Costa Rica: Imitando al Imperio… pero en pequeño.

Durante los últimos días la prensa nos ha informado que el gobierno de la república piensa utilizar parte del superávit financiero existente para traspasar cien millones de dólares a dos bancos del Estado, a fin de aumentar sus capacidades de crédito para los empresarios (que ellos llaman sector productivo), que por cierto se habían estado quejando de restricciones o al menos una leve contracción en el acceso a los fondos para sus empresas en dichos bancos públicos (como si no existiera banca privada en este país), por sus mejores condiciones.

O sea: cuando hay una situación como la actual, en la que realmente lo que existe son temores, no una real contracción del crédito, no se trata de ganar un poco menos “apretándose la faja” y demostrando capacidad empresaria e imaginación, sino que se recurre al Estado para lograr prebendas que les faciliten sus operaciones comerciales.

Pareciera que se les ha olvidado cuántas veces han pagado campañas millonarias en contra de las actividades estatales, cuando consideraban que el control y la supervisión natural de éste, en beneficio de los consumidores, lesionaba algunos de sus mezquinos intereses. Pero ahora, claro, recurren a él en busca de ayuda. ¡Igual que en el Imperio!

Mientras tanto, las súplicas de los agricultores, de los pequeños y medianos empresarios, y de los que honradamente se ganan el pan de cada día con sus pequeños negocios, encuentran oídos sordos en los actuales gobernantes. Y por otro lado, las quejas de los ciudadanos, que también han empezado a sentir la supuesta contracción del crédito, y el encarecimiento de la vida, no tienen ninguna importancia.

De alguna manera ello se parece a las medidas tomadas en los Estados Unidos, con los setecientos mil millones de dólares asignados para “premiar” a quienes han causado la desastrosa crisis que está padeciendo ese país, en vez de atender a los afectados –por ejemplo- de la debacle inmobiliaria. Pero, claro, en pequeño, como corresponde a nuestra realidad.

Y uno se pregunta: ¿todo ello es solamente consecuencia lógica, en los Estados Unidos como en Costa Rica, de la aplicación de las políticas neoliberales que allá se exacerbaron con el gobierno de Bush, y aquí con el gobierno de “los Arias”? ¿O existe algo más?

Y la respuesta a la pregunta más obvia, por simple, no la menciona nadie.

¿Quiénes financian las campañas políticas de los que llegan al poder para servirles de testaferros? Pues los mismos empresarios. En los Estados Unidos los grandes consorcios, multimillonarios, pero de forma transparente. No como acá, que los partidos políticos reciben del Estado dinero para sus campañas, pero adicionalmente reciben de empresarios locales y extranjeros fuertes montos (de forma ilegal, oculta y corrupta, muchas veces, la mayoría), con lo que se aseguran éstos que, en casos como el actual, el gobierno se pliegue a sus intereses. Y lo peor de todo es que, demostrados los actos delictivos de los partidos políticos, ninguna autoridad, ni siquiera el Tribunal Supremo de Elecciones, hace absolutamente nada por llevar a los responsables ante los tribunales penales.

O sea: los encargados de administrar el Estado para beneficio de todos los ciudadanos costarricenses, en una burda imitación del Imperio, gobiernan para los grandes intereses económicos. Allá de manera clara, acá ocultándose tras discursos demagógicos. Pero ello no es de extrañar. Ya había sido demostrado no solamente por las acciones corruptas y perversas que realizaron para la aprobación del Tratado de Libre Comercio, sino con otras muchas cosas más, como han sido las concesiones mineras y las de destrucción de reservas forestales y de la flora y fauna, mientras de la forma más demagógica que nunca se declara “la paz con la naturaleza”.Nunca antes el doble discurso y la perversidad más acendrada se había podido observar como en este gobierno.

¿Pero qué se puede esperar de políticos descarados y sin el menor atisbo de vergüenza, como aquellos que en el ámbito legislativo firman el famoso memorándum de la ignominia, y se aferran a su cargo político; o asesinan a un transeúnte conduciendo en estado de ebriedad y se ocultan tras la condición de inmunidad que les concede dicho cargo? Para poner dos ejemplos conocidos por todos, ya que la prensa los ha difundido ampliamente.

¿Habremos llegado ya al máximo nivel de descaro, o todavía nos falta por ver algunas linduras más?

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