Crecimiento de la xenofobia y amenaza de guerra civil en Francia: el objetivo del yihadismo

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Desde el ataque contra la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en enero de 2015, el terrorismo relacionado con el islamismo más radical no ha dado tregua en Francia. En noviembre de ese año volvió a sembrar el terror en el centro de París atentando contra la esencia misma de su modo de vida, una sala de conciertos en plena actuación y terrazas de cafés repletas de clientes en viernes de relax.Ahora Niza. Cambia la manera de actuar, lo que aumenta la sensación de inseguridad, y el número de víctimas crece exponencialmente. La situación empeora en cada ataque y, ya sean sus autores lobos solitarios o jóvenes despechados vinculados al Estado Islámico, hay quien ve un objetivo único en todos ellos. Asegura Le Monde en su editorial que la intención final de los terroristas es suscitar acciones de represalia contra los musulmanes deFrancia con la esperanza de provocar una especie de guerra civil. Pero medio siglo de atentados terroristas, replica el diario, no han conseguido que el país haya caído jamás en ninguna clase de provocación.Para alejar cualquier posible división, concluye, un día como hoy no corresponde pronunciarse sobre la eficacia de las medidas de seguridad tomadas por los distintos gobiernos después de cada atentado. «Se combatirá el yihadismo igual que se ha luchado contra otros movimientos terroristas».Advierte, sin embargo, que vencerlo tomará su tiempo.Es, sobre todo, una guerra de desgaste contra el Gobierno francés. Cada atentado pone al presidente Hollande en la tesitura de tener que responder con medidas que el ciudadano medio pueda considerar eficaces, y al mismo tiempo deben ser suficientemente duras para que la extrema derecha de Le Pen no incremente su cartera potencial de votantes cada vez que ocurra algo así. En las últimas elecciones regionales, celebradas pocos días después de los atentados de París, en los que murieron 130 personas, el 35 por ciento de los electores de entre 18 y 24 años votaron al Frente Nacional. Para ellos fue un 43 por ciento del voto obrero francés.

Quizá lo explique un índice de desempleo superior al 10 por ciento, y creciente, y una reforma laboral muy contestada. Pero también influye el hecho de que las medidas de seguridad aplicadas tras el ataque contra Charlie Hebdo, que contribuyeron a un aumento efímero de la popularidad de Hollande, no hayan podido impedir nuevos atentados. Y ya van más de doscientos muertos en poco más de un año.Según asegura el politólogo Jean-François Ballart en el diario Liberatión esa política de seguridad ha fracasado y que la imposición de “un régimen de excepción permanente y de vigilancia total se ha mostrado impotente para conjurar los peligros que pretende eliminar”.El diputado derechista Georges Fenech, presidente de la comisión de investigación de los atentados de 2015, echa más leña al fuego. Habla en Le Figaro de «tragedia previsible» y opina que la extensión del dispositivo policial anunciado por Hollande no es suficiente. Ya estaban delante de la sala Bataclan, recuerda, aunque sin la autorización de abrir fuego. Más mano dura para conectar con el electorado que la reclama, pero que ha sido rechazada inmediatamente por el primer secretario del Partido Socialista, Jean-Christophe Cambadélis.En algo sí tiene razón: el enorme despliegue policial, especialmente visible durante la reciente celebración de la Eurocopa, ni siquiera consiguió apaciguar el pánico que se extendió por todo el país poco después de conocerse la atrocidad de Niza. No pudo evitar que el autor del atentado sembrara el caos y el desconcierto, que se extendieron rápidamente a través de las redes sociales: rumores de toma de rehenes que tenían que ser constantemente desmentidos por el Ministerio del Interior e incluso un aviso de incendio en la base de la torre Eiffel que resultó ser un pequeño fuego accidental en un lugar cercano.En medio de ese caos, miles de franceses salieron a la calle a cantar la Marsellesa, el gran símbolo de la unidad de un país que incluye a seis millones de ciudadanos musulmanes, mayoritariamente integrados a pesar de las dificultades, y que se ha convertido en el principal objetivo del yihadismo radical.

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