Contrarrevolucion en Cuba: ¿Por que un intelectual socialista tiene que exiliarse?

Aprovecho la inagotable hospitalidad y sentido pluralista de Kaosenlared para responder a algunos lectores en relación con un asunto espinoso y que pudiera involucrar injustamente a otras personas: la relación entre el caso CEA y mi exilio en República Dominicana. Pido previamente disculpas por tener que hablar de mi persona.

En realidad la relación es muy indirecta. Cuando terminó el caso CEA, en octubre de 1996, el Buró Político del PCC, incapaz de confirmar una sola de sus acusaciones contra los miembros del CEA, optó por dispersar su consejo de dirección. A mí me ubicaron en el que entonces era (no se ahora) el peor de los lugares: el conservador Instituto de Filosofía. Era un lugar donde se combinaba la peor ortodoxia en la producción intelectual con el más bilioso anticomunismo en el sentir de la mayoría de sus integrantes. No obstante, por el primer rasgo el instituto recibía un premio monetario que consistía entre 25 y 40 dólares para cada investigador al finalizar el año y por ese “estímulo” los miembros del Instituto eran capaces de hacer cualquier cosa.

Fue poco lo que profesionalmente pude hacer allí. No me permitieron desarrollar una investigación planificada sobre municipios en Cuba (uno de mis temas académicos) y al entrar me notificaron que se había cancelado mi doctorado a pesar de que había aprobado todos los exámenes y solo faltaba la pre-defensa. Pero continué mi trabajo teórico critico, dando charlas en Cuba en centros académicos y publicando mis artículos en rigurosas revistas teóricas marxistas y de izquierda.

En 1999, en ocasión de la publicación de un artículo en la revista Socialist Register, comenzó un proceso en mi contra que duraría todo el año e implicaría un intento por expulsarme del Instituto, amenazas de aplicarme la Ley Mordaza y finalmente, por orden del BP, mi expulsión del Partido Comunista por traición a la patria, al mismo tiempo que se impuso en mi contra un impedimento de salida del país por cinco años.

Escribí a todos los miembros del BP, a las autoridades de la UNEAC (a la que pertenecía), a otras figuras históricas y a mis diputados, pero nadie me respondió. Ni siquiera un acuse de recibo. En cambio, varias veces a la semana recibía llamadas telefónicas anónimas intimidatorias. En tal contexto, expulsado del partido, sin trabajo ni posibilidad real de conseguirlo, sin derecho a viajar, si poder publicar, convertido en un paria político, y en un contexto político nacional tremendamente polarizado tanto por Washington como por La Habana, me pareció oportuno ausentarme por un tiempo de la isla.

A pesar del impedimento de salida, por razones muy largas de explicar, pude salir en junio del 2000 rumbo a República Dominicana donde continúo mi trabajo académico y sigo siendo marxista y socialista, lo cual evidentemente refuerza mi posición critica respecto al gobierno cubano. No hay otra manera de ser socialista y marxista.

Este fue otro caso lamentable de represión contra un intelectual en Cuba. Vista las cosas con el prisma laborioso de los años transcurridos, no culpo a los trabajadores de ese instituto que avalaron la represión. Posiblemente hubieran querido otra cosa, pero tuvieron que optar entre defender algo que no entendían o conservar un trabajo donde eventualmente podían viajar y a fin de año ganarse unos dólares extras. Muchos que votaron en mi contra me lo confesaron más adelante. La culpa recae en un sistema represivo y anquilosado, en un aparato de funcionarios que se creen detentadores de la fe y con derecho a castigar a los que disienten y por supuesto en algunos seudo-intelectualesque, como Miguel Limia David, Isabel Monal, Julio Fernández Bulté y Darío Machado, se sintieron comandados para apoyar la represión con supuestos alegatos académicos.

Es decir, que mi exilio, destierro, migración o como quiera llamársele no tiene relación directa con el caso CEA. Solo que constituye otro ejemplo de la contrarrevolución oficial en Cuba.

Para una persona que cree en la finitud de las cosas, estoy seguro que en algún momento podré regresar a vivir a Cuba, a disfrutar las bellezas de mi patria, recorrer mis lugares, e impulsar la meta socialista a la que siempre he aspirado. Hasta entonces disfruto esta hospitalidad dominicana, que tampoco podré olvidar, jamás.

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