Cuba: controversia política (II)

Publicidad

Cuba

Controversia política


4 de mayo del 2009

Estimado Felipe

Respondo a su extensa carta por la importancia que le atribuyo a las revelaciones que contiene. Ud. ha entendido necesario sistematizar en unos diez puntos su posicionamiento político con respecto a quien considera ya ahora abiertamente un enemigo ideológico. Digo abiertamente porque en carta anterior fue su subconsciente quien le jugó una mala pasada, cuando le atribuía infundadamente a mi persona haberlo declarado a Ud. ese enemigo ideológico. Sobre esa predisposición ya le había llamado la atención.

Al marcar su posición política Ud. intenta dejarme clara su definición ideológica. Para ello recurre a la manipulación de oponerla a la que Ud. le atribuye a su interlocutor. De esa forma deja Ud. la inequívoca impresión que se auto exculpa a priori de toda posible acusación política, cabe pensar que por el hecho de que le lleguen a su correo personal mis escritos. Pensará Ud. que nada más infundado y me dirá que un revolucionario convencido no necesita auto exculparse de su militancia. Pero tal como le demostraré, todo el trasfondo de su carta refleja lo contrario. El sentido común dice una cosa: no está Ud. obligado a recibir mis trabajos vía mi envío personal a su correo. Los recibe Ud. de la misma manera que recibo yo los suyos al haberme incluido Ud. amablemente en su lista. No por ello me identifico o dejo de identificarme yo con las ideas y el pensamiento suyo. Al sentir la necesidad interna de auto definirse ante mi del lado correcto de la inecuación política que definiera Fidel en Palabras a los Intelectuales, Ud. da muestra hasta qué punto actúa en el estado sicológico de los cubanos la coacción política que de facto establece la línea de pensamiento único que impone el PCC. De esa forma viene Ud. a poner, subconscientemente, su granito de arena en la fundamentación que hago yo sobre el problema de la partidocracia, en tanto fenómeno del socialismo de estado en el que se desgasta el Proyecto Socialista de la Revolución. La diferencia es que en mis escritos encontrará Ud. las argumentaciones y las ideas en que soporto mis análisis críticos al respecto. Es con esas argumentaciones y esas ideas con las que puede y está Ud. invitado a debatir públicamente.

El fondo del pensamiento que me refleja Ud. en su correspondencia es muy revelador, por cuanto expone el mar de contradicciones políticas implosivas y de confusión cognitiva de la realidad cubana. Pero vayamos por pasos.

Sus diez puntos se reducen a dos posicionamientos. Uno subjetivista, armado sobre juicios de valor acerca de mis ideas y que no logra Ud. sustentar en argumento alguno. No es casual que así sea porque los juicios de valor no fundamentados “permiten” la ligereza de las calificaciones “informales”. Sucede así por la ausencia de rigor en el intercambio intelectual. No es cuestión de comas o puntos y comas de más o de menos, es un asunto de respeto a sí mismo y de respeto al interlocutor, es una cuestión de respeto a la palabra que ha de comunicar y alimentar ideas claras. De la misma manera que no es serio aducir las ligerezas de la informalidad por falta de tiempo, una vez que decide Ud. iniciar un intercambio (el tiempo, sépalo Ud., nos escasea a todos). El otro posicionamiento refleja la incapacidad para salirse de un academicismo positivista que le dificulta el análisis crítico de la realidad socioeconómica en que está Ud. inmerso. Ese discurso positivista suyo utiliza la simplista loa a la obra sociocultural de la Revolución para una auto reafirmación política que mis escritos en ningún momento a Ud. le piden. A lo que constantemente invitan mis textos sobre Cuba es al debate (sobre esto volveré más adelante).

Un juicio de valor como éste que se permite, le cito: “Su ejercicio hipercrítico le lleva sistemáticamente a buscar todo tipo de contradicciones e insuficiencias en el curso del movimiento revolucionario cubano”, un juicio de valor como ése bastaría (en realidad basta) para no tomar en serio a un interlocutor. Primero, Ud. insiste en la calificación de mis análisis como “hipercriticismo” y en nada soporta dicho juicio. En carta anterior le llamaba la atención sobre la recurrencia de ese calificativo en Cuba para estigmatizar la otredad del pensamiento, como coacción política. Le recordaba cómo la beligerancia de ese estigma político le había servido a Stalin para su reaccionario y despiadado ataque contra todos los portadores de un pensamiento distinto al que él dictaba bajo la acusación de “los enemigos del pueblo”. Que, más allá de todo el asedio de la Guerra Fría, esa había sido la esencia del stalinismo que destruyó la cohesión sociopolítica en la antigua URSS. La alienación del trabajo y la persistente guerra política del PCUS contra “los enemigos del Pueblo” determinaron la susceptibilidad del sistema sociopolítico a la implosión. Un compañero suyo de militancia partidista, Noel Manzanares Blanco, encontró innecesario acudir al eufemismo de “hipercriticismo” y ha calificado análisis míos sobre la realidad cubana como filo-hitlerianos y filo-pinochetistas. La impunidad de posiciones políticas propias de la filosofía de la cacería de brujas le permite a ese compañero suyo publicar tal diatriba en un periódico cubano, Adelante (de Camaguey). La dirección del diario admite la diatriba y no publica, para conocimiento de sus lectores, el artículo mío objeto del ataque. Más aún, tampoco publica el texto que, en respuesta al desafuero del militante comunista compañero suyo, hube de publicar en las páginas de Kaos en la Red y que en su momento tuve a bien enviarle a Ud. La dirección de Adelante no lo hace a pesar de que le exijo que cumpla con el mandamiento de la ética periodística. Ese hecho no es en absoluto una práctica aislada de los medios de comunicación social en Cuba, eso es lo que los sigue caracterizando hasta el momento (sobre esto volveré más adelante).

