Cuba: la dependencia como política de estado


Cuba: la dependencia como política de estado


Se ha instaurado en Cuba la opinión de Estado de que la normalización de las relaciones con los EEUU depende “de ellos”. Desde la máxima dirección del Partido se reitera que son los EEUU los que deben dar algún primer paso. El maniqueísmo de dicha percepción viene siendo rubricado por distintas voces de la intelectualidad que se desempeña en la superestructura política del Estado.

“El gobierno cubano logró, con la administración Carter, un cierto grado de diálogo. Por supuesto, se afectó mucho por lo del Mariel y por los contrarrevolucionarios que se metieron en la Sección de Intereses (SINA) por la fuerza, pero nunca se dejó de hablar con respeto. Si se pudiera retomar eso sería un primer paso. Pero insisto en esto, porque creo que el problema está del lado de allá, no del lado de acá. Muchas veces me preguntan por qué Cuba no hace un gesto, y digo que si de gestos se tratara, el gobierno cubano ha tenido muchos y ha recibido pocos de Estados Unidos. Creo que hay gestos que puede hacer el gobierno norteamericano que podrían desatar una dinámica de intercambio. No creo que el gobierno cubano esté en una mala disposición, siempre que se le respete, a iniciar un proceso de diálogo que lleve las cosas por otro camino”[1] (subrayado de RCA).

La anterior reflexión proviene de Carlos Alzugaray (C.A. «Diálogos para un nuevo tiempo. Entrevista» – 22.01.2009), investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana.

El Presidente del Consejo de Estado y Segundo Secretario del Partido de Cuba&nbsp ha ratificado públicamente que no se harán concesiones a los EEUU porque, según expresa: “la época de gestos unilaterales se acabó» (Raúl Castro R., Brasil 16.12.2008).

Como puede apreciarse, la percepción de la Dirigencia política de Cuba y de representantes orgánicos del pensamiento político cubano, desechan frontalmente la transformación de la realidad interna cubana como factor desencadenante de los cambios de política del entorno geopolítico hacia ella. El espejismo de ese rechazo ha tomado fuerza a tenor de lo que ya se ha dado en llamar el retorno de Cuba al seno de América Latina. A partir de su incorporación al Grupo de Río y de la casi unánime apelación de los gobiernos latinoamericanos a que el nuevo gobierno estadounidense suspenda unilateralmente el Bloqueo económico-financiero que le impone a Cuba.

La visión que defiende el Establecimiento político cubano es de profundo calado negativo para Cuba.

En reciente publicación (a la cual remito: “Cuba no tiene porqué hacer gestos a los EEUU”, 17.12.2008)[2]&nbsp expreso que ante la declaración de principios de Cuba resulta relevante identificar cuál es la concesión neurálgica a la que el Partido y el Gobierno cubano han de poner fin: que la política interna de Cuba continúe siendo rehén forzado de la política externa de los EEUU contra ella”.

Lo que Cuba necesita, por lo tanto, es abordar con profundidad y sin dilaciones o­nerosas el desafío de las transformaciones conceptuales y estructurales que hagan sustentable y logren la expansión de su sistema socioeconómico.

Llama poderosamente la atención que desde ese mismo Establecimiento político cubano no se perciba la relación entre vulnerabilidad económica y política externa e ineficiencia socioeconómica y política interna. Llama la atención que ni siquiera en términos de hipótesis de lo obvio la clase política cubana se plantee ese debate. Si el problema no se menciona, entonces el problema no existe.

En consecuencia, cabe preguntar: ¿está realmente interesada la Dirigencia de Cuba en la normalización de las relaciones con los EEUU?

En las reflexiones que nos ofrece C.A. se plantea que, cito: “Un elemento importante de la política imperialista ha sido la idea de que si Estados Unidos se sienta a conversar con un adversario le está dando legitimidad. Por tanto, hay que exigirle algo antes de sentarse a conversar”[3].

