Cuba. «Caminando al borde del abismo»

Creemos que las izquierdas deben trabajar en ambos extremos. Primero, hacer que el malestar popular se convierta en conciencia crítica transitiva y esta última en proyecto de nueva sociedad. Segundo, lograr que el civilismo deje de ser la cara opuesta del estatismo. Como diría Dmitri Prieto, yendo más allá de anti-es­ta­tis­mos, anti-homofobias, anti-racismos… Siendo más propositivos en las acciones.

VI

Republicanos… ¿antiautoritarios?

(Final)

Roque Dalton

¿Para quién deberá ser la voz del poeta?

Arte poética

***

Comento un texto de Julio César Guanche en esta ocasión 1. Estudioso del nuevo republicanismo que emerge en Suramérica. Defensor del socialismo republicano… “entre cubanos”2. Entonces centro mi atención en la eficacia del “antiautoritarismo” que profesa el cófrade. Guanche, sin duda, dice cosas importantes en su ensayo. Discurso que vence al formalismo del Estado liberal, pero que todavía se mantiene en la órbita del legalismo3. No obstante, las ideas que defiende él hacen una tradi­ción ético-jurídica al interior de la revolución4. Distante esta del kelsenismo y opuesta al estatismo. Desdichadamente no hallo el espacio en este artículo para un análisis de la cuestión.

Inaplazable ese debate. Los ataques de esa tradición al poder autoritario son un motivo en la búsqueda de una solución a tan grave dilema. Defiendo las tesis de Guanche, en tal sentido, como era la intensión de sus (mis) mayores.

Estamos por el “rescate de la verdadera condición humana del hombre”5 en nuestra sociedad. Entendemos que, en esa tarea, vencer al autoritarismo es el desafío. Porque no halló en cinco décadas el Estado otra fuerza que se le opusiera que no fuera su propia voluntad. Discutido en Cuba ese poder autoritario por tres cuerpos de pen­samiento que –dentro de la tradición– resisten al Estado obrerista (1971-1989). (Estos son: Raúl Gómez Treto, Julio Fernández Bulté y Armando Hart Dávalos. Diferentes y coincidentes. Paladines que trazan una línea de frontera al poder del Estado.) Significa esta una visión-otra del Estado y la sociedad6. Siguiendo a éstos, como en el “rodeo” Guanche va a tomar al toro por las astas y lo ata de pa­tas.

Puesto a la tarea, aclaro, éste no se entretiene en hacer un diseño de contrapesos que sólo afecte a las élites del poder. Complejiza el objeto de estudio. Precisamente esto va a colocar la visión del Estado de Guanche a un paso del ideal libertario.

Estamos con él en la batalla.

Comencemos por la visión del proceso que adopta el mismo.

Guanche nos ha­bla de cómo el au­toritarismo del Estado caudillista (1902-1933) es ven­cido en la segunda república (1940-1952). Democracia li­beral mediante. Ponien­do así al centro del análisis al Estado social de la era republicana7. (Con­dición de posibilidad del mu­tua­lis­mo.) Discute dos pro­blemáticas al res­pec­to: una, el proceso de ideologización del Estado; y otra, el estado de despolitización del pueblo. De­teniéndose en la lógica del “bonapartismo” que triunfa con el Estado populista8. Discutible esa lectura. Proponemos otra periodización. Centramos en este artículo el análisis en la evolución del sujeto popular en el siglo XX cubano. (Consultar el esquema.) Proceso histórico de mediana dura­ción. Advertimos en tal caso que el proceso no ha si­do li­neal sino con­tra­dic­to­rio.

Consideremos los tópicos del dis­cur­so que mar­can la diferencia.

Ante todo, la se­gunda república tie­ne dos momentos y un punto de inflexión. Momen­tos bien diferentes. Uno, en los años 40s; y otro, en los años 60s. (Considé­rese, en tal sentido, la línea de continuidad que se mantiene, en particular, respecto al régimen de la propiedad en la economía, la estructura clasista de la sociedad y el discurso del nacionalismo en la política.) Durante todo el período las fuentes de legitimidad y las normas de la legalidad van a ser las mismas9. Importante esta corrección. Porque en esta historia un magma de poder instituyente va de fondo y a ratos, eclosiona. Induciendo un cambio de las instituciones y las personas en medio del proceso.

Ciertamente el estudio de Guanche no explora sino un ámbito de la realidad. (El ámbito de las instituciones en la sociedad. Importantísimo, pero no suficiente10.) Entendamos, al final, que la po­lítica no solo es un ejercicio del poder sino además un modo de convivencia11.

