Cuba: el muro de los lamentos y otras lágrimas

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Riflexiones

Yo no soy economista, ni contable, pero tengo la impresión de que la economía cubana, a pesar de la famosa actualización del modelo, sigue acuclillada y no logra erguirse: la zafra azucarera no cumplió su ridículo plan de producción, el transporte público está de nuevo en crisis, la agricultura no acaba de enrumbarse, los precios en aumento, los salarios perdiendo su poder adquisitivo, el fondo habitacional sigue deteriorándose, el primer pozo petrolero no dio combustible ni para una fosforera y asistimos a una falta alarmante de medicamentos.

En ese contexto la Aduana General de la República reactiva el cobro de alimentos que se introducen en el país, es decir, como la Aduana no es un ente independiente, ha sido el estado responsable de tal medida, y me pregunto ¿por qué en su lugar no aumentó el precio a la pacotilla que entra por el aeropuerto internacional y que posteriormente se vende a precios exorbitantes por los cuenta propistas en las calles de Cuba? ¿Qué es más importante: comer o vestirse?

Con solo observar los comentarios de los lectores en la página oficialista Cubadebate cuando dio a conocer la decisión,  puede  uno imaginarse las barbaridades que se comenten en el país por la actual dirección y el malestar que ha ocasionado a la población.

¡Horror! En el momento que comento esta medida veo en el noticiero estelar de nuestra televisión nacional, cómo a su reportera estrella para los problemas nacionales le impiden el acceso a varias tiendas recaudadoras de divisas, una de ellas administrada por una corporación militar.

El noble objetivo de la periodista era informar al pueblo del porqué de los aumentos de los precios y el desabastecimiento de alimentos en esas tiendas. La decisión de los gerentes de esos comercios pone en entredicho el reclamo hecho por nuestro Presidente, en el pasado Congreso del Partido, cuando exigió a nuestra prensa brindar información veraz a nuestro pueblo.

Ante este hecho me pregunto ¿Quién manda aquí, la burocracia o el gobierno?

Indiscutiblemente que los cubanos asistimos a una readecuación de la filosofía y estrategia estatista, caracterizada por el control político de un grupo sobre el estado teniendo en miras una  sociedad de democracia y libertad reducidas, dirigido todo a un cambio del modelo clásico de socialismo de Estado a otro más cercano a las experiencias autoritarias y semi-capitalistas asiáticas, con igual control de un grupo y libertad y democracia reducida sin las correspondientes socialización  y reformulación en sentido libertario  de derechos y mecanismos de participación ciudadanos.

Asistimos más a una especie de liberalización económica con ampliación de pequeños espacios de acción individual en esa esfera que a una democratización relevante e institucionalizada. En este fin, el mercado amplía su presencia sin que ello signifique una disminución drástica de la capacidad de la burocracia para imponer su dominio sobre el pueblo.  La idea que subyace en estas reformas es que un país con algo más de pan con aceite es más gobernable y manipulable.

Cualquier estrategia de izquierda, frente al proceso de reformas en la Cuba actual, debe insistir en alternativas tanto al orden vigente como a los embrujos pro capitalista. Insistir en la defensa de las conquistas de la Revolución beneficiosas para el pueblo y en nuevas propuestas socializadoras, libertarias, democráticas y solidarias, como políticas que permitan la mayor participación de los trabajadores en empresas estatales y formas autogestionarias en esa área, anti burocráticas y anti monopólicas, de libertad informativa y transparencia, rendición de cuenta y participación de la gente en la toma de decisiones a todo nivel. La izquierda cubana “del Siglo XXI” por otra parte, tendrá que asumir la defensa de los afectados por las reformas, y que se sumarán a los miles de trabajadores y localidades del país ya empobrecido por las políticas erróneas anteriores.

Una simple hojeada al muro de las lamentaciones, dos páginas que dedica Granma cada viernes para que la población publique sus criterios, nos da una pintoresca imagen de lo que sucede en nuestro país.

Este viernes 8 de junio J.C. Mora Reyes argumenta que si la respuesta a los problemas se hace esperar o no resulta convincente sobreviene el descrédito y apoya otro artículo en el que otro cubano, B. J. Gómez Hernández, afirmaba que no es la denuncia la que pondrá fin a la especulación de los cuentapropistas y otros delincuentes en nuestras calles, sino la acción resuelta de las autoridades que tienen el encargo de enfrentarlas.

Según Mora Reyes, la denuncia pública que desde hace rato aparecen publicadas en el diario, no tendrá efecto si persiste la tolerancia, morosidad, incapacidad, facilismo o desinterés por parte de las autoridades sobre esas manifestaciones.

Otro cubano, J.P. Granados Tápanes se pregunta en otra carta este viernes a Granma ¿Trabajador por cuenta propia o trabajador por extorsión?

“Es doloroso –manifiesta Granados Tápanes- ver como mercancías  de todo tipo, en muchos casos subvencionadas por el estado con precios hiperbolizados y otras provenientes del mercado de fronteras en divisas, se exponen públicamente y se comercializan a precios inflados por personas con licencia de trabajo por cuenta propia  o piratas del comercio que además de burlar la política  de impuestos impúdicamente, de burlarse de las leyes, son responsables de que la capacidad de compra del salario de un empleado cubano de cualquier esfera de la economía se deteriore cada vez más y rinda menos”. (1)

Finaliza Granados expresando que estas ilegalidades atentan contra la vida del cubano y hay que ponerles coto y se pregunta ¿Qué tenemos que esperar? ¿Se requiere de alguna seña?

La seña ya fue dada, lo que sucede que es tan imperceptible para el pueblo que no la han cogido: capitalismo chino en acción en el que no importa el color del gato, sino que cace ratones.

Otras cartas de este viernes protestan por la aplicación de la territorialidad en los impuestos, que hoy por hoy obligan a un barbero o a un rentista de Pinar del Rio a pagar la misma contribución como el que vive en polos turísticos con

una clientela pudiente y abundante.

Otro, E.L. Verdecía escribe preocupado por los camiones transportistas que adolecen de las condiciones mínimas para la seguridad del pasajero. Hoy por hoy el cubano se transporta en esos camiones casi como si fueran reses. La diferencia radica en que hay dos tablones que sirven como asientos.

Otro se queja de las ineficiencias y maltrato al cliente por parte de ETECSA, otro cubano propone acabar con la malversación y el maltrato al público en el servicio de transportación a pasajeros innovando y creando nuevas formas de cobro y solo una sola carta ponderando el buen servicio a la empresa de gas manufacturado de Playa.

Desde hace rato que el cubano no ve una señal positiva en el horizonte y yo no soy economista ni contable, pero no hace falta serlo para afirmar que desde hace rato la mesa del cubano está de luto.

francotiradordelcauto@yahoo.esl-a

  1. Realmente no se le puede achacar al cuentapropista la culpa por la cual el trabajador cubano nada pueda hacer con su salario. El principal responsable es el estado que no controla. Cuando el cuentapropista, en contubernio con el tendero de la tienda de recuperación de divisas, compra el producto lo hace a precio de venta. Él lo tiene que revender por encima de ese precio y lo logra porque compra todo lo que vino a la tienda y el producto cae en falta en el mercado.  Esa es la labor del especulador, profesión tan antigua como la prostitución, y a la que acude el vago y el delincuente como forma de vivir sin doblar el espinazo. Por su parte recuerden que el estado le aplica el 240 por ciento a los productos que vende en las tiendas de recuperación de divisas, esto es lo que realmente destimbala el salario del obrero.