Cuba: debate sobre escenarios para la transformación socialista

Cuba

Escenarios para la transformación socialista

Dónde seguimos y hacia dónde ir

El debate acerca de la viabilidad de la economía cubana, de su modo y relaciones de producción exige el rigor analítico de las contradicciones propias de su sistema socioeconómico.

Las interpretaciones de las últimas reflexiones de V.I.U.Lenín acerca del modo de producción hacia el que debía derivar el estado soviético, traen al debate el papel de las cooperativas en la construcción de la economía socialista. Sin embargo, la realidad socioeconómica de Cuba no puede ser analizada asumiendo como dogmas las ideas de Lenin concernientes al acontecer de la revolución bolchevique. Pensar en términos del materialismo dialéctico significa cuestionar todo conocimiento de la realidad que desdeña los significados histórico-concretos.

No es sostenible la extrapolación acrítica de la idea de Lenin sobre el cooperativismo como el atributo determinante del Socialismo en tanto formación socioeconómica. Ni mucho menos la idea del cooperativismo como piedra fundacional de un socialismo republicano.

Si el análisis de la realidad sociopolítica cubana actual no es capaz de discernir lo específico de la misma, lo particular de su especificidad, no se podrá intentar con acierto la inducción de lo general, la conceptuación de la idea ni, por lo tanto, la deducción de las proyecciones programáticas concretas.

¿Están dados los problemas internos actuales del proceso sociopolítico cubano por contradicciones antagónicas de clase?

Si se evita plantear ese cuestionamiento se estará anteponiendo la doctrina ideológica ante el pensamiento crítico. De la explicación a dicha interrogante depende el que la idea de Lenin sobre el cooperativismo sea asumida como dogma o como objeto de análisis crítico y así mismo como instrumento para el conocimiento de lo particular.

La respuesta a la interrogante anterior es definitivamente negativa. Las contradicciones internas del proceso sociopolítico cubano no están dadas en términos de contradicciones de clase. En consecuencia, tampoco existe el problema del antagonismo de las contradicciones de clase como objeto de atención particular.

Es elemental entender que la formación de clases sociales está dada por la posición que logran grupos de intereses con respecto a la propiedad sobre los medios de producción. Dicho esto, dejemos sentado que la expresión “medios de producción” no refleja con profundidad la naturaleza del modo de producción. El modo de producción se yergue sobre todas las condiciones que permiten la reproducción de la materialidad y la espiritualidad del ser social. Las clases económicas dominantes no se apropian solamente de los medios de producción, sino de todas las condiciones de la reproducción de la condición humana. Se apoderan de los medios de producción, de los medios de comunicación, de los partidos políticos determinantes y del capital. Bajo su dominio queda tanto la estructura económica como la superestructura política del estado. Y esa esencia política del sistema socioeconómico capitalista no la cambian las democracias burguesas contemporáneas.

La Revolución cubana de 1959 resulta la reacción a las contradicciones antagónicas de clase que hasta ese momento venían determinando la naturaleza de la formación socioeconómica capitalista. La Revolución constituye una ruptura con las premisas de tales contradicciones porque, precisamente, provoca un cisma en el sistema socioeconómico soportado sobre la división de la sociedad en clases, unas dominantes, las otras dominadas. Esa es la consecuencia sistémica más profunda de la Revolución cubana. Con la nacionalización de las propiedades de compañías privadas extranjeras y criollas y, más tarde incluso, con la nacionalización o liquidación de prácticamente toda propiedad familiar y de la pequeña propiedad sobre medios de producción (no analizamos ahora si racionalmente o no), desaparece el soporte económico de la estructura clasista de la sociedad cubana. La pequeña propiedad campesina que subsiste no retiene peso alguno en la nueva estructura social. La gran mayoría de los trabajadores del campo se han convertido en obreros agrícolas. Esos son los hechos histórico-concretos. Absolutamente nada que ver con las relaciones socioeconómicas específicas que persistían en la Rusia en época de la revolución liderada por Lenin.

