Croniquillas desde el Fondo del Caldero (1)

La eliminación física de La Libreta parece asunto decidido. Se lo veía venir. Con ella desaparecerán las Oficinas para el Control y Distribución de los Abastecimientos, nuestras entrañables «Oficodas» de toda la vida, y los “torpedos”, esos&nbsp «controles»&nbsp &nbsp absurdos en los que bodegueros y bodegueras están obligados –además de hacerlo en La Libreta– a anotar desde el paquetico de café y el puñado de sal, hasta la media libra de chícharos que nos “venden” todos los meses.

Porque los productos que se “ofertan” por La Libreta, no está de más recordarlo,&nbsp resultan baratos pero hay que pagarlos en moneda de la no convertible,&nbsp pero contante y sonante. Nadie como nuestro &nbsp “Sistema de control para la venta de productos alimenticios” aplicó con mayor rigor en Cuba aquella máxima del comerciante al menudeo de la primera república, que hoy todavía suele verse en algunos timbiriches y kioscos de cuentapropistas, que reza:

Si fío, pierdo lo mío

si doy, a la ruina voy,

si presto, al cobrar molesto

y para evitar todo esto &nbsp

ni fío, ni doy ni presto.

A bolina se irá también la “Información a los Consumidores” que cada semana publica el Tribuna de La Habana, su crónica más leída, probablemente. En el olvido quedarán las pizarras de las carnicerías –en &nbsp las que nunca hay carne, como no sea la que «les toca” a los pacientes terminales- donde el carnicero anota con precisión y celo de planchetista antiaéreo la fecha de llegada de la libra de pollo por persona, y la de su vencimiento, tres o cuatro días después. Fenecerán también las “Zonas Comerciales”,&nbsp decrépitas oficinas &nbsp de aburridos y malgeniosos burócratas municipales, y&nbsp no pocas oficinas y despachos refrigerados en las instancias provinciales, y hasta en el mismísimo Ministerio de Comercio Interior.

El “Plan Jaba”, conquista que &nbsp en su momento lo fue de la mujer trabajadora, &nbsp quedará en el olvido. ¿Qué será de las dietas médicas? ¿Y de la leche y el yogurt “normados” para niños y adolescentes? ¿Y del pan nuestro de cada día a cinco centavos la pieza? ¿A dónde irán a parar las cuotas mensuales de cigarrillos que ancianos y ancianas jubilados o pensionados “ofertan” calladamente a los transeúntes &nbsp en cualquier quicio o algún &nbsp portal?

¿Descansará en paz La Libreta –cuya muerte algunos quieren hacernos ver como natural—después del pistoletazo alevoso que le preparan?

Los cubanos y las cubanas &nbsp de mi generación, que aún vivimos y coleamos &nbsp en Cuba, somos cada día menos en&nbsp el padrón&nbsp de “consumidores” –que no de consumistas- del MINCIN, pero bien recordamos, acaso con cierta nostalgia, aquellos primeros&nbsp tiempos, cuando se instauró La Libreta. Creíamos entonces que el “racionamiento” sería cuestión de unos pocos años, porque el Socialismo estaba ahí mismo, a la vuelta de la esquina, como aquel que dice. Y el comunismo un poquito más allá. Sólo era cuestión de trabajar duro y organizadamente, con la metralleta a mano, lógicamente.

Casi medio siglo después, en medio de una agudización de la crisis secular, que el bloqueo yanqui, los ciclones y la ineptitud crónica agravan por estos días, todo parece indicar que La Libreta se va del aire, y no porque el aumento de la producción de bienes materiales y la productividad del trabajo lo haga posible, sino por todo lo contrario: su eliminación –junto a la de otras “gratuidades” y “subvenciones”- &nbsp se dice, nos compulsará a trabajar duro y organizadamente. Vivir para ver, habría dicho mi difunto compadre y ecobio Domingo Encademo. !Y para leer!, digo ahora yo.

No más ayer, dicho sea para terminar, un amigo escritor me envió, vía Intranet, un agudo comentario a propósito de la entrevista a Wosciech Jaruzelsky, último presidente “comunista” &nbsp de Polonia, aparecida en el diario español El Mundo, en la que el otrora duro general confiesa -¡vivir para leer!-&nbsp que del capitalismo, lo que más le gusta, “son las tiendas llenas de cosas”. Desiderio Navarro –que fue quien hizo circular el despacho –que &nbsp &nbsp yo a mi vez también reproduje profusamente-, le agregó una mordaz coletilla: ¡”Y Disneylandia! Por cierto, ¿por qué no habrá dicho: «Del capitalismo lo que más me gusta es ver a todo el mundo comprando muchas cosas en las mismas tiendas llenas de cosas»?

El comentario que me hizo llegar mi amigo el escritor terminaba diciendo: ¿qué significan «producir» y «consumir» en el socialismo? A mí me encantaría que las tiendas cubanas estuvieran llenas de gente comprando las cosas (bien) hechas en Cuba. ¡Y por la libre! –agregaría yo- sin la mediación de La Libreta,&nbsp quiero decir.&nbsp Más,&nbsp entre lo&nbsp dicho&nbsp y lo hecho, bien se sabe, casi siempre&nbsp media un largo trecho.&nbsp Pero &nbsp ese&nbsp pudiera &nbsp ser tema para otra croniquilla desde el fondo del caldero.

Por el momento, seguramente&nbsp no habrán de coger demasiada lucha con el asunto nuestros paisanos y/o paisanas que parquean&nbsp &nbsp sus carros&nbsp con chapas de todos los colores en los estacionamientos de los supermercados en divisas los sábados por la mañana, y usted los ve luego adentro llenando los carricoches niquelados de cuanto les apetece.

De otra manera pensarán, probablemente, &nbsp los “consumidores” y las “consumidoras” que ahora mismo hacen la cola frente a la carnicería de la esquina para comprar los diez huevos per cápita mensuales que les garantiza La Libreta. &nbsp

Y de otra, no les quepan a ustedes dudas, los “palestinos” y las “palestinas” –que ni «consumidores» son, puesto que ni “derecho” &nbsp a La Libreta tienen- que sobreviven (subviven, sería mejor decir)&nbsp &nbsp en cualquiera de los “llega y pon” que en estos últimos años han proliferado en los arrabales de La Habana.

Pero, a qué preocuparse. La Libreta –como bien se advierte en su portada de cartón barato- &nbsp “no constituye un documento de identificación”.

&nbsp Ni de “Identidad”, podría agregársele.

La Habana 12 de octubre de 2009.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS