Crisis, transición y socialismo

CRISIS, TRANSICION Y SOCIALISMO

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Napoleón Saltos Galarza

Foro Mundial de Alternativas, Capítulo Ecuador

Quito, noviembre 2008

wnsaltosg@yahoo.es

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No hay solución capitalista a la actual crisis capitalista. (…) el socialismo es la única alternativa para solucionar el conjunto de los problemas económicos, sociales, políticos, culturales, medioambientalesy civilizatorios de la humanidad.[1]

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Si antes se ganaban las elecciones haciendo flamear las banderas del neoliberalismo, hoy se ganan criticándolas.

Atilio Borón[2]

El problema de fondo no es sólo la gravedad de la crisis del capitalismo, sino la debilidad de las alternativas. Estamos ante una crisis estructural del capitalismo, pero los sepultureros se demoran en llegar.

Para un estudio riguroso, hay que empezar por modificar la definición de la crisis como “hundimiento”[3] del capitalismo, hacia una visión de la crisis como un período de “caos” y “anarquía”, de agudización de las contradicciones fundamentales del sistema, de bifurcación del camino de las perspectivas.

Una crisis abre oportunidades y disyuntivas: el desenlace puede apuntar a una recomposición del capitalismo, a un nuevo ciclo del sistema mundo capitalista, con mayores costos para la humanidad y los excluidos; o hacia la transición al socialismo, como la alternativa para los problemas económicos, sociales, políticos y civilizatorios.

En la fase neoliberal, la doctrina de la crisis o del shock,[4] fundamentada en el pensamiento de Milton Friedman, jugó un papel central en el florecimiento del capitalismo financiero: “Sólo una crisis – real o percibida como tal – produce un verdadero cambio. Cuando ocurre esa crisis, las acciones que se emprenden dependen de las ideas existentes en ese momento… Nuestra función básica: desarrollar políticas alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable”[5]

Para una perspectiva revolucionaria, no se requiere sólo que el sistema capitalista entre en crisis, sino que surja una fuerza alternativa, un bloque histórico con capacidad contrahegemónica, capaz de condensar las aspiraciones de cambio de la sociedad y los anhelos de liberación de los oprimidos,y de poner en marcha los dispositivos para construir un nuevo orden. Y allí está el principal retraso, tanto desde la teoría como desde la acción política.[6]

La marcha triunfal del pensamiento único ha llegado su fin, y la historia se abre a nuevos cauces de esperanza: estamos frente a una crisis de las ideas dominantes. El signo está en la muerte y resurrección de las teorías de Marx, en el seno del mismo Wall Street.

La tarea central en el campo teórico es acelerar la construcción de líneas de pensamiento (teorías) con capacidad de ejecución (técnicas y tecnologías) para una transición prolongada que rompa el viejo orden y siente las bases y abra perspectivas para un mundo diferente.

Lo más espinoso es diferenciar el carácter de los cambios: saber si apuntan a una recomposición del sistema mundo capitalista, aunque con nuevas formas, a menudo envueltas en discursos atrayentes; o si se trata de puntos de quiebre y alternativa. Para ello se requiere una mirada de larga duración.[7]

El estudio, por tanto, debe abarcar el proceso en su conjunto: la naturaleza de la crisis del capitalismo, los caucesy formas de recomposición del sistema, las experiencias y perspectivas de la transición, y el carácter y sentido del socialismo. Una visión parcial y de corto plazo, puede quedar atrapada en las exigencias y avatares de la coyuntura, puede quedar enredada en lo recovecos del sistema.

LA CRISIS

No hay teoría inocente. El debate central, desde el punto de vista de las estrategias alternativas, es definir si se trata de una crisis cíclica o de una crisis estructural del capitalismo, de una crisis en el capitalismo o una crisis del capitalismo. El ámbito para este debate se ubica en el estudio de la transición: situar los signos de agotamiento del capitalismo,[8] y detectar los gérmenes de transformación hacia el socialismo.

¿Qué es lo que entra en crisis? La opinión pública se centra en los acontecimientos inmediatos: el estallido de la burbuja hipotecaria a partir de junio del 2007, los avatares de la crisis bancaria y financiera y las maniobras del salvataje. Ese es el punto de partida, pero en realidad el punto de partida está en las raíces, en los orígenes: se trata de una crisis de larga data, de larga duración hacia atrás y hacia delante.

