Cuba. El cambio de mentalidad o la machacadera ideológica

Riflexiones

La nueva apertura en Cuba nos trae al escenario una pléyade de intelectuales que se suben a la carroza del oficialismo, por supuesto, se encaraman de un salto, sin ayuda de las manos, que están muy ocupadas en el aplauso servicial, fervoroso y prolongado,  síntoma más de la perrería que del pretendido análisis serio y profundo con el que nos pretenden embaucar. 

Ya en otro artículo me referí a un distinguido profesor de nuestra universidad habanera  que nos quiere pasar por debajo de la puerta como positivo en nuestra sociedad la necesidad de que existan diferencias de clase, incluso nos habla de la permisividad de la pobreza. Hoy tocaré una conferencia de abril del 2012, impartida por el profesor Manuel Calviño.

Esta última me llega mediante USB que circula ilegal por el país, casi año y medio después de pronunciada, y se titula “Taller de preparación de Jefes y sus reservas con el tema: ¿es posible cambiar la mentalidad?”.

Para serles sincero, a mí nunca me gusto Calviño ni sus ponencias televisivas porque me recordaban a Clavelito, y que me perdone este personaje desde el más allá, porque realmente el nunca pronunció discursos o impartió conferencias para embaucar a nadie, sino que te dejaba al libre arbitrio que le creyeras a no su intento de curación.

Calviño tenía su audiencia asegurada, como él dijo, cuando en Cuba había dos canales de televisión, ahora que hay cinco tendrá que pulirla para ser más creíble. Mientras tanto, tiene segura la audiencia de una tercera edad que se recrea ante la TV mofándose hasta de la grandilocuencia que se perfila en algunos de nuestros comentaristas en los noticieros o para determinar la loquería o salida del closet de algunos comentaristas deportivos gritando gol con cincuenta o: gooooooooooooooooooooooooooooooool.

Si no tuviéramos referencias del profesor Calviño, seriamos bastante críticos con sus ideas, pero como las tenemos, y conocemos  su profesionalidad y conceptos progresistas, solo diremos que el escenario evidentemente  no era muy adecuado a aceptar audacia en las ideas. Suponemos entonces que el profesor se esmeró en el cuidado verbal y en la no extensión de los contenidos. Esta comparecencia peca en exceso por una pleitesía in extenso al discurso pronunciado por nuestro presidente por aquella fecha acerca del cambio de mentalidad, al unísono peca por defecto ser un serio análisis de los problemas que aquejan a nuestra sociedad, por lo que la intención profesional de Calviño queda en el aire. No puedes pedir seriedad y profundidad cuando los argumentos que utilizas poco tienen de sensatos.

Y es que cojean las hipótesis y tesis de Calviño de la pierna izquierda, que luce flácida y débil, mientras la pierna derecha es rolliza y fuerte. Como les decía anteriormente en otro artículo, si la burocracia ha inventado lo del auto bloqueo para escudar tras ella sus perversas intenciones, esto del cambio de mentalidad recorre el mismo sendero.

Así que ahora, lo que estaba mal era la forma en que pensamos y hacíamos las cosas, no el sistema que pretendíamos construir. Acaba de convencerte Calviño, que nos sucedió lo que al gallego,  que pretendía hacer una bicicleta y terminó construyendo un afilador de tijeras.

Según Calviño, en su discurso el presidente se refirió al cambio de mentalidad, sobre todo en el Partido. ¿Por qué en el partido? Precisamente, explica,  porque  “el  Partido es la vanguardia. Si la vanguardia no cambia, la tropa no cambia. Existe una barrera sicológica que impide el cambio de mentalidad, esa barrera sicológica ha sido creada durante largos años en el desarrollo de misiones dogmáticas  y obsoletas”.

Resume extrañamente Calviño nuestra historia de un plumazo en “misiones dogmáticas  y obsoletas” y según él, estas son las causas de nuestra mentalidad podrida. Yo que de sicólogo no tengo un pelo, salvo que algunos dicen que estoy medio loco, supongo que nuestro problema no es de mentalidad, sino en primer lugar, de concepciones; en segundo lugar, de pretensiones; y en tercer lugar, de miedo a la democracia y a la socialización de la propiedad.