Ud. declara que mis análisis son un ejercicio metafísico, puesto que sólo desde tal posicionamiento podría alguien enfrascarse en la búsqueda de “todo tipo” de contradicciones e insuficiencias sobre un fenómeno equis. Advierta que he subrayado “todo tipo”. Una vez compuesto su juicio de valor, Ud. encuentra un par de apreciaciones para no dejar dudas sobre su convicción. Es así como entonces esgrime mi supuesto desconocimiento sobre la realidad cubana. Analizar una realidad que se desconoce podría sólo hacerse en base a un ejercicio cognitivo metafísico. ¿Cómo si no? De esa manera redondea Ud. la descalificación de su interlocutor para discutir sobre la materia en cuestión. Al cabo de esa vuelta, no ha ofrecido Ud. ni un solo argumento, ni una sola idea crítica sobre el contenido de mis textos, de mis análisis, nada que fundamente los juicios de valor a los que reduce sus apreciaciones.

“Salvado” ese escollo, pasa Ud. a construir una autodefensa política contra un ataque inexistente. Y en ese empeño devela Ud. todo el esquematismo de su pensamiento. Ud. se defiende y “pregunta”: ¿Necesito más argumentos para que Usted entienda por qué no me interesa “debatir” su agenda, tenga o no tenga tiempo para hacerlo? Ud. le endilga a su interlocutor el investigar, pensar y escribir en función de una agenda política, de la cual Ud. además se distancia por contrarrevolucionaria. Para armar tal entuerto político le ha parecido suficiente argüir una ensarta de asuntos licuados a la fuerza como un buen cóctel de razones. Y sin más se lanza a cuestionar mi saber sobre la historia de Polonia, sobre el experimento “socialista”, sobre las causas de su reversión. Como no tiene Ud. argumentos en que calzar la imputación a mi supuesta ignorancia, no le queda más que inventárselos. Y comienza Ud. a enredarse en su propia madeja de hilvanaciones traídas por los pelos. Al final Ud. ha reducido su razonamiento a la jerarquización de los factores exógenos como determinantes de un desenvolvimiento equis de los fenómenos. En un texto mío fundamento la crítica a tal pensamiento, posible sólo al margen de la dialéctica materialista. Razonamientos en los que soporto el análisis sobre lo inadecuado de asumir el Bloqueo yanqui sobre Cuba como un factor determinante de las falencias de su sistema socioeconómico. No necesito aquí extenderme en esta cuestión, lo remito a numerosos textos míos en los que abordo el problema.

Pero Ud. no se contenta con el reduccionismo de sus juicios y se monta una beligerancia política tan autosuficiente como imberbe. Le cito: Si su dominio de Cuba es insuficiente y sesgado, y la información que toma de referencia sobre el socialismo que fracasó, no trasciende lo que quieren que Ud. sepa las propias agencias del imperio: ¿Antes de entrar en el tema Cuba: Cuántos artículos tendría que escribir para contarle la historia que usted no conoce? Le recomiendo que se informe mejor porque tal historia de guerra y subversión contrarrevolucionaria si de hacer comparaciones y propuestas “democráticas” sobre y para Cuba, tiene mucho que decir”.

Ud. podría disimular mejor el ostracismo de sus juicios, pero no lo hace porque ello responde a una cultura del debate político que debe ser transformada en Cuba. Asumido como un hecho, porque así Ud. lo ha decidido, mi supuesto insuficiente y sesgado conocimiento de la realidad cubana, Ud. ahora necesita mostrarse más contundente. A pesar de que dice leer mis trabajos, tira mano de un recurso filibustero y hace de su interlocutor una supuesta víctima de lo que las propias agencias del Imperio quieren que se sepa. A Ud. no le importa evidenciar que no lee en absoluto mis trabajos o que no entiende lo que lee, a Ud. le basta la manida descalificación política. Y por supuesto, como el mentor político en que se convierte, se permite recomendarme que me informe mejor y no olvida entrecomillar lo de democrático que puedan tener mis propuestas sobre el Socialismo en Cuba. Y así con par de comillas, un consejo de padre benefactor y una llamada de atención, cree haber resuelto un escollo más en el debate de ideas al que le tientan mis trabajos. No se ha dado cuenta Ud. que su proceder retrata al militante doctrinario con el manual debajo del brazo y la suficiencia rampante. ¿Son esas la forma y el contenido que imagina Ud. convincentes como método de enseñanza y persuasión política de las masas? Medite en ello, porque nada tienen de ironía mis palabras.

Dado que no cabe suponer otra cosa, Ud. necesita justificar el por qué recibe en su correo y lee trabajos sobre Cuba, de naturaleza tan supuestamente subversiva como los míos y el de muchos otros compañeros que desde Cuba escriben y debaten en Kaos en la Red. ¿Explíqueme porqué le preocupa a Ud. que el acercamiento a las verdades pueda ser revolucionario?

Asumida la posición del doble discurso que lo deja “protegido”, Ud. imputa: “Me interesa conocer este tipo de pensamiento porque asumo que la teoría y sobre todo la praxis revolucionaria, debe aprender a crecer en lucha no solo con el programa desembozadamente genocida y anexionista del imperio, también en competencia con otras posiciones adversas que no siempre – la mayoría de las veces si – están cocinadas por el enemigo principal y servidas con otros sabores”. Lo presumiblemente interesante de mis análisis es que no son un burdo ataque al estilo yanqui contra la Revolución, sino una labor contrarrevolucionaria preparada por alguna otra cocina anticubana. ¿No le parece demasiado pueril esa lógica de razonamientos para discutir con un adversario/enemigo político, tal como ya ha tenido el cuidado de calificarme? ¿O es que acostumbra Ud. a subestimar tanto a sus supuestos adversarios? Sobre esa inconsistencia política que Ud. me devela llamaba la atención el propio Armando Hart, ante el peligro ideológico que según él significaría la eliminación de las restricciones a viajar a Cuba de cubanos-norteamericanos y de los mismos estadounidenses (medida esa última que todo indica está al tomar Barack Obama). Con las ideas de Armando Hart al respecto tuve a bien debatir en un artículo mío publicado en Kaos Kuba (si le parece puede Ud. buscarlo y leerlo).

Los juicios de valor dominan su crítica sin que se digne a presentar fundamentación alguna. Le cito: “¿Puedo o no opinar sobre la naturaleza prejuiciada y el carácter destructivo de lo que usted suscribe sobre el Partido?&nbsp Si hay críticas y debate, el tema no es el ejercicio de esta crítica y debate, sino su objetivo. Pero si del Partido se trata Usted no “critica”: Usted acusa, acusa sobretodo infundadamente”.

