Crónicas de la revolución Cubana: Antonio “Ñico” López

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Antonio (Ñico) López Fernández nació el 2 de octubre de 1932 en el barrio de La Lisa, Marianao  (La Habana). Fueron sus padres Juan López Albín y Concepción Fernández, ambos nacidos en la provincia de Lugo. Por aquellos años de principios del siglo XX, Galicia padecía de un enorme atraso económico. La provincia de Lugo era una cantera permanente de emigrantes que se marchaban a Cuba. Antonio y su hermana Hortensia se criaron  en una familia muy humilde. El padre aunque era muy trabajador, el dinero no alcanzaba para mantener a la familia y poder costearles los estudios. A los 10 años Antonio tuvo que dejar la escuela, cursando sólo hasta el tercer grado de la enseñanza primaría, para colaborar con el sostenimiento del hogar. Por cuestiones laborales la familia se trasladó desde Marianao a Monte número 819, en la zona de Cuatro Caminos cerca del Mercado. Su padre don Juan, trasportaba mercancías con un viejo camión en el Mercado Único con el que se ganaba la vida malamente. Mientras tanto “Ñico” como le decían desde pequeño ayudaba a su padre. También realizaba  múltiples trabajos: venta de billetes de lotería, limpieza de pisos, consiguió también empleo en la tienda “El Machetazo”. De la tienda se marcho por no soportar la explotación a la que estaban sujetos, tanto él como sus compañeros de trabajo. Por aquellos años se instalaron grandes comercios como la famosa tienda El Encanto destinada a las clases pudientes. Otras tiendas conocidas eran los Almacenes Ultra, La Filosofía, La Época, Le Grand Paris, La Casa Prado, La Zarzuela etc.  El Machetazo donde trabajaba Antonio estaba destinado a los sectores de bajos recursos con precios muy económicos. Pero para ello los propietarios sobreexplotaban a sus trabajadores con largas horas de trabajo. Cuando se fundó el Partido del Pueblo Cubano (ortodoxo) en 1947 se incorporó a la juventud con apenas 15 años de edad.  Eduardo Chibás era el líder indiscutido de este nuevo partido que tenía un carácter antiimperialista, consideraba esencial luchar contra la corrupción administrativa existente en Cuba en aquel entonces. Eduardo Chibás  se convierte por este motivo en una figura de resonancia en la opinión pública. Su popularidad fue debida a las graves denuncias que realizaba tanto en la prensa escrita como en un programa radial, que transmitía cada domingo.

El Partido Ortodoxo tenía como lemas «Vergüenza contra dinero» y «Prometemos no robar» y como símbolo una escoba que barría todos los males de un estado corrupto. Ñico realizó distintas actividades de militancia política en las secciones obreras y estudiantiles de la ortodoxia, oponiéndose siempre a los elementos más conservadores. Cuando Chibás organizó una caravana que recorrió el interior de Cuba, Ñico fue uno de los entusiastas participantes. Su madre Concepción nos cuenta aquel recorrido propagandístico: “Regreso destrozado con la ropa y zapatos en pésimas condiciones. Pero contentísimo por las actividades en que habían participado” Todos los que lo conocieron lo recuerdan con una exagerada altura y muy delgado, aspectos estos que no pasabas desapercibidos. Tenía un recio carácter, que lo llevaba a no tolerar actos incorrectos y a criticar duramente a los compañeros que cometían errores de conducta. Después de la muerte de Chibás so posesiona en la izquierda de este partido. Para enfrentarse a los sectores oportunista de la ortodoxia  se creó una fracción que se denominó “Los de Abajo”. Después del golpe de Estado reaccionario del 10 de marzo de 1952 participó en el entierro simbólico de la Constitución del 40, organizado por la FEU del 2 al 6 de abril, en la Universidad de La Habana.

El 1 de mayo de 1952 conoció a Fidel Castro en un acto homenaje a Carlos Rodríguez, quien murió víctima de los golpes recibidos por la policía durante una manifestación de protesta en septiembre de 1951. Fidel le encomendó la impresión y distribución del boletín El Acusador que el líder de la Generación del Centenario redactaba. Fue jefe de la célula alrededor de la Plaza del Vapor; Calixto García fue su segundo. Participó en la constitución de las células de Artemisa y Consolación del Sur, en Pinar del Río. El 27 de noviembre de 1952 participó en la peregrinación de La Punta. Estuvo presente en la protesta donde cayó mortalmente herido Rubén Batista Rubio. El 27 de enero de 1953 tomó parte en el Desfile de Las Antorchas junto a Fidel y los 500 jóvenes organizados. El 28 de enero estuvo también en otra manifestación estudiantil que se enfrentó a la policía. El moncadista Pedro Trigo quien conoció a Ñico en los inicios del movimiento revolucionario recuerda aquella etapa: “Con Fidel y Abel Santamaría visite a Ñico en varias oportunidades. El era un militante muy responsable, siempre dispuesto a  ponerse al frente de las misiones más arriesgadas. Por ese entonces era el jefe de la célula insurreccional del Parque de los Leones, de La Habana vieja, donde también participaban los hermanos Ameijeiras.”

Asalto al Moncada:

Durante los preparativos de los ataques a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, Fidel decidió que Raúl Martínez y Ñico fueran al frente de los hombres que atacarían este último. Así fue como Ñico se traslada hacia Bayamo. En su casa dijo que se iba a trabajar a una arrocera. El 25 de julio de 1953 la ciudad de Bayamo, en el oriente cubano, mostraba absoluta normalidad. No había indicio de que una veintena de jóvenes procedentes de la capital del país aguardaban en un hotel en espera de una orden para tomar por asalto el cuartel de la ciudad. El plan inicial consistía en que el jefe de los asaltantes, vestido de militar, se acercaría a la entrada principal del cuartel acompañado por un residente en la ciudad, muy conocido por la guarnición, quien identificaría a su acompañante como amigo y solicitaría que le permitieran pasar la noche allí con el argumento de que al otro día seguirían para Santiago de Cuba. Una vez adentro, desarmarían a la posta y obligarían a abrir la reja de entrada para darles paso a los demás asaltantes. Estos se encargarían de neutralizar a los restantes soldados que dormían y de abrirles la verja trasera a los demás revolucionarios para completar la ocupación del cuartel. Estaba previsto, además de la toma del cuartel, que poco después un destacamento de mineros destruyera con explosivos los puentes, de manera tal que las fuerzas de la tiranía se encontraran con el casi insalvable obstáculo del río Cauto que les impediría acudir en ayuda de la guarnición del Moncada.

Al no presentarse el individuo que serviría de acompañante al jefe de la acción para engañar a los militares, la táctica tuvo que cambiar. Veintiún hombres armados, dirigidos por Raúl Martínez Ararás, Antonio “Ñico” López, Gerardo Pérez Puelles, Orlando Castro y Pedro Celestino Aguilera, partieron al amanecer para el combate.

Comenzaron a avanzar sigilosamente hacia la parte trasera del cuartel para llegar tenían que atravesar dos cercas. Pasaron por debajo de la primera, pero entre esta y la segunda encontraron un montón de latas de conserva, con las que tropezaron y el ruido puso sobre aviso a la posta del cuartel. Fracasado el factor sorpresa del que dependía el éxito de la acción, el débil armamento de los revolucionarios no podía enfrentar con efectividad el fuego de los militares, y los revolucionarios decidieron retirarse. La mayoría de los atacantes salvaron sus vidas gracias a la ayuda valiente y desinteresada de vecinos de Bayamo y otras localidades de la actual provincia de Granma. La heroica solidaridad de varias familias de Bayamo y sus alrededores ayudó a salvar a la mayor parte de los atacantes entre ellos Ñico.  A pesar de la persecución de la policía, logra entrar en la embajada de Guatemala y solicita asilo.

Guatemala:

