¿Cuál relevo queremos?

Todo proceso económico, científico o social, que como el socialismo deviene en período transicional hacia una fase superior, necesita necesariamente de fases, períodos y sobre todo participación socialista equivalente a decir de muchos o más bien de casi todos en la consolidación, transformación y perdurabilidad del modelo. La perdurabilidad de las revoluciones socialistas, es un tema un tanto apabuleado por el fracaso del socialismo verdadero en occidente, que no mucho tiene que ver aunque parezcan repetirse los errores con nuestro inminente porvenir. El socialismo parte de la aplicación de un proyecto en una determinada sociedad bajo la autoctonía y particularidad de quienes hacen las revoluciones o las lideran. Nuestra revolución por supuesto tuvo y tiene muchas particularidades y especificidades, tal vez una de las que más resalten, quizás no la más importante, es que fue hecha por jóvenes sin la guía y orientación política precisamente de un partido comunista o socialista sino más bien de organizaciones juveniles. Claro está que el momento concreto que vivimos hoy es bien diferente pero no contrapuesto u obsoleto como para menospreciar, obviar o enterrar nuestras más rebeldes tradiciones. No invito porque seria un absurdo a elidir la guía de organizaciones políticas hoy maduras, consolidadas y con tradición en nuestro país; sino más bien me inclino por pensar que estas deberían promover el desarrollo y la individualidad de la juventud como grupo y generación, es más, como individuos y ciudadanos que son cada uno de los que estudian o trabajan y conforman este controversial grupo social. Sino bastara el simple ejemplo de la revolución bolchevique que se transformó de una quimera marxista a la victoriosa Revolución Proletaria, al menos en sus primeros años, con la guía del partido bolchevique y la genialidad de Lenin.

“Puede decirse con certeza, sobre la base de las lecciones de la historia,

que, de no haber existido el partido bolchevique la inconmensurable

energía de las masas habría sido estérilmente gastada en explosiones

esporádicas y los grandes levantamientos hubieran acabado en la más

severa de las dictaduras contrarrevolucionarias. “

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Sin embargo citando a Trotsky, no menos importante es la participación de las masas y con ella por supuesto los jóvenes. “el rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es laintervención directa de la masas en los acontecimientos históricos”.

La juventud como grupo social, por cierto bastante heterogéneo, abarca desde los muchachos del preuniversitario (un tanto más adolescentes), los estudiantes universitarios y hasta quienes se sienten jóvenes con status ya de trabajadores. Desde quines estudian, hasta los que apenas tienen vínculos universitarios y laborales, a los cuales la revolución constantemente ha procurado ofrecer mejores condiciones. Definir el rol de cada cual, y ubicarlos en su contexto histórico social, así como permitirles una participación y transformación no solo formal, en la sociedad que estamos construyendo, a mi modesto modo de ver las cosas es aun una deuda no resuelta con la construcción del socialismo en Cuba. El papel de las organizaciones juveniles es y será súper esencial y vital, pero no siempre se puede limitar al marco de las organizaciones, que si bien no funcionan y representan todo lo bien que queremos nuestras voluntades, ocupan un nivel importante de burocratización e institucionalización desmesurada en nuestro esquema y diseño político. Subestimar los espacios informales frecuentes y habituales de nuestros jóvenes, suprimir el respeto a la diferencia, no hará más que limitar la participación de nuestra construcción socialista al grupo más parecido a nuestros antecesores.

Escucho decir con mucha frecuencia a los mayores “la juventud está perdida”, como si está no fuera también el reflejo de nuestra sociedad. Yo me inclino más por pensar que tenemos la juventud que hemos construido y que nos ha legado nuestras propias limitaciones y carencias. Tampoco comparto la idea de que nuestra diversidad, desde los gustos hasta los formas de implicación política, sean el resultado erróneo de un proceso social, cultural, histórico o político, siempre depende contra qué se compara y lo pretendido de ella. Por supuesto, si la comparamos con la juventud de la Sierra Maestra, o Angola, evidentemente los más jóvenes nos enfrentamos a una franca desventaja correspondiente a otro momento histórico, que creo más difícil, donde el día a día; nuestro ejercicio ciudadano son los nuevos protagonistas. Si se aspira al mismo tiempo a seguir los cantos del octubre soviético que terminó por nublar nuestras entendederas, o los bloques de la academia Rusa denunciados por el Che en carta a su secretario Armando Hart, por supuesto que tampoco es la más idónea. Dentro de la propia despolitización que hoy vivimos, tenemos una juventud dispuesta e echar para adelante, a participar, crítica, reflexiva, permeada de nuestro propio entorno: el turismo, la doble moneda, la libreta. La respuesta, lejos de denunciar sus consecuencias, tal vez la encontraríamos si el protagonismo que se denuncia en nuestros discursos pudiera articularse con nuestras realidades diarias.

Nuestras organizaciones juveniles no ocupan en muchas ocasiones el lugar de vanguardia que tienen nuestros jóvenes ni es capaz de representar sus verdaderos discursos e intenciones, y mucho menos emprender por transformar las cosas que nuestros jóvenes demandan a gritos. La burcocratización de nuestro movimiento es una realidad, palpable, sensible. Mientras seguimos escuchando a nuestros dirigentes esgrimir discursos que nada se parecen a lo que necesitan o critican nuestros representados, o sus medios para hacer público lo que piensan –no tiene que ser solo la prensa o la tv- reflejan un discurso oficialista, concientizado hasta la saciedad, y de compromiso en extremis con otros, tan nefasto en otros períodos históricos solo estaremos idilizando un panorama nada parecido al de nuestra sociedad actual.

Cualquier proceso que pretenda perdurar a través de la historia y por supuesto no caducar, necesita de ser renovado en acción –no digo principios-, métodos y protagonista; la ley de la humanidad es inalterable y necesita el cambio de sujetos. La sucesión de los ideales, nuestras tradiciones patrióticas, sin la imposición de métodos, la oportunidad de construir su revolución desde su papel de jóvenes, que tanto hace falta, garantizaría quizás no del 80 siquiera del 50 % de participación; pero si del futuro que estamos necesitando para mantener nuestra revolución. Si la juventud es el futuro, preocupémonos, y más, ocupémonos por que estén preparados para garantizar la invulnerabilidad del proyecto socialista, sirvámonos de sus reflexiones, críticas, eduquémosla en la acción para que esta revolución como siempre ha sido siga siendo de los jóvenes.

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