Cuba. A 116 años del natalicio del genio artístico barroco y surrealista de Alejo Carpentier / Video

El estilo barroco de su obra marca a fuego el propio desenvolvimiento del arte continental, a través del sincretismo, las formas estéticas combinadas entre los mundos indígenas, afrodescendientes, mestizos e hispanos

El 26 de diciembre de 1904, el mundo recibió a uno de los mejores escritores del mundo, el cubano Alejo Carpentier y Valmont. Autor, entre otras obras, de Los pasos perdidos, El reino de este mundo, El siglo de las luces, El recurso del método, Concierto barroco o La consagración de la primavera, su imaginación ofreció a la literatura una musicalidad textual desconocida hasta entonces.

Además de ser el primer latinoamericano galardonado con el Premio Cervantes de Literatura, Carpentier destacó como teórico del mundo latinoamericano y caribeño, musicólogo y gestor de proyectos editoriales, plásticos y musicales.

El estilo barroco de su obra marca a fuego el propio desenvolvimiento del arte continental, a través del sincretismo, las formas estéticas combinadas entre los mundos indígenas, afrodescendientes, mestizos e hispanos.

Entrevista de Joaquín Soler Serrano con Alejo Carpentier en 1977

El autor de «El siglo de las luces» (1962) «una novela que a mí francamente me gusta», dice Carpentier, nos habla de Cuba: «En América latina nuestra vida está tan ligada al factor político que no podemos prescindir de ese contexto épico»; del París del surrealismo: «a través del movimiento surrealista empecé a ver América latina»; del Madrid de las peñas y tertulias de García Lorca, Valle Inclán, Bergamín, Ramón Gómez de la Serna: «empecé a releer a mis maestros de la generación del 98 y a estudiarlos en función de las realidades americanas»; de Haití: «en donde encuentro lo real-maravilloso»; del México de Víctor Hugo: «casi todos los grandes escritores del XIX fueron escritores y ciudadanos». Hijo de un arquitecto francés y de una mujer rusa «no hablaba más que francés en casa, aunque para escribir siempre he utilizado el castellano», su primer trabajo como corrector de pruebas le vincula con «la hermandad del tipógrafo», para luego dedicarse al periodismo y la literatura. Es también musicólogo «en un momento en que aún no había ni una sinfonía completa grabada en disco», diplomático, catedrático, diputado, editor, y «teórico de lo americano».

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