Costa Rica: Cuando haces matonadas es porque te sientes débil

 

El Ing. Pompilio Zigrino, en la Revista On Line de la Universidad de Mendoza, señaló lo siguiente: a lo largo de la historia de la humanidad han aparecido, y luego desaparecido, una sucesión de imperios y civilizaciones que tenían, como principal finalidad, la conquista y el posterior gobierno sobre toda la humanidad. Desde un punto de vista general podemos decir que las crisis que llevaron a sus respectivas desapariciones fueron motivadas por el desconocimiento de alguna ley natural, ya sea ética, social o económica. Tarde o temprano las leyes naturales “se rebelan” contra quienes las ignoran, y que son los “gigantes con pies de barro”, según la expresión bíblica. De aquí surge el antagonismo básico entre el Reino de Dios (el reino de la ley natural) y el Reino del Hombre (que pretende gobernar a otros hombres).

El desconocimiento de la ley natural de debe a dos causas básicas: la primera implica simplemente que no se conocen, en una época determinada, algunas leyes naturales debido a que el conocimiento humano progresa de una manera gradual. La segunda, porque el hombre ignora leyes conocidas haciendo efectiva aquella expresión que dice que “el hombre es el único ser viviente capaz de tropezar más de una vez con la misma piedra”.

Uno de los imperios más poderosos e influyentes en la civilización occidental fue el Imperio Romano. Algunos economistas atribuyen, como causa principal de su desintegración, a la ignorancia de leyes económicas básicas, desconocidas en esas épocas. Para “tranquilidad” de los antiguos romanos, podemos decir que en la actualidad, a pesar del tiempo transcurrido, se siguen ignorando esas leyes, pero esta vez, bastante bien establecidas.

También puede observarse un error que se sigue cometiendo frecuentemente, tal es el hecho de contemplar medidas económicas sólo para el corto plazo y que beneficia a un sector de la sociedad, ignorando otros plazos y otros sectores. Henry Hazlitt escribe: “El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o política y no meramente sus consecuencias inmediatas; en calcular las repercusiones de tal política no sobre un grupo, sino sobre todos los sectores” (De “La economía en una lección”-Unión Editorial SA-Madrid 1981). Podemos agregar que el cumplimiento de la lección de Hazlitt será considerada “políticamente incorrecta” y que, en caso de aplicarse, redituará pocos votos a favor del político que pretenda imponerla a toda una Nación.

Los errores que condujeron a la caída del Imperio Romano fueron repetidos varias veces en todo el mundo, principalmente bajo el socialismo. Así nace el Imperio Soviético, en donde se prohíbe el mercado y se impone una planificación económica central. La diferencia esencial, en cuanto a su vigencia, se debió a que, mientras los emperadores romanos no pudieron hacer trabajar adecuadamente al pueblo bajo presión militar, en la URSS se “solucionó” ese inconveniente y pudo así durar unos setenta años. Andrei Sajarov escribió: “La nuestra es una economía permanentemente militarizada a un nivel inverosímil en tiempos de paz, que resulta opresiva para la población y peligrosa para el resto del mundo” (De “Mi país y el mundo”-Editorial Moguer SA-Barcelona 1976)

La “solución soviética” a la falta de incentivos para el trabajador, se logró mediante un sistema que implantó el terror como una práctica habitual. Alexander Solyenitsin escribió: “Fue el sistema que, en plena paz, provocó artificialmente el hambre en Ucrania. Seis millones de personas murieron en Ucrania de hambre, a las puertas mismas de Europa, entre 1932 y 1933. Europa no se dio cuenta y el mundo no se dio cuenta….¡ Seis millones de personas!” (De “En la lucha por la libertad”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1976).

La caída del Imperio Soviético resulta relativamente fácil de describir, ya que sólo hizo falta alivianar la presión militar sobre el pueblo para que se produjera. Al respecto, Jean-François Revel escribió: “Añadir que los regímenes de Estado se mantenían únicamente bajo la amenaza permanente de una intervención del Ejército Rojo, era tachado de sectarismo. Desde el momento en que, gracias a la política de Gorbachov, fue evidente que esta amenaza había sido retirada del cuadro, bastaron tres meses para que la población barriera al socialismo” (De “El Renacimiento Democrático”-Plaza & Janes Editores-Barcelona 1992).