Si pasamos de la circulación y del manejo monetario a la esfera de la producción, valorización y reproducción ampliada del capital, debemos ubicar el arranque de la actual crisis en el inicio del ciclo de la tendencia decreciente de la ganancia que se configura a finales de la década del 70; y en el consiguiente reordenamiento del sistema financiero-económico, precisamente para enfrentar esa situación, a partir de la decisión unilateral de la no-convertibilidad del dólar, asumida por el Gobierno norteamericano en 1971, lo que pone fin al sistema patrón-oro acordado en Bretton Woods y señala el punto de salto hacia la fase de financiarización[9] de la economía mundial, encabezada por Estados Unidos de Norteamérica, con la participación de Europa y de Japón.

La financiarización significa “que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras.”[10]

A partir de los años 1967-71 entramos en una fase B (descenso) de la o­nda larga de Kondratieff iniciada en la post segunda guerra mundial (a partir de 1945). Esta fase marcaría el paso a la financiarización de la economía mundial y el inicio del declive de la hegemonía norteamericana. En el tiempo actual esa fase entraría en su punto más bajo, en una crisis que tiende a ser estructural.[11]

Antes de romper la convertibilidad, una o­nza de oro equivalía a 38 dólares; 35 años después la o­nza de oro ha rebasado la barrera de los mil dólares, una devaluación en torno al 3.000%. “Esa erosión endémica del dólar viene devorando ahorros, salarios y precios reales de todo el mundo, incluso los norteamericanos. Un tributo mundial a Estados Unidos que nutre las especulaciones de la bolsa newyorkina, el financiamiento de sus empresas transnacionales y la voracidad consumista.”[12]

La burbuja financiera implica una brecha descomunal entre el capital productivo y el capital financiero: “el volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares.”[13]

Lo que entra en crisis, en primer lugar, es la financiarización del capital y la hegemonía del poder norteamericano: una crisis de modelo y de ciclo. Pero la crisis va más allá. “No basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. (…)Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.”[14]

En torno a los 70, se opera también una modificación profunda en las fuerzas productivas con los resultados de la tercera revolución científico-técnica que afecta al funcionamiento de la economía, con nuevas posibilidades de globalización capitalista y también de alternativas hacia otro mundo posible.

“Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros (…) Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno.”[15]

Surgen “tres curvas de largo plazo” que se aproximan a sus asíntotas y pueden conducir a choques más profundos para el sistema: (i) el “aplanamiento”, más que la universalización de la proletarización de la fuerza de trabajo, como por ejemplo, en el debilitamiento de las dicotomías entre lo rural y lo urbano; lo que reduce los espacios de “ejército de reserva” utilizados por el capital en tiempos de crisis; (ii) La universalización de la instrucción le ha quitado su poder iluminista y su capacidad de jerarquización social y de estabilización del sistema; lo que desemboca en un nuevo proceso de elitización y de rigidez social; (iii) la degradación ecológica, pues el copamiento del planeta y de los recursos impide la externalización de los costos.[16]

Se agudiza la contradicción de la globalización capitalista que se presenta como una reproducción trunca del capital,[17] al colocar fronteras estructurales a la mundialización de la fuerza de trabajo, y al producirse un desajuste entre la política interna de los países centrales y su proyección internacional: los gobiernos norteamericanos, a partir de la caída de la Unión Soviética, obstruyen y suplantan la formación de un Estado mundial y asumen el papel de Estado mundial-gendarme. Hasta ahora habían logrado mantener una diferenciación, el desacoplamiento entre el funcionamiento de la democracia liberal al interior y la atención al desarrollo económico interno, frente a una estrategia expansionista mediante dispositivos neocoloniales.

En la crisis actual esa contradicción se ha introyectado, tanto desde la economía, como desde la política. La AdministraciónBush se basó en elexceso de la política expansionista, hasta tomar lo forma de un “capitalismo del desastre” y una estrategia de shock,[18] lo que se precipita sobre todo a raíz del 11-S hasta rebasar la frontera de la política interna y debilitar las bases de la democracia liberal: el signo está en la incapacidad de resolver el tema de los migrantes y en la promulgación de la Ley Patriota.