Mi crítica sobre los problemas del sistema de partido único y sobre la naturaleza de la partidocracia en que ha derivado no es ni mucho menos destructiva; apunta a contradicciones sobre las cuales el propio Partido ha de ser el más interesado en discutir. Pero no se equivoque Ud., no es una cuestión que le concierna sólo al Partido, es un problema sobre el que debe debatir la sociedad, puesto que el Partido único se declara como fuerza política rectora de la sociedad. Podrá parecerle a Ud. demasiado democrático decirle que para que el Partido pueda desempeñarse eficientemente ha de estar bajo control social. Sobre estos problemas versan mis análisis.

Dice Ud. que si del Partido cubano se trata yo no critico, yo acuso. Lo que importa, asevera ahora, es el objetivo, no la crítica. Una vez que ha detectado Ud. que mis trabajos responden a una agenda política, ahora me pone al corriente del objetivo de esa agenda. Para ello recurre a una retórica que se inscribe en lo que de acertado tiene, según estimo, la crítica de Armando Hart al respecto. Le cito a Ud.: “El Partido como instrumento de creación y unidad revolucionaria, como dinamizador de nuestro sistema político, está en el centro de los ataques del imperio”. Pero Ud. no se detiene en la retórica maniquea y puntualiza: “Lamento que lo que Usted considera su crítica revolucionaria y socialista, camine en la misma dirección de sus enemigos y los míos”. Y pasa por alto alegremente que con esa supina imputación es Ud. quien levanta el dedo del “yo acuso”. Y para mal disimularlo se lamenta y me advierte Ud. paternalmente que mi inocencia o mi ignorancia, o ambas a la vez, son las que me llevan en la misma dirección de mis enemigos, que de paso son los mismos de Ud. (sic). En la escalada de sus juicios de valor sin fundamentos Ud. pierde la perspectiva y se pronuncia cual sacerdote a su feligresía. Le puede parecer ironía o desdén, pero ésa es la proyección política que en mucho caracteriza el trabajo ideológico del Partido. Las razones están dadas y el Partido las posee, por lo cual el trabajo político consiste en persuadir a las ovejas descarriadas. Muchos tenemos la esperanza que el VI Congreso del Partido debatirá sobre la eficiencia política del sistema de partido único, sobre los métodos y se convertirá en un foro político que siente las pautas para avanzar decididamente hacia la democracia socialista.

Si algo encontrará Ud. repetido en mis textos es la invitación al debate sobre lo que escribo. ¿Habrá mayor muestra de que no me considero en posesión del monopolio a verdad alguna? Otra cosa bien diferente es que mis análisis críticos sobre el sistema de partido único en Cuba&nbsp – entre los problemas cubanos sobre los que estudio y escribo – no se atenga al academicismo positivista que lastra el conocimiento de la realidad cubana. Ya le llamaba yo a Ud. la atención sobre este respecto en alguna carta anterior, cuando con igual ligereza se permitía Ud. imputarme, le cito: «No le&nbsp concede Ud. al socialismo cubano, tal como existe, ni un solo aspecto positivo. Todo en su visión está en crisis». Para demostrarle lo peregrino de su afirmación tuve a bien remitirle a su correo un trabajo („Cuba: del mito neoliberal a su eficiente alternativa“, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-mito-neoliberal-eficiente-alternativa-12). A cualquier buen entendedor ese análisis le bastaría para advertir lo festinado de la afirmación de Ud. ¿Por cuáles razones un estudioso de su talla se permite aventurar juicios políticos sin conocimiento de causa?

Pero ahora Ud. aclara por qué no le interesa el debate, le cito: Ud. me pide argumentos sobre el contenido de sus criterios y aseveraciones. ¿Y acaso no es válido cuestionarlos en su propia posibilidad y método de construcción? ¿No se ha percatado Usted de que precisamente esa es mi posición? De qué vale iniciar un debate, si lo primero que debo recomendarle es que se informe y estudie a profundidad la realidad sobre la que pretende opinar, y hasta teorizar”. Vaya, un personaje poco menos que ignorante pretende opinar… y hasta teorizar. Ud. ya no se anda con regodeos en las descalificaciones gratuitas. Le importa cada vez menos que los argumentos brillen por su ausencia. Pero ha dicho Ud. algo digno de atención. Ud. cuestiona el debate en su propia posibilidad. Y nunca antes se ha reconocido tan explícitamente en Cuba la esencia partidocrática del socialismo de estado establecido. El poder autoritario del Partido se ejerce desde el dominio económico sobre el ciudadano. Ese dominio es posible porque el modo de producción actual le confiere al Estado el poder político que puede cuestionar en su propia posibilidad el debate interno sobre el Socialismo en Cuba. Sobre ese problema de fondo debaten mis textos, a ese debate invito constantemente. Lenin hablaba del socialismo como el sistema político formado por cooperativistas cultos asociados libremente. Lo hacía a destiempo porque el autoritarismo estalinista había ganado demasiado terreno y su propia salud no le daba el chance para esa batalla de ideas. Hay dos elementos claves en la apreciación de Lenin: 1) trabajadores cultos, 2) asociados libremente. ¿Le parecen a Ud. liberales las ideas de Lenin? Mientras se responde Ud. esa pregunta, le adelanto que esas ideas no son liberales, son libertarias. El socialismo es libertad y auto determinación del individuo. Esa premisa básica se da en un modo de producción que por la naturaleza del sistema de propiedad sea libertario. El socialismo o es libertario o no es. El socialismo de estado establecido en Cuba no puede ser libertario porque el modo de producción basado en la propiedad estatal y las relaciones salariales convierte al ciudadano en objeto de los designios del poder centralizado. El Proyecto Socialista puede ser sólo un empeño colectivo, pero un empeño colectivo llevado por productores libres, no sometidos al dictad ni del Estado ni del Partido. El Partido cubano se desgasta en el dominio político de la sociedad. Lo que importa, sin embargo, es la hegemonía política que se forja sobre la cohesión que dan los consensos sociales. La diferencia la hace la democracia socialista. Evadir ese debate significa auto bloquear la viabilidad del socialismo en Cuba. Ese debate esencial y determinante está conculcado por el Partido. Y no podrá Ud. encontrar argumentos irrefutables que nieguen ese hecho.

