Costa Rica : ¿ qué sucede con las izquierdas locales ?

Cíclicamente las tendencias políticas dominantes asumen una actitud mesiánica, hasta llegar al ridículo más absurdo, y estigmatizan las corrientes contrarias haciéndolas parecer como el epítome del desastre social y económico. Y con el avance del conocimiento y el dominio de la manipulación de la opinión pública, ahora incrementado por los medios electrónicos, los daños que se causan al libre pensamiento de los ciudadanos y a su capacidad de decisión son mayúsculos.

La doctrina capitalista neoliberal, aprovechándose de los inmensos recursos económicos aportados por los interesados en la expoliación de todo el planeta y la concentración de la riqueza, utilizando muy bien la coyuntura mediática, se han encargado durante decenios de hacer parecer el pensamiento de izquierda como algo demoníaco e indeseable. Esto lo hemos visto demostrado hasta la saciedad en nuestro país, que se caracteriza por una ignorancia política asombrosa entre los electores, y que por ello sucumbe ante cualquier manipulación.

Y aquí cabe una aclaración, pues al mencionar la palabra izquierda se tiende a pensar en el marxismo en general y en el comunismo en particular, ignorando que el término incorpora una enorme gama de posiciones anti-capitalistas de lo más variopintas. Pues sucede muy frecuentemente que nos encontramos opinando sobre temas de los que no tenemos ni la más remota idea, en tópicos cuya importancia no deja de ser evidente para todos. Además, el criterio de nuestros dictámenes muchas veces está notablemente influido por nuestros prejuicios y nuestros influjos más fundamentales.

Casi todos los autores coinciden en que, con respecto a América Latina, la formación política de los ciudadanos deja mucho que desear; cualquier intento de reparar esta carencia debería ser acogido con prontitud, sobre todo si se intenta mediante estos procesos de adoctrinamiento dar solución a los problemas que surgen de la escasa participación ciudadana y de la hegemonía política de muchos caudillos.

El concepto de izquierda política, se refiere a un segmento del espectro político que considera prioritario el progresismo y la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos (sociales) circunstancialmente denominados derechos civiles, frente a intereses netamente individuales (privados) y a una visión tradicional de la sociedad, representados por la derecha política. En general, tiende a defender una sociedad aconfesional o laica, progresista, igualitaria e intercultural. En función del equilibrio entre todos estos factores, la izquierda política se divide en multitud de ramas ideológicas.

Todo lo anteriormente mencionado cobra especial importancia cuando, por circunstancias particulares, se generan situaciones críticas a nivel de una nación o de un conjunto de naciones, como es la actual crisis financiera internacional, exacerbando las posturas de uno a otro lado del espectro político.

Precisamente, en un reciente artículo titulado La crisis financiera, guía para entenderla, de Juan Torres López, señala el autor que la crisis que estamos viviendo es la más seria del último siglo. El capitalismo basura de la especulación financiera generalizada ha hecho saltar por los aires el empleo y la estabilidad macroeconómica, ya de por sí precarios en los últimos años de predominio neoliberal. Los dirigentes políticos no tienen alternativas, los banqueros (verdaderos y directos causantes de la crisis) tratan de evadir sus responsabilidades mientras utilizan las billonarias ayudas que reciben de los estados para sanear en la medida en que pueden sus balances. Los ciudadanos asisten perplejos al aumento vertiginoso del desempleo, a las quiebras de empresas y al incremento de la deuda.

Y, mientras tanto, las izquierdas permanecen prácticamente ausentes. Unas, silenciosas por torpeza o complicidad. Otras, silenciadas porque no han sido capaces de empoderar a los ciudadanos. Y todas, divididas, confusas y sin ser capaces de tomar con firmeza la iniciativa para informar, formar y movilizar a los millones de personas que cargan los efectos de la crisis sobre sus espaldas. Esto ocurre en gran parte porque las izquierdas han descuidado en los últimos decenios la práctica unitaria y la formación y el diseño de alternativas capaces de aglutinar a los movimientos sociales, a las organizaciones, sindicatos, partidos y personas individuales en una gran oleada de rebeldía y respuesta al neoliberalismo.

