Contra la represión racista y clasista hacia los vendedores y vendedoras ambulantes. Solidaridad con el sindicato popular de manteros

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Al periodo previo a la Guerra Civil de 1936-1939, los altos índices de desempleo y los salarios miserables que constituían las condiciones del momento empujaban a aquellos segmentos de la clase trabajadora en peor situación a buscarse la vida como podían. Como siempre ha pasado y sigue pasando, la economía sumergida, las chapuzas o el apoyo solidario eran básicos para poder garantizar el primero de los derechos: la supervivencia.

En ese contexto, una de las principales vías de ingreso para sobrevivir era la venta ambulante: pequeños lotes de alimentos, baratijas o ropa. La represión fue muy dura: atizada por «La Vanguardia» de la época y la presión de los comerciantes, el poder político tiraba razzias de guardias de asalto y urbana contra la venta ambulante para proteger el derecho al máximo beneficio de los comercios. En decían, tales como, orden y ley. Orden capitalista y leyes capitalistas.

Hoy, como ayer, la situación se repite idénticamente con el único cambio del color de la piel de quien sufre las represalias. En la Cataluña de la burbuja turística, comerciantes y hoteleros no quieren dejar ni las migajas para quien no tiene otra forma de sobrevivir. Crean el ambiente propicio con sus medios de comunicación y ponen los políticos a trabajar, por un lado, los de las viejas élites de toda la vida y, por otra, otros nuevos, que cabalgan entre la subordinación al poder económico de siempre y los gestos simbólicos «radicales» de cara la galería.

Una alcaldía de Barcelona que un día dice que quiere cerrar el CIE, y al siguiente envía a un miembro del colectivo mantero detenido por su guardia urbana. Unas alcaldías que reclaman derechos por los refugiados en 6.000km y que al día siguiente establecen una estrategia represiva ‘de país’ contra la venta ambulante, en coordinación con el Departamento de Interior de la Generalidad.

Conocemos los mecanismos de manipulación del poder, como esconden las persecuciones clasistas y racistas bajo eufemismos, como hablan de una supuesta lucha ‘contra las mafias’. Qué mafias? La hotelera? La financiera? La bancaria? No, los ataques son contra la «mafia» de las imágenes incómodas y molestas para esta Barcelona de postal tanto falsa, de una Cataluña turística de parque temático, que gentrificado los barrios y ahoga los vecinos y las vecinas, de un sistema de beneficio a cualquier precio.

Hoy hemos conocido un nuevo capítulo con la detención del portavoz del sindicato popular de manteros de Barcelona, Lamine Sarr, junto con otros compañeros. Se trata de la siguiente fase lógica tras las fases anteriores de criminalización y de ‘consenso político’ para evitar distorsiones públicas: Ahora llega la represión sobre la organización del colectivo a atacar, en este caso sobre su sindicato.

Desde la CGT denunciamos la hipocresía de quienes dicen públicamente una cosa y al mismo tiempo fomentan la contraria, aislando socialmente a colectivos perseguidos y amparando su posterior represión. Denunciamos a la mafia hotelera y comercial que hay detrás de este proceso de represión de clase. Denunciamos a una policía racista y un poder político municipal que está, digan lo que digan, al servicio de la oligarquía de siempre.

La CGT quiere manifestar públicamente de forma rotunda su solidaridad con Lamine, Issa y todas las personas que intentan sobrevivir con la máxima dignidad posible en esta Barcelona de la precariedad y la turistización masiva. Llamamos bien fuerte que, nativa o extranjera, somos una y la misma clase obrera. Y que los que atacan a la gente de nuestra clase pasan a ser nuestros enemigos.

Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT

28 de julio de 2016

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