Cuando la civilización se resquebraja

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Por Patrocinio Navarro Valero

No  es propósito de estos escritos condicionar el pensamiento de nadie. Para eso ya tenemos bastante con la prensa, la tv, las Iglesias y los políticos, sin olvidar el papel fundamental de las escuelas y universidades en la tarea de condicionar- con la excusa de formar- el modo de pensar y de actuar de las masas para que estas acepten el mundo en que vivimos,aunque sea a regañadientes.

La famosa libertad de pensamiento se reduce en realidad a la de los grupos señalados, y la famosa opinión pública no es más que el resultado de su trabajo. En las encuestas que tan a menudo se prodigan, el  fin no es otro que tomar el pulso a la gente para ver hasta qué punto » ha aprendido la lección» que se pretende, y se tiene buen cuidado en no hacer preguntas cuya respuesta pudiera comprometer a los  propios encuestadores y a los poderes públicos. Además, sirven de globos sonda para conocer lo que piensa la gente y  así  poder  establecer las estrategias precisas para tener el control de las masas.

No se pregunta a la gente si quiere o no la energía nuclear, o si admite o no la guerra como solución de problemas, o si está de acuerdo en que existan diferencias de clases sociales. Son preguntas que nunca están en las encuestas. Tampoco por qué   asuntos tales como huracanes, inundaciones, terremotos, sequías, hambrunas, guerras, cierres de empresas, desahucios, violencia policial y judicial contra gente que pide justicia se suceden de tal manera que se hacen cotidianos a pesar de su gravedad, y qué relación tienen entre si y con nuestras conductas y modos de vida.O si alguien piensa  por qué el deterioro medioambiental aumenta sin que cumbre alguna de políticos sea capaz de frenar esta degradación.

 Cada una de las famosas cumbres sobre el clima que tan alterado anda y tanto está condicionando el presente y el futuro de nuestras economías, formas de vida y futuro mundial,  acaba sin acuerdos sobre la cantidad de toxicidad que cada país puede seguir vertiendo en la copa del Planeta y sobre cada uno de sus habitantes que debemos beber su veneno nos guste o no. 

¿ Quién pide responsabilidades o hace preguntas incómodas a los responsables industriales o sus políticos en los gobiernos del mundo hasta el punto de cuestionar su modo de proceder  o criticar  abiertamente  su ineptitud ? Sin embargo, ¿ cuántos de ellos no se merecen ser expulsados de sus poltronas por  tóxicos para la ciudadanía?

Malos augurios desde el pasado y el presente

Mentes lúcidas como la del escritor peruano J. Carlos Mariátegui, en el pasado siglo,  o espíritus tan evolucionados como el de la profetisa alemana actual Gabriele Wittek han ido poniéndonos en guardia en diferentes épocas acerca de lo que nos deparaba el destino de seguir como íbamos. Así se expresaba Mariátegui allá en 1922:

Máximo Gorki, en un emocionante artículo, nos hablaba hace poco del «fin de Europa». Y esta no es una frase de literato. Es una realidad histórica. Estamos asistiendo, verdaderamente, al fin de esta civilización. Y, como esta civilización es esencialmente europea, su fin es, en cierto modo, el fin de Europa”. (José Carlos Mariátegui, Lima, 16-12-1922).

Gabriele Wittek

Jesús de Nazaret habló de los futuros acontecimientos catastróficos. La humanidad se encuentra ante ellos…(sic) “ Es necesario un cambio en el pensar y en cada uno”…(sic) “Para que se haga en la Tierra como en el Cielo, los hombres tienen que hacer las paces con su prójimo y tratarse como hermanos y hermanas”…

(“Los hombres de los nuevos tiempos”, Agosto 1984).

Ante los acontecimientos diarios que distan mucho de ser como debieran, cualquier persona despierta se ve obligada a preguntarse en voz alta para qué sirve la presente economía mundial, la presente organización política y social del mundo, el barniz de la cultura académica, las farisaicas religiones oficiales y todo lo que forma los pilares de esta civilización decrépita cuando no nos traen más que represión, guerras, ignorancia, miserias y desgracias. Fácilmente se llega a la conclusión de que hemos equivocado el camino, que el modo de ver nuestras vidas, el Planeta y las relaciones con él y entre nosotros sus habitantes no solo es errado, sino amenazante, lo que ha calado tanto en la conciencia colectiva que hay miles de personas aterradas por las profecías sobre el fin del mundo mientras están contemplando  a diario en sus televisores y hasta en sus propias ciudades el fin del mundo para millones de hambrientos, víctimas de guerras, inmigrantes, desahuciados, desempleados, neo-esclavos, ancianos abandonados  y un largo etc. 

