Cuba. Economía en época de innovación

Quizás usted coincida con Francis Bacon, aquel ilustre inglés de mentón rematado con un chivo. “El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador”. Lo advertía desde el lejano siglo XVII y su sentencia parece escrita para este minuto de Cuba.

La economía de la isla caribeña transita por un vía crucis. El impacto de la COVID-19 llegó a los cimientos del país, que reportó un aumento de aproximadamente 1 000 millones de pesos destinados a Salud Pública, los centros de aislamiento, los alimentos, el transporte y las garantías salariales, con un objetivo: salvar vidas.

Cuba no vive aislada del mundo, cuya economía está en caída libre por la pandemia. El efecto dominó “juega” sucio. Por la contracción del mercado internacional, las exportaciones de la Mayor de las Antillas están en aprietos: los precios del níquel y del azúcar andan de mal en peor; la demanda de tabaco y ron cubanos ha disminuido sensiblemente.

Las importaciones no han dejado de ser un dolor de cabeza; los precios de los alimentos básicos van en ascenso. En reciente Mesa Redonda, autoridades del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera informaron que la leche y el arroz han incrementado su precio en el mercado.

Para colmo de males, el recrudecimiento del bloqueo del Gobierno de Estados Unidos se ha convertido en una carta electoral para Donald Trump de cara a los comicios presidenciales de noviembre próximo. Desde su entrada triunfal a la Casa, que nada tiene de Blanca, el magnate ha aprobado más de 80 medidas económicas contra Cuba en busca de la tajada: los votos de la Florida.

Bajo todas esas tempestades, Cuba sobrevive y ha dejado boquiabierto a medio mundo por su respuesta a la COVID-19. Mas, como ha apuntado el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, urge pasar de la resistencia al desarrollo sostenible, y atemperados a esa premisa, el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y el Consejo de Ministros aprobaron la Estrategia económica y social para impulsar la economía en el escenario actual.

Y vuelvo a apelar a Bacon: el tiempo y las circunstancias son los máximos innovadores. Replanteos, cambios, perfeccionamientos sintetizan el espíritu de dicha estrategia, que no salió de la nada, al estar conectada con otros documentos rectores ya aprobados. Lo informaba Díaz-Canel y vale reiterarlo: las transformaciones en marcha demandan la aplicación de 209 Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

No asistimos a un paquetazo a la usanza neoliberal. Entre las medidas anunciadas por el Gobierno pueden citarse el funcionamiento de micro, pequeñas y medianas empresas estatales, privadas y mixtas; la posibilidad de exportar e importar al sector no estatal y la flexibilización del trabajo por cuenta propia, cuyos tributos contribuyen a respaldar gastos sociales.

Con la mirada en la producción de alimentos, se prevé la implementación de un grupo de decisiones para enfrentar los problemas de carácter subjetivo que atentan contra esta. Al respecto, tomará cuerpo un ordenamiento del sector con miras a mejorar las relaciones entre las entidades estatales y su vínculo con la base productiva. El logro real de la autonomía de la empresa estatal, tan reclamado como retardado, sería un catalizador en el necesitado aumento de las ofertas alimentarias.

En los límites del Comercio Interior, el Ministerio de Economía y Planificación anunció que Cuba trabaja en el diseño de un mercado mayorista con ofertas en Moneda Libremente Convertible (MLC) tanto para la base productiva como para el sector no estatal. Al menos, por ahora, es una realidad la ampliación de las ventas minoristas en MLC, en determinados establecimientos y centros comerciales pertenecientes a la Cadena de Tiendas Caribe y la Corporación Cimex; medida que, si bien ha tenido detractores porque favorece solo a un segmento poblacional, permitirá captar divisa con fines sociales.

Habrá tiempo para mirar con lupa las acciones implementadas, algunas de las cuales presuponen riesgos. Diagnosticar oportunamente las posibles distorsiones será un desafío constante, como, también, evaluar la repercusión política y social de cada medida aplicada para darle aire a la economía, blanco, además, de actos de corrupción y de delitos diversos, con un impacto no desestimable en su desempeño. Enfrentar a quienes medran a costillas del Estado resulta consustancial a la época de cambio, de innovación, que se avecina.

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