Costa rica: Calumnia, calumnia, que algo queda

CALUMNIA, CALUMNIA, QUE ALGO QUEDA.

Alfonso J. Palacios Echeverría.

Al fin ha salido a la luz pública la denuncia que un medio de comunicación nacional realiza sobre la utilización de los medios electrónicos, e incluso un canal de noticias norteamericano, para difundir acusaciones calumniosas en contra de políticos locales, algunos medios y periodistas, el Tribunal Supremo de Elecciones, y cuanta “palomita de la paz” vuele por aquí. (Lo de la palomita no es lo que Usted está imaginando. Porque ése es el murciélago de la paz. ¡Mal pensado!)

Lo habíamos  notado hace ya algunas semanas, y nos llamaba la atención el encono, la irracionalidad y la virulencia de los ataques calumniosos expresados. Pero no nos extrañaba. En cierta forma, eso es parte de esa cosa horrible que se denomina “la manera de ser del costarricense”, que tanto alabamos y nos tragamos como un horrible purgante de aceite de ricino.

La calumnia, la difamación, la maledicencia al fin, conocen bien este refrán que refleja lo miserables que a menudo somos, puesto que la simple acusación nos hace dudar de las personas sin que estas tengan responsabilidad. Dice Hugo J. Byrne que «El más antiguo y cobarde instrumento de la maldad es la calumnia. Tiene un poder extraordinario y el residuo de sus devastadores efectos resiste que su insidia sea enérgica y conclusivamente refutada (…) La calumnia es el arma favorita de los traidores; la sempiterna agresión rastrera y furtiva de quienes son incapaces de enfrentar a sus enemigos de frente y sin temor a las consecuencias.»

Un periodista hondureño, Boris Zelaya Rubí, escribió hace poco lo siguiente: “se nos hacen eternos los días que faltan para que se realicen los comicios electorales. La ambición de poder condiciona el comportamiento de quienes hacen uso de la política con fines perversos, anteponiendo sus intereses y los de su grupo para lo cual utilizan al pueblo como un mero trampolín. Se burlan de los  ciudadanos, al utilizar la estrategia de señalar actos deshonestos a sus opositores para desprestigiarlos y según ellos sumar simpatías hacia su causa personal.”

“El deseo inmoderado de poder y dinero engendra codicia, cuya sed insaciable, absorbe en el hombre todos los principios de su actividad, le arrastra hacia todos los medios de saciarla, por inocuos y reprobados que sean. Fraudes, mentiras, usurpaciones, infidelidades, cohechos, sobornos; en una palabra, la prostitución de todas las ideas de justicia y de todos los sentimientos de honestidad son compañeros inseparables de ese monstruo ¡la codicia!”.

Desde hace ya algunas semanas hemos estado observando cómo, en nuestro país, se ha manifestado la suciedad en el uso de los medios electrónicos para hacer llegar a diversos medios de comunicación viles calumnias, mentiras evidentes, aseveraciones sin fundamento ni prueba. Por lo general bajo el amparo de seudónimos o simplemente sin nombre alguno. Es decir, lo que anota el periodista con relación a su país, al parecer es lo mismo que estamos padeciendo ahora, pero solamente al principio de la campaña; esperaremos que se recrudezca la inmundicia a medida avanza hasta Febrero.

Y continúa diciendo: “con desmesurada vanidad y patológico egoísmo por llegar a la cima, se  vuelven incontrolables. Con vehemencia, le buscan a sus rivales más populares, un error en su vida. Destruyen la honra de personas que no pueden derrotar en las urnas, sin  importarles afectar a sus familiares. Muchas veces, de ese producto electoral que ofrecen, resulta más bonito el envase que el contenido.

Afortunadamente el irrespeto a la opinión pública es detectado a tiempo y se reconoce quién es el mentiroso.  Lo único beneficio que traen las campañas políticas es el entretenimiento y una que otra bolsa de comida, banderas de varios colores para fundas de almohadas  y los afiches de papel que ya se pueden imaginar donde terminan.”

La mayoría de los actores son los mismos de hace varias décadas. Todos los medianamente capacitados saben que ambicionan el poder, el dinero y la comodidad. Los dirigentes de los viejos y nuevos partidos en su afán por “cazar” votos sin ningún escrúpulo, se declaran de derecha o izquierda pero sobre todo ¡centristas! Quieren confundir con esa cháchara para captar la simpatía de los ciudadanos sin importar, que haya abrazado cualquier ideología en su vida política.

Lo evidente es que se calumnia, se miente, cuando se tiene la sensación de que no está asegurado el triunfo, cuando se experimente una sensación de debilidad. Es algo parecido a cuando alguien comenta un artículo de opinión atacando al articulista, y no a las ideas expresadas.

Mal estamos. ¡Muy mal!

Este inicio de campaña se ha caracterizado por sainetes tragicómicos bastante dolorosos: la renuncia al cuadrado del “doctorcito”, al parecer un ingenuo político, que le causó a su partido la estocada final que lo llevará a su muerte. La renuncia del político liberacionista resentido, quizá con razón, y que volvió a su recién fundado partido, porque no se cumplieron sus deseos, como se acostumbra en su “organización matricial”; lo único es que allí lo hacen todo a puerta cerrada, y no arman escándalo que les dañe ante terceros. Se utiliza en puñal y el veneno con la misma facilidad que los Borgia, en el renacimiento italiano.

Y vuelvo a insistir. ¡Falta definición de ideas! Hoy salió a página entera la propaganda de un aspirante a la presidencia, llamándose a sí mismo “constructor”, y prometiendo lo que en su partido no han hecho en cuatro años de gobierno y corrupción rampante. Además de que, cuando podía construir cosas, no lo hizo él mismo, teniendo el poder y los medios necesarios. Definitivamente, nos creen tontos irremediables, de capirote y babeo. Lo que pasa es que el ciudadano que no posee más formación que la de la calle, le creerá y votará por él. Esta es otra muestra horrible de la “manera de ser del costarricense”.

Hasta ahora, ningún partido, ni siquiera los de izquierda o centro-izquierda, (porque de los otros nada se puede esperar, no la tienen), ha publicado al menos un resumen de su ideología ni justificado su programa con base en ella y las carencias nacionales evidentes, luego de decenios de destrucción neoliberal, a duras penas contenida, pero avanzada y haciendo cada vez más daño. Es decir, iremos de nuevo a las urnas a ciegas. Creyendo en liderazgos fabricados por especialistas de imagen, publicistas y asesorados por los viejos carcamales de los partidos, expertos en la mentira y la manipulación.

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