Construyendo una patria plurinacional

Por Marcos Martínez Romano

El intelectual y vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, en su texto, «Identidad boliviana: nación, mestizaje y plurinacionalidad» afirma que «la nación es el tramado histórico de luchas de larga duración temporal de diferentes sectores sociales que se han enfrentado, y continuarán haciéndolo, por monopolizar y legitimar la definición y conducción -aceptada por todos- de los espacios de lo común sobre los que los connacionales se asumen como herederos portadores de derechos».

Tras «luchas de larga duración temporal de diferentes sectores sociales», el monopolio casi absoluto que desde el final de la Guerra Civil ha tenido la oligarquía sobre la «definición y conducción» de Espaňa como espacio territorial diferenciado del resto y garante de derechos a sus ciudadanos, fue entendido por Podemos desde el principio como un espacio de disputa política. Frente a la retirada de esta batalla de la izquierda durante décadas, nosotras asumimos la nación como un espacio histórico contingente. Un espacio cuya dirección es fruto del resultado de correlaciones de fuerzas entre diferentes sectores sociales, sujetas siempre a la posibilidad de ser alteradas por la acción de voluntades colectivas construidas en base a demandas no satisfechas y heterogéneas de millones de personas.

Uno de los posibles y principales factores de unión entre ellas, es la capacidad de hegemonizar su sentimiento de pertenencia a una comunidad humana ligada a un territorio administrado por un entramado institucional que, aún con esa multitud de necesidades insatisfechas, les sigue garantizando el acceso a una serie de servicios y derechos básicos que generan identificación grupal.

Rechazar disputar la dirección del espacio nacional de «lo común» fue siempre dar una gran ventaja a quienes la vienen monopolizando desde hace décadas.

Por eso, frente a su proyecto nacional basado en el antagonismo del espacio común «Espaňa» respecto a los espacios nacionales que existen a su interior (del que también se aprovechan las élites de estos espacios) y aprovechando la incapacidad de la oligarquía para poder ofrecer un horizonte de futuro capaz de seguir garantizando a las mayorías sus derechos como miembros del espacio nacional llamado “España”, apostamos por construir un proyecto de país hacia el futuro que basara su identidad, frente al antagonismo interno de las élites viejas, en la fraternidad entre las mayorías sociales de cada espacio nacional, siendo la garantía y la ampliación de derechos sociales a los ciudadanos de cada uno de estos espacios y el libre acuerdo el nexo de unión entre todos ellos.

Una de las traducciones políticas de esta apuesta se puede observar en las alianzas plurinacionales en las que Podemos, junto a otros espacios propios de cada espacio nacional correspondiente, concurrió a estas últimas elecciones generales. Siempre hemos dicho que queríamos que las instituciones públicas reflejaran al país real, que tan distanciado de ellas se encontraba. En la búsqueda de ese reflejo, la comprensión de la plurinacionalidad de nuestro país nos llevó a apostar por la apuesta por grupos parlamentarios propios para cada una de las alianzas plurinacionales.

Era previsible que el PP y Ciudadanos rechazaran esta propuesta frontalmente. La unidad basada en la coerción, el enfrentamiento entre pueblos y  la perpetuación eterna del monopolio de la definición y conducción de España por parte de los mismos sectores privilegiados que hasta ahora la han poseído, les une, tanto en su incomprensión de la realidad social actual, como en la búsqueda de réditos particulares por encima del bien colectivo.

Sin embargo, del PSOE, algunos esperábamos (y aún lo hacemos) otro tipo de respuesta. La dirección del partido que entre 1977 y 1982 llegó a contar con 3 grupos diferentes en el Congreso (uno de ellos vasco-navarro), justificó su acuerdo con Ciudadanos y el PP para la conformación de la Mesa del Congreso en la que les otorga la mayoría a cambio de la presidencia, por la voluntad de Podemos de reflejar en el Congreso la realidad plural de nuestro país. Un acuerdo que, por desgracia, les acerca un poquitín más al inmovilismo a la vez que les aleja del cambio, ya que cabe la sospecha de si es una previa de lo que sucederá en la formación del Ejecutivo.

Sin embargo, a la vez, el mismo PSOE no ha tenido ningún problema en ceder varios de sus senadores a los grupos de Democràcia i Llibertat y Esquerra Republicana de Catalunya en el Senado para que ambos pudieran constituir un grupo propio en la Cámara Alta. La  incongruencia de su postura al respecto de la negativa a la voluntad de conformar 4 grupos diferenciados en el Congreso por parte de Podemos y las alianzas en las que concurre basándose en la puesta en riesgo de la “unidad de España” con la cesión de varios de sus senadores al DiL y ERC me hace pensar que la dirigencia socialista, una vez más, ha antepuesto sus intereses como partido al interés nacional.

Uno de los senadores “cedidos”, ha sido Miguel Ángel González Vega, senador por Cantabria del Partido Socialista. No puedo saber a cambio de qué, pero de lo que estoy seguro, es que la cesión del único senador cántabro electo por la ciudadanía evidencia el escaso compromiso de la dirección del PSOE, tanto a nivel estatal como autonómico, con los intereses de la gente de Cantabria. Mientras mi compañera recién electa como diputada por Cantabria, Rosana Alonso, prometía su cargo en el Congreso anunciando su prioridad de trabajar por los intereses de la gente de Cantabria, el PSOE deja a los cántabros y a las cántabras sin senador.

Seguimos insistiendo en que nuestra prioridad es no permitir que el PP vuelva a gobernar ni por activa ni por pasiva, porque protagonizarían otros cuatro años de recortes injustos e ineficaces, de impunidad contra la corrupción y del enfrentamiento entre las mayorías de los diferentes espacios nacionales que conviven en nuestro país como receta para el conflicto territorial así como para la recuperación de algunos de los millones de votos perdidos. Por ello, seguimos con la mano tendida, sin ninguna línea roja pero con convicciones firmes.

Una de ellas pasa por seguir defendiendo el proceso por el cual las gentes de este país (con diferentes espacios nacionales) estamos construyendo un horizonte democratizador de nuestras vidas. Frente al proyecto incapaz de garantizar derechos y esperanzas en nuestro(s) país(es) tanto de la oligarquía dominante en Espaňa como de las élites dirigentes en cada una de las comunidades nacionales existentes en su interior.

Como Pi i Margall en 1873. Como las fuerzas democráticas entre 1931 y 1936, incluida la voluntad de los cántabros y cántabras de ser sujetos políticos dentro de una España unida en la fraternidad. Como el mismo PSOE en 1974. Ahora es nuestro momento.

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