Si el cooperativismo era visto como un brote socialista sucedía así porque justamente brotaba dentro de relaciones socioeconómicas de carácter capitalista. Esas son las circunstancias histórico-concretas que condicionan entonces el pensamiento de Lenin. Es por ello que la idea del cooperativismo en Lenin se ajusta al significado que K.Marx le atribuye en sus análisis acerca de las relaciones socioeconómicas que se dan en el modo de producción capitalista. Y no hay duda que la propiedad cooperativa constituye una forma avanzada de socialización de la propiedad dentro del capitalismo. Pero ello no autoriza en ningún momento a interpretar la propiedad cooperativa como el atributo distintivo de lo que lleguemos a considerar una formación socioeconómica socialista.

Es el propio Lenin quien advierte sobre la susceptibilidad congénita de la propiedad cooperativa para derivar hacia formas capitalistas de organización de la propiedad. Da cuenta de ello cuando recuerda la potencial evolución de las cooperativas hacia sociedades accionarias u otras manifestaciones afines. Es así por la sencilla razón de que la propiedad cooperativa deviene en esencia una forma de propiedad privada. Su concepción no supera la idea de propiedad privada capitalista. Ese derecho de propiedad privada/colectiva legitima a sus dueños para disponer de la misma de acuerdo, primeramente, a sus intereses particulares. Los intereses particulares del grupo propietario están por encima de los intereses de la comunidad.

Postular la transición de la propiedad privada tradicional capitalista a la propiedad cooperativa significaba un paso de avance extraordinario en la transformación del modo de producción (pre)capitalista contra el que se enfrentaba la Revolución de Octubre. Ese tránsito la Revolución cubana lo resuelve de manera revolucionaria, mediante una ruptura radical con el sistema de propiedad burguesa.

Ello es justamente lo que se ignora cuando se persiste en definir el modelo sociopolítico cubano como un capitalismo de estado. Con dicha afirmación se da fe de la incomprensión sobre la naturaleza de los cambios sociopolíticos que establece la Revolución cubana.

La propiedad privada capitalista en Cuba ha dejado de existir. Dejaron de existir por lo tanto las premisas que dividían la sociedad cubana en clases. Las premisas que estratificaban a la sociedad cubana en dependencia de la posición con respecto a la propiedad de los medios de producción, en particular, y en general con respecto a las condiciones de reproducción material y espiritual de la propia sociedad.

El nuevo estado que se instituye con la Revolución cubana no se soporta sobre las condiciones socioeconómicas que dividían a la sociedad en clases. El nuevo estado revolucionario deja de ser por su naturaleza social un estado capitalista. El sistema de propiedad capitalista sobre el que se soportaba el estado burgués ha sido desmontado. Por lo tanto, no es posible conceptualmente atribuirle al nuevo estado revolucionario un carácter capitalista. No es posible hablar de capitalismo de estado en Cuba para calificar o definir el estado cubano actual, el estado que surge a partir de la negación del estado capitalista. Con el nuevo estado revolucionario desaparece no sólo el sistema de propiedad privada capitalista, sino además, toda la institucionalidad burguesa sobre la cual se soportaba y sin la que ningún estado capitalista podría funcionar como tal.

El nuevo estado revolucionario se arma sobre un sistema de propiedad no-privada. Se nacionalizan los medios de producción y se conforma una nueva institucionalidad. La propiedad, en esencia, pasa de ser un sistema privado a conformar un sistema estatal. La propiedad es teóricamente de todos. El sistema de propiedad estatal queda en una relación filosófica cercana a la idea de la no-propiedad, pero solamente cercana. Precisamente, la apropiación cooperativa de los medios de producción es una de las formas que objetivamente niegan la idea de la socialización de la propiedad en tanto idea de no-propiedad. Dentro de las relaciones socioeconómicas del modo de producción cubano actual, la propiedad cooperativa constituye una extensión de la idea de propiedad privada capitalista. Esto es lo que establece la diferencia en el análisis histórico-concreto de la realidad socioeconómica.