Puede Ud. argüir que el debate se le niega a portadores de un pensamiento crítico como el mío, calificado por Ud. como políticamente incorrecto. Y en realidad es un pensamiento crítico políticamente incorrecto, sólo que Ud. se equivoca al abrogarse el derecho de definir qué ideas y qué pensamiento están dentro de la Revolución o contra ella. Para ello tiene Ud. primero que asumir el debate en su propia posibilidad y luego debatir. No tiene Ud. otra opción, si de democracia socialista se trata.

Claro que puede Ud. empezar si así lo prefiere por el cuestionamiento de mi método de construcción del análisis crítico. De esa forma debatiríamos también sobre la cuestión epistemológica de los análisis. Por ende, espero por la deconstrucción que pueda hacer Ud. a mi método. De momento, le adelanto una de sus premisas. Contrariamente a como Ud. afirma, no encontrará en mis trabajos inventario alguno de los problemas de la realidad socioeconómica y política cubana. Ese “metodo” de análisis de la realidad se inscribe en el academicismo positivista que también critico. Encontrará Ud. con toda seguridad dos cosas: uno, mi alerta constante para que en el debate evitemos el desgaste de la “letanía” acerca del rosario de problemas que aquejan al pueblo. Es lo que llamo problemas puntuales. Si la identificación y solución de problemas puntuales es necesaria (porque aquejan muy directamente a la población y permiten cierto nivel de soluciones prácticas), NO es posible aspirar a la eficiencia sistémica a partir de debates reivindicativos. Si Ud. pertenece al grupo de los que se han venido a enterar con las recientes declaraciones de Raúl Castro sobre la necesidad de cambios conceptuales y estructurales, no somos pocos los que venimos hace ya algunos años estudiando y escribiendo sobre ello, dentro y fuera de Cuba. Lo que tampoco se conoce hoy es el calado de la idea de Raúl, porque hasta el momento no las ha expuesto con la claridad necesaria. ¿Lo hará el VI Congreso del Partido? Ese debate es lo que defino como debate determinante.

En ese sentido encontrará Ud. en mis textos la esencia del método de analizar la realidad en lo que llamo sus contradicciones de fondo, las que determinan la cualidad de la formación socioeconómica. Es decir, aquellas que influyen determinantemente sobre la viabilidad de la alternativa socialista de desarrollo que nos queremos dar los cubanos en Cuba.

Cuando Ud. afirma, le cito: “Usted está ocupado en marcar la macropolítica y la macroteoría, lo que no deja de ser importante. A ello le destina recursos y esfuerzos el país. Desde la ciencia y la cultura, con los inapreciables saberes que aporta nuestra intelectualidad académica, científico técnica, &nbsp artística y literaria, se estudia, evalúa, critica y sistematiza &nbsp la praxis política de la Revolución Cubana. Los resultados se socializan y discuten en numerosos foros, con participación nacional e internacional. &nbsp Pero somos muchísimos los que además, nos interesa la micropolítica”, Ud. evidentemente no entiende el método de análisis que pretende deconstruir. Ud. habla con lastimosa imprecisión de macroteoría y acto seguido la desdeña en su importancia como aquello “que no deja de ser importante”. En aras de la claridad comunicativa pongámonos de acuerdo en cuestiones elementales. Primero, lo que existe como categoría cognitiva es la teoría, aplicada a problemas o fenómenos de distintas complejidades. Segundo, sin una buena teoría no puede existir una buena práctica. Ese axioma pertenece al instrumental de la dialéctica materialista. No vale entonces en ninguna de sus expresiones el desdén tipo: la teoría “no deja de ser importante”, un desdén al que nos ha querido acostumbrar el voluntarismo político del Partido. Tercero, lo que Ud. llama macropolítica no es susceptible de contraponerse a lo que Ud. mismo identifica como micropolítica. Esa oposición Ud. la establece cuando dice: “pero somos muchísimos los que además nos interesa la micropolítica”. La utilización del “pero” y del “además” no son casuales, revelan la percepción disociativa que tiene Ud. sobre ambos instrumentos de la política interna de un estado y, ante todo, sobre la cualidad de la participación social. Esa percepción está en la base de las contradicciones de fondo que mediatizan el sistema socioeconómico cubano. No es posible que en esta carta le sintetice los análisis que al respecto realizo a través de disímiles trabajos míos. Están publicados en Kaos en la Red y otras plataformas digitales, le remito a ellos.

&nbsp El ostracismo de sus juicios toma bríos cuando Ud. me imputa, le cito: ¿Resulta que los que gobiernan este país siempre están equivocados y Ud. (está) en la razón y la certeza? Más aún, Fidel antes y después de no estar al frente del país, ahora en sus magistrales Reflexiones, Raúl antes y después de ser Presidente, nunca se han vendido de infalibles, al contrario han sido sumamente autocríticos con su propia gestión. Y sin embargo, usted si tiene toda la verdad&nbsp y todas las prioridades. Mis escritos, si le dedica Ud. la atención adecuada, le mostrarán que no aspiran a monopolio sobre la razón. Su acusación en este aspecto es tan gratuita como todos sus juicios de valor. Mis escritos exponen las razones de mis análisis críticos e invitan, llaman una y otra vez al debate con los mismos. Pero en especial reconocen la importancia de que el debate determinante sólo puede darse dentro de Cuba, que es el pueblo cubano el que tiene la legitimidad sobre ese debate, que ese debate no puede ser conculcado por el Partido, que ese debate ha de ser desinhibido fuera de toda coacción política, inducida o impuesta. Que ese debate será mediatizado mientras existan posiciones políticas como las de Ud. Que el concepto de libertad de expresión que nos debe asistir es el de la democracia socialista. Con esas ideas y esos problemas se las ve el pensamiento crítico con que analizo la realidad cubana.

