Contra la política educativa del Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya. A la calle que ya es hora…

Contra la política educativa del Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya

A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo

&nbsp A la tercera no, pero a la cuarta puede ir la vencida… o el abono no contaminante del sendero que nos acerque de ella.

Citemos a Averroes para que nos traiga suerte, dignidad y coraje: “En dicha sociedad [oligárquica] llaman loco, tonto e idiota a un hombre que solo se ocupa de lo que debe, mientras aquellos otros que no siguen su método de vida y se entremeten en los negocios ajenos son honrados, alabados y llamados poderosos” [1]

El próximo 17 de marzo de 2010 está convocada una huelga y una gran manifestación central contra la política educativa del Departament de Educación de la Generalitat de Catalunya que dirige el conseller Maragall, este singular dirigente político “socialista” (del PSC-PSOE quiero decir) que hace poco tiempo sostenía en prensa la supuesta ineficacia “demostrada” del sector público, poco después de afirmar urbi et orbe que el tiempo del tripartito había periclitado y que la ciudadanía catalana no estaba ya por esa trasnochada labor. NI que decir que él es y sigue siendo parte contratante de ese gobierno tripartito contratado y por él denigrado, al tiempo que debería ser un enérgico defensor del espacio público. Él mismo lleva instalado en más de treinta y tantos largos años (que para algunos se han hecho eternos). La vida, sin duda, nos da sorpresas, cantaba Rubén Blades y la Orquesta Platería.

La manifestación que esperamos y deseamos masiva está anunciada a las 12:15 en la Plaza Universitat de Barcelona. Recorrerá las calles céntricas de la ciudad de Papasseit y de la Capuchinada, no de la “millor botiga (tienda) del món”, este lema infame del Ajuntament de Barcelona, y finalizará en la Plaza de Santa Jaume, el lugar donde se ubica el gobierno de la Generalitat. Una manifestación, otra manifestación contra la política educativa de un gobierno que no oye, que no quiere escuchar, poblada de ciudadanos y ciudadanas que, desde un punto de vista poliético, deberían ser su base social e incluso, si me apuran, uno de sus think tank. El viento de las inquietudes que agitara su gestión y sus finalidades.

Los motivos de la huelga se agolpan ordenadamente: incremento de las plantillas en los centros escolares, no a los recortes de profesorado; disminución del número de alumnos por aula (¡treinta, o más en algunos, en grupos de la enseñanza obligatoria!); cobertura de todas las bajas laborales con sustituciones desde el primer día; no a las horas extras (sí, dentro del sistema público de enseñanza); no a este falsario decreto de autonomía de centros, al mismo tiempo que vindica una verdadera gestión democrática y participativa; no a la continua y paulatina desregulación de las condiciones laborales del profesorado; por la jornada intensiva al mes de junio, no al nuevo calendario escolar impuesto por decreto; por un trabajo estable y de calidad: contrataciones de media y jornada entera; contra los nombramientos telemáticos que no garantizan ni la transparencia ni el control. Y así siguiendo. La lista prosigue. No se recuerda que el conseller haya negociado nada en serio (con la izquierda, con la derecha mil veces) desde que tomó las riendas de la conselleria dado el mosaico político del tripartito y la correlación de fuerzas internas de su Partido. No se le conocen méritos concretos para la conselleria.

Las organizaciones convocantes –activas agrupaciones del profesorado de primaria y secundaria y los sindicatos, salvo error u olvido por mi parte, de USTEC-STEs, CC.OO ASPEPC-SPS, UGT, CGT, Co.BAS- exigen además la dimisión del conseller. No es fácil. Ni la dimisión ni el cese. Pero es, mirado como se quiera mirar, una exigencia ciudadana de cuya racionalidad es difícil atisbar sombra de duda: es altamente probable que estemos ante el peor gestor de educación de estos treinta años de autonomía y es muy probable también que estemos ante uno de los políticos, no solo en el PSC sino de todo el arco parlamentario, que, a pesar de lo que ha caído y sigue cayendo, siga convencido de la veracidad de una afirmación ciertamente inverosímil: que los mejores métodos y procedimientos económico-sociales -no sólo en educación pero también en educación- tienen en el neoliberalismo más recalcitrante la cosmovisión más acertada, casi la más natural. Por no hablar del mimo con que la conselleria bajo su dirección ha alimentado los intereses y pretensiones de las escuelas privadas concertadas y los grupos que mueven sus hilos y proyectos.

Es la cuarta huelga que se realiza durante su gestión. Las más masivas que se recuerdan en el ámbito de la enseñanza. La de este miércoles no puede quedarse atrás. Ni un paso atrás, todos hacia delante. Si no nos oye, si no nos oyen, deberíamos hacernos oír de forma aún más contundente. Nos sobran razones, les faltan principios de gestión pública.

Ni que decir tiene, es sabido por todos, que los consellers los designa el president de la Generalitat y que su continuidad y cese también es tarea suya. ¿No toca oír acaso las demandas ciudadanas que son ya auténtico clamor y sí en cambio los gritos incivilizados y minoritarios de las clases empresariales exigiendo más, mucha más madera represiva?

Los movimientos antinucleares de los años setenta, cuyo resurgimiento no es solo deseable sino también algo más que una simple ensoñación ofuscada, dieron con una consigna que, como todas los buenos hallazgos político-lingüísticos, es mucho más que una fórmula de agitación: activos hoy para no ser mañana radiactivos. Tomemos nota y usémosla como modelo: activos hoy, lo más que podamos, para evitar convertir el sistema educativo catalán, y el español por extensión, es un conjunto de instituciones poco dotadas, pasivamente serviciales, gestionadas con criterios empresariales, y mero anexo, simple complemento, de las instancias educativas que contarán de forma central: las concertadas, especialmente las religiosas, otro nudo más del poder eclesiástico nacional-católico, y las privadas-privadas, territorio comanche para los sectores sociales populares y para cualquier inquietud poliética que recuerda vagamente el ideario de la izquierda no entregada, la que no quiere claudicar de los ideales ilustrados ni de la necesidad de la instrucción pública crítica, de calidad y realmente para toda la ciudadanía.

Notas:

[1] Tomado del magnífico ensayo de Andrés Martínez Lorca, Averrores, el sabio cordobés que iluminó Europa. El Páramo, Córdoba, 2010, p. 130.

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