Cuba: el compromiso real con los derechos humanos

La monumental campaña mediática lanzada contra Cuba por Estados Unidos tiene su talón de Aquiles precisamente en el tema escogido para atacar a un país que ha demostrado un compromiso real con los derechos humanos.

&nbsp Cargando sobre sus hombros la ejecución de guerras de exterminio masivo desde Hiroshima hasta Afganistán, Washington carece de autoridad moral para trazar pautas a los cubanos sobre el respeto y la promoción especialmente del derecho a la vida.

Bastaría mencionar los intentos de sucesivas administraciones norteamericanas de provocar una catástrofe alimentaria en Cuba con los sabotajes a centros de producción agrícolas y pecuarios junto al más largo bloqueo económico, comercial y financiero que se recuerda en el mundo.

Lanzar una guerra bacteriológica contra el ganado, negar la posibilidad al país caribeño de adquirir en el exterior medicamentos y alimentos necesarios para la población, y apoyar el sabotaje en pleno vuelo de un avión comercial cubano, dicen bastante de lo que entiende Estados Unidos por respeto a los derechos humanos.

Pero la más importante respuesta a una campaña que ha sido permanente está en el propio accionar de Cuba y no sólo en la garantía del acceso de su pueblo a todas las oportunidades posibles de alimentación, estudio, trabajo y desarrollo cultural.

Cuba defiende también esos derechos de otros pueblos con la presencia de decenas de miles de médicos y trabajadores de la salud en más de 70 naciones del planeta, quienes prestan servicio en los lugares de más difícil acceso y condiciones más complejas.

Estados que han sufrido desastres naturales, como los ocurridos en Haití y Chile recientemente, conocen de la mano amiga de los médicos cubanos, ahora también empeñados en realizar estudios de carácter genético a miles de discapacitados en Nicaragua, Ecuador y Bolivia, entre otros.

Más de un millón de latinoamericanos pobres ha recobrado o mejorado la visión mediante operaciones gratuitas realizadas por especialistas cubanos, mientras miles de maestros de la isla antillana han dado sólidos golpes al analfabetismo en naciones de Latinoamérica y de otras latitudes.

Ese cumplimiento de un compromiso real con el respeto de la vida humana como principal derecho, es el blanco de una nueva, enorme y costosa campaña que como las precedentes está condenada al fracaso.

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