La estatización (en esencia) de la propiedad en Cuba constituye un tránsito obligado por las condiciones histórico-concretas hacia la socialización de la propiedad. Es así como amerita ser reconocido políticamente. Es un tránsito porque con la estatización de la propiedad no se elimina la relación del trabajo asalariado. La relación salarial permite ejecutar la acumulación centralizada de capital y la subordinación de la fuerza de trabajo. Pero en ningún caso es una acumulación privada ni mucho menos excluyente de capital, tal como se da bajo el sistema de propiedad privada.

Las argumentaciones expuestas permiten identificar la modelación sociopolítica cubana actual como un socialismo de estado. Hay dos factores que deciden que así sea: 1) La idea de lo socialista se basa en la redistribución equitativa del producto (la renta nacional); 2) la redistribución se hace desde un estado, cuya institucionalidad (y esto es importante) no se establece en función de un modo de producción regido por el sistema de propiedad privada.

He fundamentado en disímiles análisis que la eliminación de la relación salarial no pone por sí solo coto a la contradicción antagónica entre capital y trabajo. Dicha contradicción nunca ha estado dada por la relación salarial, sino por la apropiación privada, excluyente por definición, de las condiciones de reproducción de la sociedad y, en particular, por la apropiación privada del producto del trabajo social. La relación salarial es únicamente un instrumento. Es el sistema de propiedad privada y no la relación salarial lo que determina el antagonismo de la contradicción capital/trabajo. Porque en primer lugar se posee como propiedad privada la fuerza de trabajo ajena, a la que se puede extorsionar. Y es por ello que la propiedad cooperativa, en tanto forma de apropiación exclusiva, mantiene latente dicha contradicción a nivel de sistema, aún cuando transforme la relación salarial hacia su seno.

Si la propiedad cooperativa constituye un brote de socialización de la propiedad en el capitalismo, en el modo de producción socialista permanece como un elemento contradictorio. Lo cual no quiere decir que sea un elemento incompatible con el tránsito hacia relaciones socialistas de producción. Sino un elemento a ser negado dialécticamente por el desarrollo de relaciones de producción, intercambio y distribución socializadoras.

La cooperativa constituye una forma de eliminar la división clasista entre propietario y productor. Sin embargo, no pasa de expresar una relación de propiedad privada ejercida por colectivos de productores. Esos trabajadores tienen la posibilidad de asociarse libremente y transformar la relación asalariada del trabajo hacia su seno, pero no se liberan de la necesidad de la relación salarial con la fuerza de trabajo que no pertenezca al grupo propietario. Por consiguiente, no se liberan del imperativo de la expropiación del plustrabajo ni del fetichismo burgués sobre la propiedad.

En el consciente de los trabajadores cooperativizados no se opera un cambio del modo de apropiación tal que favorezca un cambio cultural en la percepción de la participación social. Porque no cambia la idea política sobre la propiedad como eje, como condición sine que non para asegurar la reproducción propia y de la familia. Esta consideración meridiana entronca directamente con la idea marxista sobre la determinación de la conciencia social y sobre la relación dialéctica entre estructura económica y superestructura política. Y no es ajeno el pensamiento leninista a este respecto. Lo que ha tenido y tiene lugar hoy son interpretaciones dogmáticas de sus ideas al respecto.

Sin con la propiedad estatal el estado cubano expropia igualmente el plustrabajo, no lo hace en función de una distribución excluyente de la renta. Por lo tanto no es eso lo que está en cuestión en Cuba, si de socialismo se trata. Lo que está en cuestión es el carácter del sistema de participación social y las condiciones de su eficiencia económica. Cuestionamos el sistema estatal cubano de propiedad no porque constituya un modo de redistribución excluyente del producto, sino porque comporta (1) un déficit estructural de democracia y (2) un sensible lastre para la eficiencia sistémica de la economía y la sociedad. Ambas premisas se conjugan para hacer inexpresivo e insostenible el desarrollo socioeconómico y mediatizar la emancipación del ser social.

La transformación del sistema de propiedad estatal en Cuba exige sentar el fundamento social de las nuevas relaciones de producción.

En cuanto a lo general, las relaciones socioeconómicas pueden y deben ser relaciones de cooperación, lo cual no significa que ello se consiga sobre la base de relaciones de propiedad cooperativa. La relación de cooperación tiene razón objetiva de ser cuando no median condiciones que hagan posible la acumulación excluyente de capital. Cuando el capital no se concentra en pocas manos en desmedro absoluto o relativo del resto de la sociedad.