Desdichadamente, desde esa concepción del Estado no se logra una explicación de hechos en la po­lítica que son cotidianos. Pensemos en las formas de contestación al poder que emplea la población. Estas han re­ducido a cero la eficacia de las normas disciplinarias y penales que adopta el Estado cubano. (Los delitos de receptación, difamación de las instituciones, y deber de denunciar que son previstos por el Código Penal vigente, –por ejemplo– han sido al final convertidos en Cuba en letra muerta.) Padecemos la reversión de los principios del Derecho en Cuba en contra de los derechos del ciudadano. Enfrentamos el mayor déficits legislativo que pudo acumular en Cuba un gobierno en las últimas ocho décadas. Sin embargo, nada peor que la irresponsabilidad civil del Estado ante los cubanos. Asimismo, el empleo de las “potestades discrecionales” es la norma del Ejecutivo.

¿Acaso con un decreto de Hamilton se para la pechera al llanero?

Planteemos dos problemas.

Pensemos si se hallaría la solución con el legalismo.

Primero, solo con un sistema permisivo de derecho se logra potenciar la fuerza creativa del pueblo. Sería esto posible hoy en Cuba12. No. Imposible. Carece el derecho consuetudinario de valor jurídico, así como las prácticas afirmativas son criminalizadas por las leyes vigentes. La adopción de un sistema permisivo hallará en el Estado policial el mayor obstáculo.

Segundo, las formas de auto-regulación de la comunidad son bloqueadas por la mediación estatista de las relaciones sociales. Entonces no solo pierde un fundamento moral el Derecho; sino que, además, acaba por reducir a las moralidades que podrían elevar y/o complementar la eficacia del orden jurídico.

Vivimos, en tal sentido, un caso singular con la administración de justicia en la década de 1960. Des­empolvemos la historia de la revolución. Durante esa década el Derecho se llenó de contenido popular, así como el sujeto popular llevó la práctica del derecho a la vida cotidiana. Los órganos de justicia de base y especiales en Cuba se multiplicaron y las bases normativas de estos se apegaron a las realidades de la gente común. Después se produjo la homologación del sistema de justicia. Perdimos la gran ocasión de hacer de una instancia del poder el soporte ético-moral del cambio en la sociedad 13. La justicia se convirtió en una ocupación de expertos. Incluso, los jueces legos hoy en los tribunales son una caricatura de lo que fueron en el pasado.

Las políticas públicas en el socialismo autoritario se enredan en una dinámica regresiva.

Estatismo, corporativismo, ninguneo… Esta es la secuencia que siguen. Frente a esto la respuesta de las masas. Entonces otra secuencia se abre: cubaneo, asociativismo, civilismo14. Significa que el proceso es regresivo. Mientras la línea dura del gobierno va en aumento, la reacción de la masa es cada vez más orgánica. Finalmente, la eficacia de los recursos que empleo el gobierno en otras etapas del proceso es hoy reducida. En tal sentido, la clase dirigente en Cuba ha mostrado una increíble capacidad de “negociar” en las coyunturas más difíciles; creando las válvulas de escape, desviando la atención de la ciudadanía o retomando la iniciativa en tales situaciones.

Toda una historia por medio.

Estamos hoy, sin embargo, ante el hecho de un modelo agotado que resta al margen de maniobra.

Partimos de convicciones al respecto. Podríamos llevar al límite las posibilidades que ofrecen las formas jurídicas, incluso; pero jamás se lograría una solución de los problemas que hemos indicado a partir de ellas mismas. (Ciertamente, “el amor es ciego” –dice la voz popular15.) Significa esto que el legalismo trae podrido el vientre y nada nos ofrecerá hoy el mismo. Este es una pieza en el juego del poder en Cuba hoy mismo. Pasemos de la política institucional del Estado a la política del deseo de las multitudes. Creemos, en tal sentido, que el amplio alegalismo que existe en Cuba constituye el punto de partida de una reconstrucción de las formas de auto-regulación de la comunidad16. Haciendo de soporte moral de un tejido societario que haría po­sible otra manera (no política) de hacer sociedad. Este es el horizonte de lucha de los libertarios en todo el mundo.

Santa Fe, Playa, La Habana: 20 de julio de 2015

E-mail: ramon0260@gmail.com

1 Julio César Guanche: “La verdad no se ensaya. Revolución, ideología y política en Cuba”; La Habana: Premio de Ensayo y Fotografía Casa de las Américas-CLACSO, 2009.

2 Debería decir, además, que Guanche es un amigo entrañable. Pero decir eso pondría en guardia al lector.

3 Regresamos a un punto en mi discurso. (Sugerimos al lector dar a esto la mayor importancia.) Decíamos algo decisivo en el artículo: “Nosotros: los libertarios, ¿opositores?”: “Discutimos la línea de frontera que se­para a oficialismo de oposición. Alternancia falsa e alienante. Porque, entre otras cosas, las lógicas del mercado y del legalismo no son compatibles con el tipo de sociabilidad que exige la nueva sociedad. En una nota al margen, en ese texto, decía: “Cargando las tintas hacia el ethos ético-social de la sociedad, las lógicas del mer­cado y el legalismo van a convertir al orden y el beneficio en la razón del pro­yecto. Mutilando así la plenitud de la existencia. En tal sentido, las luchas por el cuerpo han devuelto cierto equilibrio a la sociedad; dotando al mundo de vida popular con el sentido de naturaleza y la lógica del buen-vivir”. Desearía que el lector mantenga en mente la cuestión. Precisamente esto nos permitirá llegar a un punto de inflexión, en que agotadas todas las posibilidades que ofrece el discurso de Guanche, hallemos una solución de continuidad entre el ideal socialista libertario y el nuevo republicanismo socialista.