Después de un tiempo hospedado en la Embajada consiguen un salvoconducto para salir de Cuba, rumbo a Guatemala. En este país había un gobierno de izquierda  dirigido por el Presidente Arbenz. “Nos enteramos de que hallándose en Guatemala –comenta Concepción- Ñico trato de regresar a Cuba para entregarse, pues quería que lo mandaran a la prisión para estar con Fidel. Pero se le disuadió de esa idea”. Por aquel entonces otros exiliados y militantes de izquierda de América latina estaban viendo en Guatemala para conocer de cerca la revolución que se estaba gestando en este país., entre los cuales se encontraban Ernesto Guevara, Gualo García, Ricardo Rojo, Hilda Gadea, el nicaragüense Edelberto Torres y sus hijos Myrna y Edelberto Torres Rivas entre otros.  Ernesto Guevara conoce a través de Hilda Gadea a la joven nicaragüense Myrna Torres. Tanto Ernesto como Hilda son invitados a una fiesta que se realiza en la casa Edelberto Torres, un destacado intelectual nicaragüense. Allí coincide con 4 cubanos que habían participado en la toma del Cuartel de Bayamo: Ñico López, Mario Dalmáu, Armando Arencibia y Antonio Darío López, el Gallego.  El propio Guevara en su libro de viajes señala aspectos de la relación con los cubanos: “Día domingo sin novedad, hasta la noche en que me vinieron a buscar para atender a uno de los cubanos que se quejaba de fuertes dolores de vientre. Hice llamar a la ambulancia y estuvimos hasta las dos en el hospital. Hora en que el médico resolvió que había que esperar antes de operar y lo dejamos en observación.” En otra parte de sus apuntes de viajero señala: “Yo, como de contrabando una vez al día y duermo con Ñico el cubano, cagado de risa todo el día pero sin hacer nada. El lunes Ñico se va y pasare entonces a otra pieza de un amigo guatemalteco llamado Coca. En la misma pieza que  Ñico duerme un cubano que canta tangos y que me invito a irme con él a pie por el sur hasta Venezuela; si no fuera por el puesto que me prometieron me largaba (…) Nuevamente los días se suceden sin que nada nuevo pase. Estoy en la pensión acompañado por el cubano cantor, ya que Ñico se fue a México”. Según nos cuenta Hilda Gadea -la primera mujer de Guevara- en sus memorias: “Ñico estaba seguro que su estadía en Guatemala seria breve. Que en poco tiempo partiría hacia otro país para reunirse con Fidel y trabajar por la revolución. Su fe era tan grande, que quien quiera que lo escuchara estaba obligado a creerle”.

Espontáneamente nació entre Ñico y Guevara una estrecha relación amistosa. Durante muchos encuentros y  horas de conversación, Ñico le fue contando cómo había sido el ataque al cuartel Moncada y en qué consistía el Movimiento 26 de julio. A través de este extrovertido y entusiasmado Moncadista, Guevara pudo conocer más profundamente quién era Fidel Castro y cuál era su pensamiento revolucionario. Con el fin de poder sobrevivir económicamente  Ernesto junto a Ñico se pusieron a vender distintos productos a comisión. A través de Ñico, Ernesto se relaciona con el resto de cubanos exiliados en Guatemala. A tal punto se estrechó su relación, que se convirtió en el médico del grupo. La amistad se fue profundizando tanto, que todos los días se encontraban en el Parque Central o en la pensión de Ernesto o de algunos de ellos. Por ese entonces es Ñico el que le pondrá “Che”, a Ernesto. El CHE Argentino. Así primero los cubanos, posteriormente los otros exiliados y los propios guatemaltecos lo empezaron a llamar por ese nombre. Myrna Torres le cuenta a la historiadora cubana  Marta Rojas sobre aquella etapa.: «Yo había regresado de estudiar en Estados Unidos, era inmadura políticamente y sólo quería fiestar y bailar. Ñico López me había hablado de los carnavales en La Habana y organicé una especie de conga cubana en la capital guatemalteca. Alquilamos un camión y yo me disfracé de diablo. Un amigo hondureño iba tocando el acordeón y un nica la guitarra. Transitamos la calle principal. Todos nos veían como una cosa rara, anormal en mi país, sobre todo un 31 de diciembre. Le dije a Hilda que invitara a Ernesto y a Gualo, pero no lo hizo, tal vez por temor a perder a su posible pretendiente». Según ella, Ñico López, de admirable madurez política, aun superior a su modo de ver a la de Ernesto en ese instante, aunque no tan culto, fue el primero que le habló de Fidel y del socialismo. Le dijo: «Te lo voy a presentar. Es de convicción firme, un abogado talentoso y visionario, alto, fuerte. Vamos a hacer la Revolución y a triunfar y te vamos a llevar a cumplir una tarea importante (…)Ernesto no era comunista al llegar a mi patria. Se convence del verdadero comunismo con los camaradas del Partido allá, y se lo dice a su madre en una carta. Tenía la experiencia de sus viajes por América Latina y amaba la justicia más que nada, por eso la simpatía mutua entre él y Ñico López…”

Regreso a Cuba:

