COSTA RICA : La Feria de las Ocurrencias.

La feria de las ocurrencias.

Alfonso J. Palacios Echeverría

La semana pasada se llevó a cabo en Costa Rica la Feria de las Ocurrencias. Entendiendo, eso sí, el término “ocurrencia” no como lo define el diccionario, de idea aguda y original, sino como la define el pueblo: expresión de una persona acerca de un tema, que más parece una tontería producto de su imaginación y no de una reflexión o estudio sereno. Pero como estamos acostumbrados a ello (este es un país de gente con una enorme capacidad para las ocurrencias) es muy probable que las hayamos dejado pasar sin prestarle mayor atención a este fenómeno que, por el momento en que se da, resulta sospechoso.

Lo grave de la celebración de esta feria radica en dos elementos: en primer lugar que las ocurrencias provengan de “personajes” colocados en posiciones de decisión política en el actual gobierno, y que de ello se hagan eco los medios de comunicación masiva; y en segundo lugar, que se celebre además muy cerca de la próxima campaña política, pues enciende fuegos de artificio que no poseen otra intención que el distraer la atención de ciudadanos comunes y analistas de los temas de fondo, urgentes, perentorios, que hay que solucionar en este país.

Veamos algunas de ellas, por ser las más llamativas.

La primera se relaciona con la presentación por parte del Ejecutivo ante la Asamblea Legislativa de un proyecto de ley denominado Ley General de Electricidad, cuya intención es la de abrir la competencia en lo que respecta a la generación eléctrica, entre empresas públicas y privadas. (Y no me voy a referir a nombres propios de funcionarios políticos actuales que están profundamente interesados en ello, por tener participación en empresas generadoras de electricidad que le venden su producción al ICE, pues el lector lo sabe perfectamente).

La propuesta conlleva la creación de una nueva conformación organizativa gubernamental, con entidades intermedias: Autoridad Administradora del Mercado (instancia que estaría por encima de todos los generadores, públicos y privados: entiéndase el ICE, y productores privados existentes y futuros), y la Superintendencia de Energía, adscrita a la ARESEP.

El Viceministro de Energía señala en una entrevista publicada en un diario local, con una candidez rayana en lo cómico, que…. esta ley busca instalar un nuevo modelo de energía en el país… utilizándola como un puntal de desarrollo…para atraer inversiones indispensables… lo que hará más transparente el servicio… Y en el reportaje se señalan cosas más claras: las empresas privadas podrían vender su energía de forma directa a las grandes industrias (¿no era que tenían que vendérsela al ICE, quien se mantenía como distribuidor?) y que éstas podrían comprar la energía en una subasta pública regulada por la Autoridad Reguladora del Mercado y con precios de piso y tope, establecidos por la Superintendencia de Energía.

Vaya, vaya.. ¡Qué ocurrencia más graciosa! E hilarante además, por las contradicciones que se presentan de forma tan contundente.

Vamos a hacer algunos comentarios que son, en cierta forma, interrogantes, porque confieso que no me dan mis limitadas entendederas la talla suficiente como para comprender la propuesta.

Primero: ¿No ha sido siempre una de las propuestas más fuertes del Neoliberalismo la reducción del aparato burocrático del Estado? No es un contrasentido crear más y más organismos, como lo ha venido haciendo este gobierno neoliberal? Sucede que mientras más organizaciones públicas intervengan en un solo sector, si no están bien definidas sus competencias, lo que se genera es precisamente, lo que los neoliberales condenan, no sin cierta razón, lo acepto, en el Estado Costarricense: el exceso de burocracia, confusión de roles y, lo que es peor, ahora le agrego yo, creación de portillos para la especulación de grandes intereses privados con sus efectos inmediatos en el ciudadano. Pues estamos seguros que los futuros gobiernos neoliberales (Dios nos libre de semejante mal) concederían tarifas especiales a los grandes productores, a quienes subsidian, como es el caso de INTEL.

¿Qué significa, le pregunto al señor Viceministro “un nuevo modelo de energía”? Vamos a cambiar hacia la energía nuclear? Qué será lo que quiso decir este ilustre desconocido?&nbsp Y luego: ¿no ha sido siempre la energía que nos suministra el ICE el puntal del desarrollo de este país?&nbsp O es que está hablando del desarrollo de oscuros negociados de empresarios/políticos a costa de la liquidación de los principios de solidaridad que ha regido el accionar de la electricidad y las telecomunicaciones en este país, al punto de ser unos de los países con tarifas más bajas?