De concepciones, porque creíamos que hacíamos el socialismo y nos pasó como al gallego del amolador de tijeras, por lo que debemos cerciorarnos primero de saber que es socialismo y llegar a la conclusión marxiana que sin democracia verdadera y predominio de la propiedad social no hay socialismo. Y aprovecho para pedir de favor a nuestros jefes que no se refieran más a que en Cuba la propiedad es social, cuando realmente es estatal: un solo dueño: el estado que está en manos del partido.

Pretensiones, porque nuestra dirigencia pretendía creer tener toda la verdad en sus manos y para ello acaparó todo el poder y al hacerlo verificó in situ que el poder es riquísimo y a esas mieles solo tenían acceso los fieles. La plebe a beber ron o cerveza, de mieles, ni de caña.

Y en tercer lugar, el socialismo, como fue concebido, atentaba contra la concentración del poder en pocas manos, racionaba las mieles por la libreta, para repartirla equitativamente, ponía a emigrar a los líderes mesiánicos, y no pretendía que la patria, la soberanía, la independencia,  los parientes  y arientes, el sexo y casi todo, se identificaran con un partido.

Y le pregunto a Calviño: ¿Qué es una vanguardia sin pueblo? Pues nada más y nada menos que un grupo de locos. Le pregunto a Calviño ¿cómo poder ser una vanguardia sin control de los medios masivos de comunicación, de la educación y la propaganda?  Porque ser vanguardia como se es hoy en Cuba, es algo muy fácil. Y Calviño da un espaldarazo a esa vanguardia y manifiesta su firme creencia que si cambia la mentalidad de esa vanguardia todos los problemas estarán resueltos. Más ingenuidad ni en un párvulo acabado de nacer.

Para Calviño, cambio de mentalidad es modificar en lo que creemos y hacemos y afirma que muchas de las teorías del cambio, muchas de las misiones del cambio, suponen la sustitución del todo. De entrada yo no quiero ser sustituido y mucho menos cambiar mi mentalidad, porque mi aspiración es cambiar la realidad, mi entorno y las concepciones del socialismo erróneas que han destruido nuestro país. Me dan  mareos y no puedo caminar por los bordes de un precipicio.

Calviño olvida que ya los comuneros habían resuelto ese problema al que Calviño quiere dar soluciones sicológicas en pleno Siglo XXI. Yo le propongo a Calviño la siguiente tarea de campo: propóngase que una mata de mangos dé manzanas. Vaya diariamente y récele diez oraciones y enciéndale 100 velas. En ese periodo logre hacer manifestaciones delante del árbol donde se hagan rogatorias por los participantes para que el árbol de mango produzca manzanas. Verá como al cabo del año, comerá los mismos mangos de siempre y la manzana tendrá que ir a comprarla en divisas al mercado.

Los comuneros ya habían resuelto ese problema cuando decidieron el respeto y la extensión de las libertades comunales, lo que no es más que la descentralización y horizontalidad del poder; la elegibilidad y la revocabilidad de todos los funcionarios, incluyendo los jueces, hoy derechos que detenta el partido y esa vanguardia que ensalza Calviño. Y por último, la fijación para los funcionarios estatales de sueldos no superiores al salario medio de un obrero. Con tales medidas usted verá de inmediato un cambio de mentalidad de esos funcionarios y no será necesario decirle al mango que nos dé manzanas.

Engels calificó a la burguesía republicana de aquella fecha como cobardes por no haberse atrevido a implantar tales medidas que echaban los cimientos indispensables para la liberación de la clase obrera y de la misma forma podemos llamar a los partidos comunistas que estando en el poder en el Siglo XX y lo que va del XXI no lo hicieron.

Según Lenin, la Comuna intentó desbaratar y destruir hasta sus cimientos el aparato estatal burgués, el aparato burocrático, judicial, militar y policiaco, sustituyéndolo por una organización de masas de autogobierno de los obreros. Enseñanzas perdidas hasta ahora, en las que el partido  ideó otro aparato burocrático, pero menos democrático y más verticalista, pero nunca socialista. ¿Será eso un problema de mentalidad o de intereses espurios? ¿Serán falsas concepciones socialistas? Pero mientras el palo va y viene los de arriba bien, y mientras estén bien no verán la necesidad de cambiar su mentalidad y seguirán confundiendo el mango con la manzana.

El lenguaje cantinflesco se pone de moda, veamos: “Es como cuando es necesario cambiar la batería porque ya no funciona. Entonces se saca la batería vieja  y se pone la nueva. Y aquí no estamos hablando de poner o quitar nada, estamos hablando de hacer las modificaciones adecuadas  y que son necesarias”.