Puesto que el presidente Barack Obama ha expresado su convicción de que con los adversarios políticos es necesario conversar, podemos comprar la idea de que el paradigma de la política imperialista hasta nuestros días está claramente cuestionado. Es lo que también nos expresa C.A. cuando acto seguido expone: “A esto, en mi opinión, no se le ha dado suficiente importancia. En el caso Cuba, por lo que dije anteriormente sobre el memorandum Baker, eso sería un cambio fundamental. Que Estados Unidos reconozca que se puede sentar con el gobierno cubano a discutir sin cuestionar la legitimidad del gobierno cubano”[4]. Esta apreciación, sin embargo, no goza de credibilidad&nbsp ante los hechos.

¿A qué se atiene Cuba ? Si se sigue la lógica del pensamiento político cubano, no quedaría más que reconocer que Barack Obama ha dado un primer paso. Puesto que ha anunciado la suspensión de las restricciones de viajes a Cuba de los cubanos residentes en los EEUU y del envío de remesas a sus familiares. No son medidas banales. Por cuanto se restablece la posibilidad del cultivo de los lazos filiales entre las familias cubanas. Cerca de 3 millones de cubanos viven en esa diáspora. Económicamente significaría la posibilidad de la recomposición de un flujo de divisas para Cuba de extraordinaria importancia, que en ocasiones de “normalidad” llegó a asegurar el reflote de la economía cubana (los años críticos del periodo especial cubano, 1990-1994).

Estamos hablando de pasos/medidas de la nueva administración norteamericana de sensible repercusión positiva en las condiciones del progreso socio-humano y económico de Cuba. ¿A qué pasos y gestos, cabría preguntar, espera Cuba para dar los suyos? El cuestionamiento es totalmente válido a la luz de la política declarada por Cuba de “gestos por gestos”. En lo inmediato Cuba ha quedado claramente emplazada. Esos emplazamientos a los que Cuba se expone la hacen víctima de la visión de su propia Dirigencia política.&nbsp Y ésa es la razón que he venido exponiendo para que Cuba resuelva problemas internos políticos sin el complejo de estar legitimando la política de los EEUU contra ella.

Barack Obama, sin embargo, ha dejado claro que no suspenderá el Bloqueo que los EEUU le imponen a Cuba. Esta conocida posición (ya desde su campaña presidencial) pone en entredichos ideas infundadas de que ahora exista la posibilidad, como nos expresa C.A. de “Que Estados Unidos reconozca que se puede sentar con el gobierno cubano a discutir sin cuestionar la legitimidad del gobierno cubano”[5]

Barack Obama ha procurado dejarle claro al Establecimiento conservador propio que él será el Presidente que logrará, por fin, la libertad del pueblo cubano. Ésas han sido sus palabras en varias intervenciones públicas, especialmente ante el auditorio de la ultraderecha cubana de Miami. Esa apreciación ha sido ratificada por Hillary Clinton, la ya Secretaria de Estado, en su comparecencia ante el Senado de los EEUU.

Por consiguiente, ¿en qué se basan las expectativas de la Dirigencia y del pensamiento político orgánico cubano? ¿Puede hacerse realpolitik a partir de los deseos y del rechazo a los problemas internos que realmente la condicionan?

La no suspensión del Bloqueo unilateral que los EEUU le imponen a Cuba&nbsp constituye el irreconocimiento primero y último de la legitimidad del Estado cubano. Mientras que toda eventualidad de su suspensión se asume como la forma indirecta de no reconocer dicha legitimidad y socavar así el vulnerable modelo socioeconómico y político cubano. El fundamento de la idea política de los EEUU sobre Cuba se soporta en la declaración/acusación de que el Estado cubano no es un estado democrático.