4 Respectivamente, hablo de visiones del Derecho de tipo humanista, ético-jurídica y política. Constituye este un tema que hemos de considerar sin demora en Cuba los juristas.

5 Seguimos al joven Marx en este extremo.

6 Tratamos de “recrear” la tradición en este artículo. Integrando en el análisis otra dimensión de la realidad na­cional, insistimos en dar continuidad a esa tradición. Empeñados en vencer al Estado autoritario.

7 Gestionado el mismo en la primera república por los sindicatos y los municipios.

8 Explica esto, en tal caso, que hable de una “onda larga” (muy corta) en el mismo. Pensamos que es insuficiente. Decimos, en cambio, que el ciclo populista va de finales de la década de 1930 a principios de la década de 1970. Estamos ante un proyecto-país (populista) cuyas determinaciones se van a hallar fuera del sistema. Calificamos al batistato de esclerosis del populismo. Definimos la década de 1960 como etapa de reapropiación de los contenidos más populares del proyecto populista más radical: la ortodoxia (PRC-O).

9 ¿Cuáles son los estándares en este proceso? Constitución de 1940: legalidad; soberanía popular: legitimidad. Claves de la política en Cuba. Todos los discursos en la Isla van a construirse con ese material.

10 Sugerimos al lector que vuelva a un artículo del autor que fue publicado en Kaos-Cuba: “La soledad y el destierro de los jóvenes”; htpp://www.kaosenlared.net/ 19 de mayo de 2015. Precisamente en ese texto me empleo a fondo en el análisis de la cuestión. Pienso que no está de más una vuelta a ese artículo. Entonces decía en una nota al margen: “En tal sentido no me refiero al resultado de las políticas del Estado, sino al magma popular que produjo los cambios que advertimos en Cuba hoy mismo. Hablamos de una “revolución de las minorías” que halló un fun­damento en las políticas del deseo de las multitudes. Políticas del deseo, aclaro, que la mecánica gruesa de los Lineamientos del PC van a reconocer a medias o acaso ignorar”. Ciertamente, esta es la otra dimensión que la visión legalista de Guanche no ayuda a entender.

11 Volvamos a las tesis de Jean Rancière.

12 Pongamos un ejemplo: Para que en materia de trabajo por cuenta propia sea aprobada una nueva ocupación, esta debe ser considerada ilegal de inicio. Cuando con el tiempo se ha extendido esa práctica laboral, entonces es que logra ser aceptada por el Estado e incluida entre los listados de cargos de esa categoría.

13 En los años 70s se unificaron las leyes y los órganos de justicia. Sucedió con el lenguaje del poder lo que discutimos en un libro: Escritura y oralidad. Las clases sociales en Cuba (1959-2001), mención en el Premio de Ensayo Andrés Bello 2005respecto a otras prácticas del lenguaje más ordinarias en el cubano: La oralidad-pueblo fue al final sometida por la escritura-poder con la emergencia en Cuba del Estado obrerista –pro-soviético.

14 Las políticas del Estado autoritario van a fracturar la sociedad. Entonces estas se hacen selectivas. Deviniendo en Estado corporativo. Finalmente los derechos de las personas se convierten en una ficción jurídica. La rebelión del pueblo es inmediata: intentos de fuga fallidos, ilegalismo, resistencia cívico-popular. (Mercado negro incluido.) Cubaneo. Entonces, más allá de la oposición al poder (¿ineficaz?), crece la asociatividad de las masas. (Sucedió eso entre 1990 y 1994, por ejemplo.) Finalmente surge un civilismo que se opone al es­tatismo. Creemos que las izquierdas deben trabajar en ambos extremos. Primero, hacer que el malestar popular se convierta en conciencia crítica transitiva y esta última en proyecto de nueva sociedad. Segundo, lograr que el civilismo deje de ser la cara opuesta del estatismo. Como diría Dmitri Prieto, yendo más allá de anti-es­tatismos, anti-homofobias, anti-racismos… Siendo más propositivos en las acciones.

15 El mundo de los afectos –por ejemplo– se rige por una lógica diferente a las de las reglas jurídicas. Imaginar que el mundo de las emociones es el reino del caos es un error garrafal. Tampoco la espontaneidad es “es­pontánea”. Explica esto, muchas veces, que la fuerza del amor sea superior a la del deber o la lealtad en una persona. Desde luego, todas las sociedades de clases, basadas en el conflictohacen un lugar al Derecho.

16 Curiosamente, hablan de la extinción del Estado; pero sobre el Derecho nada se dice al respecto.

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