Costa Rica : BCR y un cuento de realismo mágico

 

Les voy a contar un cuento de realismo mágico, cuyo principal personaje es el Banco de Costa Rica, quien hace el papel del villano, como es su costumbre. Ya hace unos años había tenido una experiencia similar con este “banco estatizado” para beneficio de los ciudadanos, pero que se comporta peor que una garrotera de la más baja estofa.

Resulta que yo cambio  mi automóvil cada diez años, al que cuido con esmero, pues no están mis finanzas (ni ahora ni antes) para aventuras o ejercicios económicos de ninguna índole. Y aquí vuelvo a señalar que la posición de los jubilados, en este país, no es precisamente la más linda del mundo. Y cuidado con el que comentó hace unas semanas, en todo peyorativo, que yo era un “jubilado”, como si fuera feo o malo, refiriendo a un tema que nada tenía que ver con esta condición.

Pues bien, me fui con mi perolito a la agencia ya que me lo recibirían como parte del pago inicial, y me financiarían el saldo a un plazo razonable y una tasa de interés bastante cómoda, ofrecido este sistema por dicho banco, del cual soy cliente desde hace más de treinta años, para lo cual llené una resma de papeles  que exigían. Seguros de automóvil y de vida, comprobaciones de ingresos, cédulas de los beneficiarios de la póliza de vida, formularios y más formularios,  etc. etc.  Todo lo cumplí cabalmente.

Pasaron los días, y como no había respuesta, me acerqué a la agencia y allí me informaron varias cosas curiosas: primero, que el crédito en dólares no estaba aprobado (al 7%, fijo, por cinco años) pero sí uno por el mismo monto en colones (al 9.50% variable, según la tasa básica pasiva). Y como les respondí que yo había solicitado el primero, no el segundo, entonces me pidieron que presentara una certificación de un contador público autorizado, señalando como ciertos los ingresos declarados (la pensioncita y otros provenientes del mismo BCR…) ¡así como lo leen!  Que un contador público autorizado le certificara al BCR los ingresos que recibo del mismo BCR.  Necesario para la segunda modalidad (más cara) pero no para la primera. ¿Quién los entiende?

Pasaron otros días y como no había noticias nuevamente me acerqué a la agencia, y me encontré que me solicitaba el BCR autorizara al INS que pudiera pedir mi expediente médico a la CCSS, para ver si soy enfermo terminal o cosa parecida, a fin de estar seguros de que no me voy a morir pronto. Y por último, el BCR me ponía como condición que cerrara cualquier tarjeta de crédito que tuviera en otros bancos, presentando las pruebas correspondientes de ello.

En otras palabras, era una forma indirecta de decirme: Usted no es sujeto de crédito para nosotros. Lo que acepté con humildad, porque mis canas no me permiten ya ponerme furioso por estas estupideces burocráticas. Los burócratas y los estúpidos que elaboran estas normas no merecen la menor atención de mi parte, sino el desprecio.

Desalentado, pues, me dirigí al vendedor de la agencia para informarle que lamentablemente, por las circunstancias arriba señaladas, no se realizaría la compra. Sin embargo, me indicó que un banco privado, que trabaja también con ellos, me ofrecía el crédito en términos casi iguales, no me pondría semejantes trabas, y yo accedí a hacerles la consulta. Cuál sería mi sorpresa cuando en menos de cuatro horas después de haber solicitado el crédito, ya lo tenía aprobado por el banco privado, sin ninguna de las marrumancias del BCR.

¿Qué les parece? Increíble, ¿verdad? Pero así es la realidad con todo lo que tiene que ver con el BCR, que al parecer está empeñado en comportarse como el peor de los mercaderes financieros de este país.

¡Ah! Y quiero aclarar que no estoy comprando ningún carro europeo carísimo, ni norteamericano de lujo, ni de doble tracción, porque no necesito demostrarle a nadie nada, en el sentido de status, sino que me voy por otro perol de la misma marca, bien económico.

Detrás de esta historia hay dos lecciones. La primera tiene que ver con las personas de la tercera edad. ¿Cómo se les ocurre solicitarle a uno la autorización para que el INS requiera a la CCSS el expediente médico, a fin de verificar el estado de salud? En el fondo existe una actitud (bastante extendida en muchas organizaciones del Estado, por cierto) de menosprecio hacia las personas de la tercera edad, basada en la internalización de los antivalores del mercantilismo reinante, que nos ubican dentro de los “extremos etarios-sociales” que representan a sujetos no susceptibles de crédito. ¡Y de nada sirvió que tenga con ellos los ahorritos de toda mi vida, que son más que el crédito solicitado, ni treinta años o más de relación! La segunda, la actitud burocrática llevada a los extremos más aberrantes, al ridículo más obtuso, a la estupidez más evidente, sin consideración alguna hacia el cliente, tratándolo a uno como si fuera delincuente confeso. En cambio, si les conceden créditos multimillonarios a los verdaderos delincuentes, que incluyen a políticos corruptos, partidos cuestionados por comportamientos ilegales e inmorales, y a los “empresarios” sospechosos que vienen a nuestro país a refugiarse de las persecuciones a que son sujetos en sus respetivos países, por delitos cometidos.

Por otro lado, con base en qué criterios le exigen a un cliente que debe cerrar las tarjetas de crédito que pudiera poseer en oros bancos (las de ellos no, claro está), no soy abogado, pero me parece que hay algo ilegal en esto. Pero del BCR se puede esperar cualquier cosa.

Por ello, cuando la gente común se aleja de las organizaciones del Estado, que supuestamente existen para beneficio de los ciudadanos, y nota que se comportan como lo peor del mercado, no extraña que se inclinen hacia la privatización de ciertas actividades. Sin embargo, no pestañean siquiera estos funcionarios cuando, mediante artilugios legales, se reparten parte de las ganancias del banco entre ellos, cosa que es inconstitucional, desde todo punto de vista.

Al parecer los funcionarios de este banco se olvidan que son funcionarios públicos, que el banco pertenece a los ciudadanos todos, y que están para servirnos dentro de las normas más sensatas y lógicas, y que no pueden –desde ningún punto de vista- menospreciar o discriminar a ningún ciudadano por su edad.

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