Seguidamente: ¿qué es eso de traer más inversiones? No sería mejor soltarle las amarras políticas que han tenido atado al ICE durante años, impidiéndole maliciosamente invertir en la creación de nuevas fuentes de energía, e incluso permitiéndole hacer nuevas hidroeléctricas con participación privada? Solamente para decir algo.

Y finalmente: ¿qué significa eso de hacer más transparente el servicio? No existen ya mecanismos suficientes para que el servicio sea transparente? Lo que sucede es que nadie se ha amarrado los pantalones y le ha hecho frente al ICE, cuando se sale de cauce, poniéndolo a trabajar como debe ser, por los juegos políticos que se encuentran de por medio, y porque desde hace años se lleva a cabo una campaña de desprestigio de esta organización pública, precisamente, para que cale en los ciudadanos la idea de que es necesaria la intervención privada.

Por otro lado, el reportaje a página entera en uno de los periódicos locales señala claramente que la apertura de productores de energía es para que la vendan al ICE, a fin de que éste la distribuya, pero luego hablan de las empresas privadas podrían vender su energía de forma directa a las grandes industrias&nbsp y que éstas podrían comprar la energía en una subasta pública regulada por la Autoridad Reguladora del Mercado y con precios de piso y tope, establecidos por la Superintendencia de Energía. ¿No es un contrasentido? A mí me parece, pues soy muy mal pensado, lo acepto, que se les escapó por allí la intención real de todo este tinglado: que el negocio está en la venta directa a los sectores industriales, por un lado, y de eliminar el control de precios que en la actualidad existe sobre la electricidad, para hacer su agosto, pues ello traería de inmediato la subida de los mismos. Afectando, como de costumbre, a los más pobres.

Es mi parecer que si tenemos en la actualidad algún problema con el ICE, se debe a que –como señalé antes- los gobiernos pasados y el actual han desarrollado campañas de desprestigio de la organización, por un lado, y le han puesto trabas y amarras de toda índole para su natural desarrollo, a fin de que se encuentre en situación de desventaja en la imagen de los ciudadanos, y que se vea como una salvación la privatización del servicio. Y estamos hablando de varios gobiernos, no solamente éste. A los políticos de los partidos tradicionales les arde todavía el fracaso del Combo del ICE, pues se perdió una extraordinaria oportunidad de haberse hecho inmensamente ricos.

Este es un tema que dará mucho que hablar, si lo tomamos en serio. Pero no se puede sospechar siquiera lo que la Asamblea Legislativa, cautiva de los intereses del Ejecutivo, que a su vez representa los grandes capitales nacionales y extranjeros, llevará a cabo con relación a esta propuesta de Ley. Lo que sí es claro, clarísimo, es que es que se trata de un paso más en la tesis neoliberal, de lo que aquí eufemísticamente llaman apertura.

Solamente les recuerdo algo. El estado de California tuvo que intervenir drásticamente las empresas privadas (norteamericanas) productoras de energía, luego de la gran crisis de abastecimiento, ya que al exigírseles que realizaran inversiones para incrementar la producción, la respuesta, simple y lironda, fue que ellos estaban para recuperar su inversión y obtener ganancias, no para prestar un servicio público. Espero que esto signifique algo para quienes tienen que opinar sobre el tema.

La segunda ocurrencia, más descomunal que la anterior, viene de boca del mismo Presidente de la República.

Olvidando o ignorando que las convocatorias a una Asamblea Constituyente deben ser el producto de un largo proceso de análisis y estudio de lo que se conoce como Reforma del Estado, y no de manipular el documento que representa el contrato social de un pueblo para satisfacer ambiciones personales o corporativas, propuso de forma asombrosa (por los argumentos esgrimidos), que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente, como medio para superar las trabas del Estado que, en su criterio, limitan el desarrollo del país.

Según su criterio, se debe reformar la Constitución Política para limitar los excesivos controles administrativos en el Estado y que impiden al gobierno de turno ejecutar sus planes. Lo que no quedó claro, porque no sabemos a qué se refería, es si los planes eran los del Plan Nacional de Gobierno, o los “planes” no expresados ante la opinión pública, de seguir vendiendo el país al mejor postor, y así generar pingues negocios y negociados para su camarilla de socios y de aquellos a quienes debe el favor de haberle financiado su campaña.