Y no lo es en los términos de la democracia burguesa norteamericana. ¿Será la misión de Cuba convencer a los EEUU de que su entendimiento de la democracia está muy lejos de entender la democracia en los términos que el Proyecto Socialista cubano se la plantea? ¿Cuántos seminarios a los que asista aplicadamente la administración de Barack Obama hará falta realizar en la Habana?

Cuba tiene un problema consigo misma. Si el estado cubano no es un estado democrático en los términos de la democracia burguesa, tampoco constituye su sistema de democracia la alternativa socialista que puede ser. La democracia socialista no es posible dentro del sistema de partido estadocrático actual.&nbsp La democracia en Cuba hoy se mantiene atrapada en las reminiscencias conceptuales del estado burgués. El parlamentarismo representativo, el institucionalismo estadocrático y la economía estatizada en que ambos se soportan, se riñen directamente con preceptos que podemos considerarle a una democracia socialista. No son cuestiones semánticas que puedan ser ignoradas para aparentar que el problema no existe.

Desde las condiciones actuales la transición a la democracia burguesa en Cuba es más real y probable que la transición hacia la democracia socialista. Y eso lo entiende perfectamente el pensamiento conservador norteamericano que alimenta el síndrome cubano. La política norteamericana de la fruta madura no se cultiva en un invernadero, se cultiva a partir de la vulnerabilidad estructural socioeconómica y política que presenta el proyecto cubano de país.

La perspectiva de asumir el diferendo ideológico con los EEUU a partir de la auto-emancipación política de la sociedad cubana toma hoy relieve histórico, es decir, único.

El discurso político del establecimiento cubano está ante el reto de abandonar la retórica del poder estado-centrista constituido y asumir la proyección dialéctica de la Revolución socialista. Al admitir la necesidad imperiosa de cambios democráticos lo que Cuba está expresando es la voluntad de desencadenar la democracia socialista. No existe ni existirá democracia socialista mientras Cuba se aferre al modo de producción y de relaciones socioeconómicas que le limita los horizontes de su desarrollo.

Contrariamente a como quisiese argumentar el pensamiento “revolucionario” acrítico, las perspectivas del Socialismo en Cuba no se defienden con las estadísticas socioeconómicas que le sean favorables. El problema fundamental está precisamente en el déficit estructural de democracia. Y superar esa realidad no constituye concesión alguna a los EEUU y sus aliados. Puesto que estamos hablando del déficit de democracia socialista.

Cuando se esgrime la idea de la «no concesión» ante la impugnación de la democracia que los EEUU y otros centros de poder capitalistas, esencialmente la UE, le hacen a Cuba, se arroja un velo sobre la contradicción de fondo del Proyecto Socialista cubano. La mediatización de la democracia en Cuba está dada por el carácter del modo de producción cubano. Ahí se encuentra el objeto del debate medular para la sociedad cubana. Cuando se desconoce o se mal identifica la necesidad del cambio conceptual del modo de producción se está haciendo una concesión ideológica determinante. Por cuanto se niega que el foco del problema sea la relación de dependencia económica absoluta del ciudadano cubano con respecto al Estado.

Para resolver el problema que hace antidemocrático al estado cubano los EEUU exigen asumir su sistema de democracia. El reto para Cuba es emprender desde ya la transformación de su sistema socioeconómico y político bajo principios de democracia socialista. Ante el empuje de esa transformación el Bloqueo yanqui contra Cuba caerá como una fruta madura.


Roberto Cobas Avivar



[1] Entrevista a Carlos Alzugaray, concedida a la revista Espacio Laical, de la Arquidiócesis de La Habana y reproducida por Kaosenlared; ver: http://www.kaosenlared.net/noticia/dialogos-para-nuevo-tiempo-entrevista-carlos-alzugaray

[2] Roberto Cobas Avivar, “Cuba no tiene porqué hacer gestos a los EEUU”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-no-tiene-porque-hacer-gestos-eeuu

[3] Ibídem, nota 1

[4] Ibídem

[5] Ibídem

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