A pesar de que esos escritos están censurados hacia el interior de nuestro país, a pesar de que los medios de comunicación internos no se hacen eco de ellos, a pesar de que posiciones como las de Ud. y la de su compañero Manzanares Blanco contribuyen a ello, a pesar de esa resistencia llegan cual “prensa clandestina” a una cantidad cada vez más amplia de cubanos interesados en el debate de ideas. Escritos de cubanos residentes que asumen igualmente el debate de ideas desde la honestidad intelectual y el compromiso orgánico con el Proyecto del Socialismo en Cuba, y algunos de cuyos nombres Ud. debe conocer, salen a la luz pública sólo en Kaos Kuba, porque el concepto de libertad de expresión que defiende el Ministro de Cultura y en el que continúa enquistado el Partido es el que aún se sigue imponiendo desde el dominio político partidocrático.

No es una lástima, como se apresura Ud. en decir, que desde Polonia supuestamente no pueda yo ver los avances y el desarrollo de la democracia en Cuba. Es una suerte que desde Polonia haya podido observar y ser testigo del proceso de descomposición del llamado socialismo real y de cómo definitivamente se dio la reversión capitalista. De cómo la dirección del Partido Obrero Polaco combatió por “revisionistas” todos los atisbos de crítica y propuestas que desde la izquierda intelectual y desde el movimiento obrero se le hacían en pos de lo que tanto gustamos llamar en Cuba el “perfeccionamiento” del sistema. Que haya podido participar en no pocos debates sociales, entre la intelectualidad y en círculos políticos. Que haya podido estudiar en la propia lengua polaca no poco de los análisis económicos, sociológicos y políticos de entonces y presentes acerca del proceso de transformación capitalista. Que haya tenido la oportunidad de participar en un ciclo de conferencias-debate en la Academia de las Ciencias Polacas en el 17 aniversario de la virada hacia el capitalismo. Un ciclo de conferencias donde se alzaron estudios críticos sobre dicha transformación. Que hace apenas unas semanas haya podido debatir en una conferencia del Instituto de Filosofía y Sociología de Varsovia con un prominente científico acerca de los problemas del socialismo en Cuba a la luz de la transformación capitalista del llamado socialismo real polaco. Curiosidad, un científico y profesor académico, hombre de pensamiento de izquierda, experto en teoría marxista, víctima del ostracismo político del Gobierno y el POUP ayer, y hoy de las corrientes de derecha que dominan la sociedad polaca y de las supuestas socialdemocracias de “izquierda” (según Ud. las distingue) que se le suman.

Hoy le termino esta carta en España, luego de haberla comenzado en Alemania y con ello lo único que quiero decirle es que la distancia espacial de Cuba me da la perspectiva que le falta a Ud. como partícipe directo de la realidad cubana. Todos, absolutamente todos los enfoques con que pretende Ud. “aterrizarme” en Cuba tienen la fecha de cuando yo trabajaba profesionalmente y participaba políticamente en Cuba. Es lo que también he podido comprobar en mis visitas a Cuba. Pero, y esto es importante, es lo que reflejan los propios medios de comunicación del país. Su discurso positivista pertenece al lenguaje político de la propaganda del éxito. Esa que no permite plantear un debate abierto sobre el por qué hoy no menos del 50% de las empresas cubanas siguen siendo ineficientes y el otro 50% no estabiliza los rendimientos necesarios, a pesar de los ingentes programas de perfeccionamiento empresarial. El análisis de esta cuestión de fondo puede Ud. encontrarlo en disímiles trabajos míos.

Hace pocos días (“Dónde está el administrador”, 30.04.2009) el diario Granma en reporte sobre establecimientos de servicios informa, le cito: “Contar con directores exigentes, que se sientan verdaderos dueños de su centro y velen por el cumplimiento de las normas, continúa siendo una quimera en la mayoría de los lugares, lo que entorpece la recuperación económica del país y la eficiencia con que debemos trabajar todos. Un estudio reciente realizado en Villa Clara por la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo (ONIT), reveló que en el 50 % de las entidades visitadas había serias irregularidades en la disciplina laboral, fruto del descontrol y la falta de exigencia de las administraciones”. Lo primero que pensará Ud. es en cómo el reporte revela mi supuesta&nbsp ceguera sobre la falta de análisis públicos críticos sobre los problemas de la realidad socioeconómica. Le pasará eso por la mente por dos razones: porque desconoce Ud. que un reporte no es un debate y porque informaciones útiles de fuentes cubanas alimentan mis análisis sobre la realidad del país. Es muy probable que a esa altura haya Ud. pasado por alto lo importante. ¿Cómo es posible que a 50 años de estar trabajando por la disciplina y la exigencia laboral, contar con directores exigentes siga siendo una quimera en la mayoría de los lugares? Que en el 50% de la muestra seleccionada “había serias irregularidades en la disciplina laboral, fruto del descontrol y la falta de exigencia de las administraciones” ¿Cómo explicaría Ud. algo que no encaja con la propaganda del éxito con la que Ud. pretende “aterrizarme” en las complejidades de la realidad cubana? ¿No es acaso el factor humano, decimos, el más importante en el socialismo? ¿Por qué la conciencia social y política en vez de avanzar ha retrocedido en comparación con los primeros decenios de la Revolución?

