto 2010), entendiendo que “La distribución justa de las riquezas materiales y espirituales, que el hombre es capaz de crear por el fabuloso desarrollo de sus fuerzas productivas, es ya la única alternativa posible”», (RCA, 2010)[6].

Vamos a responder con la exacta respuesta que le da Marx al Líder de la Revolución cubana: “El socialismo vulgar – y por intermedio suyo una parte de la democracia – ha aprendido de los economistas burgueses a considerar&nbsp y a&nbsp tratar la distribución como algo independiente&nbsp del modo de producción, y por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira&nbsp principalmente&nbsp en torno a la distribución. Una vez&nbsp que está dilucidada la verdadera relación de las cosas ¿Por qué volver atrás?”.

La crítica de Marx al Programa del Partido Obrero Alemán es la crítica dialéctica meridiana al Programa del PC cubano, envuelto ahora en el celofán de los “Lineamientos de Política Económica y Social”.

Vamos a reiterar la reflexión con que entonces cuestionase la idea del Líder de la Revolución:

La condición de que la distribución de las riquezas materiales y espirituales que el hombre es capaz de crear pueda ser justa, está en que el hombre pueda producir en libertad sin el imperativo de explotar el trabajo de sus semejantes. En la condición de que la propiedad sobre la fuerza de trabajo no sea la razón de ser del modo de producción con que se produce la riqueza. En la condición de que el Estado no le sustraiga al hombre, en nombre de su liberación de la propiedad privada, su integridad como sujeto socioeconómico y político”.

En consecuencia, el debate cubano sobre la superación del modelo agotado no puede aceptar acríticamente la apreciación del Líder de la Revolución, acerca de que el problema está en la productividad del capital dándolo por neutral. A ello justamente apunta ver en el modelo chino la vía expedita hacia el socialismo. Tal como lo viene viendo la dirección del PC cubano, los medios oficiales del Estado y la intelectualidad orgánica a los mismos.

En esa corriente de pensamiento liberal burgués se fundamenta la restauración en Cuba de las relaciones sociales de producción capitalistas que germinarán a la sombra del reformismo economista”
(RCA, oct. 2010, más de un mes antes de que aparecieran los “LPES” del PC)[7].

La reforma economista no desata la camisa de fuerza con que el sistema de Partido-único, el modo de producción neocapitalista y el estado suprasocietal reducen la sociedad cubana al papel de objeto político.

La proyección del sistema socioeconómico cubano sobre una trayectoria de progreso sostenible exige la transformación sistémica del modelo de participación económica y sociopolítica actual. Ello no se consigue ni se conseguirá sobre el actual modo de producción y de relaciones socioeconómicas que se pretende maquillar, cambiando lo que haya que cambiar para que no cambie la filosofía política burguesa del poder.

La república socialista y el futuro de bienestar socio-material y cultural, universal por compartido, permanecerán comprometidos mientras el pueblo cubano no deje de ser “siervo de sí mismo” (J.Martí); puesto que “el trabajo nutre” (ibídem) sólo si es redentor. Mientras que, como resultado, se admita el secuestro de la Revolución socialista por el “socialismo” estadocrático; mientras, por tanto, el pueblo no asuma su porvenir “sin tener que pedir permiso para vivir” (K.Marx) a propietario alguno de los medios de su reproducción como individuos y sociedad; mientras permita, en resumidas cuentas, que la idea de socialismo continúe siendo propiedad privada de una clase política apoderada; mientras el pueblo, al final, prefiera seguir viviendo e hipotecando sus generaciones bajo el trabajo asalariado alienado, desechando el reino de la demo-cracia socialista, única forma de construcción y existencia del socialismo.

Dos premisas imposibles de evadir definen el carácter socialista del nuevo modo de producción y relaciones socioeconómicas al que se ha transitar en contraposición al derrotero que marcan los “LPES” del PC:

1) La desmaterialización de la propiedad estatal, dando paso desde ya a la emancipación del trabajo: socialización de la propiedad bajo la autogestión de obreros y trabajadores en general – puesto que de lo contrario, el cubano no podrá “trabajar ni vivir, más que con el permiso del propietario de los factores de producción» (Marx).

2) La plena subjetivación de la participación socioeconómica, dando paso desde ya a la libre asociación de los trabajadores para producir y reproducir la materialidad de su ser social, bajo democracia económica, social y política. “El trabajo sólo es fuente de riqueza y de cultura como trabajo social(Marx).

Hacer creer que Cuba podrá marchar hacia un desarrollo económico y social sostenible bajo una transición que evada el empoderamiento del pueblo, en tanto condición y via efectiva de emancipación y sentido de pertenencia sociopolítica, constituye una irresponsabilidad política profundamente reaccionaria.

&nbsp RCA



[1] “Lineamientos de la política económica y social” de Cuba, documento elaborado por el PCC y dado a conocer públicamente en la Habana el 14 de noviembre del 2010.

[2] Ver los trabajos de RCA al respecto en KasoKuba.

[3] Ibídem

[4] Ver los trabajos de RCA al respecto en KaosKuba

[5]Hemos hecho una revolución que nos ha superado a nosotros mismos” – F.Castro.

[6] RCA, “Cuba: el modelo ya no funciona ni siquiera para nosotros – Fidel”, en www.kaosenlared.net/noticia/cuba-modelo-ya-no-funciona-ni-siquiera-para-nosotros-fidel

[7] Ibídem

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