Corrupción II

Después de un par de años, sigue con mayor intensidad, si cabe, el aluvión de casos de corrupción en las esferas políticas. A cada momento de multiplican las noticias que desde todos los medios de desinformación sin excepción se lanzan. Por eso, nos vemos en la obligación de actualizar una entrada publicada con anterioridad y ahondar un poco más en el tema.

La idea que se está tratando de transmitir es tan simple como atractiva: el problema es la corrupción política y el deficiente sistema democrático fruto de la transición. Por tanto, la solución a todos nuestros problemas reside en arreglar esto. Así, siguiendo esta línea argumental, nos encontramos con la corrupción política generadora de una crisis de representatividad (de paso aderezada con la corrupción de la casa irreal) y un bipartidismo incapaz de seguir creando ilusiones creíbles para la población son los nuevos mártires a sacrificar en el teatro capitalista.

Seamos sinceros, la corrupción política es intolerable y una muestra más del desprecio absoluto que sienten por aquellos a quien dicen representar pero, desde luego, no es la excepción dentro de la normalidad democrática en la que nos dicen que vivimos. Todos los casos que aparecen cada día en las noticias no son más que un botón de muestra, la corrupción es algo inherente al sistema capitalista.

No hay que entrar demasiado en detalle para que cualquiera pueda ver claramente que todo gobierno no es más que un órgano gestor de los intereses de los poderosos. El poder económico se sirve del político y, éste, recoge el fruto por el trabajo bien hecho. Los gobernantes, como buenos empleados, venden su fuerza de trabajo al mejor postor. Eso es todo. Unos lo llaman corrupción; otros funcionamiento normal de las dictaduras parlamentarias. No podemos esperar otra cosa de un sistema en el que todo y todos somos meras mercancías y cuyo único objetivo es el beneficio económico y la dominación. Lo que pasa con los partidos políticos es un granito de arena más de la corrupción dentro de un sistema corrupto desde la médula.

Un sistema político social que ensalza valores como el éxito, la competitividad, el crecimiento ilimitado, la posesión personal a través del ejercicio de la dominación y el fomento del consumo desmesurado y llevado al límite de lo absurdo conduce, irremediablemente, a la corrupción como vía rápida para conseguir todo esto. Así, el capitalismo, premia la corrupción como método a seguir en cualquier esfera de la vida.

Corrupción en la política cuando se usa el poder para el propio beneficio o el de terceros, corrupción en la esfera laboral cuando se pagan salarios de miseria y se exige la vida del trabajador, corrupción en la educación cuando se fomentan los valores capitalistas a sabiendas de que esto conlleva una sociedad desigual, corrupción en la sanidad cuando se medicaliza a las personas bajo cualquier pretexto y se ignoran los factores sociales y ambientales que nos enferman, corrupción en las relaciones sociales cuando se intenta aparentar lo que no se es a base de posesiones materiales sin sentido, corrupción en la justicia cuando sistemáticamente se criminaliza a la gente que lucha, corrupción en la universidad cuando la intelectualidad justifica y legitima un sistema criminal, corrupción en los servicios sociales al permitir la miseria oficializada en lugar de denunciar la injusticia social, corrupción en los medios de comunicación cuando sirven de altavoz del poder en lugar de avanzadilla de la sociedad, corrupción en los cuerpos policiales y militares que defienden los intereses del poder a sangre y fuego,…

Pero en realidad, sí debemos ir un poco más allá para ver cómo la corrupción está en la esencia misma de este sistema y todos estamos alcanzados por ella.

En este sentido me gusta la segunda acepción que el diccionario de la RAE da del término corromper: Echar a perder, depravar, dañar, pudrir. Exactamente eso es lo que ha sucedido y sucede con la esencia humana, echada a perder desde el mismo instante en que aceptamos someternos a las diferentes condiciones que están en la misma base del sistema de dominación humana bajo el que vivimos. Aceptamos que nuestras vidas orbiten alrededor del dinero (que ni se respira, ni alimenta) que nos es más que papel mojado que funciona simplemente porque nos lo creemos, porque confiamos en él cuando no somos capaces de confiar en la mayoría de seres humanos. La aceptación del dinero conduce inevitablemente (porque el poder así lo establece, ya que para la mayoría de las personas es la única manera de obtener dinero) a la prostitución del trabajo asalariado que es la mayor fuente de corrupción de lo humano. La necesidad de trabajar para vivir, de ganarse la vida, está en la esencia misma de la corrupción. Cuando uno no es libre de vivir como quiere sino como debe para poder acceder al trabajo y así a la vida, inevitablemente se ve obligado a aceptar cualquier tipo de condición e imposición. Una vez superado ese listón la deshumanización es tal que cualquier cosa a la que los medios de desinformación llaman corrupción nos parece normal porque en el fondo, todos sabemos que eso es lo de menos al lado de lo que “debemos” hacer cada día para sobrevivir.

Por eso, el poder pretende centrar toda la rabia y el desengaño de la gente en la corrupción política, porque así mantiene intactos todos los demás ámbitos de corrupción, que son mucho más importantes para el buen funcionamiento del sistema. Al fin y al cabo un gobierno es lo más fácil de sustituir (incluyendo la jefatura de estado si hace falta). Todas las alternativas están previstas y las cartas ya están sobre la mesa para que nada cambie, reconduciendo como siempre el malestar social hacia la legitimación del sistema a través del planteamiento de falsas alternativas que aglutinan ese malestar.

Sin embargo, como cada vez que el poder se descubre, abre una ventana a la oportunidad de la respuesta popular y eso es algo que no podemos desaprovechar. Si la chispa que lance definitivamente a la gente a la calle es la corrupción, pues que sea. Pero que no se pierda la perspectiva de lo que realmente es el problema: el Capitalismo y el sistema de dominación que lo sustenta.

Artículo original en Quebrantando el Silencio

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