Lo particular exige distinguir entre producción mercantil simple y producción mercantil socialista. Por su naturaleza sociopolítica ambas formas son perfectamente compatibles con lo que podemos considerar el modo de producción socialista. Es decir, compatibles con la idea de relaciones socioeconómicas que no se armen sobre la explotación del trabajo entre congéneres. Que no se basen en la expropiación del producto del trabajo ajeno, no importa que el sujeto de la expropiación sea el estado.

Las nuevas relaciones socioeconómicas han de excluir igualmente la apropiación particular de las ganancias extraordinarias que en la economía mercantil tienen lugar, pues de lo contrario el camino hacia la concentración excluyente de capital estaría siempre abierto. Por lo tanto, el sistema de propiedad social sería mixto (diverso) en cuanto a las formas de organización y no en cuanto al principio de apropiación del producto.

La producción mercantil simple no constituye una forma de producción socialista. Sin embargo, es compatible con las relaciones socioeconómicas socialistas porque no se basa en la explotación del trabajo ajeno. La propiedad es privada, pero no existe la relación del trabajo asalariado que permite la expropiación del plustrabajo. El concepto de producción mercantil simple se explica como la incapacidad estructural de los entes productivos para generar dinámicas de acumulación que sólo pueden darse mediante la intensiva explotación del trabajo asalariado. Un ejemplo ajustado es la propiedad familiar.

No existe contradicción alguna con los presupuestos de un modo de producción socialista el que se desarrolle plenamente en Cuba la propiedad familiar. Dentro de cuyo concepto sería susceptible la formación de micro y pequeñas empresas en cuantos sectores de la economía pudieran hacerse auto sustentables.

Para entender que la contradicción capital/trabajo no tiene lugar en la producción mercantil simple es preciso saber que la multiplicación del capital privado se da gracias a la apropiación excluyente del fruto del trabajo. Que para que ello suceda es imprescindible que no exista la igualdad de derecho sobre la propiedad, circunstancias en la que se da el empleo de fuerza de trabajo ajena. Una fuerza que no pertenece al núcleo de los propietarios. Esa fuerza de trabajo “extra” (ajena) es objetivamente necesaria si se quiere expandir la producción. Si el factor tecnológico tiende a disminuir la participación humana en los procesos de producción, ello no niega que empleamos fuerza de trabajo “extra” para expandir la producción adecuadamente, no por alguna suerte de conciencia caritativa que nos lleva a “ofrecer” empleo. Y se requiere expandir la producción porque el propietario en condiciones de autogestión (o los propietarios, por ejemplo, los cooperativistas) han calculado y decidido aumentar los beneficios y con ello el bienestar particular. El instrumento que propicia aumentar los beneficios, es decir, que permite apropiarse del plustrabajo, es el salario mediante el cual se contrata (se compra) la fuerza de trabajo. Por cuanto el salario forma parte de los costos de producción, no de los beneficios. He explicado que el salario es el lastre que ha de mermarse para que la empresa capitalista tome altura. La relación entre ambas categorías económicas es inversamente (cuasi) proporcional. Cuánto menor el salario, mayor la ganancia de capital. Hacia el interior de una cooperativa puede existir una forma democrática de distribuir los beneficios, en cambio con el resto de los actores del entorno se mantendrá una relación de pugna económica.

El Gobierno cubano, por ejemplo, ha establecido que un Paladar no puede tener más de “x” pocas mesas. Se ha querido buscar de esa forma ponerle un límite a la magnitud de los beneficios del “negocio privado” en cuestión. Obviando en el análisis el otro grupo de restricciones adicionales (platos prohibidos, etc , etc), no es difícil concluir que la medida obedece al voluntarismo político del Partido y no a una concepción que emane del estudio del problema de la acumulación privada de capital.