En el plano económico, la crisis actual implica la concurrencia de diversas crisis. “Se tienen cuatro crisis: financiera, económica, alimentaria y climática, que afectan a todo el planeta pero cuyo origen se sitúa en los países del Norte.”[19] Y, al mismo tiempo, mientras los anteriores estallidos de las burbujas financieras afectaban a zonas periféricas o externas, o incluso a delimitados sectores de la economía norteamericana, ahora el primer impacto es al corazón de Wall Street y a amplios sectores de la población; se refiere a valores simbólicos de la prosperidad del “american way of life”, la casa y el auto, y próximamente la tarjeta de crédito.

El triunfo de Obama se basa en el manejo de esta contradicción, como ya lo hizo Clinton en 1992; aunque logra también instrumentalizar imaginarios culturales sobre la discriminación y el cambio. Pero en esta oportunidad se ha reducido el espacio para una salida, para restablecer el desacoplamiento entre el manejo interno y la política externa.

Como lo preveía Arrighi, “la propia extensión y severidad de la actual crisis de sobreacumulación y la elevada velocidad con la que se está desplegado pueden generar fácilmente una situación en la que la tarea de crear unas estructuras de gobierno mundial mínimamente eficaces sobrepase los recursos limitados de los Estados Unidos y de sus aliados.” [20]

A finales del largo siglo XX, Arrighi veía un proceso binario con el debilitamiento de una “vieja” región (Norteamérica) y el ascenso de una “nueva” región (este de Asia), “como centro dinámico de los procesos de acumulación mundial,” asentado no tanto en la industrialización como tal, sino en el valor añadido dentro de la economía-mundo; y destacaba sobre todo el proceso de Japón.[21]

A inicios del siglo XXI ya no se presenta únicamente como un tema de regiones, sino más bien como un tema de ejes y como un juego a tres bandas:[22] la crisis afecta sobre todo al eje Norte-Sur, la tríada USA-UE-Japón y sus engarces en la periferia; mientras tanto surge un nuevo eje Este-Oeste de acumulación en ascenso, los BRICAS, que involucra el este de Asia, no tanto Japón, sino sobre todo a China, el último ganso de la “bandada” a finales del siglo XX, pero también a un nuevo papel de Rusia, India, Brasil y Sudáfrica, no sólo como potencias regionales o como “subimperialismos”, sino como dispositivos de reordenamiento del capital mundial dentro del antiguo manejo imperial de desacoplamiento de sus políticas “nacionalistas” internas, con una política expansionista neocolonialista: el signo es PETROBRAS en Brasil o GAZPROM en Rusia. Proceso que se ve reforzado con el desplazamiento del epicentro material del comercio mundial desde el Atlántico hacia el Pacífico. Empero estas expansiones tienen poco espacio de maniobra para las desconexiones, pues dependen en gran parte del intercambio con las economías centrales.

En este nivel se marcan relaciones que agudizan la contradicción global del sistema: “la existencia de una relación contradictoria entre la vitalidad de una agencia capitalista emergente y un orden capitalista todavía dominante ha constituido una característica de todas las transiciones de un ciclo sistémico de acumulación otro.”[23]

En particular obstruye el paso a un nuevo Estado mundial y produce una especie de fijación en el estadio anterior, con un Estado-nacional, el norteamericano, que opera como Estado mundial, aunque para ello debe reforzar sus mecanismos autoritarios y de monopolio bélico; y con una economía-nacional, que actúa como organismo económico mundial, sobre todo en el campo de las políticas monetarias y financieras, aunque para ello debe reforzar sus tendencias especulativas. El signo es papel del dólar como moneda universal – dos tercios de las transacciones financieras mundiales se siguen realizado en dólares – aún en medio de la crisis.

Empiezan a surgir, todavía con debilidad, experiencias y procesos, sobre todo en América Latina, de desacoplamiento o “desconexión”[24] con posibilidades de alternativa en la reconexión o hacia nuevas formas de recomposición y desarrollo del capitalismo o hacia formas de transición al socialismo.[25]

En medio de este proceso complejo, se agudiza la contradicción-paradoja entre el desarrollo de las fuerzas productivas con capacidad de pasar de la escasez a la respuesta a la necesidad de toda la humanidad, y la creciente concentración monopólica de la riqueza en manos de las transnacionales y los países centrales, con un modo de vida que termina por poner en riesgo la supervivencia misma de la humanidad y del planeta. La crisis del capitalismo se proyecta como una crisis sistémica y también civilizatoria.

