Crónica del 1º de mayo en Madrid

Amaneció en Madrid el primer 1º de mayo de Corriente Roja, como organizaciónpolítica independiente, con muchas dudas e inseguridades sobre lo que seríamos capaces de hacer. Estamos iniciando un proceso, que esperamos tenga largo alcance, de debate a nivel estatal con organizaciones sindicales y políticas, sobre la reconstrucción del movimiento obrero, del sindicalismo de clase y combativo que parta de la democracia obrera, y sitúe como prioridad la organización y la lucha de inmigrantes y precarios. Hubiéramos querido que este 1º de mayo hubiera sido el pistoletazo de salida de esta convocatoria unitaria. El tiempo nos ganó y de común acuerdo con las organizaciones más cercanas decidimos que no era bueno precipitar acontecimientos que hubieran dejado fuera, por falta de posibilidades de discusión, a importantes colectivos que sabemos comparten el fondo del planteamiento que es preciso hacer. Esa es nuestra tarea inmediata para mañana.


Habíamos discutido si era mejor ir en la manifestación alternativa a la que acudía la Coordinadora Sindical, compañeros con los que esperamos contar para construir este proceso unitario. Decidimos ir a la manifestación convocada por CC.OO y UGT porque es allí donde se visualiza la usurpación de las burocracias sindicales del contenido de clase del movimiento obrero y, sobre todo, porque – más que nunca – este 1º de mayo la máxima prioridad la marcaba la lucha de los trabajadores inmigrantes por sus derechos. Entendimos que el objetivo esencial era denunciar la complicidad de las cúpulas sindicales con el gobierno y la patronal en un proceso de regularización que finaliza el 7 de mayo y que deja sin otro futuro a la mayoría de los inmigrantes que las cacerías organizadas por la policía.


En un 1º de mayo marcado por un “macro puente” en Madrid, la manifestación estuvo protagonizada por nuestro cortejo. Hace tiempo ya, pero hoy más que nunca, el cortejo de Corriente Roja y ATRAIE (Asociación de Trabajadores Inmigrantes en España), rompió el carácter de procesión – casi de entierro – de las manifestaciones. Una enorme pancartade Corriente Roja, de 15 metros, en la que se leía “Por un Sindicalismo de Clase y Combativo” que seguía a una furgoneta con el aparato de sonido, encabezaba un cortejo formado por inmigrantes de todas las nacionalidades y por gentes de Madrid, en su mayoría jóvenes.


Ocupamos la mitad de la calle de Alcalá, mientras el cortejo se formó con el potente sonido de la Internacional. Esperábamos que la cabecera con los jefes sindicales se adelantara. No se atrevieron a pasar delante de nosotros, a pesar de que las pancartas se habían colocado lateralmente para permitirles el paso. La salida se retrasó un cuarto de hora y optaron por pasar, en contra de lo usual, por la otra mitad de la calle.


Los lemas y las canciones, gritados hasta enronquecer, no solamente nutrieron nuestro cortejo, sino que las gentes de la otra mitad de la calle Alcalá, con pegatinas de CC.OO y UGT, las cantaron también. Los eran: “Nativa o extranjera, la misma clase obrera”, “Papeles para todos”, “Se va a acabar la burocracia sindical”, “Sindicato, de clase y combativo”, “Basta ya de burocracia, esto tiene que cambiar, queremos un sindicato, de clase y para luchar”, “Hay que acabar con el pacto social, que solo trae más precariedad”.


Es preciso haber estado allí para sentir en qué medida se estaba produciendo una experiencia colectiva espontánea al expresar, al sacar a la luz, toda la impotencia cotidiana sentida por tanta gente ante tanta traición de clase, ante tanta representación usurpada. Corriente Roja no se inventó nada, fue el canal necesario para expresar la rebelión que otros – muy llamativamente el sector crítico de CC.OO – no ha sabido o no ha querido representar.


A la entrada de la Puerta del Sol, mientras empezaban las intervenciones huecas e hipócritas de la burocracia sindical, de los mismos que han convertido una jornada de lucha en un simulacro, de quienes obtienen la legitimación y la financiación – no de los trabajadores – sino de las clases dominantes, nuestra compañera Narcisa y otros trabajadores inmigrantes, expresaban la fuerza de las razones de quienes están sufriendo con más brutalidad la explotación y la represión. De aquellos y aquellas que con más legitimidad que nadie vuelven a pronunciar la consigna imperecedera del movimiento obrero: “Trabajadores de todos los países, uníos”


En medio del discurso de Fidalgo, mientras decía que ellos representaban al 85% de los trabajadores, irrumpió con toda la fuerza de nuestro aparato de sonido y la más potente aún de nuestras gargantas, la Internacional, cantada por caras de piel negra de subsaharianos, tostada de asiáticos, morena de latinoamericanos y árabes y por la variedad de indígenas de todas las edades de por aquí.

Puedo asegurar que lo que ha sucedido, ha contado con una mínima preparación. Hemos asistido, como sucede en todos los acontecimientos importantes, con una irrupción de pueblo a la que, simplemente, hemos servido de soporte. El catalizador más dinámico, más generoso, más de futuro ha sido – sin duda – la presencia de jóvenes precarios y la cálida incorporación de tantos hermanos y hermanas de otros países. A ellos les hemos dicho, no sólo que su lucha es la nuestra, sino que tienen un lugar privilegiado en nuestra barricada para reconstruir el movimiento obrero, aquí y ahora.


1º de mayo de 2005

 

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