Criminalizando a la ayuda humanitaria

Por No Name Kitchen

Protesta en Navidad

El día de Navidad, un grupo de unas 150 personas refugiadas, entre ellas mujeres y niños provenientes de distintos campos de Serbia, se concentraron a escasos 100 metros de la línea fronteriza que separa Serbia de territorio europeo, a 4 kilómetros de la ciudad de Šid, situada al oeste, en los límites de Serbia con Croacia, porque circuló el rumor que la frontera croata estaba abierta. Una vez llegaron al punto fronterizo y vieron que el control policial seguía vigente, decidieron manifestarse pacíficamente porque ya que llevan demasiados meses, algunos hasta más de un año, viviendo en campos, sin derechos, sin documentos y sin opciones a ser ciudadanos libres.  Están en un limbo en Serbia, las fronteras a Europa están cerradas, no reciben respuesta a sus demandas de asilo y el pasado 25 de diciembre se aferraron a uno de esos sueños a los que todos los seres humanos nos agarramos.

Al mismo tiempo las autoridades fronterizas de Croacia, al detectar la presencia de las personas refugiadas cerca de la frontera, no tardaron en desplegar unidades de anti disturbios de la policía y el ejército, posicionándose frente a mujeres y niños de corta edad para intentar frenar el avance hasta territorio europeo. Croacia no dispone de vallas para separar su territorio de sus vecinos serbios, pero eso no les hace más vulnerables, ya que dispone de material de alta tecnología, como sensores de movimiento, drones, cámaras térmicas y helicópteros a lo largo del perímetro, lo que hace casi imposible poder lograr con éxito el cruce a Europa.

La No Name Kitchen (NNK) reaccionó a esta situación de emergencia. Fuimos testigos de la reunión de personas, entre ellas mujeres y niños, y preguntamos a la policía serbia si podíamos satisfacer las necesidades básicas: tiendas de campaña, comida, agua, asistencia médica. Ellos aceptaron. Dos días después, la concentración pacífica se disolvió por los anti disturbios. Se acabó esa mini lucha bajo el frío que emprendieron los refugiados.

Situación en Serbia

En Serbia, según las onegés, hay aproximadamente 6.000 personas refugiadas y no hay sitio para acogerlas a todas en los diferentes campos posicionados en las ciudades fronterizas y en Belgrado, la capital. Muchas de ella tienen miedo a ingresar en estos centros de atención a emigrantes porque, según sus propios testimonios, están a “un paso de la deportación”, por lo que la mayoría de ellas se ven obligadas a desplazarse hacia los bosques cercanos a las vallas que separan Serbia de sus vecinas Hungría, Rumanía y Croacia.

En estos estados de la UE, la violencia que se ejerce por parte de la policía fronteriza contra las personas  cuando intentan cruzar, dan paso a las mal llamadas “Push Back” (devoluciones en caliente), que en el caso de Hungría ha contado con la aprobación del parlamento para legalizarlas y que cada vez están más normalizadas. Actos que en bastantes ocasiones van acompañados de violencia física y el robo de sus pertenencias y que han sido denunciados por las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, entre ellas el Helsinki Committee for Human Rights, que colabora abiertamente sobre el terreno con otras organizaciones como las asistenciales MSFRigardu y nosotras mismas, aportando testimonios de las propias personas afectadas por las actuaciones policiales en los limites fronterizos de Europa.

El Comisariado, en su línea

El Comisariado para los refugiados, el organismo encargado del cuidado de estas personas llegadas de zonas de conflicto, nos acusó, una vez más, por diversos medios de comunicación serbios y croatas de haber sido los causantes de esta protesta, de haber azuzado a los refugiados a protestar con esperanzas e ilusiones de Navidad. No es cierto. Solo nos acercamos a ayudar cuando vimos que muchas familias tenían la intención pasar la noche a la intemperie. Les dimos tiendas, comida caliente y mantas.

Nos molesta que un organismo con tanta responsabilidad sobre esta crisis humanitaria que vive Europa, asuma que las víctimas de conflictos no tienen la capacidad de pensar y de organizarse solos. No hay que olvidarse que, aunque muchos vean a los refugiados como desvalidos, estos son personas que invirtieron sus ahorros de toda una vida de trabajo para  ponerse la mochila a la espalda y recorrer medio mundo en busca de una vida mejor. Y en unas condiciones muy difíciles, porque su pasaporte no vale para cruzar fronteras. Son valientes que en esa ocasión se atrevieron a asentarse frente a Croacia, a pesar del frío que hacía, para reclamar, pacíficamente, los derechos que deberían ser suyos.