¿PUEDE SOBREVIVIR EL CAPITALISMO?[26]

No hay respuestas puramente económicas. El capitalismo es un modo de producción-formación económico-social (Marx), pero también es una civilización (Schumpleter). La respuesta es predominantemente política, depende sobre todo de la presencia de los sepultureros: “la salida dependerá de los detalles de la lucha organizada actual”[27]

La crisis no es sólo económica; se trata de una “crisis de todo el organismo social moderno y de la misma conciencia”[28]

En este sentido, es interesante observar el tratamiento que Marx da al tema de la caída de la tasa de beneficio como uno de los indicadores claves sobre la crisis del capital: señala la tendencia correspondiente a largos períodos de tiempo, pero también presenta las “causas que contrarrestan la ley”;[29] y esas causas “engloban precisamente elementos de naturaleza ‘subjetiva’ y social”[30]. Podemos ampliar esta visión y señalar que también la lucha para definir la orientación del desenlace de la crisis se decide en el campo de los elementos “de naturaleza ‘subjetiva’ y social”.

Una visión integral permite analizar dos procesos paradójicos: el capitalismo tiene alta capacidad de readecuación (Braudel); pero cada ciclo de prosperidad crea condiciones en las que el capitalismo sobrevive cada vez en mayores dificultades (Schumpeter).

La crisis financiera está en pleno desarrollo: estallarán nuevas burbujas, como en el caso de las tarjetas de crédito; caerán nuevos bancos y entidades financieras; todavía el monto de capital basura que debe quemarse es alto.[31] Pero el capitalismo buscará salidas.

La primera línea de reflexión se centra en la capacidad del capitalismo para conquistar nuevas zonas de explotación y acumulación: aparece ante todo el lado rapiñador del capital. Este lado fenoménico es correcto, siempre que no regresemos a las viejas teorías de la subordinación de la producción al consumo, o de los límites estructurales del capitalismo en el empobrecimiento de la población y en la incapacidad de consumo como punto de partida dela crisis (crisis de subconsumo).[32] Esta línea se presenta en la descripción de la crisis dentro de la cadena de la crisis hipotecaria: la incapacidad de pago de los préstamos hipotecarios por los usuarios como el inicio del estallido de la burbuja financiera.

El punto de partida está, no en el subconsumo, sino en la sobreproducción y la sobrevalorización especulativa del capital: en el campo del valor del cambio y no directamente del valor de uso; como resultado del propio proceso de reproducción ampliada del capital y no como un elemento introyectado. “Esa ampliación de la producción, sin una ampliación correspondiente del consumo concuerda con la misión histórica del capitalismo y con su estructura social específica: la primera consiste en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad; la segunda excluye la utilización de esas conquistas técnicas por parte de la masa de la población.”[33] Lo que coloca el análisis de lacrisis en el estudio de las contradicciones del capitalismo, empezando por “la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.”[34]

En la fase actual, cuando estamos ante la paradoja de que el desarrollo de las fuerzas productivas ha creado las condiciones para superar el campo de la escasez y sentar las bases para que humanidad sea sujeto de su propia historia; esta potencialidad choca con fronteras estructurales tanto por el lado de la naturaleza y el planeta, como por el lado de la sociedad y el individuo; por lo cual la contradicción entre “el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación”, empieza a desembocar en una crisis sistémica.

La capacidad de readecuación se opera por un triple desplazamiento del capital dominante. El paso a nuevas zonas de valorización del capital: una vez agotadala zona de la “economía punto com” con la crisis del 2001, el capital se desplaza a la zona de los préstamos hipotecarios y los derivados, la misma que también estalla a partir de junio del 2007, por lo cual busca desplazarse a una nueva zona en torno al capital rentista para explotar los “conmodities” y los recursos naturales, empezando por el petróleo, que logra su cota más alta el 4 de julio del 2008 con el precio de barril por encima de los 150 dólares, para entrar en franja de turbulencia a partir de septiembre. El movimiento apunta al desplazamiento hacia la captación monopólica de la renta de la tierra, a través de alianzas estratégicas con las potencias en ascenso mediante la estrategia de los biocombustibles y el reforzamiento de una nueva ola extractiva, basada en la reprimarización de las economías periféricas. El signo en nuestro Continente es el ordenamiento en torno al IIRSA, que se ubica alrededor del eje Manaos-Manta-Manaos-Caracas-Manaos-La Paz.

