Cuba: la Crítica y la Receptividad

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Un par de meses atrás, abordé el primer aspecto del asunto que ahora presento e hice constar que para mí es un veredicto estimular de forma ascendente la Crítica revolucionaria: primeramente, hacer el máximo esfuerzo por encontrar el sentido positivo que esté implícito en la alusión contraria a lo que se profesa y/o se defiende; a continuación, precisar tanto como humanamente sea posible dónde radica lo que se percibe como errado, desatinado, insuficiente de lo que proviene del interlocutor; y además, situar todas nuestras energías en procurar hacer propuestas con sensatez tendientes a encontrar solución al problema objeto de análisis.

Sin embargo —si el ángulo de mira es actores estatales—, son muchas las veces que el empeño porque fructifique la idea anterior se pierde en un laberinto que escapa al espíritu con el cual se ha dejado a consideración popular los documentos emanados del 7mo. Congreso de nuestro Partido Comunista, sobre todo del que tiene que ver con los “Principios de nuestro socialismo que sustentan el Modelo”.

De los Principios referidos, puntualmente deseo llamar la atención del lector/a en los apartados 60 y 61 que respectivamente expresan —y resalto en negritas:

“La democracia socialista sobre la base del poder soberano del pueblo, del que dimana todo el poder del Estado socialista, ejercido directamente o por medio de las asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ella se derivan, en la forma y según las normas fijadas por la Constitución y las leyes.

El Estado socialista es garante de la libertad, la independencia, la soberanía, de la participación y control populares, de la preservación de la identidad nacional, el patrimonio del pueblo, el fortalecimiento de la cultura, el desarrollo del país y de más conquistas”.

En este contexto, considero que cuando un ciudadano/a ejerce la Crítica revolucionaria como consecuencia del esfuerzo común por mejorar el proceder social y/o solucionar determinados problemas, debe encontrar oídos atentos en los actores hacia quienes va dirigida, básicamente los estatales cuyo protagonismo está en la obligación de combatir la insuficiencia y/o dificultad que atente contra el pueblo. Mas, no siempre ello tiene una dinámica típica de la civilización.

Fue precisamente pensando en el comportamiento de la Receptividad de algunos directivos que en Marzo último formulé una pregunte y me hice eco de un planteamiento de un cubano común, a saber:

“¿Será muy difícil que en la instancia correspondiente determinado Cuadro del Partico Comunista en nuestro país convoque a directivos responsables de inquietudes, críticas y sugerencias expuestas por varios cubanos/as y exigirles de inmediato una respuesta convincente sobre el porqué no ha actuado en correspondencia —so pena de estimular en el acto al descompromiso revolucionario?”.

“[…] resulta inexplicable e inconcebible que entidades estatales y gubernamentales desestimen denuncias, quejas e informaciones de la población que obligan a los directivos del periódico [Granma] a elaborar no pocas coletillas, siempre criticando o puntualizando respuestas superficiales a los que olvidan por completo sus obligaciones como entidades socialistas de la Revolución” —las negritas son mías.

Si por Receptividad entendemos la capacidad de recibir un mensaje acerca de una situación problemática con el ánimo de tributar a su solución cuanto antes sea posible, entonces propongo estas interrogantes para meditar:

¿Los actores que representan a nuestro Estado realmente velan por “el patrimonio del pueblo”, si una Crítica revolucionaria cae en saco roto? ¿Qué mecanismo de “participación y control populares” existe/garantiza efectividad para que un desacuerdo con el acontecer generado por equis directivo estatal responda al “poder soberano del pueblo”, en caso de no contestación o que esta sea injustificadamente desatinada? ¿Acaso se contribuye al “desarrollo del país y de más conquistas” de nuestra Revolución haciendo caso omiso al poder referido”? ¿Hasta qué punto estas interrogantes encierran o no preponderancia de Receptividad?

Obviamente, necesitamos más respuestas satisfactorias en este orden de ideas.

Así, acredito que en el tema de la Crítica y la Receptividad podemos y debemos alimentar que la primera exhiba sentido martiano, revolucionario; al paso que la segunda esté a la altura de la otra, luciendo genuina utilidad en el quehacer cotidiano de cubanas y cubanos —sin despreciar que Crítica y Ética constituyen una alianza favorable.

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