Además, se preguntó si instituciones como la Contraloría, la Procuraduría, la Defensoría de los habitantes y la Asamblea legislativa, se exceden en sus funciones y carecen de autocontrol en si gestión. Y arremetió finalmente contra la prensa. Todo lo cual, le reconozco, es de una prístina coherencia, pues nos había advertido durante su campaña que gobernaría con la modalidad de “dictadura en democracia”, y sabemos, por la experiencia histórica, que las dictaduras no se arredran por la utilización del engaño, la tergiversación de los hechos, la mentira descarada, la manipulación de datos (incluidas las encuestas de empresas fácilmente comprables para ello), y el irrespeto absoluto de la institucionalidad democrática.

La existencia de organizaciones públicas contra las que dirigió sus ataques obedece, precisamente, a un hecho incontrovertible: el que en países subdesarrollados políticamente, como el nuestro, es indispensable la existencia de controles sobre los diferentes poderes del Estado, para evitar los desmanes, las injusticias, y la destrucción de los mecanismos legales establecidos para proteger a los ciudadanos de “dictadorcillos” de pacotilla, que por su obnubilación y soberbia, se creen dueños de verdad absoluta. Sobre todo si se apuntan a corrientes de pensamiento dogmáticos, como es el neoliberalismo. Y lo mismo diría de gobernantes mesiánicos, provenientes de los campos de una izquierda trasnochada.

Esta ocurrencia, la más llamativa, viene en un momento bastante inoportuno: el de estar a las puertas de una campaña política. A no ser que la candidata de su partido político, y heredera de sus ideas y planes, nos vaya a proponer como parte de sus propuestas de gobierno, la convocatoria a una constituyente, a fin de terminar el proceso de neoliberalización de Costa Rica. ¡Todo es posible en este macondo de egoísmos y contrasentidos!

Sobre sus ataques a la prensa, tema enjundioso y atractivo, escribiremos unas páginas por aparte.

Finalmente, sobre un hecho que ya había mencionado en un artículo anterior, el de la condonación de deudas a los agricultores (pequeños y medianos) morosos del Fideicomiso de Reconversión Productiva, la Asamblea Legislativa tuvo que suspender la aprobación de la ley en segundo debate, porque les habían incluido en la lista de los beneficiados a grandes productores, con deudas algunos de ellos a veces superiores a los 146 millones de Colones. Y ahora todos, como en juego de pelota, se lanzan acusaciones: que si obedece a que el Consejo Nacional de Producción les quiso engañar, que si es una matráfula de los Socialcristianos (que por cierto ya habían hecho esto en el gobierno anterior), que si el Ejecutivo no había hecho nada al respecto, y así mil linduras.

Lo que quedará en claro, a final, son dos cosas: la primera, la ligereza con que diputados aprueban leyes sin análisis y estudio, y segunda, cómo, en épocas preelectorales, se dispone fácilmente del dinero de todos los costarricenses para beneficiar pequeños grupos (y que en este caso el asunto es más obvio, pues trataban de meter en la barca de los pobres a los que no lo son, otorgándoles un beneficio que no merecen). Y una de las características de estos fenómenos es que se convocan las propuestas de ley con carácter de urgencia, como si se tratara de un desastre natural. Es entonces, lo que se llama comúnmente, un “madrugón”.

Llevamos ya muchos años condonando deudas a los agricultores y otros gremios, (siempre cuando se acercan las elecciones, como forma de ganar votos), quienes se han acostumbrado a solicitar préstamos, no pagarlos y presionar finalmente en el momento oportuno para que les condonen las deudas, lo que los políticos hace de buena gana, pues no se trata de su propio dinero, sino el del pueblo. Y me pregunto: ¿No sería más transparente, oportuno y controlable, establecer un sistema de subsidios a los pequeños medianos y pequeños productores agropecuarios, que beneficiara a los consumidores finalmente, que estar manteniendo estas prácticas perversas? Esto es un tema para largas discusiones.

¿Queda, entonces, alguna duda acerca de lo que hemos venido señalando en escritos anteriores sobre la clase política de nuestro querido país?

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS