Crónica de un desahucio

No somos periodistas profesionales. Ni pretendemos serlo. No podemos mantenernos neutrales. Ni pretendemos hacerlo. Aunque siempre tratemos de reflejar la verdad, no podemos evitar tomar partido. Nuestras entrañas nos obligan a ello. La imparcialidad y la objetividad periodística no existen. Aquello de lo que presumen es complicidad y cobardía.

El pasado viernes 18 de noviembre, en Manoteras, el barrio estaba convocado por la Asamblea de Vecinos/as y por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca para tratar de frenar el desahucio de una familia endeudada con la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS), propietaria del piso. Una deuda fruto no sólo de una mala racha económica sino también, por un lado, de las irregularidades, la falta de transparencia y el afán recaudatorio de la EMVS, y, por otro lado, de la dificultad que tiene una familia para no perderse entre la burocracia, el papeleo y el lenguaje técnico propio de las instituciones públicas.

La Policía Municipal, responsable del operativo, acudió de forma puntual a la cita, y antes de la llegada de los/as funcionarios/as judiciales, procedió a desalojar a la treintena de vecinos/as que bloqueaban la puerta sentados/as y agarrados/as entre sí. El balance final fue de dos personas atendidas por el Samur y un buen número de identificados/as.

Con la entrada despejada y el numeroso grupo de vecinos/as, que ya superaba la centena, situado detrás del cordón policial, los/as responsables judiciales llegaron y realizaron su trabajo, negándose en rotundo a negociar un aplazamiento. Algunos/as todavía nos preguntamos cómo es posible que alguien que realiza este sucio trabajo lo haga encima con chulería y arrogancia, y no con la cabeza baja y carcomido/a por la vergüenza.

Finalmente, llegó el momento. La familia fue expulsada de su vivienda. El ambiente se lleno de imágenes y emociones que te sacudían, que te golpeaban. El dolor de la familia. La sonrisita del policía de turno. Las consignas que escupíamos con rabia. Las lágrimas de algunos/as vecinos/as. La frustración compartida. A veces, como ahora, las palabras resultan insuficientes para tratar de describir un conjunto de sensaciones o una sucesión de acontecimientos.

Hasta un policía comenzó a llorar. Tal vez se derrumbó al descubrir que su labor no es la de servir y proteger al/la ciudadano/a, como le contaron en la academia, o tal vez pensó en cómo podría explicarle a su hijo lo que había hecho esa mañana. Nos da igual. Si continúa con el uniforme, si le volvemos a ver patrullando por el barrio o en el próximo desahucio, sabremos que esas lágrimas fueron una farsa. Eso sí, un compañero suyo acabó reemplazándole. Mejor para ellos/as tener en el cordón policial a un joven Robocop que mantenga la compostura.

Para acabar la larga mañana, tan sólo nos quedó despedirnos de los/as responsables judiciales como se merecían, con todo el desprecio de los/as allí concentrados/as.

Por la tarde, un grupo de personas que tenía claro que la batalla aun no había terminado, abrió una vivienda vacía para cedérsela a la familia. Una práctica que cada vez se está volviendo más habitual, pues en las últimas semanas son muchas las familias desahuciadas que han pasado a alojarse en inmuebles vacíos. Un último ejemplo es la ocupación de un edificio propiedad de una entidad bancaria en el distrito Centro de Madrid.

Pero desgraciadamente no fue el único acontecimiento de esa tarde. La policía fue a buscar a una compañera del barrio de Hortaleza a su domicilio para proceder a su detención. La acusación es cuanto menos surrealista, pues según ellos, durante el desahucio, la compañera agredió a un policía causándole una serie de lesiones. Los/as que estuvimos allí no podemos más que denunciar esta descarada mentira, este acto represivo que tiene como objetivo principal sembrar el miedo entre nosotros/as para evitar que sigan produciéndose estas prácticas de solidaridad vecinal. Por ello, se hace más necesario que nunca mostrar todo nuestro apoyo a aquellos/as que sufren la represión, y continuar con esta lucha. Mostrarles que sus golpes no nos van a detener.

Para finalizar, nos gustaría hacer mención a dos asuntos. El primero es que de estas experiencias debemos intentar sacar conclusiones que nos ayuden a seguir trazando nuestro camino. El segundo es que no podíamos acabar sin decir lo que nos gustó ver el viernes a todos/as juntos/as. Payos/as, gitanos/as, parados/as, jóvenes antisistema (como diría la prensa), mayores, etc., con un objetivo común. Esperamos que esto acabe convirtiéndose en una práctica habitual.

“Así, si la resolución final de los jueces y fiscales respecto a otros &nbsp inmuebles ocupados&nbsp es proteger a la banca y a la especulación, apoyamos la desobediencia de nuestras compañeras para reclamar estos espacios, considerándonos legítimas por encima de una orden a todas luces injusta. Recordamos que es gracias a la solidaridad de las personas con sus vecinos lo que ha paralizado muchos desahucios en todo el Estado, gracias a las redes creadas en asambleas locales, ejemplo más del camino a seguir para todas nosotras” – Oficina de Vivienda de Madrid (www.oficinavivienda.net)

Nota: Durante el mes de noviembre, se han tratado de evitar otros desahucios en Torrejón y Hortaleza. En ellos ha habido detenidos/as, porrazos, identificados/as, heridos/as, etc. Además, mientras terminábamos de escribir estas líneas, se ha ocupado otro edificio en el centro de Madrid para realojar a familias desahuciadas. La lucha es el único camino.

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