 Los mercaderes del miedo

Por su parte, los gobiernos, las Iglesias y demás «mercaderes del miedo» están de acuerdo en que propagarlo les conviene sobremanera para mantener su poder y hacer buenos negocios. Los mercaderes del miedo no solo mienten para coartar, también fabrican armas, arcas como las de Noé, o refugios para ricos que quieren sobrevivir al final que a cada instante le llega de todos modos a cientos de miles cada día por muerte natural o provocada.

Si ocurre un día una gran catástrofe planetaria , tras ella La Tierra se regenerará y sobrevivirá, pero esta civilización desaparecerá sin remedio víctima de sí misma. Y no sería, claro está, la primera.

 Estamos viviendo el fin de una Era marcada por el materialismo, la competencia despiadada, el egocentrismo, la violencia y la codicia. Este cóctel auto-destructivo está acabando con la civilización que padecemos.

Pero antes de que la sociedad nueva se organice, la quiebra de la sociedad actual precipitará a la humanidad en una era oscura y caótica. Así como se ha apagado Viena, festiva luz de la Europa de avant-guerre, se apagará más tarde Berlín. Se apagarán Milán, París y Londres. Y, último y grande foco de esta .civilización, se apagará Nueva York. La antorcha de la estatua de la Libertad será la última luz de la civilización capitalista, de la civilización de los rascacielos, de las usinas, de los trust, de los bancos, de los cabarets y del jazz band”.

(José Carlos Mariátegui. Publicado en Variedades: Lima, 16 de Diciembre de 1922).

¿Y en base a qué principios puede renovarse la sociedad? Si el poder, el tener y el prestigio, con su cortejos de violencia, codicia, usura, engaños, manipulaciones, fanatismos y otras calamidades han sido hasta hoy los venenos de la mente de las mayorías, parece evidente que el antídoto de esos venenos que están destruyendo esta civilización no pueden ser otros que sus contrarios, principalmente asentados en el altruismo, el respeto, la verdad, el espíritu crítico y semejantes. Por tanto la solución reside en un aumento de la cultura espiritual y de la conciencia. ¿De qué clase de conciencia? Aunque muchos aún siguen creyendo en soluciones sociales y políticas basadas en la conciencia social, la historia ha demostrado con suficiente insistencia, revolución fracasada tras revolución fracasada, que la sola conciencia social no funciona si no se acompaña de una conciencia ética, de una moral personal de índole espiritual, pues todos esos elementos señalados como transformadores son elementos espirituales. Por tanto, la conciencia espiritual es el siguiente paso evolutivo de la conciencia en el proceso de transformación del mundo, lo cual solo será posible cuando exista el suficiente número de personas dispuestas a dinamizar su conciencia personal.

El término “espiritual”, como “amor”, “cristiano”, y otros semejantes ha sido tan manipulados por intereses ajenos a esos mismos principios que todos ellos se convirtieron en palabras de contenido adulterado, cuando no vacías o sospechosas. 

Hace más de veinte siglos que existe el Sermón de la Montaña, que vino precedido por otras corrientes espirituales en Oriente. El problema es que esas enseñanzas fueron asaltadas, mediatizadas y degeneradas por clanes sacerdotales, y convertidas en instrumentos de poder jerarquizado y en fuentes de riqueza para esos clanes. Entre ellos destacan los más cercanos a nosotros en Occidente: las Iglesias que se auto titulan “cristianas”, sean católicas, ortodoxas o protestantes, pero que  son realmente farisaicas, paganas y esposas consortes del Capitalismo depredador.

¿Cómo se puede corregir este mal que impide ver con claridad y distinguir lo verdadero de lo falso, lo moral y socialmente aceptable de lo inmoral e inaceptable?

 A esto contesta, por ejemplo, Gabriele Wittek desde el cristianismo original heterodoxo: 

¡“Para esto es necesario un cambio absoluto en la educación! Lo conocido hasta ahora, las viejas tradiciones y costumbres, las ideas, el pensar cultural y las leyes de este mundo necesitan un cambio desde la base. Los nuevos tiempos traen la revolución espiritual: todo será nuevo, orientado hacia la vida en el espíritu de Cristo. El mundo actual, que es gobernado por unos pocos, que está quebradizo en su existencia, perecerá, ya que está condicionado al tiempo. El reino espiritual viene hacia la Tierra, el Estado de Cristo, con las leyes de los Cielos para los hombres que son de buena voluntad” (sic) “El pensar relacionado con este mundo se transforma. El pensar espiritual empieza a ganar espacio; el hombre se vuelve desinteresado. También la nueva cultura se irá construyendo sobre lo espiritual… (sic) “Los nuevos tiempos producen el cambio de educación del pensar materialista, del pensar egocéntrico, hacia el pensar desinteresado y espiritual: lejos del egoísmo. Hacia la unidad en y con Dios” (Gabriele Wittek, en “Los hombres de los nuevos tiempos”)

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