Los procesos de crisis y caída de los imperios lleva bastante tiempo, tal el caso del Imperio Británico. Algunos autores veían hace varias décadas atrás a la corrupción generalizada como la semilla del desmoronamiento que finalmente se produjo. En un artículo del periódico The Times (11/2/63) se expresa lo siguiente: “Para que la Cámara de los Comunes llegue al centro de la cuestión hoy, tendrá que reconocer que la crisis inherente a la situación política y económica de Gran Bretaña es una crisis moral. La cuestión de los incentivos nunca ha sido presentada con suficiente amplitud. El garrote y la zanahoria, incluso las balas y los diamantes, pueden ser eficaces durante un tiempo en cualquier nación. Pero la historia demuestra que las sociedades se levantan y caen, florecen y se derrumban, por aquello en que creen, y por lo que representa su manera de vivir”. En otro artículo (28/7/62) se expresaba: “Las indagaciones a que está siendo sometida la nación son de un carácter que los individuos difícilmente comprendan ellos mismos…aturdimiento…desorientación de la juventud…desilusión de los dos partidos políticos principales…falta de sentido de la vida” (Citados en “El fantasma de la corrupción en Gran Bretaña”-Peter Howard-Emecé Editores SA- Buenos Aires 1964).

Por otra parte,  Anastasia Gómez, en la Revista de Izquierda Internacional señala que  el imperio norteamericano se encuentra en plena decadencia y vertiginosa caída. El otrora imperio más poderoso de la tierra, no tiene dinero, sus industrias se cierran, el desempleo masivo se vuelve crónico y es incapaz de seguir proporcionando los subsidios multimillonarios de antaño a sus propias empresas, tanto agrícolas como industriales. Su brecha entre pobres y ricos es la más grande de su historia. Sus manufacturas se han contraído visiblemente en tanto la acelerada transferencia de capitales y tecnología hacia otros países, su deuda externa sobrepasa ya los 10 trillones de dólares y en sus centros comerciales proliferan, como en cualquier otro país del mundo, mercancías “Made in China”.

De la misma manera vemos al ex gran gendarme del mundo, con toda su potencia y superioridad militar, enfrascado por ya casi una década en dos guerras sin salida en el Medio Oriente, cuestionado por el propio Brasil al querer dirigir las fuerzas de intervención en Haití, y maniatado ante los levantamientos de masas en el norte de África. Y vemos como su poderío militar y tecnológico le es insuficiente para imponerse en guerras asimétricas, o para obtener botines de guerra que antes lograba con facilidad.

Un imperio con crecientes dificultades para ser escuchado e imponer sus propuestas en organismos internacionales como el Grupo de los 8, G8, y aún más, dentro del mismo Grupo de los 20, G20. Con cada vez mayor dificultad para llevar adelante, de manera unilateral, sus políticas económicas prioritarias, como la regulación de precios internacionales o el establecimiento de tratados comerciales. Tal es el caso en Sudamérica, en donde el poder y la influencia actual de Brasil, no le han permitido hasta ahora concretar la extensión del Tratado de Libre Comercio para las Américas, ALCA, a los países de esta región.

Liderado por una presidencia incapaz de resolver los problemas de fondo que lo aqueja, continuando con las políticas de Bush y de los republicanos que lo antecedieron. Hasta el momento sus medidas para controlar la crisis han sido tibias, intrascendentes y de poco impacto – muy alejadas de aquellas impulsadas por el New Deal en los 30’s, en cuanto al desarrollo de la producción industrial y agrícola, impulso del empleo y distribución de beneficios sociales – enfocándose fundamentalmente en la recuperación de las ganancias del capital financiero. Sin que esto logre consolidarle un férreo y certero apoyo del conjunto de su burguesía.

Al mismo tiempo vemos como entonces las previas ilusiones por las promesas que Obama nunca hizo, entre los sectores de masas significativos que lo llevaron a la presidencia, se pierden, decreciendo constantemente su anterior y entusiasta apoyo. Y a una creciente pequeña burguesía frustrada, descontenta, y muy vociferante, reclamando la necesidad de recuperar a “la gran potencia imperial” organizándose en instancias de ultra derecha como el tan controvertido Tea Party. Un imperio, al cual sus medicinas bipartidistas de antaño, le resultan ya… insuficientes.

Recientemente, es decir, prácticamente ayer, pudimos contemplar cómo el representante del imperio norteamericano para asuntos de política exterior, John Kerry, despotrica en contra de su antiguo y siempre presente enemigo: Rusia (antes la Unión Soviética). Estas tristes apariciones, en medio de una crisis que va en camino de una nueva guerra fría entre ambas potencias, demuestran una vez más la prepotencia de ambos, pero principalmente la norteamericana, que se abrogó a sí misma el papel del gendarme y regidor del planeta, sin que nadie le haya concedido semejante responsabilidad. A los observadores externos estas escaramuzas nos parecen sumamente peligrosas, aun en las nuevas circunstancias de multipolaridad geopolítica mundial.

La caída de los imperios nace siempre de los excesos, la soberbia, la prepotencia, el desprecio de la ley, la moral y la ética. Lo demuestra la historia. Y cuando vemos lo que ha hecho el imperio norteamericano en los últimos años (bendito seas Wikileaks) no nos queda más que esperar su caída, aunque será lenta, puede hasta que tome decenios, y que los que vivimos hoy con muchos años a cuestas no la veamos

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