Es Graciela Pogolotti quien caracteriza la forma en que respondería el pensamiento burócrata que recorre el discurso que Ud. me propone. La cito y le remito al ensayo:

“Recordando una vez más a Héctor Quintero y su costumbrista Contigo, pan y cebollas, la posesión del refrigerador significa el reconocimiento de un estatus social ante el vecindario. Se llega a producir basura artificial para ocultar la miseria de la mesa familiar. Se fractura así el valor trabajo como base de una estructura axiológica coherente”. (…)

“En ese contexto, la conducta burocrática se ajusta camaleónicamente a las nuevas circunstancias de la sobrevida. Para evitar el impacto del desempleo, ha crecido hasta la hipertrofia. Opera sobre el vacío sin correspondencia con el desarrollo de la economía real. Para el conjunto de la población, sus efectos repercuten sobre todo en su vitrina, la cotidianidad de los servicios, de los trámites interminables, de las pequeñas corruptelas, expresiones tangibles de un miserable ejercicio del poder”. (…)

La retórica al uso se complementa con el empleo estereotipado del «no obstante» en el encabezamiento de los párrafos finales de cada informe. Es el paraguas sustitutivo de una auténtica autocrítica. A modo de escudo protector, «a pesar de, no estamos del todo satisfechos», suele decirse. Pero nunca se sabe, en términos específicos, de qué. Y los problemas no se acorralan” . (…)

“La falta de respuestas conduce a la proliferación de vías paralelas para solucionar asuntos impostergables tanto en la esfera institucional, como por parte de los privados. De este modo, se quiebran los principios de legalidad que deben regir los destinos de nuestra sociedad. En muchos casos, el administrativismo de los procedimientos sustituye el enfoque político. Como en tiempos de España, la ley se acata, pero no se cumple. En consecuencia, la doble moral deviene norma de conducta generalizada”.

(“Prolegómenos para un posible estudio del desarrollo del pensamiento burocrático”, en:www.kaosenlared.net/noticia/prolegomenos-para-posible-estudio-sobre-origenes-desarrollo-pensamient )

He acudido a dos ilustraciones a flor de piel. ¿Responden a problemas de concepciones y de naturaleza estructural (modo de producción) los problemas de la conciencia del ser social en Cuba o tales contradicciones neurálgicas son inventos que Ud. le atribuye a su interlocutor?

Nada ha cambiado si a juzgar por el discurso de Ud. fuera yo a informarme de los avances que se experimentan en nuestro país. Sobre los avances en Cuba he escrito y escribo en mis trabajos, sólo que no me seduce el academicismo positivista que como “método” de análisis de la realidad cubana Ud. intenta “venderme”. Al analizar esos avances me acerco al contenido democrático que comportan desde la óptica crítica que apunta a su insostenibilidad sistémica. Eso es lo que demuestra hoy la realidad y Ud. no lo advierte a pesar de estar inmerso en ella. No son antagonismos ni confrontaciones que yo sugiera, como festinadamente refiere Ud. Son contradicciones neurálgicas que Ud. no sólo no advierte, sino que ni siquiera admite la posibilidad del debate al respecto. No advierte Ud. demasiadas cosas. No recuerda Ud. el que analice yo la proyección internacionalista de la Revolución como portadora de democracia, porque el propósito que evidencian sus juicios políticos es, como le he expresado,&nbsp el de la “tarea de choque”, no importa cuan desubicado y beligerante llegue a ser su integrismo revolucionario. Podría Ud. revisar mis publicaciones en la revista cubana La Jiribilla. Y al hacerlo debería Ud. advertir cómo la revista deja de admitir a publicación mis trabajos desde que le han parecido análisis críticos de la realidad cubana “subidos de tono”, renunciando de esa manera al debate abierto revolucionario.

No tiene Ud. por qué acudir a un “argumento” de corte demagógico para justificar su evasión del debate crítico abierto sobre los problemas del proyecto sociopolítico cubano. Le cito: “cuando desecho lo que sus posicionamientos ideológicos y políticos le hacen ver como negativo y no lo es, ese inventario no me dicen nada nuevo, nada que yo no conozca. Nada que en coincidencia no critique donde considero que hay que hacerlo: Aquí, dentro de Cuba, en debate directo para mejorarnos todos”. Amén de enjuiciar los supuestos condicionamientos ideológicos y políticos míos como causantes de la supuesta ceguera que sólo me deja ver cosas negativas, no se molesta Ud. en argumentar porqué no son negativas las cosas que Ud. no ve así. Lo que sí esclarece Ud. es que el facilismo de sus comentarios sobre mis trabajos le sirve para intentar la descalificación de quien ha definido como su adversario/enemigo político. De esa forma inicia una y otra voltereta. Ud. declara que coincide en críticas que no le revelan nada que Ud. no conozca, pero que sólo las expone dentro de Cuba para el mejoramiento de todos. ¿Insinúa Ud. que los cubanos residentes que expresan sus opiniones críticas en medios de información revolucionarios como Kaos Kuba, porque no pueden hacerlo en los medios cubanos, no lo hacen por el mejoramiento de todos? Muy distinto de Ud. piensan amplios grupos sociales en Cuba, tan amplios como para que sus voces no puedan ser ignoradas por posiciones como las de Ud. No basta estar en Cuba, le he expresado, para entender las complejidades que hacen inviable la actual proyección del Socialismo en Cuba. No basta que vea Ud. el árbol y no advierta el bosque, porque nunca entenderá los procesos de su reforestación, aunque se afane en sembrarlos uno a uno.

El problema de la libertad de expresión no se reduce a “discusiones bien cubanas” como las que pueda Ud. haber sostenido con el Ministro de Cultura. Le he invitado a Ud. a que debata sobre la crítica que hago de la apreciación política del Ministro sobre la cuestión de la libertad de expresión en Cuba (apuntada en mi artículo “Cuba: el proyecto de país pierde terreno”). Pero Ud, elude el debate de mérito. Permítame ahora decirle que la idea de libertad de expresión que le defiende acríticamente Ud. al Ministro de Cultura es la que nos ha dejado el ejemplo emblemático de la coacción política como instrumento del Partido en Cuba. De cómo la UNEAC se permitió sofocar el debate mal llamado “la guerra de los emailes” de gran parte de la intelectualidad cubana. De cómo importantes figuras de la intelectualidad revolucionaria se vieron coaccionadas desde el Partido con el tratamiento y la declaración oficial de la UNEAC al respecto. De cómo ese proceder queda cual ejemplo de manipulación de la población cubana, a la que en un medio oficial se le informa una medida sobre un acontecimiento político que no conoce porque el Partido (¿quién si no?) ha decidido no socializar ese debate. ¿Cree Ud. realmente que el posterior Congreso, a pesar de las voces críticas, da respuesta a los problemas de fondo que se discutieron en el debate intranet no autorizado por el Partido y el Gobierno? Soy yo quien le pregunta a Ud. ¿cuántos artículos tendríamos que escribir para seguir exponiendo sin eco alguno los problemas conceptuales y estructurales que mantienen el Proyecto Socialista en una trayectoria inviable? No se trata de esos 80 gramos de pan a los que aduce Ud. como algo menos que un logro de la Revolución, aunque realmente después de 50 años no podamos aún estabilizarlo en las mesas de los cubanos. Porque la economía de la carencia es en esencia un problema estructural del sistema socioeconómico cubano, no una consecuencia de los factores exógenos que afectan al sistema, entre ellos el Bloqueo yanqui. Puede Ud. no estar de acuerdo con dicho enfoque, pero nada le autoriza la beligerancia ni el ostracismo político que han mutilado el entusiasmo de miles de revolucionarios cubanos en Cuba. Ud. tiene el deber de debatir porque precisamente la verdad no la posee nadie. Las verdades se forjan cuando el pensamiento tiene la oportunidad de diferenciarnos de las abejas.