Coincidamos en que la propiedad cooperativa puede desarrollarse allí donde la propiedad familiar ya no permite la expansión de la producción por la demanda que genera. En consecuencia, un Paladar familiar puede transformarse en una cooperativa en el proceso de su crecimiento como unidad de producción (empresa). La transformación de una micro empresa familiar (Paladar de 5 trabajadores, por ejemplo) en una pequeña o mediana empresa cooperativa (restaurante de 20 a 50 trabajadores) no acarrea formas de explotación salarial de la fuerza de trabajo. Pero esas empresas cooperativas estarán limitadas en cuanto a la contratación de fuerza de trabajo extra, ajena a la cooperativa. Es decir, de trabajadores que no son miembros (y no quieran serlo) de una cooperativa. Por cuanto en última instancia deberían ser contratados mediante una relación salarial establecida e impuesta por la cooperativa de acuerdo a los intereses comunes/particulares de sus miembros y no de esa fuerza de trabajo extra (ajena).

Si de lo que se trata es que el límite social a la acumulación de capital no sea una barrera para el desarrollo empresarial, entonces han de coexistir formas de organización empresarial que lo permitan. En ese sentido, no hay conflicto de intereses sociales para que paralelamente se desarrollen pequeñas, medianas y grandes empresas donde no medie la relación de propiedad exclusiva.

En condiciones de no-propiedad los trabajadores explotan colectivamente medios de producción mediante el usufructo de los mismos. Se responde de manera colectiva y personal por los medios de producción y por su eficiente explotación. Pero no se tiene derecho de propiedad exclusiva sobre ellos. Es decir, no se tiene derecho particular a renta de capital alguna. Obsérvese que de facto la actual empresa de propiedad estatal puede transformase en no-propiedad mediante la plena autogestión económico-financiera. Los trabajadores que en un momento (periodo) dado trabajan en la misma deciden sobre la gestión productiva y sobre la distribución interna de los beneficios. No existe salario centralmente establecido por el estado, sino auto remuneración de acuerdo a criterios internos de productividad del trabajo individual y colectivo. Los medios para la auto remuneración proceden del fondo de recursos monetarios (fondo salarial) que se ha logrado después de cumplir con las obligaciones fiscales del estado (impuestos locales y/o nacionales y otras obligaciones sociales consensuadas con las comunidades) y luego de preservar los fondos para el mantenimiento y/o expansión de la actividad productiva de la empresa.&nbsp

Puede verse que en tales circunstancias se produciría un reajuste (revolucionario) de la distribución de la renta en la economía nacional cubana. Pero los principios sociales de la redistribución no variarían.

Lo que tiene lugar es un reflujo de los beneficios entre las empresas de acuerdo al grado de ganancias que obtengan de la realización (enajenación) de su producción en el mercado. Obviamente, el mercado se convierte en un regulador importante de los flujos monetarios. Y en el mercado, por supuesto, obtendrán mayores beneficios aquellas empresas que mejor cumplan con las expectativas de los consumidores.

Anteriormente he explicado que el criterio de la rentabilidad no sería el que las empresas utilizarían para “imponerse” en el mercado. Sino el de la eficiencia socioeconómica. Ello obliga a la empresa a ser rentable en términos de su gestión interna y no a costa de las ventajas de un mercado imperfecto. Los mercados siempre han sido y serán imperfectos en cuanto a mantener el equilibrio (la relativa equidad) económico entre los productores (de bienes y servicios). Si el mercado permite ganancias extraordinarias y facilita la concentración de capital en las empresas beneficiadas es por la ausencia de regulación social.

Existen por lo menos dos instrumentos socialmente justificables para regular los flujos del dinero en el mercado. Uno es de carácter macroeconómico y el otro de efecto a nivel de la microeconomía.

En el primer caso tenemos el impuesto progresivo sobre la renta empresarial. Quien más beneficios obtiene en el mercado más contribuye al Presupuesto de toda la nación.

En el segundo caso tenemos la regulación mediante ley del margen de ganancia en las cadenas de precios. Si el margen de ganancia empresarial tiene un tope socialmente establecido, ello reduce los efectos del desequilibrio competitivo en el mercado. De la misma forma que todos entendemos lo justo de la prohibición de las prácticas monopolistas en el mercado, muy pocos pensamos en que la arbitrariedad de los márgenes de ganancia constituye una de las herramientas de las empresas para extorsionar a los consumidores y hacerse con posiciones dominantes en el mercado, es decir, para asegurarse un constante flujo de ganancias extra-ordinarias.