El 1 de enero de 1955, Fidel, al conocer que Ñico pretendía regresar a Cuba en compañía de Calixto García le orientó realizarlo públicamente y dejarse arrestar, para poner al régimen batistiano en una posición difícil y facilitar la amnistía que ya exigía la población. Fidel también le remitía un grupo de declaraciones públicas que debía enviar con su firma y la de Calixto a los diferentes medios de prensa nacionales. Ñico se prestó a cumplir las orientaciones de Fidel, pero su situación económica en esos momentos – como la de Calixto – era calamitosa: dormía en la escalera de un edificio y llevaba varios días sin comer. Los que podían facilitarte el dinero para regresar a Cuba eran los elementos priístas, con los que no tenían ninguna relación. Pasaron semanas en gestiones infructuosas hasta que llegado marzo la situación se modificó radicalmente con la aprobación de la amnistía para todos los presos políticos. “Dondequiera que estuviese – nos relata doña Concepción – estaba pendiente de nosotros. Desde Guatemala, desde México, durante el exilio, nos llegaron siempre sus cartas y fotografías, con dedicatorias en las que el amor a la patria y a la revolución ocupaban el primer lugar”

Al dictarse la amnistía política en marzo de 1955 regresó a Cuba el 28 de mayo de ese año. Con la puesta en libertad de Fidel y del resto de los moncadistas participa de la fundación del Movimiento 26 de julio. El 12 de noviembre de 1955 se consagró a la organización del Movimiento en zonas de las provincias de Oriente comenzando por Manzanillo. También organizo los grupos de “acción y sabotaje” que operaban en La Habana. Personalmente dirigió actos de sabotaje en la empresa “Sears” y en una fábrica de colchones de Luyanó. De su labor y actitud en aquellos años, expresó su amigo y compañero de lucha Raúl Castro: “Era perseguido por los cuerpos represivos de la tiranía, pero su ejemplo y dirección hacía crecer las acciones de las Brigadas Juveniles; con volantes dieron a conocer la consigna lanzada por Fidel de que: «En 1956 seremos libres o mártires» Más tarde partió hacia México para dedicarse al entrenamiento de los combatientes y a los preparativos de la expedición del yate Granma.  Era tan grande la penuria de “Ñico” y su familia, que cuando iba a hacer el viaje a México, después de la muerte de su padre, que los sumía en una miseria todavía mayor, sus compañeros tuvieron que hacer una colecta y reunir 10 pesos para comprarle un traje para embarcarse. Hicieron la compra en una casa de empeños.”

México:

Ernesto Guevara después de varios meses de ganarse la vida en su nueva profesión de fotógrafo ambulante, comienza a trabajar como médico en la sala de alergias del Hospital General de la populosa capital centroamericana. Allí se reencuentra con su amigo de Ñico López. Este encuentro le permitirá a Ernesto conectarse con el grupo de cubanos exiliados. Fue el propio Ñico López quien pusiera en manos de Ernesto Guevara un ejemplar de la primera edición clandestina de “La Historia me Absolverá” El Movimiento 26 de Julio preparaba a sus militantes en el manejo de armas. Para ese entonces el Che -como le empezaron a decir todos los cubanos-  se había sumando al grupo revolucionario.

Ñico fue uno de los expedicionarios del Granma, que desembarcó el 2 de diciembre de 1956 por Los Cayuelos, muy cerca de la playa Las Coloradas. El desembarco dificulto la concentración de los expedicionarios. Las malas condiciones del lugar facilitaron la dispersión y la acción represiva del ejército que los estaba esperando. Ñico con otros compañeros llegaron hasta Boca del Toro, en la costa de la sureña localidad de Niquero. Ñico con otros dos compañeros se quedaron aislados y desorientados. En busca de la columna central son sorprendidos por una delación. Es así como el ejército  el 7 de diciembre de 1956 logra apresarlos. Los militares estaban comandados  por el teniente Julio Laurent, quien lo asesinó cobardemente en la mañana del 8 de diciembre,  junto con Miguel Cabañas, José Smith, Tomás Royo y Cándido González. La muerte de Ñíco fue un duro golpe para Raúl y para el Che con los que mantenía una gran amistad. También lo fue para Fidel que contaba con uno de sus hombres más valiosos y files a la causa revolucionaria. Después del triunfo de la revolución una refinería de petróleo ubicada en el municipio de  Regla en la bahía de La Habana fue bautizada con su nombre, como así también la Escuela Superior de formación política del Partido Comunista de Cuba. Mi madre -nos cuenta Pedro Trigo- y doña Concha como le llamaban a su  madre, hicieron una gran amistad, después del triunfo de la revolución. Ambas eran madres de dos mártires, la mía por  mi hermano Julio y ella por Ñico. Las dos compartían el dolor y ambas tenían en común que eran gallegas y de la provincia de Lugo, que hacía que tuvieran mayor afinidad.”

Ñico López fue uno de los más valientes luchadores de la generación del Centenario. Los hijos de José Martí hicieron posible la segunda y definitiva independencia de Cuba.

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