Si a lo que Ud. aspira es a que yo practique el culto a la magistralidad del pensamiento de Fidel, hoy dice Ud. expresado a través de sus reflexiones, entonces no encontrará en mí el interlocutor que necesita. El culto a la magistralidad del pensamiento del Líder de la Revolución y, en consecuencia, el culto a su infalibilidad ha llevado al sistema socioeconómico cubano a muchos de los callejones sin aparente salida en que se encuentra hoy. Pero en eso ha tenido que ver el dominio del poder político del Partido. Algo muy distinto de la hegemonía dialéctica que, en el espíritu del pensamiento gramsciano, pudiera legitimar en este caso el sistema de partido único cubano como una alternativa de organización política, si definitivamente eficiente. En ese sentido del análisis encontrará en mis textos un diálogo crítico con ideas y pronunciamientos de Fidel, de Raúl y de otros dirigentes de la Revolución, encontrará un dialogo crítico con ideas de otros escritores y pensadores cubanos.

Acabamos de ser testigos de un Primero de Mayo en Cuba de reafirmaciones políticas. Esa es la lealtad que al pacto social que establece la Revolución sigue profesando el pueblo cubano. Pero no se confunda. Ese pacto social aunque a Ud. no le parezca es frágil porque frágil lo han hecho las profundas contradicciones irresueltas en las que hoy se debate la sociedad cubana. Ese pacto social tiene demasiadas causas que hoy lo hacen implosivo. Y no debatir abiertamente sobre ello es definitivamente contrarrevolucionario. Esa es una de las lecciones básicas que ya ningún revolucionario marxista se atreve a ignorar cuando se analizan las causas que llevaron a la caída de los sistemas del mal llamado socialismo real. Cuando califica Ud. de ataques y acusaciones prejuiciados contra el PCC análisis críticos como los míos, todo estudioso de las realidades del socialismo irreal eurosoviético que pudiera leerle, asociaría inmediatamente las posiciones que asumían aquellos partidos “marxistas” en el poder ante las críticas provenientes de sus sociedades y pensadores de izquierda de otras latitudes. Con similar arrogancia y retoricismo me dice Ud., le cito: ¿Qué&nbsp voy a debatir con Usted sobre este aspecto? El Partido no necesita que se le defienda de ataques y acusaciones prejuiciadas, su ejecutoria histórica y el diario protagonismo junto a nuestro pueblo le basta”. Su apreciación manifiesta un claro desprecio por la idea de la democracia socialista sobre la que muchos cubanos estamos debatiendo y sobre la que creemos puede estructurarse con éxito la transformación socialista de la alternativa socioeconómica y política cubana. Obviamente, expresa Ud. ese desprecio desde la posición del intelectual partidista que en la confrontación de ideas llega a temer por la debilidad de sus propias convicciones e ideas.

Esa debilidad política es la que Ud. demuestra cuando me imputa un pensamiento afiliado a las ideas de alguna “socialdemocracia de izquierda”. Le cito: “Sus posicionamientos ideológicos y políticos aunque repiten no pocas de las claves de los pensadores de despegue de la perestroika, tiene de novedad el intentar despegarse de esa tradición liquidacionista, y buscar en &nbsp el arsenal histórico de la socialdemocracia de izquierda una posibilidad de existencia “revolucionaria”, “antimperialista” y “no capitalista” para Cuba”. Ignora Ud., si es que lee mis escritos, que yo no le reconozco ideario de izquierda a las corrientes políticas socialdemócratas, cualesquiera que ellas sean. Encontrará Ud. en mis trabajos abundantes reflexiones al respecto. La argucia de entrecomillar los adjetivos de la existencia sociopolítica que según Ud. le busco a Cuba, no lo salva de revelar la debilidad argumental de su propio pensamiento. No es así como logrará Ud. deconstruir mi método de análisis. Mis análisis parten de la crítica al modo de producción y de las relaciones socioeconómicas concomitantes al mismo, por lo tanto no pueden tener ninguna, absolutamente ninguna filiación con el “arsenal histórico de la socialdemocracia”. Otra cosa es que no entienda Ud. la complejidad del análisis comparativo ni la esencia política de las propuestas que del mismo llego a derivar como soluciones socialistas para Cuba. Es muy recurrente de los ortodoxos “marxistas” agitar la perestroika como el fantasma que liquidó el mal llamado socialismo real en la URSS. De esa forma se pretende liquidar el debate de fondo de golpe y porrazo. Y no les importa convertir la perestroika en el anatema que identifique a “los nuevos enemigos del pueblo”. Mis análisis no intentan despegarse de ninguna tradición liquidacionista como la que los que como Ud. piensan le atribuyen a la perestroika y la glasnot. Declarar que es ésa la novedad que Ud. ve en mis análisis dice muy poco sobre lo que Ud. entiende de los mismos. Declarar que “para hacer avanzar esto, no necesitamos de sus apuestas demoliberales” no va más allá de mostrar la autosuficiencia propia del carácter partidocrático del sistema político. ¿Quiénes “no necesitamos” una plena renovación socialista, el Partido o el pueblo cubano? De modo que es Ud. quien viene a reconocerle a las socialdemocracias un ideario de izquierda (sic) y luego le endilga a su interlocutor una tal filiación demoliberal. Se ha inventado Ud. de un tirón dos falsedades, una histórica y otra política.