Para ver mejor lo anterior piénsese en el típico caso del “precio de la novedad”. La misma pasta de diente en una envoltura que habla sobre una supuesta novedad se nos vende por el doble del precio que hasta hace una semana tenía. En el caso de verdaderas novedades tecnológicas lo que tiene lugar es una disminución del costo de producción que facilita la adecuada amortización de la inversión en tecnología. Por lo tanto, no existe fundamento económico para que el margen de ganancia se eleve según el deseo del productor y aprovechando la ventaja temporal competitiva en el mercado. Esos mecanismos nos parecen naturales en la economía de mercado capitalista, pero olvidamos (o preferimos olvidar) que esa economía funciona en base a la maximización del lucro privado, de ahí que la regulación del mercado sea “condescendiente” con los fundamentos del modo de producción e intercambio. Y que toda la institucionalidad del estado burgués legitime la ilegitimidad de la acumulación excluyente de capital.

El lucro de las empresas privadas (sin hablar de las rentas de la tierra y del capital) se obtiene mediante la extorsión del trabajo asalariado (plusvalía) y gracias a las ventajas competitivas que el mercado no regulado socialmente les facilita a dichas empresas. Las ganancias extra que logra la empresa no son distribuidas de manera justa porque la empresa es privada, no porque actúe en el mercado. Para los que estén pensando que las ventajas competitivas existen para todos los actores económicos, es decir, en la cacareada igualdad de oportunidades, es bueno que recuerden los análisis de K.Marx sobre la acumulación originaria de capital. Y que ese proceso de acumulación si bien originario, no es hoy nada original en cuanto a los mecanismos y condiciones sistémicas sobre el que se da. Los escépticos de oficio es bueno que lean a J.Stiglitz y sus demostraciones acerca de cómo la imperfección de los mercados capitalistas privilegia a los mejores posicionados en cuanto al acceso discriminado a la información.

Para abrir pautas a un debate que camine de lo general a lo concreto puntualicemos 5 premisas sobre los que puede reorganizarse el modo de producción e intercambio actual en Cuba.&nbsp &nbsp
&nbsp
Premisas para avanzar en la transformación sistémica del actual modo de producción e intercambio.

Productores: transformación del sistema actual de propiedad estatal sobre las condiciones de producción mediante el establecimiento de empresas privadas familiares, trabajo de empresarios individuales autónomos, pequeñas y medianas empresas cooperativas, medianas y grandes empresas usufructuarias así como el perfeccionamiento organizacional y funcional de las empresas públicas (estatales) que por conveniencia del desarrollo estratégico del país permanezcan como tales (u otras nuevas que surjan).

Funcionamiento empresarial: plena autogestión económico-financiera (para todos los actores económicos).

Entorno funcional: autonomía del mercado (de la que lógicamente se excluye a las empresas e instituciones de servicios sociales básicos).

Entorno regulatorio: 1) impuesto progresivo sobre la renta empresarial, 2) restricción jurídico-administrativa sobre los márgenes de ganancia en la formación de precios en las empresas.

Entorno de control social: desde los poderes populares comunales, municipales, provinciales y nacional; puesto que las empresas funcionan en espacios comunitarios concretos (aún aquellas de existencia “virtual”). Para que el control social sobre el funcionamiento de las empresas socialistas funcione debidamente ha de existir total transparencia de la información empresarial, sobre su gestión (incluida la formación de precios). Internet ha de constituirse en la plataforma de información pública a la sociedad en general y a las instituciones del poder popular en particular sobre el funcionamiento de cada empresa (presupuestos, planes de inversión y producción, balance de cuentas, etc).

Las empresas cubanas no están ni estarán exentas de la interacción competitiva en los mercados externos. Por consiguiente, el estado y el gobierno deberán establecer y ejecutar las políticas económicas (proteccionistas y/o expansivas) que apoyen la inserción de las empresas en dichos mercados.

Roberto Cobas Avivar

(Polonia, abril 2009)

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS