Cuba: ¿escenario de tráfico de personas?

Circula un despacho de EFE desde Washington acreditando que Estados Unidos retiró este lunes a Cuba de su lista de países que no hacen lo suficiente para combatir el tráfico de personas y —“por casualidad”— mantuvo a Venezuela en ese listado, en el que permanecen Rusia, Irán, Siria y Corea del Norte, entre otros. La información, proviene del Departamento de Estado de nuestro vecino norteño que en su informe anual al respecto en el mundo, relativo a 2014, hace un análisis de lo que acontece en la otredad y no en su mismidad.

El despacho agrega que La Habana, que aparecía en esa lista negra año tras año desde al menos 2003, fue trasladada a la categoría denominada de “observación especial”, en la que están también Bolivia, Costa Rica, Haití, Jamaica y China, entre otros. El mamotreto, indica: “El Gobierno de Cuba no cumple completamente con los estándares mínimos para la eliminación del tráfico de personas, sin embargo, está haciendo esfuerzos significativos para hacerlo” —las negritas son mías.

No obstante, me pareció interesante el comentario que, según la agencia española de prensa, hizo a la sazón Sarah Sewall, subsecretaria de Estado para la Democracia y los Derechos Humanos en la Casa Blanca, a saber: “Seguimos preocupados por el hecho de que Cuba no haya reconocido el trabajo forzado como un problema, y ese es un tema que trataremos en nuestro diálogo con funcionarios cubanos” —las negritas son mías.

Por las líneas que acabo de redactar, comparto con mis lectores/as una percepción del asunto en causa.

Así, me di a la tarea de precisar qué se entiende a escala general por Trata y tráfico de personas, y encontré la siguiente alusión: el primer término, a la utilización, en provecho propio y de un modo abusivo, de las cualidades de una persona; al paso que tiene lugar la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener su consentimiento con fines de explotación. Para que ello se haga efectivo, los tratantes deben recurrir a la captación, el transporte, el traslado, la acogida y la recepción de involucrados/as. Todo, con acciones amenazantes, el uso de la fuerza y otras formas de coacción, el rapto, el fraude, el engaño y el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad —las negritas son mías.

Sobre el segundo término, hallé que el tráfico de personas está relacionado con el comercio de migrantes o sea, la facilitación de la entrada ilegal de una persona en un Estado del cual dicha persona no sea nacional o residente permanente con el fin de obtener, directa o indirectamente, un beneficio financiero u otro beneficio de orden material; que los seres incluidos en esta categoría, se ven obligados a ponerse a merced de las redes criminales internacionales y se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad y expuestas a todo tipo de vejámenes y maltratos —las negritas son mías.

Entonces, formulé las siguientes preguntas:

¿Quién puede presentar la prueba de que tenemos “un modo abusivo” y/o hacemos gala de “acciones amenazantes, el uso de la fuerza y otras formas de coacción” a quienes laboran en suelo nacional u otra parte del mundo? ¿Será que en la cabeza de alguien está que los miles y miles de trabajadores/as que con su sudor han aportado/aportan a los fondos desde donde sale moneda dura para el quehacer gubernamental a favor del pueblo y, sin embargo, la retribución directa que reciben se aproxima poco a la contribución, clasifican en el trabajo de marras?

Incluso, no debemos descartar otras interrogantes para las autoridades yanquis —por lo menos:

¿Por qué el Gobierno gringo se excluyó de la lista en cuestión, si Granjeros de Alabama han pedido trabajo forzado de los presos en las cosechas (ellos intentaron aprobar una legislación que les permitiera obtener ese tipo de trabajo desde la prisión local, comenzando por los reos elegibles para programas de libertad con trabajo, “para ayudar a las granjas a llenar la brecha y encontrar suficiente mano de obra”)?

¿Habrá caído en saco roto la Ley de Ajuste Cubano Made in USA causante de la muerte de un sinnúmero de personas? ¿Es mentira que Washington alberga a personas implicadas en hechos de sangre en La Habana o que confesos Terroristas como Posada Carriles se pasean sin problema alguno por las calles de Miami?

Pienso que es suficiente con las incógnitas que he compartido con usted. Apenas agrego que es simplemente inaceptable que la Mayor de las Antillas fuera incluida en una manipulada lista del tema en cuestión. El Caimán Verde carece de evidencia para encausarlo en un escenario de tráfico de persona. Jamás la Mayor de las Antillas debió estar en una lista sobre tal asunto. Es una ofensa afirmar que “Cuba no cumple completamente con los estándares mínimos para la eliminación del tráfico de personas”; su obra Humanística habla por sí misma. Y afín de cuenta, a la mencionada subsecretaria de Estado Sarah Sewall, es mucho lo que nosotros podemos reclamarle en tal sentido.

 

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