Los perjudicados de todo esto son los millones de trabajadores y desempleados, mujeres y hombres desamparados que, sin representación político social y fragmentados, no pueden enfrentar al dominio neoliberal más que su resignación, frustración y sufrimiento.

La tarea que tienen por delante las izquierdas no es poca ni fácil. Pero si hay algo que está claro es que hay que empezar por analizar con rigor la situación, por denunciar sin descanso lo que está ocurriendo y por ofrecer a la sociedad alternativas que se puedan tocar con la mano, que no solo sean cantinelas ni el recurso al viejo nominalismo que a nada conduce.

Tenemos la seguridad de que la crisis económica que estamos sufriendo es un hito histórico que la izquierda debería aprovechar para mostrar a los ciudadanos que la acumulación que es capaz de generar el capitalismo no es sino un gran fiasco, un fraude, una vía sin retorno, un callejón sin salida, una quimera que lleva justamente a donde estamos, a la debacle financiera y a la crisis global.

En estos momentos en que la especulación financiera ha abierto las carnes del capitalismo, las organizaciones de la izquierda, de todas sus sensibilidades y corrientes, deberían convertirse en redes globales de denuncia y sus militantes y afiliados en los granos de arena que fuesen mostrando por doquier lo que está pasando, que enseñaran a los ciudadanos lo que han hecho los bancos con su dinero, el apoyo que los bancos centrales y los gobiernos han prestado a los especuladores multimillonarios que han provocado la crisis y, en fin, que le ofrecieran las medidas alternativas que hay que tomar sin dilación para evitar que todo se vaya derrumbando poco a poco.

Las palabras del articulista hieren en lo más profundo a todos aquellos que no profesan el capitalismo neoliberal como su doctrina política, y que podrían ubicarse en el amplio espectro que va del centro hacia la izquierda, que es muy variado y complejo, pero que se encuentra disperso, sin orientación clara, y víctima de decenios de campañas de desprestigio y calumnias de lo más diversas. Aunque debemos reconocer que las guerrillas violentas y sanguinarias le han hecho mucho daño a esta corriente de pensamiento político.

Desde hace pocos años hemos podido ver cómo América Latina ha estado dando un viraje lento y progresivo hacia la izquierda, eligiendo a gobernantes que expresamente se han autodenominado como contrarios al capitalismo neoliberal, y que desean reparar los enormes daños causados por la aplicación de las políticas entreguistas del neoliberalismo.

Son muchos los gobiernos actuales que se pueden ubicar allí, aunque no sean homogéneos, todo lo contrario, van desde posiciones extremas como en Nicaragua y Venezuela, hasta posiciones tibias y pragmáticas, como Chile y Brasil. Pero Costa Rica no es precisamente uno de ellos, todo lo contrario.

Por la lamentable ignorancia del ciudadano costarricense en asuntos políticos, que lo hace víctima propicia de los caudillismos de la cleptocracia que se entronizó en el país desde hace ya bastante tiempo, caímos desde al menos los últimos tres o cuatro gobiernos anteriores, en las redes del neoliberalismo más burdo y entreguista, hasta el punto de sacrificar y aniquilar el andamiaje institucional del país en el altar de sacrificio del tratado de libre comercio firmado con los Estados Unidos de América.

Están ya a las puertas una nueva campaña política y las elecciones generales del 2010, y no se percibe que localmente las fuerzas vivas que se ubican en lo llamaríamos la izquierda amplia costarricense se ordenen tras un programa que repare los daños hechos al país durante tanto tiempo, ponga en orden el marasmo existente, y se preocupe por los pobres. Y todo ello porque como decía el autor citado: si hay algo que está claro es que hay que empezar por analizar con rigor la situación, por denunciar sin descanso lo que está ocurriendo y por ofrecer a la sociedad alternativas que se puedan tocar con la mano, que no solo sean cantinelas ni el recurso al viejo nominalismo que a nada conduce.

Esperamos que en lo que queda de tiempo reaccionen, se unan, y ofrezcan al pueblo una oportunidad diferente de reivindicarse como seres humanos.

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