Contra el monopolio de la violencia del estado

El sociólogo alemán Max Weber definió en su obra de 1919, “La política como Vocación”, que una de las esencias del estado moderno es el monopolio de la violencia. En la configuración de las sociedades modernas, principalmente el caso de las europeas y tras la implementación del estado keynesiano socialdemócrata a partir del final de la II Guerra Mundial en 1945, el poder político ocultó esta esencia haciendo prevalecer que las bases de un estado moderno eran sus servicios públicos y sociales para cubrir las necesidades que el mercado capitalista generaba. Las clases populares, que disfrutaron de ciertos servicios y niveles de consumo, dejaron de percibir al estado como un ente represivo, sin ser conscientes que con esta estrategia de ocultar la opresión se buscaba la despolitización de las ideologías alternativas al estado capitalista y la convergencia entre capital y trabajo.

Actualmente, con la crisis financiera internacional iniciada en septiembre de 2008, la Unión Europea insertó unas políticas de austeridad y privatización que han roto con el modelo del sistema del bienestar reduciendo la intervención del estado en inversiones de servicios públicos, como educación, trabajo y salud, entre otros. Políticas que han reajustado la estructura social creando una pirámide más dicotómica clasista que manifiesta un crecimiento de la desigualdad social, perdiendo la escala baja social niveles de servicios y consumo.

A causa de ello, las protestas en Europa se han iniciado con movilizaciones masivas y huelgas generales en Grecia, España, Portugal e Italia, países más afectados por la crisis, pero además se ha llegado a un nivel de protesta unitaria al celebrarse por primera vez una Huelga General, paros y movilizaciones, con coordinación entre 23 países de la Unión Europea el pasado 14 de noviembre.

Estas protestas contrarias a las estrategias de extinción del Estado del Bienestar y el renacimiento del modelo neoliberal son y han sido duramente reprimidas por las estructuras de los estados[1]. En España la policía detuvo a 110 personas que se manifestaron durante esta huelga y unas 22 resultaron heridas. Estos datos que se exponen en algunos medios de comunicación que no son nada fiables (La Vanguardia)[2], ya que son controlados subjetivamente por grandes corporaciones empresariales vinculadas al gobierno español para defender esas políticas de austeridad y criminalizar cualquier protesta, siguen trabajando como mecanismo ideológico al presentarnos el monopolio de la violencia del estado como fuerzas de seguridad y no como institución de represión social.

Si el estado consiguió eliminar en las conciencias sociales su papel represivo y legitimó su monopolio de la violencia al ofrecer ciertos servicios públicos, entonces si actualmente desaparecen estos servicios, ¿por qué la sociedad debe seguir engañada en sus mentes sobre el verdadero rol del estado y su violencia como seguridad ciudadana?

Para hacer frente a la privatización estatal es necesario derribar su estereotipo de monopolio de la violencia. La sociedad no solamente debe aceptar las estrategias de resistencia pacífica, que son valoradas en las luchas sociales, sino admitir también los instrumentos de violencia política. En primer lugar, se deben poner en duda los mecanismos ideológicos del sistema capitalista, que utilizan principalmente con sus medios de comunicación, donde sus fuerzas no son para la seguridad civil sino para reprimir a los manifestantes y a los que protestan, para mantener su orden social.  El sistema ha dibujado y dibujará a cualquier persona u organización como terrorista por utilizar mecanismos violentos contra el estado, cuando cualquier acción violenta contra el estado y su “status quo” que está inspirada en una ideología contraria al neoliberalismo, a la desigualdad social, a favor de los servicios públicos, contra la dictadura del modelo financiero, o contraria al robo inmobiliario, es una acción justificada para la liberación social. La conciencia de la definición del terrorismo debe ser sobre las acciones del mismo estado, creciendo así, por lo tanto, el sentimiento de ilegitimidad de sus acciones políticas económicas.

Que una persona se suicide por no poder pagar su hipoteca y sea desahuciada, que un niño vaya desnutrido al colegio, que un joven no pueda estudiar en la universidad por estar en paro,… son acciones que el mismo estado genera y pretende mantener con sus fuerzas de opresión dictatorial, pero si un grupo realiza acciones violentas contra el estado para suprimir todas estas penurias esos actos deben ser aceptados por las clases sociales desfavorecidas haciendo frente a la ideología dominante del estado. Toda acción violenta contra el capitalismo neoliberal debe ser aceptada como acción de lucha de liberación que desenmascara al estado.

Una piedra de un estudiante contra un policía, o una patada de un obrero a un político del sistema, u otras acciones, deben ser más aceptadas socialmente, por su fin político, que un policía protegido de pies a cabeza que aporrea a un manifestante o un juez con seguridad personal que acusa a un huelguista de terrorista.

La historia no se debe ocultar (esclavismo, colonización, explotación laboral,…), como el papel de la violencia del estado, y si han existido cambios estructurales han sido por la lucha de clases, los desposeídos contra los poseídos, algo que se debe hacer evidente, pero en estas luchas se han utilizado para conseguir sus metas muchos mecanismos violentos. Por lo tanto, si comprendemos la historia comprendemos el actuar del presente. ¡Qué el poder no manipule! ¡Y si piensa que esta tesis es un error o es terrorismo, puede ser parte de la violencia del estado capitalista!

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