El desplazamiento a nuevas zonas de colonización de la periferia: el despegue de la fase de financiarización se asienta en la conquista violenta de las fronteras de acumulación estatal en América Latina, mediante el dispositivo de la “renegociación” de la deuda externa; y luego se refuerza con lo acelerados procesos de privatización de los países exsocialistas, bajo la égida del Consenso de Washington y la doctrina del shock. Las guerras de Afganistán y de Irak apuntan a un nuevo control geopolítico en torno al monopolio de los recursos energéticos, pero también a la contención de la expansión del eje Este-Oeste, en particular de China. Agotada, y sobre todo ilegitimada, la fase neoliberal el capital mundial impulsa una estrategia centrada, ya no en la privatización directa de los recursos naturales y de la áreas estratégicas de la economía pública, sino en la privatización de los gobiernos y de su gestión.[35]

El desplazamiento, en tercer lugar, está regido por la captación de reductos de mano de obra barata que permita acrecentar la plusvalía absoluta para tener espacio para la puesta en juego de la plusvalía relativa. Este fue uno de los dispositivos para la expansión del Este asiático, en una estrategia de “vuelo de ganso” encabezado por Japón, que permitió la incorporación escalonada de los países más “atrasados”, es decir con menor consto de la mano de obra. El “milagro” chino cuenta con un dispositivo similar.

En cada desplazamiento se produce un caos mayor que afecta no sólo al capitalismo, sino al destino de la humanidad.

ESCENARIOS DE DESENLACE

“Formalmente, sólo hay dos posibilidades:”[36] (i) el sistema-mundo sigue funcionando, con los ajustes necesarios: el ciclo Kondratieff ascendería de nuevo y el ciclo hegemónico iniciaría su reconstrucción; el sistema-mundo podría ser diferente, pero en esencia seguiría existiendo una economía mundo-capitalista; (ii) la germinación de una crisis o bifurcación del sistema, que podría manifestarse como un período de caos del sistema, cuyo resultado sería incierto.

La metodología propuesta por Wallerstein se centra en reunir los argumentos que podrían defender la hipótesis de la crisis del sistema. “Si los argumentos presentados no parecen plausibles o convincentes, entonces se sostendría la primera opción, la continuación normal del sistema, y así no haría falta discutirlas por separado.”[37]

En la primera posibilidad,[38] los viejos centros pueden detener el curso de la historia capitalista del cambio de guardia en el mando de la economía-mundo capitalista y, basados en el control de recursos para la construcción del aparato de Estado mundial y para organizar la guerra, pueden apropiarse por la fuerza, la astucia o el convencimiento de los excedentes acumulados en los nuevos centros, para ir a la construcción de un imperio-mundo verdaderamente global.

En esta dirección apunta el juego del G7+1, que busca a través de la ampliación al G20 cooptar a las potencias emergentes para una salida de reordenamiento del sistema financiero bajo control de los viejos centros de poder.

El salvataje se dirige a favorecer a los grandes conglomerados financieros: el rescate de Citigroup con la entrega de 50 mil millones de dólares, de la AIG con 35 mil millones de dólares, a la cola espera el Banco de América.[39] Las políticas de salvataje bancario, como la creación del fondo de 700 mil millones de dólares por el gobierno de Bush, se orientan a una mayor concentración monopólica: un signo está en el desenlace de las quiebras bancarias que termina en absorciones por megabancos que expanden un dominio monopólico cada vez más concentrado.[40]

El intento de pasar a un nuevo ciclo implica una especie de retorno al punto de partida: un proceso de reacumulación originaria y violenta de capital en manos de los nuevos grupos hegemónicos, con hechos de corrupción y manipulación, el mundo oscuro de la “

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