 ¿Qué es lo adecuado y necesario? Calviño se pasa con fichas. Y obvia que lo que hay que botar es la linterna, porque las pilas están sanas.

Asegura Calviño que  “las cosas tienen que ser cambiadas, modificar ciertas formas de ver, de pensar y actuar sobre la base de mantener otras. Y que lo que no se puede permitir es que en aras del cambio se pierdan las esencias, por lo que debemos sobre la base primaria buscar otras formas de actuar y de pensar. Debemos pensar en el cambio preservando las esencias. Cuando las superficies no cambian   terminan enmoheciendo las esencias y es un riesgo que no debemos correr para poder responder al llamado del cambio de mentalidad. La mentalidad productiva, eficiente, buena para un contexto histórico, se convierte en barrera, en ineficiencia, en improductividad para otro momento histórico”.

Desde hace años, desde que se lanzó ese slogan de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado  no hay quien me haya dicho que es lo que hay que cambiar y usualmente se cree que los que tienen que cambiar son los de abajo. Bueno, ya lo decía Baruch Spinoza, filosofo del Siglo XVII. Según Spinoza la muchedumbre es terrible cuando carece de temor por lo que no debe extrañarnos  que los profetas, atendiendo a la utilidad común, no a la de algunos, hayan recomendado tanto la humildad, el arrepentimiento y el respeto. No en vano recientemente han calificado al cubano de mal educado, indisciplinado, ladrón y un largo etcétera. Parece que esa es una de las cosas priorizadas a ser cambiada y no las concepciones sobre la construcción del socialismo que tiene nuestra vanguardia.

Calviño ronda el problema, pero no lo define ni lo enfrenta. El se preguntó ¿Cuáles son las dificultades para tener una mirada crítica para sus experiencias, una cosa que se llama resistencia a cambio. Todo el que se beneficia de una condición hará lo imposible para que esa condición no cambie?

Por supuesto que hay resistencia al cambio, pero en primer lugar porque hasta hoy nadie ha definido hacia donde vamos y en que consiste el cambio. Tal es la confusión, que como recordé anteriormente, hay quienes creen en la necesidad de la diferenciación de clases y la necesidad de la pobreza para salir del estancamiento actual, es decir, pretenden utilizar mecanismos capitalistas para construir el socialismo. Hay resistencia al cambio, porque hace 20 años que todas las medidas tomadas por el estado van en detrimento de la población, y los logros obtenidos se deterioran como la salud y la educación. Si no se define hacia donde cambiamos, solo los aventureros ingresaran en las filas de los crédulos, y el que está en desventaja quiere saber si el cambio es para peor o para mejorar. El que está mejor es quien dirige el cambio, así que no está preocupado.

En su conferencia Calviño expuso algo muy positivo cuando dijo que “a las personas no se les evalúa o valora, se les escucha. Luego son los resultados de esa escucha lo que nosotros sometemos a valoración.  Si nosotros pensamos que la persona es el problema  estamos fritos. No hay nada más difícil que cambiar a una persona. Sin embargo, cuando nosotros cambiamos los problemas, cambiamos las conductas, entonces las personas cambian”.

Pero aquí descarta la sordera de la vanguardia. Están sordos de cañón y para ellos el problema es la persona y lo que piensan, porque pensamos diferentes. Para ellos desde 1989 la disyuntiva no está en salvar al socialismo, sino en salvar al estado y mantenerse en el poder y tratar de embutir en las mentes de las nuevas generaciones su filosofía de la vida, de cómo ejercer el poder, la raquítica democracia y del falso socialismo.

Ninguna de estas apreciaciones de la nueva izquierda socialista se ve en la comparecencia de Calviño y ni en la del  resto de los profesionales que tienen acceso a los medios masivos de comunicación en nuestro país, como si el compromiso con el estado les hubiera obligado a una extracción quirurgica del lóbulo izquierdo del cerebro.

Y endoso y hago mía la última frase de Calviño en su exposición. “Nuestra historia está plagada de evidencias de que cuando nos proponemos hacer una cosa la hacemos y necesitamos hacerlo. Es demasiado bueno lo que logramos en 50 años para ahora echarlo por la borda”.

 francotiradordelcauto@yahoo.es

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