El pueblo cubano no necesita de catarsis, objetivo oscuro que le endilga Ud. a mis análisis, no se asuste. El pueblo cubano necesita debatir abiertamente sobre el Socialismo en Cuba, sobre los problemas y sus soluciones a corto, mediano y largo plazo, sobre la estrategia de la transformación socialista. He fundamentado la importancia de ese diálogo social, entre otros, en el trabajo “Cuba: la transición socialista: una revolución cultural”. Puede Ud. asumir el debate, nadie se lo impide. El pueblo de Cuba necesita hacer suyo, como el pan de cada día, el conocimiento popular de las complejidades sistémicas ante las que se encuentra el Proyecto Socialista, la comprensión de cuáles pueden ser las consecuencias de que el poder económico no esté realmente en sus manos, como no lo está, de que la democracia socialista no encuentre hoy las premisas conceptuales y estructurales para desarrollarse. Hoy más que nunca, dejar ese debate para mañana seguirá siendo tarde. Por paradójico que le parezca, ése es el virulento reto que le plantea a Cuba la debilidad del Imperialismo yanqui hoy. Ud. se afianza en el inmovilismo contra las ideas renovadoras. Ese es el camino seguro de las derrotas. Yo, como muchos otros cubanos, confiamos en que no se impondrá el inmovilismo, por eso participamos en la batalla de ideas que decide la suerte del Socialismo en Cuba.

Felipe, le reitero que lo que me interesa es el debate serio y abierto sobre los problemas del Socialismo en Cuba. Mis análisis seguirán apareciendo en Kaos en la Red. Ud. puede acceder a ellos. Muchos tenemos la esperanza que a partir del 2010 (fecha anunciada por el Ministro de Comunicaciones cubano) la población cubana tendrá la oportunidad del acceso libre a internet con banda super-ancha, a partir de la terminación del cable de fibra óptica entre Venezuela y Cuba. El impedimento técnico básico desaparecerá y con ello la censura política yanqui. Lo que esperamos es que para esa fecha la autocensura cubana haya comprendido que el mejor censor es el destinatario de la información. Y que, más determinante aún, la censura pierde su razón de ser cuando es el pueblo el que establece y hace real la comunicación horizontal. Ése es el verdadero significado político de la idea de Fidel que Ud. mismo trae a colación: “Nosotros no le decimos al pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee!“. Una máxima de posibilidad fecunda ante todo en Cuba, dado el indudable nivel de preparación educacional de nuestro pueblo. Eso fue lo que puso en evidencia el estudiante de la UCI con aquellas sencillas preguntas que, fuera de guión, dejaron sin respuestas a la altura de la preparación política de la sociedad cubana al mismo Presidente de la Asamblea Nacional. Ese debate tampoco ha sido socializado en Cuba. Como no han sido socializadas el millón y tanto de opiniones y propuestas de cambios vertidas en reuniones autorizadas (observe: autorizadas) por el Partido.

No quiero terminar mis comentarios a su carta sin pedirle que relea Ud. con cuidado su propia correspondencia. Su anterior corta y ésta más extensa con sus diez puntos. Componen una continuidad en la coherencia de comentarios suyos y respuestas mías. Si lo hace advertirá Ud. lo fuera de lugar de los comentarios que expresa en los puntos 8, 9 y 10 de su presente carta. Yo no comulgo con la demagogia, la creo ofensiva y digna de repulsión. Ud. no necesita utilizar la demagogia de un tono reconciliatorio sobre un diferendo de ideas y convicciones en el que es Ud. quien ha procurado marcar pautas de adversidad y/o beligerancia política e ideológica. A fuer de ser honesto con mis planteamientos, eso le suena falso. Ud. no necesita invitarme a visitar nuestra patria para con ello legitimar mi participación en la batalla de ideas a que todos estamos retados. Las visitas a mi tierra no las condicionan mi voluntad, sino en alto grado las muchas dificultades que de parte del Gobierno cubano seguimos teniendo los cubanos para salir y entrar libremente a nuestro país. Demagógicas suenan sus preguntas/sugerencias sobre el porqué de las cegueras que me atribuye y el monopolio de las verdades (“cartas”) que me inventa. Demagógico suena su lamento/imputación acerca de que la izquierda tienda hacia la autodestrucción y no advierta en Ud. mismo un exponente singular de esa supuesta tendencia suicida. Demagógicas suenan especialmente sus palabras cuando expresa, le cito: ¿No le ayuda saber cómo lo ve y asume un compatriota?&nbsp No le interesa saber que al menos para este cubano que lee puntualmente sus escritos, Ud. no&nbsp es realmente el crítico revolucionario que afirma o quisiera ser, el analista socialista que afirma o quisiera ser”. Por supuesto que me ayuda saber cómo piensa Ud., no cómo me ve, puesto que su pensamiento y su posicionamiento político vienen a demostrar que el carácter estadocrático del sistema de partido único constituye uno de los lastres más pesados que amenazan la viabilidad del Proyecto Socialista de la Revolución. Que la partidocracia incubada por el socialismo de estado cubano niega la democracia y en especial la democracia socialista. Y es por ello que me es muy útil saber que para militantes como Ud. no soy el crítico revolucionario que afirma mi pensamiento. Que muy útil me resulta saber que para el integrismo beligerante no sea yo el analista socialista que afirma mi pensamiento.

Confío en que si ha sido capaz Ud. de declararse mi adversario político (obvio lo de “enemigo”), no se sienta increpado en lo personal por las reflexiones que me ha suscitado su carta. “De las mayores controversias, surgirán las mejores ideas”, son palabras del propio Raúl Castro. Es imprescindible tomarle la palabra.

De Ud. con mis saludos

Roberto

Alemania/España – abril/mayo 2009

PD: me satisface que, una vez que ha sistematizado su pensamiento, acepte que nuestra correspondencia sea socializada. Si le parece bien haré públicas su carta de 10 puntos y esta respuesta que primero tengo a bien enviarle. Las páginas de Kaos Kuba, por supuesto, seguirán dispuestas a la continuidad del debate de mérito.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More